14. BAR VICENTE. O Las Mellizas (el Rubio), o Los Pepes.

Bar de Vicente Sordo, 2º por la izquierda.
Bar de Vicente Sordo, segundo por la izquierda.

Describamos la foto: El primero por la izquierda con la camisa blanca es Vicente Sordo (Hermano de Maximino) y que le da el nombre actual al establecimiento, a su lado está Antonio Valimaña Lavilla; el más pequeño de todos es Manolo García Gómez, Manolín, que trabajaba allí desde los 12 años y se acaba de jubilar; desconocemos quienes son los otros integrantes de la foto que están en el centro (animamos a los lectores a ayudarnos a identificarlos así como la fecha en que fue tomada la instantánea). A la derecha, al otro lado de la barra, se encuentra Manuel Osborne Vázquez y por último, Campuzano, el camarero que está tras la barra a la derecha. (Foto: Colección V.G.L.).

barvicente_6_puertosantamariaEste Campuzano, llegaba al mostrador dando gritos guturales con la comanda de los clientes. Existe una anécdota entre Campuzano y dos viejas señoras que no tiene desperdicio: éstas salieron un día de la misa sabatina de las 8 de la mañana en la Prioral, ante la Virgen de los Milagros. Hacía mucho frío y acordaron ir a «Los Pepes» y tomarse unas copitas de anís. Llamaron con mucho sigilo a Campuzano y, con gran misterio, en voz muy baja para que nadie las oyera, encargaron las dos copitas. Campuzano llegó al mostrador y dijo con su gran torrente de voz: «¡¡Dos copas de Periquito para las viejas que están en el rincón».

Veamos que nos cuenta Enrique Pérez Fernández, en su libro de «Tabernas y Bares con Solera»: «Vicente es miembro de una familia tradicionalmente dedicada al mundo de la hostelería, de origen montañés, cómo no. Su padre, Francisco Sordo Rubín, trabajó y llevó en Jerez El Colmado, entre las calles Hondas y Arcos, en donde estuvo también su abuelo Mateo, y en la calle Lancería, junto a la plaza del Arenal, la Tienda del Parque. (Acuarela de Vicente Vega).

Natural de Camijanes, llegó a El Puerto de Santa María en septiembre de 1937, cuando tenía 15 años, para trabajar con su hermano Maximino, que días antes de estallar la Guerra Civil se había hecho cargo de El Resbaladero. Continuaron juntos en La Fuentecilla, y tras permanecer algún tiempo en el Bar Pavoni, se independizó y en marzo de 1950 comenzó a dirigir a Los dos Pepes, al que rebautizo como Bar Vicente. Retomaba así el local de la familia Sordo, pues José Ruiz Sordo, “el Rubio”, era primo de su padre, quien en 1926 abriría un establecimiento de vinos, café y licores con el nombre de Las Mellizas. En 1945 se lo traspasó al portuense José Sánchez Sousa, que lo llamó Los Dos Pepes (él y su hijo) y, en 1950 como hemos dicho, lo tomó Vicente Sordo.

Durante todos estos años, por el Bar Vicente han pasado y se han formado numerosos profesionales del gremio, abriendo muchos de ellos con el paso del tiempo sus propios negocios. El local mantiene el sabor de siempre, apenas modificado desde los años 20. En los veranos era habitual instalar veladores en el exterior, hacia la Plaza, como lo hacían los demás establecimientos de la calle Sierpes." La pintura que ilustra este texto es de Clara Borges).

"En nuestros días (1999), junto a Vicente trabaja su hijo, también Vicente, todo un experto en el difícil arte de “saber estar” detrás de un mostrador, Pedro Barba, Antonio Cairón, Inmaculada González (buena cocinera), Manuel Robles y Antonio Selma.» La foto está tomada desde la tienda de frutas y verduras de Genaro.

Detrás del mostrador, hay de todo, como en botica.

El Bar Vicente, en la actualidad: los anaqueles, cuadros y reclamos publicitarios de detrás del mostrador. Un cartel de Toros con el Niño del Matadero, otro con Paquirri; fotos de José de los Reyes, 'El Negro' y 'Carrurra', un especjo de 'Coñac' Decano, de Caballero; botellas antiguas de vinos de Osborne, un escudo del Cádiz, una foto de Curro Romero, jarras singulares, un cuadro de la vecina Casa de los Leones,...

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Clientes del Bar Vicente en un día cualquiera: Vicente Sordo hijo, tras la barra; Luis Suárez Ávila, Salvador Cortés Jiménez, Francisco Navarro Mariscal, Antonio Fernández Galloso, sentado, desconocemos el nombre del señor de la derecha. Foto tomada el 14 de noviembre de 2008. (Colección J.M.M.).

