240. LAS BARCAS Y LOS BAÑOS

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La fotografía está tomada a principios de los años 50 del siglo XX, pasando bañistas desde la playa de “La Puntilla” hasta la playa de “Valdelagrana”. El bote se llamaba "El Quinto" y era propiedad de José Manuel Sánchez Carlé, de apodo "Manduco" (padre de los Hnos. Sanchez La O). Este bote fue de la Marina de Guerra y se usaba para que los quintos aprendieran a remar, de ahí el nombre del mismo. (Foto: Vicente González Bruzón, perteneciente a la Colección de V.G.L.)

Las barcas del Canal servían para trasladar a los veraneantes de una playa a otra. Por el módico precio de 0,50 cts. nos trasladaban a Valdelagrana después de la merienda, para ver las Carreras de Caballos, o bien se organizaba una excursión para ir a mariscar al río San Pedro.  A mediados de los años 50 del siglo pasado, la playa de Valdelagrana estaba virgen,  solo habia una ventita --"El Cepo"-- donde Juan Moreno preparaba la caza como nadie.

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A comienzo del siglo XX, la familia Neto era la propietaria de los Baños; tenían unas casetas muy grandes para cambiarse de ropa y los baños en alto que se pueden ver en la fotografía superior a este párrafo. Después del baño, siempre custodiados por los bañeros, los de Antonio Neto, estaban los Jodar, Andrés y Juan quienes, además, eran mariscadores. Los bañistas sustituían la ropa de baño por el albornoz y los bañeros recogían los bañadores y las toallas de los cuartos y las tendían para secarlas; una vez secas, se guardaban en una talegas con las iniciales de cada familia para que, al día siguiente, se pudiera usar de nuevo. Esa era la misión del bañero, ademas de vigilar a los bañistas desde la orilla.

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Barqueros en La Puntilla, al fondo, Valdelagrana. No están las escolleras o espigones.

Los barqueros retirados de la orilla vigilaban para que nadie se fuera lejos de ésta. La familia Neto: Leonardo Neto y Magdalena Oviedo, repartieron sus casetas entre sus hijos que eran todos carpinteros de ribera: Paco, Antonio Manolo y Leonarda Neto Oviedo. Luego estaban los primos del Bar Playa: "el Nono" y sus sobrinas “Yoya”, Lucía y “Titi”. Y otros primos, los Serrano, del «Bar lo Mellizos».

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Existían, también, unos baños en «El Corribolo» que se llamaban de «San José», propiedad de la familia Lora; estos baños desaparecieron y las casetas fueron vendidas a  los bañeros antiguos. Su hechura era peculiar: tenían dos cuerpos; uno con el techo recto delante y otro, a continuación,  a dos aguas.

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El Vapor de El Puerto (Adriano III) pasando por el Canal, las lbarcas en la orilla y las casetas junto al río, cuando no existían epigones en el Guadalete. (Foto Colección Centro Municipal Patrimonio Histórico).

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Una vista actual de la desembocadura del río, con espigón y zona portuaria.

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bono_playa_2_puertosantamariaOtro bañero antiguo fue Paco Bononato. Tenía las primeras casetas junto al Canal, que todos los años se le inundaban con las mareas de Santiago. Además había casetas con ruedas para bajarla a la orilla ya que las señoras iban vestidas hasta los tobillos para el baño y tenian delante una pequeña terraza. Los días de toros, después del almuerzo y antes de la corrida, se paseaban por la orilla». C.F.G.S.

11 comentarios en “240. LAS BARCAS Y LOS BAÑOS

  1. Menestea

    A finales de los años 50, mis padres siendo novios decidieron ir con un grupo de amigos a pasar el dia a la playa de la Puntilla, a una de las casetas que tenia alquilada mi familia. Cuándo llegaron descargaron los bártulos, se cambiaron y se fueron a la orilla. Más tarde cuándo volvieron, se encontraron con la puerta de la caseta entre abierta, sospechando enseguida que habían entrado a robar y, efectivamente habían entrado, pero sólo se llevaron los zapatos de mi padre. Por lo qué tuvo que volver a casa descalzo y comprarse otro par.
    Al día siguiente, leyéndo el periódico vieron un comunicado de la policía en el que advertían que si alguien habia notado la desaparición de algún familiar o amigo, fuera al cuartel de la policía a denunciar su desparición, ya que, se habían encontrado sobre las piedras del rio, cerca de la pescadería un par de zapatos, sospechando que podrían ser de algún ahogado.
    !Eran los zapatos de mi padre!

