La médica que escuchaba antes de recetar

Victoriana Gaztelu Valdés (*), conocida por sus pacientes y compañeros como la doctora Victoriana o, Nana Gaztelu, se jubiló el pasado 17 de junio tras casi cuatro décadas de dedicación a la medicina de familia. Los últimos años de su trayectoria profesional los ha desarrollado en el Centro de Salud Federico Rubio, de El Puerto de Santa María, donde deja una profunda huella entre compañeros y pacientes. Con esta carta abierta se dirige a todos ellos.
A mis pacientes, de su doctora Victoriana
Me despido de mi trabajo después de 38 años de ejercer la profesión más bonita del mundo. Cierro una etapa que ha sido mucho más que una profesión: ha sido una forma de vivir, de aprender y, sobre todo, de compartir. La mayoría me llamáis Dra. Victoriana; otros, simpáticamente, me llamáis Gaztelu. Ambos nombres le habrían gustado mucho a mi padre, que en paz descanse.
He trabajado en varios centros de salud, siendo el de Federico Rubio, en El Puerto, donde ha finalizado mi vida laboral. De todos ellos guardo muy buenos recuerdos y excelentes compañeros en todos los niveles. Hemos compartido alegrías, preocupaciones y experiencias que nos han unido como equipo y como amigos.
Quiero deciros que, en muchas ocasiones, me habéis transmitido vuestra gratitud simplemente con unas palabras: «Gracias por todo», «Tenga un buen día, doctora» o «Usted es como una psicóloga». Estos gestos han hecho que ame aún más mi profesión, que haya ido a trabajar cada día con ilusión, pero también son los responsables de que los años hayan pasado tan deprisa y de que hoy me vea ya en mi jubilación.

Por ello quiero daros las gracias: por vuestra confianza, por dejarme entrar en momentos importantes de vuestras vidas, a veces en los más difíciles. Ser médica no consiste solo en diagnosticar o tratar; también significa escuchar, acompañar y, en la mayoría de las ocasiones, aprender de cada uno de vosotros.
Vosotros me habéis dado mucho más”
A lo largo de los años he tenido el privilegio de compartir momentos muy personales e intentar aliviar preocupaciones. Cada historia, cada conversación y cada gesto han dejado una huella en mí. No solo he sido vuestra médica; también he sido testigo de vuestros esfuerzos por superar dolencias, a veces sin retorno; de largas tristezas y melancolías, afrontadas con una enorme fortaleza para seguir adelante; y también de vuestra paciencia y vuestra humanidad cuando he dicho o hecho algo que no ha sido de vuestro agrado. Os ruego que me perdonéis por ello.

Si en algún momento logré ayudaros, aunque fuera un poco, me doy por satisfecha. Pero debo deciros algo con total sinceridad: vosotros me habéis dado mucho más a mí de lo que yo he podido daros.
Me voy con el corazón lleno de gratitud y con la tranquilidad de haber dedicado mi vida a algo que realmente importa: cuidar de las personas. Gracias por vuestra confianza, por vuestra cercanía y por haber formado parte de mi vida durante todos estos años. Muchas gracias.
(*) Doctora por la Universidad de Cádiz con la tesis Estudio epidemiologico descriptivo de las sales de cobalto en la dca (dermatitis de contacto alérgica) (1995).

Enhorabuena,ahora a disfrutar.