12 comentarios en “14. BAR VICENTE. O Las Mellizas (el Rubio), o Los Pepes.

  1. Manuel

    Es un bar muy acogedor, me gustaba las tapas, como higaditos de pollo, estaban riquisimos, cuando paso por la puerta me da mucha alegria ver a Vicente, sentado en la puerta, tambien recuero mucho a mi amigo Manolo Tabique, es una pena que nos dejara tan pronto, fué un buen camarero, y además era muy amigo del Fino Quinta.

  2. lola Ojeda y Blanco

    Los comentarios anteriores, son de mis hijos, Quique y Mila. Los pusieron en su Fotolog, en el día de Andalucía.
    Lo reproduzco aquí, por el comentario de Los Pepes.
    Besos y abrazos , para mis conocidos y amigos.
    Para todos, un saludo desde Valladolid.

  3. lola Ojeda y Blanco

    28/02/10 Bar Vicente, en la plaza de El Puerto De Santa María...
    Siempre que me preguntan digo que soy de Cádiz,pero que me nacieron en Valladolid... En realidad fue mi tío Manolo el que se lo dijo hace años a mi padre -Paco, este niño es el único que te ha salido "del Puerto..." (Creo que es lo más bonito que he oído decir de mi junto con eso de que soy el que habla con los perros)
    Los pepes (Bar vicente) son en realidad el centro del mundo, allí los cafés se toman y se hablan, por eso la barra es pequeña y tiene tantas mesas, la gente se sienta, la gente para su día por un momento para vivir, allí la velocidad de la vida es mucho más lenta, qué placer...
    Y el freridor, y el parque y la playa y ese marisco y esas bodegas que sacan los olores de vino a las calles...
    El olor de las calles recién pasado el camión del riego, el olor de la arena de la playa, el jardín de la titi, la casa de la cuqui... son tantas cosas que se me arruga el corazón si pienso en ellas... esa azotea que está de forma permanete en mi recuerdo, esa semitas de merienda con la conchi...
    Y los veranos de "la wesfi" en los que me iba solito allí y en un momento mis primos me lo llenaban de amigos, aquellos botellones en los que de forma imponente éramos los reyes, aquella inolvidable subasta del pescado en la que pasamos junto a los guardias con olores de cigarrito aliñao...
    Eso y mil cosas más que no entran aquí es ANDALUCÍA, así que es mezcla de tierra y veranos, recuerdos de infancia y recuerdos de lo que venía a ser la felicidad en letras grandes, recuerdos no tan lejanos porque allí pasé junto al peque y Miren uno de los mejores viajecitos en el vapor...
    Afortunado por lo que siento, afortunado porque allí tengo gente grande que me quiere, afortunado porque este año haremos visita express en avión.
    Afortunado sobre todo porque cada vez que voy allí me traigo algo nuevo, y porque cada vez también cierro los ojos y algo viejo me hace sentir vivo.
    Gracias y felicidades, andaluces.... Foto subida a las 14:41

    mila_guitos dijo en 1/03/10 5:24
    la cara que me pone el camarero cuando llego tarde... y le pregunto que si todavía sirven desayunos... Creo que en el puerto se sirven a cualquier hora, hasta por la tarde.. pero lo llaman mirienda...

    Felicidades a nuestro sur.
    Felicidades a toda la familia..que somos sur y un poco de norte ( algunos más que otros).

    comomellamo dijo en 1/03/10 5:53
    La alegría mas grande de una Andaluza, de una madre....es haber sabido sembrar en los recuerdos de sus hijos....sus quereres y sus sueños.
    Y sin casi querer, porque tuvimos su padre y yo, que aprender a amar a Castilla, a Valladolid, para saber estar en la tierra donde nacieron.

    Los cuatro, comparten Andalucía y Castilla en su corazón.
    Los cuatro recuerdan los desayunos de los PEPE.

  4. leo

    me gustaria que publicaran algunas fotos de los abuelos de charo la churrera, de los famosos churros de facundo y josefa en la plaza de abastos

  5. Francisco Bollullo Estepa

    En los "Dos Pepes", hoy Bar Vicente había una reunión todas las tardes,
    formadas por los abuelos de Manuel Sosa López - el que fué crítico tau-
    rino - Manuel Sosa Bela, un tal Luis que no me acuerdo su apellido, estuvo de capataz en la fábrica de solería y piedra artificial de Tejada, sé
    que vivía en la calle Ganado, donde empezó Romerijo; mi padre y Miguel
    Baena, estuvo de portero en el casino - Cafetería di Roma-, este señor
    era barbero.
    Bueno, después de tomar todos cafés y una copa más tarde que podía
    ser un vermut, el abuelo paterno de Manolo Sosa, tocaba las palmas y
    venía Campuzano diligentemente, ? qué se debe Campo?, Campuzanano
    respondía : 24 Ptas. Don Francisco.