  2. Jesús María Serrano

    No cabe la menor duda que el amigo Luis sabe lo que dice cuando habla de la playa de La Puntilla y, es así, porque lo ha vivido. Soy testigo de ello porque vivía allí, no me iba de noche a la casa de El Puerto, nos quedábamos a dormir en nuestras literas en la caseta del kioko.

    Al atardecer, hasta que se construyeron los espigones transportando el agua en el paterón de su tío Nono hasta las Fuente de las Galeras y, cuando éste, ya tenía unas proporciones excesivas, mi padre optó por colocarle unas angarilla a su bicicleta BH (Bíztegui Hemanos) y así de tres en tres, poder traer el preciado líquido.

    Pasando los años, se comenzó un proyecto un tanto anárquico de arrojar piedra molida (sub-base) que muy lentamente fue progresando, y que por entonces no avanzaba más de un 80 metros de la Rotonda, próxima a donde se emplaza el monumento a mi maestro y amigo José Luis Tejada.

    Con una fiesta en Los Mellizos (por mis hermanos Agustín y Manuel (varones), María del Carmen y Milagros (fallecida) y Begoña y su hermana que lamentablente abortó), celebramos tan magno acontecimiento.

    Así, mi padre cargaba una garrafa de 16 litros al hombro y otra en la mano, por entonces mis hermanos mayores, antes mencionados cumplían la mili, uno en el Instituto Hidrográfico de Cádiz, por ser litógrafo y otro como cabo apuntador del montaje de proa del minador Marte. Este hecho produjo una deblacle en nuestra familia, ya que los hermanos mayores: tanto Agustín como Manuel me llevan 10 años, Meli (María del Carmen), muy conocida puesto que el bote que se ha llevado casi 50 años amarrado junto a la popa del Vapor, construído por mis tíos José Luis (mi padrino) y Manolo el más joven, ayudado, lógicamente por mi padre y mi tío Ramón, que actualmente es cuidado dada su demencia senil en una residencia de la ciudad.
    Conservamos la foto del momento de botar el botar "MELI". La embarcación se hace en Puerto Escondido.

    Decía, que una niña de 12 años y un niño de 8, poco pueden hacer para ayudar al transporte del agua, así que mi madre Dolores Romero Zarazaga, hermano de José Antonio Romero Zarazaga, más conocido como "Romerijo", nos compró "dos cubos de plástico" cuando éstos eran siempre metálicos para que fuesen más ligeros y, una garrafa que entre los dos llevábamos de nuestra mano.

    Mis padres nos prohíbían llenar los cubos, sabedores que dos niños no deben transportar por la arena una garrafa llena de 16 litros (kilos) más el peso de la propia garrafa y su protección de caña y, además, llenar aquellos cubos que nos parecían inmensos y tenían una capacida de al menos 10 litros cada uno, para que con el vaivén del agua no se perdiese ésta. Es decir: 16+4,5+2+10 y más 10 suman 42,5 kilogramos por un espacio cercano a los 900 metros, y sobre todo, cuando este camino debíamos realizardo 10 ó 12 veces cada noche.

    Uno se pregunta cómo una niña de 12 años y yo, con tan solo 8, hemos podido realizar un esfuerzo así tantos años. La respuesta es bien sencilla: respeto por nuestros mayores a quienes siempre hemos adorado y, conciencia de la importancia de la labor que realizábamos.

