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Del refino de Lolita Serafina al legado de Pepe Vaca #6.512

La casa de las telas buenas: Tejidos La Concepción

| Imagen coloreada con IA

| Texto: José María Morillo
La casa del número 57 de la calle Luna guarda todavía, tras la reforma de la finca, el eco discreto de las tijeras, el murmullo de las máquinas de coser del taller de costura y el trajín de los rollos de percal, paño y seda que durante décadas dieron vida a Tejidos La Concepción, uno de esos comercios portuenses que parecían hechos para durar tanto como las telas que vendían.

Aquel bajo de techos altos y mostradores de madera empezó siendo el refino de Lolita Serafina, Dolores García de Quirós, casada con Vicente Acal, que abrió el establecimiento como tienda de tejidos el 8 de septiembre de 1923, bien provisto de muebles, loza y cristal, como establecían los usos y costumbres del comercio serio de la época y que finalizó su andadura con su segundo y último propietario, José González Vaca, o Pepe Vaca, como se le conocía.

Taller de Costura
En la casa donde estuvo Tejidos la Concepción, se encontraba en el primer tercio del siglo XX uno de los Talleres de Costura domésticos donde se decidía la moda femenina a seguir en El Puerto de Santa María, guiándose por revistas, periódicos o copiando prendas y patrones llegadas de fuera. La fotografía siguiente está fechada en 1928.

De izquierda a derecha, Lola Muñoz, madre de los Nimo (José Luis, Ramón y Lola); Maruja ‘la del Puesto’ (tenía una pequeña tienda de primera necesidad); desconocida; Milagros González Tinoco, 'Güindate' (suegra de Miguel González, de Espumosos Valdelagrana, con nótula 351 de Gente del Puerto); Milagros Gómez Barroso, gran maestra costurera, conocida como ‘La Ceferina’ por su relación con los Ceferinos, del desaparecido Bar El Refugio, que estaba en la calle Ganado, donde hoy Muebles Palomino, y que tiempo atrás fue un café-cantante); Carmela ‘la de Titi el Carpintero’ (vivía en la calle Santa Clara); Angelita Ramírez, otra gran maestra costurera, que tenía el taller en la calle Cielos 64, antiguo, esquina casi con Cervantes, madre del respostero Pepe Mesa, con nótula núm. 242 en Gente del Puerto. Estaba especializada en trajes de cristianar, de comunión y de bodas); desconocida y Consuelo Moreno | Imagen coloreada con IA

Del refino de Lolita Serafina a tienda de tejidos
Desde la fotografía de 1928 se adivina el ambiente del taller de costura, con las maestras y aprendizas posando orgullosas en la casa donde se marcaban las tendencias de un El Puerto que conocía la moda a través de revistas y patrones importados. Era un tiempo en el que las niñas entraban como aprendizas, sin cobrar, y el oficio de costurera abría una puerta a la independencia en una ciudad que todavía vivía de puertas adentro.

El matrimonio Acal–García de Quirós, sin descendencia, acabó traspasando el negocio al dependiente de confianza, un joven aplicado que llevaba años detrás del mostrador: José González Vaca, al que todo el mundo conoció como Pepe Vaca, hijo de Manuel González y de María Vaca, antigua sastra instalada al principio de la calle Zarza. Con ese gesto, tan propio del pequeño comercio, el refino cambiaba de manos, empero no el espíritu con el que se abrió: seguía siendo la casa de las telas buenas con trato cercano, donde el cliente era ‘de la familia’, aunque viniera solo de paso.

Pepe Vacas, comerciante de los de antes

José González Vaca entró a trabajar en La Concepción en 1928, cuando el negocio apenas contaba cinco años de vida, y en 1950 pasó a ser su propietario, tomando definitivamente el timón de la tienda. Desde entonces y hasta casi el final de su vida se mantuvo al pie del cañón, atento al detalle del escaparate, a la caída de los paños y a la cuenta pequeña de las clientas que llegaban con la libreta bajo el brazo.

La evolución del establecimiento fue pareja a la de la Ciudad: mejoró la presentación del género, se amplió la oferta y se cuidó cada vez más la calidad, procurando siempre que el precio siguiera siendo asequible para las economías ajustadas del centro histórico, El Puerto de entonces.

De puertas adentro, la tienda era un pequeño mundo: el olor a tela nueva, los rollos alineados por colores, el crujir del papel con el que se envolvían los cortes y la paciencia infinita de Pepe midiendo, doblando y aconsejando como quien viste a la propia familia. La clientela se repartía, mitad fija y mitad itinerante: vecinas de toda la vida mezcladas con gentes que bajaban desde otros barrios o incluso desde pueblos de la Bahía, sabiendo que en aquella céntrica calle encontraban aquello que no ofrecían los comercios más modernos.

