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Los últimos coletazos de una enseñanza basada en el miedo #6.651

Una memoria de acoso, castigos y maestros inolvidables

| Colegio Público de Educación Infantil y Primaria 'José Luis Poullet' denominado así en honor de nuestro protagonista, en Avenida Menesteo, 9.

Entre 1975 y 1981, la autora del texto vivió una infancia escolar marcada por el miedo, los castigos físicos, las burlas y una soledad que, según su relato, solo encontraron alivio en la ternura de los conserjes Pepa y Pepín en el colegio 'José Luis Poullet', conocido como 'La Pantera Rosa'. El traslado al colegio 'Las Banderas' abrió, sin embargo, una ventana inesperada: la de una enseñanza más humana, cercana y progresista. Este testimonio recorre las heridas dejadas por aquella vieja escuela autoritaria donde los castigos sicológicos o corporales estaban normalizados, pero también celebra a quienes demostraron que educar no era imponer ni golpear, sino acompañar, comprender y abrir los ojos a la vida.

| Texto: N.M.R.A.
Yo cursé desde 1975 a 1981 aproximadamente. y fueron los peores años de mi infancia. Sufrí maltrato en las aulas, por parte de profesores y compañeros. Y en el recreo burlas y golpes de muchos alumnos de aquel centro. De no ser por los conserjes: Pepa, Pepín su marido y unas amigas vecinas, no lo hubiese soportado. Yo sólo sabía llorar y pedir que viniera mi madre. Cuando Pepa me veía llorar en un rincón, me llevaba con ella y me regalaba alguna chuche para calmar mi llanto. Años más tarde oí que falleció y Pepín mucho más adelante que ella. Me rompió el corazón. Siempre os he llevado en mi mente y siempre os llevaré. Hoy desperté acordándome de nuevo de ellos.

Todos los días al entrar nos obligaban a rezar el padre nuestro, a dios rogando y con el mazo dando. En 1º recuerdo que cuando el profesor, un tal don Manuel, abandonaba el aula para ir de cháchara, aquello se convertía en una batalla campal, ¿a quién le llovían los golpes? a la persona más tranquila de la clase, yo empezaba a gritar, debido al ruido, el profesor llegaba cabreado y ¿a quién levantaba de la silla por el pelo? a mí.

En 2º o 3º en clase de gimnasia, recuerdo también un balonazo en el tórax en que me dejó en el suelo de dolor y sin poder respirar, ni el profesor ni nadie en absoluto se giró ni a mirarme, que educación y humanidad.

Excepto la señorita Teresa (de Ávila) y don Bartolomé (también instructor de conducción) tenían la capacidad de no maltratar. El resto con los que traté, eran unos déspotas amargados. En la otra clase de al lado había una profesora creo que se llamaba M. del Carmen o Cristina no lo recuerdo bien. Se decía que era estupenda. Que pena que no estuve en su clase.

A comienzos de los '80 hubo un profesor, que fue un dictador abusivo, le llamaban Gulliver, era altísimo pelo con permanente y algo afeminado. Fue lo peor, también maltrataba al alumnado, sobre todo en el comedor. En 4º curso hubo otro don Manuel (lo bueno abunda) que cuando no sabíamos la respuesta nos daba con la regla en la palma de la mano y más tarde cogió la manía de darnos con la regla de madera en la punta de los dedos juntos en vertical.

Por suerte para los que éramos de fuera de El Puerto ciudad, los de campo y alrededores, nos destinaron a un nuevo centro recién construido 'Las Banderas'.
Me fui de allí sin querer irme, me había acostumbrado a lo malo y temía ir a parar a otra cárcel peor. Pero no fue así, menos mal. El progreso se abría paso, dejando atrás el ambiente fascista totalitario de aquellos días en las clases que daban sus últimos coletazos.

Estando en 'Las Banderas' un par de años más tarde, me encontré al amargado de la regla de madera, pero allí no se atrevió a pegar, eran otros tiempos, me cambié de clase y le dieron. También me encontré a Bartolomé, que bueno, nos reíamos mucho con él y nos aprobaba si dificultad.