    Es de destacar y quiero hacer público reconocimiento la ayuda inestimable de otro porteño de pro, el buen amigo de mis hermanos D. Agustín Díaz Conejo, quien cuando se entera de esta necesidad tan acuciante, tras volver de su trabajo en Astilleros Españoles de Puerto Real, no faltó ni un solo día durante dos temporadas de verano con su bicicleta, a la que le montaba las angarillas de mi padre y cargaba tres garrafas en el transportín y dos a cada lado del manillar, ya que sabía la dolencia que mi padre tenía por haber sufrido un accidente grave en la bodega que lo tuvo durante 8 meses postrado sobre una cama en la Clínica de la Salud de Cádiz. Agustín que pertence a una familia de 12 hermanos casi siempre se sentaba en invierno en nuestra mesa y fue tratado como a un hijo más, dada la gran necesidad y escasez de medios económico que existía en su familia de la calle Espelete.

    Es impagable lo que Agustín Díaz Conejo, hoy portero del Colegio Sagrado Corazón y que forma parte de mi alma, hizo y estoy seguro capaz repetiría mil veces.

    Agustín, amigo mío, eres la persona mas generosa que he conocido, me consta que eres humilde y no te gusta que nadie airee los favores que nos has hecho tantas veces. Te consideramos un hermano más, pero es de justicia que la ciudad sepa hasta qué punto, destrozado de trabajar 12 horas como soldador de Astilleros y, además, ir al trabajo en bicicleta, con 14 ó 15 horas de esfuerzo sobre tus espaldas nos ayudaras como un titán.

    Agustín Díaz Conejo y la familia Serrano Romero de Los Mellizos nunca podremos pagarte tan gran favor.

    Deseamos que los dioses te bendigan, las retamas te inunden de su olor, la brisa del viento recorra tu cara y ya sabes, que seguimos siendo hermanos de sangre. Tu esfuerzo fue espectacular solo lo supera tu amistad.

    Besos para tus esposa e hijo, de tu herman pequeño Jesús María que nunca olvidará tu acción de hombre de bien, persona intachable. Es para nosotros un lujo tenerte en la familia.

    Salud y República.

    Jesús María Serrano

  3. Menestea

    En ningún momento he dudado de ninguna profesionalidad.
    Simplemente me referia a los cambios habidos a lo largo de la vida, unos comprensibles y otros no.
    Por mi edad, también añoro los tiempos de mi infancia, infancia llenas de fantasía, ignorancia, tabús o como se quiera llamar, pero, llenas de respeto y educación.
    Personalmente, suelo aplicar esa "cita" que antes menciono, por el simple hecho de que, cuándo se comparan otros tiempos con los actuales, nos vemos impotentes ante muchas actitudes que se dan hoy en día- niños traviesos=psicólogos; padres autoritarios= denuncia, cárcel; profesores= bajas por depresión, etc.- por lo que es mejor dar un salto de trampolín y no mirar atrás.
    Eso es todo.

  4. L.S.A.

    Para Menestea.
    Lo que José María Morillo ha republicado, es un comentario jocoso serio de lo que ocurría en la temporada veraniega en El Puerto. Esto salió en los años 90 en Diario de Cádiz, en aquella serie que se llamaba Puerto Escondido, en que un grupo formado por Diego Ruiz Mata, María Jesús Rodríguez-Tourón, Ramón Pico, Javier Maldonado, José Ignacio Buhigas, y otros más, bajo la batuta de Tili Santiago, hacíamos crítica y memoria de las costumbres, hechos e historia de El Puerto. Nada obligaba a que la gente se bañara en la Playa ni antes del 16 de julio ni después del 8 de septiembre. Era una costumbre y, más que nada porque los veraneantes venían en esas fechas y después de la Virgen de los Milagros se marchaban. Nada más. No lo había impuesto nadie.
    El pasado ni es mejor ni es peor, ni es trampolín, ni sofá. Los relatos de lo ocurría en la playa son esos y otros muchos que no cupieron en la página de Puerto Escondido que nos tenía muy encorsetados en cuanto a la extensión, no en cuanto a la expresión de críticas ni ideas. Tenga ese trabajito como una crítica a la formal gente de orden, que es lo que yo quise que se trasluciera.
    Gracias.
    Luis Suárez Avila

  5. L.S.A.

    Addenda a Jesús Serrano: célibe es persona que no se ha casado, la primera acepción. La segunda es la persona que renuncia a sus relaciones sexuales. pero Juan Antonio Campuzano pertence a las personas de la primera acepción.