El pulso de la calle Luna
Tejidos La Concepción fue durante décadas una pieza más del engranaje comercial en el número 55 de la calle Luna, una de las columnas vertebrales del casco antiguo donde se cruzaban el mercado diario, las compras de fiesta y el paseo vespertino. No era raro ver a las madres calculando en voz alta la tela necesaria para los vestidos de comunión, los trajes de baño de los niños –-con el pecho bien tapado, que el agua de la playa ‘entraba fría’-– o las cortinas nuevas para la casa recién arreglada. El escaparate, siempre cuidado, funcionaba como barómetro de la temporada: lanas y paños en otoño, batistas claras para los veranos con viento de Levante, retales tentadores para quien quisiera aprovechar una buena ocasión.

| La casa número 55, donde estaba Tejidos La Concepción, y a continuación el número 57 de la calle Luna, tras la reforma | Fotografía José María Morillo | Año 2010

Sin embargo, el pulso de la calle fue cambiando con los años: llegaron las grandes superficies, las dificultades de aparcamiento y la costumbre de irse a comprar fuera –y eso que no había llegado todavía Amazon--, asuntos que preocupaban al propio Pepe, que veía cómo el tráfico y las multas a los coches restaban clientela al pequeño comercio del centro. Él, hombre de otra época, seguía confiando en que la tienda continuara en manos de algún familiar y se adaptara con reformas a los nuevos tiempos, como confesaba ya en los años ochenta del siglo pasado.

Fin de una era
La muerte de José González Vacaa supuso también el final de Tejidos La Concepción, que cerró sus puertas sin hacer ruido, que apagó una luz que siempre había estado encendida en la calle Luna. Después, el edificio fue reformado y adoptó el aspecto actual, pero quienes pasaron alguna vez en su vida entrando y saliendo de aquel establecimiento siguen viendo, detrás de la fachada renovada, la tienda donde se compraban las telas de toda la vida.

Muchos portuenses recuerdan aún el nombre del comercio, el trato de Pepe Vaca y la sensación de refugio que ofrecían aquellos mostradores de madera en medio de un mundo que empezaba a cambiar demasiado deprisa.

6 comentarios en “Del refino de Lolita Serafina al legado de Pepe Vaca #6.512

  1. Ramona Cordero Gonzalez

    Era una persona educada y buena, hermano de mi madre, siempre pendiente de ella y de sus sobrinos, pero también quiero decir que su esposa era la mujer más buena qué Dios me dió de tener en mi.

  2. Isabel Regordán

    Yo estaba en el colegio La Divina Pastora y todos los días pasaba por esa tienda tan bonita y me llamaba la atención la barra de metal del escaparate, esto era en los años 60.

  3. Juan Castro

    Todo un señor, le recuerdo cuando iba yo con mi madre y una educación fuera de lo normal aparte de un aspecto impecable.

  4. Rosa Carmen Selma Romero

    Oh qué foto tan maravillosa, que persona tan amable y educada... Mi madre compraba allí, recuerdo el escaparate que tenía una baranda de metal dorado para proteger el cristal.

  5. Melu Gálvez

    Recuerdo haber ido allí de chica con mi madre a comprar tela que recuerdos más bonitos ahora no tenemos donde comprar nada ya de esa época solo queda tejidos muro porque casa pedro le queda un telediario para cerrar sus puertas

  6. Pepi González Ruiz

    Hola, soy Pepi González hija de José Luis González Vaca, “Pepe Vaca” y no Vacas. Quiero en primer lugar expresar mi más sincero agradecimiento a José María Morillo por la excelente publicación, sabiendo captar la esencia de su vida.
    No obstante, para mejorar la información debo decir que mi abuelo era Manuel González y mi abuela María Vaca. La casa de la imagen es el número 57, pero Tejidos La Concepción estaba en la casa número 55 (en la imagen se puede ver lo que era la puerta reformada de la tienda). Muchas gracias y un afectuoso saludo

    Redacción ha escrito:
    Muchas gracias Pepi por tus palabras y por el complemento y corrección que nos haces a la información. La gran ventaja que tienen las publicaciones electrónicas es poder actualizar y enriquecerse con los comentarios de los lectores y, como es tu caso, con información de primera mano, que ya hemos resuelto. Saludos cordiales. JMM

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