Los dos últimos años finales de mi estancia en 'Las Banderas' fueron los mejores de mi pubertad. Tuvimos la suerte de dar con dos profesores progresistas estupendos, Don Manuel y Doña Carolina tampoco les olvidaré. Nos llevaban de excursión y de convivencia por parajes. Nos trataban como si fuésemos sus hermanos menores. Nos dieron hasta clases de sexualidad, dentro de la legalidad y conforme al temario obligatorio, cosa impensable incluso ahora, a mí como a los demás nos abrieron los ojos para no cometer fallos. Fue muy bonito.

Así que, cuando paso por el Poullet o 'La Pantera Rosa' evito mirar, solo busco la pequeña casita de ladrillos vistos de Pepa y Pepín. Y hasta aquí mi experiencia en la E.G.B.

4 comentarios en “Los últimos coletazos de una enseñanza basada en el miedo #6.651

  1. Karl Ajote

    Leyendo tu relato me han venido a la memoria unos recuerdos muy amargos de cuando cursé segundo de EGB relacionados con una señora llamada Inés, que daba clase en el colegio Nuestra Señora de la Merced a principios de los años ochenta. Creo que apenas tenía el título de maestra de Primaria y sospecho que pudo proceder de las filas de la Sección Femenina, aunque no puedo asegurarlo. Lo que sí recuerdo perfectamente era su falta de empatía y su costumbre de humillar a los alumnos. Su frase favorita era: «Eres bobo, eres bobo», y yo la escuché dirigida a mí más de una vez haciendo que me bloqueara cada vez que salía a la pizarra hasta el punto de que estuve a punto de repetir curso.

    Por suerte, ella no representaba al resto del profesorado. Guardo un recuerdo magnífico de don Manuel, mi maestro de primero, y de Antonio, hijo del director, que me dio clase en tercero y cuarto. Con ellos disfruté aprendiendo. No tenían nada que ver.

    A veces pienso que me gustaría encontrarme con aquella señora para decirle que aquel «bobo» terminó sus estudios universitarios con muy buenas calificaciones y ha construido una trayectoria profesional de la que se siente orgulloso.

  2. José Antonio Cots Rojas

    Yo estuve en "La Pantera Rosa" en ese tiempo. Se entraba en Primero con 6 años; recuerdo que teníamos en primero un profesor Don Manuel. Antes se hacían las letras con rayitas en el cuaderno cuadriculado; te decía el profesor: raya izquierda o derecha y formábamos la letra. Este tal don Manuel, corpulento tenía unas manos como remos, iba dictando derecha izquierda y se paseaba por la clase y cada vez que te equivocabas colleja. Mi madre me llevaba a rastras al colegio. Pero, a mitad de curso, vino una profesora para abrir otro curso de Primero; era joven, nunca se me olvidará su nombre: doña Fuencisl. Tuve la suerte de que me cambiaron de clase. Que maravilla. Llegaba al colegio el primero. Que buena profesora, explicaba muy bien y siempre tratándonos con cariño.

  3. María Lojo

    No considero apropiado el título, porque aún siendo un blog sobre historias del pasado de la ciudad, al ver la foto actual del colegio da una mala imagen de él.
    Actualmente un gran colegio
    Siento profundamente lo que me sucedió a la protagonista del artículo. Ojalá haya podido tener una buena vida adulta después.

    Redacción ha escrito: María, la autora del texto delimita la acción en unos años concretos: entre 1975 y 1981. Los años de la transición política. También hubo transición en el modelo educativo.

  4. Valeriana Sanchez prieto

    La foto creo que no se corresponde con el centro del que hablas.
    Ese maltrato hay que ponerlo en conocimiento dando nombre y apellidos de esos profesores.

    Redacción ha escrito:

    Muchas gracias por el dato. Ya hemos procedido a rectificarlo. Saludos.

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