  6. L.S.A.

    Querido Jesús Serrano, a Juan Antonio Campuzano de Hoyos (en la foto) y a Lola su sempiterna novia, por razones de edad, los conocí antes que tú. Juan Antonio, coqueteó con la masonería, fue Presidente de la Diipuación con la República, y, al final, fue falangista, pero era escuchante de Radio España Independiente y Radio Pirenáica. El caso es que siendo novio de Lola, como por su "pasado" republicano, al llegar el Movimiento, pensara que fuera perseguido , ideó lo siguiente: Lola iría a Méjico, se casaría, virtualmente y sin cohabitación, con un amigo de Juan Antonio, mejicano cuyo nombre yo sabía, pero no recuerdo, y adquiriría la nacionalidad mejicana. Luego, Lola se divorciaría del amigo y, en un viaje a Méjico, Juan Antonio se casaría con Lola y este adquiriría la nacionalidad mejicana. Así pensaba Juan Antonio instalarse en Méjico y huir de las posibles represalias del régimen de Franco. Toda esta aventura marital no llegó a consumarse. Así que Juan Antonio se hizo afecto a la Falange -- a la vista de la gente, pero no "in pectore"-- y se quedó en Puerto Real, como propietario y rentista de sus fincas y de su bodega-- porque tenía una magnífica bodega--, escribiendo versos y prosas preciosas y traduciendo textos para la UNESCO, porque conocía muchos idiomas. Tanto Juan Antonio, como Lola fueron unas personas encantadoras. En su casa conocí, mientras pelaba a Juan Antonio, a Juan Pavón, El Cojo Pavón, cantaor y barbero, que conservaba infinidad de cantes antiguos y un buen número de romances épicos e históricos. A juan Pavón lo hice intervenir en la I Fiesta del Cante de los puertos en 1971. Juan Anonio ganó un premio literario en prosa en una de las Fiestas de la Hispanidad de El Puerto con un excelente trabajo en que relataba un ideal paseo por El Puerto.
    En efecto, Lola era, aun siendo mayor, guapísima, y la recuerdo tocando el piano y siempre preocupada de Juan Antonio. Eran una pareja enamoradísma.
    Juan Antonio se bañaba todos los días del año en el Trocadero y, de cuando en cuando, se venía a El Puerto donde tenía como amistades a Don Francisco Ciria,a José Luis Tejada y a mi padre. Juan Antonio era un conversador amenísimo y culto.
    Un abrazo, Luis

  7. Jesús María Serrano

    Yo nací rozando la medianoche del 29 de mayo de 1953. Y efectivamente la superstición proclamaba que no debíamos bañarnos nadie antes del día de la Vírgen del Carmen (16 de julio), y acababan éstos el 8 de septiembre con la de los Milagros porque las aguas "estaban envenenadas". Eso era así. Además, existía otra superstición: los baños de mar debía ser 15 seguidos sin interrupción para que el cloro penetrase por nuestros poros. Nadie les hacía el menor caso.

    Y lo digo porque según me contaba mi madre, sobre las 6 de la tarde del 30 de mayo de aquel año, ya dormí en nuestro Kiosko de Los Mellizos. Esto significa, que si toda la familia ya vivíamos allí hasta el 14 de septiembre fecha en que comenzaban las clases, es que teníamos clientes a los que atender y era nuestro hogar todo el verano: sin agua, sin luz, sin servicios...

    Lo primero que han visto mis ojos, aparte del pecho de mi madre que las benditas arenas de las playas la tenga en su gloria, es la pura verdad. La blanca arena y las formidables mareas de La Puntilla. Yo no soy porteño soy de La Puntilla.

