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Dafne en fuga, cuando Enrique Ochoa empezó a romper el lienzo #6.574

‘La metamorfosis de Dafne’

| Texto: Mercedes García Pazos [*]

El pintor Enrique Ochoa (Enrique Estévez Ochoa, El Puerto de Santa María, 1891-Palma de Mallorca, 1978) mantuvo una estrecha vinculación sentimental con su ciudad natal durante toda su vida, a pesar de haber vivido en El Puerto sólo unos años de su infancia. En 1967 fue nombrado Hijo predilecto de la ciudad y, desde su fallecimiento, descansan en El Puerto sus restos mortales por deseo propio. Enrique Ochoa llegó a producir una obra abundante y variada en cuanto a temas y estilos.

En ella ocupa un lugar destacado la presencia de la mujer, hasta el punto de haber sido conocido como "el pintor de la mujer", aunque creemos más acertado el sobrenombre de "el pintor de las mujeres", pues ellas se van transformando según avanza el tiempo, varían los estilos y progresa el propio artista: populares y sencillas; elegantes y burguesas; modernas y atrevidas; exóticas, simbolistas y sensuales,… que quedan representadas bajo las manifestaciones del realismo, las vanguardias y la abstracción. En continua experimentación, es un artista conocedor de los estilos aún sin sujetarse a ellos.

A partir de la década de 1940, investiga variaciones en su pintura marcadas por la poesía, la música y la síntesis entre su universo interior y las manifestaciones artísticas del siglo XX.

Y es en su etapa mallorquina (desde 1940 hasta su muerte) que comenzó con su estancia en la Cartuja de Valldemossa (1940-1948) donde creará su pintura más íntima y personal bajo los títulos de Imágenes Internas y Plástica Musical, conjunto éste último que le otorgará el calificativo de "pintor de la música", por el que ha sido más conocido.

Se trata de un proceso por el que evoluciona hacia una obra más libre y vanguardista que se va encaminando hacia la abstracción.

La metamorfosis de Dafne, una obra significativa en la amplia producción de Enrique Ochoa, es uno de los cuadros que conforman la colección portuense, donada por el artista al Ayuntamiento en 1948. Se trata de un óleo sobre lienzo de grandes dimensiones (200 x 74 centímetros), firmado y sin fechar. Y cuenta con ciertas características singulares tanto en el asunto que trata como en el estilo que adopta el artista.

En ella Ochoa representa un tema mitológico: la transformación de la ninfa Dafne en laurel al ser perseguida por Apolo defendiendo su virtud frente al amor de dios tan sensual. Es un tema frecuente en toda la historia del arte, pero alejado de los habituales de Ochoa, en los que prima más la pintura de tema religioso. Además, apoyado en el contenido mitológico, se muestra un desnudo, que tampoco es un tema propio de la obra ochoadiana.

Por otro lado, el pintor sitúa como única y principal protagonista a la mujer, pues, al contrario que en otras representaciones de esta fábula, Dafne aparece sola, sin la presencia del pretendiente Apolo.

El estilo empleado por el artista también le otorga unos valores especiales, en cuanto esta obra la podríamos encuadrar como un adelanto de la etapa más interior y experimental del pintor, marcada por la intensa búsqueda con procedimientos y formas, en la que evoluciona hacia una pintura personal y libre, con colores vivos, manchas pastosas, fuertes contrastes, contornos cada vez más indefinidos y líneas muy sueltas, una pintura casi de comunión con manifestaciones artísticas tan íntimas como la poesía y fundamentalmente la música, que le encaminarán hacia la Plástica Musical.

En La metamorfosis de Dafne se mezcla realismo, en la figura femenina, y abstracción, en el fondo. Por tanto esta obra supone una especie de eslabón entre el periodo realista y la evolución hacia el abstracto de Ochoa .

Cabe también suponer que, metafóricamente, el pintor recurre al concepto de transformación recogido en el mito, de cuerpo femenino a elemento de la Naturaleza, en relación con la propia variación de su estilo, en continuo proceso de renovación hacia una pintura compulsiva y gestual que le encaminan hacia el expresionismo y la abstracción.

En definitiva, una metamorfosis.

El cuerpo de Dafne, todavía realista, va perdiendo sus perfiles y su imagen, hasta quedar prácticamente devorado, inmerso, en un fondo que adelanta ya la pintura de las últimas décadas del pintor, más suelta, abstracta y gestual.

Ello nos hace situar La Metamorfosis de Dafne, posiblemente, en los primeros años de la década de 1940, instalado el pintor en Valldemossa, siempre antes de 1948, en que llegó a El Puerto, y más probablemente entre 1940 y 1944, pues en este último año se sitúa el comienzo de la Plástica Musical, de la que es probable que esta obra sea ya una aproximación.

Afortunadamente en los últimos años se viene revalorizando la figura y obra de Ochoa, promovida fundamentalmente por la Fundación Enrique Ochoa, con la organización de importantes exposiciones. Esto ha propiciado el estudio de su pintura por importantes y destacados investigadores y críticos, que han realizado nuevas aportaciones.

Lamentablemente, la pieza que estamos tratando no ha podido estar presente en estas muestras pues no lo ha permitido su estado de conservación, permaneciendo oculta prácticamente desde su llegada a El Puerto, lo que no ha posibilitado un estudio de la misma, a pesar de ser muy valorada.

Fue en el año 2015, recién restaurada --por Salvador Rodríguez Romero, restaurador contratado por el programa Emple@Joven--, el Museo Municipal de El Puerto de Santa María que hizo coincidir su presentación con la celebración del Día Internacional de la Mujer, eligiéndola como pieza del mes de marzo. Deseamos, haber aportado algunas referencias para su mayor conocimiento y disfrute.

[*] Historiadora del Arte. Ha sido técnica del Centro Municipal de Patrimonio Histórico

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