  6. ACL

    Es por eso que desde siempre, gracias al equipo humano que lo compone al no existir ninguna diferencia entre la dirección y los trabajadores ya que conocen sobradamente su responsabilidad en la misión que tienen encomendada, es de los establecimientos que con el paso de los años se ha ganado a pulso la solera y la fama que tiene.

    Me viene a la memoria el día 9 de agosto de 1975, cuando un grupo de amigos, después de una intensa velada nos trasladamos a la vivienda de Jesús María Serrano, en la calle San Bartolomé, y nos quedamos hablando de nuestra infancia y de los distintos colegios donde fuimos, Escuelas de la Sagrada Familia, Colegio de don Juan Díaz y muy especialmente del Insitito Laboral.

    Hasta bien entrada la madruga estuvimos preguntándonos y opinando sobre temas relacionados con literatura pero cuando salió a colación la obra de ‘Don Álvaro o la fuerza del sino’, ninguno nos acordábamos de su autor. Ambrosio Acal y Jesús María rondaban sobre el mismo tema mientras yo repasaba mentalmente todo los textos relacionados con los autores teatrales de aquella época. Uno de los presentes se acordó que fue el Duque de Rivas pero no pudimos facilitar su nombre y apellidos.

    Habida cuenta que estaba amaneciendo decidimos zanjar el tema y trasladarnos a la Placilla. Compramos los churros a Charo Salguero y cuando nos disponíamos a desayunar, disfrutando de la acogida y calidad que siempre ha caracterizado al Bar Vicente, uno de los presentes, volviéndose, señaló un cartel de la corrida de rejones y ante una pista entre relación y azar, exclamó don Ángel Saavedra. Respondimos efectivamente ese el nombre. Y fue así como Ángel Peralta, quien aparecía en el cartel de la corrida de rejones, fue quién puso al compañero sobre la pista de don Ángel María de Saavedra y Ramírez de Baquedano, más conocido como Duque de Rivas autor de la obra, ‘Don Álvaro o la fuerza del sino’ que, desde aquella noche, jamás olvidaríamos.

  7. cristina

    El más pequeño de todos, es Manolo García Gómez, más conocido como Manolín. Hace tan sólo unos meses que se jubiló. Llevaba desde los 12 años trabajando en Los Pepes.

  8. maria del mar

    Hola, yo soy otra nieta de Campuzano, gracias a ustedes y tambien a mi prima he podido ver esta foto. La verdad es que ha sido genial ver a nuestro abuelo porque disfrutamos poco de él(eramos chica) y ahora saber cosas de él nos emociona. En cuanto a su caracter, dice q salgo a mi padre,mi padre "manolo" es su hijo y no vea q cabezon es "jajajajaja". Me gustaria recibir mas cosas, anecdotas, fotos,... Gracias por todo.

  9. Fany

    Me ha gustado mucho el reportaje que habeis hecho sobre el Bar Vicente "Los Pepes" y sobre todo queria deciros que soy la nieta de Campuzano, hija de su hijo José, me gustaria que si tuvieseis mas fotos de mi abuelo en el Bar o alguna anecdota mas de él, la publicaseis o me la mandaseis por e-mail.
    Gracias y un saludo.

    viva_la_fany@hotmail.com

  10. Muñoli

    Vicente Sordo, el del Bar Vicente, montañés-portuense o portuense-montañés, que da tanto, es un personaje anónimo en su modestia, trabajador incansable, serio, y mantenedor con su hijo de un local de los que ya pocos quedan, que es alma, espíritu y reseña de los tradicionales cafés de El Puerto. Mantener este local como estaba hace cincuenta años- con los cambios mínimos imprescindibles que requieren los tiempos-, con ese aire nostálgico, popular, tradicional, romántico, y de sabor, donde se reúnen a diario cientos de portuenses a contarse sus penas, de toda clase y condición, pero preferentemente del pueblo-pueblo, saboreando su magnífico café, sus exquisitas tapas de la casa, sin agobios, conversando porque el lugar incita a ello, sintiéndose a gusto porque el local es como un templo de la palabra, de la conversación y la afabilidad...

    Antonio Muñoz Cuenca
    Diario de Cádiz. 1996

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