    Descendiente de los Netos y de los Tey, heredamos 10 casetas procedentes de Rota en muy mal estado, que mi tíos repararon y se mantuvieron en pie hasta su prohibición. Eran propiedad de los 6 hermanos Serrano por este orden: José Luis el mayor, (ebanista); Lola (sastra); Pedro (mi padre, encargado de la bodega José de la Cuesta); Ramón, (arrumbador de Cuvillo y Compañía); María del Carmen (sus labores) y Manolo (ebanista). lamentameblemente únicamente siguen con nosotros Ramón y Manolo, ambos con la salud muy delicada.

    Como bien ha dicho Luis, la Playa de la Puntilla era la playa popular, Antonio Neto era hermanastro de mi abuela Milagros, también tenía un kiosko y aparte, nuestra familia tenía otras tres primas solteras que montaban uno muy pequeñito, todos participamos del reparto de casetas, el resto llegaron después. Los Neto y los Tey llevábamos más de un siglo encargándonos de esas labores, que por cierto contribuían a aumentar nuestros exiguos ingresos y paliar muchas penalidades durante la Dictadura.

    A la semana de nacido, sufrí un desvanecimiento terrible que me abocaba a una muerte irrevocable y me cuentan, que mi madre corrió monte a través,, atravesó los pinares hasta llegar al Campamento Batalla del Salado que tenía médico y me salvó. Hay que hacer notar que nací con 7,750 kilos, luego vendría la difteria y más tarde, un amago no excesivamente agudo de poliomelitis que me hace de vez en cuando, como ahora, usar muletas o bastón para andar.

    En relación al querido Juan Antonio Campuzano, de célibe no tenia nada, fuí amigo personal suyo, lo que pasaba es como buen republicano, diputado, se negó a casarse por la iglesia por estar en contra del fascismos y su novia, la bellísima Lola García Páez, sevillana, Maja de España, también republicana, estuvo de acuerdo. De célibe nada, de republicano mucho. Fueron pareja de célibes nada de nada.

    Un fuerte abrazo Luis por tu excelente descripción de aquellos momentos.

    Jesús María Serrano

  8. Menestea

    Este comentario va dirigido como respuesta a L.S.A.
    Referente al periodo de los baños, me permito opinar que, antiguamente años "ha", a alguien se le ocurrió decir: El periodo de los baños en El Puerto, empieza con la Virgen del Carmen y acaba con la patrona (Ntra. sra. de los Milagros). !Así sea!.
    Ya que personalmente no le veo la lógica por ninguna parte, empezando por la estación veraniega que comprende desde el 21 de Junio al 21 de Septiembre (fechas que de querer, aún se podrían alargar más, debido al cambio climático que estamos padeciendo).
    Otro punto en el que me baso, es: si una persona que está trabajando en una empresa, y ésta misma le impone su periodo vacacional, la primera quincena de Julio ó la última de Septiembre....¿No tiene derecho a ir a la playa, ni a bañarse?.
    Además conozco muchos pueblos costeros que tienen como patrona a la Virgen del Carmen (16 Julio), Ntra. sra. de la Candelaria (2 Febrero), Ntra. Sra. del Rosario (7 Octubre), etc. y no por eso acaban los baños el día de la onomástica de su patrona.
    Esta costumbre también ha debido de cambiar por fuerza debido a la cantidad de turistas que recibe El Puerto.
    Lo mismo pasa con la menstruacción y con la digestión, estas costumbres también han cambiado. Científicamente se ha demostrado que esas creencias no tienen razón de ser. La digestión se puede cortar haciendo cualquier sobre-esfuerzo después de comer, ya sea: Gimnasia, nadar, correr, levantar piedras, etc. (las células de la sangre están colaborando con el estómago, para facilitar la ingestión de los alimentos, por lo tanto, no pueden o deben acudir a otro órgano al 100%). Pero por bañarse plácidamente no se corta la digestión. !Comprobado!
    Ya por último, decirle también que usted mismo ha podido comprobar que los juegos y costumbres de su niñez- fechorías y travesuras incluídas, que todo hay que decirlo- han cambiado. ¿Para bien, para mal?. ..!Vaya usted a saber!.
    Por todo esto y otras cosas más, todos los que opinan o piensan como yo, no debemos de...... !Calificarnos adjetivamente !.
    Se debe usar el pasado como trampolín, no como sofá.

  9. josé maría gutiérrez

    Querido Luis: No se puede hacer mejor. El verano de la Puntilla se nos ha aparecido, rescatado del tiempo, con el encanto agridulce de la nostalgia. Un 10 Luis y una suerte contar con tu memoria y con tu pluma.

  10. ACL

    Los hermanos Patino Ortega, Luis y José Vicente, que representaron en la magnifica puesta en escena a los rederos, que tradicionalmente ocupaban los patios de las Casas de Cargadores a Indias, la Casa de las Cadenas, la de Roque Aguado… faenando con su arte las artes de pesca, como brillantemente expuso el entrañable Manolo Morillo en el No Pregón de la Fiesta de los Patios, celebrado el jueves día 26 de marzo, con nótula propia en Gente del Puerto 234, fueron hijos de un pescador, Francisco Patino Pérez, también redero de la mar de Cádiz, que durante los veranos, desde el día de la Virgen del Carmen hasta el de los Milagros abandonaba su actividad profesional aprovechando bonanza para su familia con una barca en la desembocadura del rió Guadalete, navegando y paseando desde la salida hasta la puesta del sol a veraneantes, foráneos y locales, de una banda a la otra, ésta la de la margen izquierda del río, colindante con la playa de Valdelagrana. De la misma manera Luis García, ‘El Mono’ y José Manuel Sánchez Carlé, como indica esta nótula, de apodo “Manduco”, padre de los hermanos Sánchez La O, José Manuel y Julio ya fallecidos, conocidos por ‘El Mesti’ y el ‘Arropia’ también fueron pescadores y barqueros. Su otro hermano, José Antonio, apodado por la marinería como ‘Caganijo’, fue Patrón de Pesca y en la actualidad es armador del pesquero Mareton Primero.

    Los lancheros, como Vicente Ortega Reinado, ‘Cuchichi’; ‘Lucema’, Albaiceta, ‘Paiño’ y los ‘Tranquedos’, Cairon y su hijo Joaquín Cairon Carbonell, que suministraban de agua a las embarcaciones que transportaban utilizando barriles en sus lanchas de remos desde la plaza de las Galeras Reales hasta la antigua pescadería, de mismo modo, los barqueros y bañeros reseñados en esta página, como muy bien enfatizaba el profesor don Enrique Bartolomé, merecen nuestro reconocimiento, por el doble esfuerzo que realizaron, uno para poder subsistir sus familias en aquellos años difíciles y otro, por una parte, los lancheros que contribuyeron al esplendor de la actividad pesquera y, por otra, lo más importante, las vidas que salvaron los bañeros y barqueros porteños en las playas y en canal de El Puerto, en aquellas décadas de los años 50 y 60 del siglo pasado.

  11. L.S.A.

    ¡ A L A P L A Y A !
    Publicado en DIARIO DE CÁDIZ. Sección 'Puerto Escondido'. Edición de El Puerto.

    Siempre nos dijeron las personas mayores que lo de la gente de orden es empezar los baños cuando la Virgen del Carmen ya había bendecido las aguas del mar. Siempre nos dijeron que evitáramos la compañía de niños que encueros vivos se tiraban desde las barandas del puente de San Alejandro o desde el muelle del vapor, en cualquier época del año.
    Los niños esos casi siempre se ahogaron en un remolino del río, sin que ni Martínez, ni Fortunato, ni Javier Tejada, ni Paco Ameneiro, que estaban pescando robalos, con sus cañas en el puente, pudieran hacer nada. Los remolinos del río son la cosa más traicionera que se ha visto.
    Pero, lo cierto es que bañarse antes de que la Virgen del Carmen eche su santa bendición a las aguas, no se le ha ocurrido a nadie, nada más que a esos niños y a la gente de Jerez. Cuando se ahogaba alguien en la playa, antes de la comprobación de su procedencia, siempre había algún avisado que anunciaba que el ahogado era de Jerez. La gente de Jerez, como es de tierra adentro, es que no sabe que la digestión se corta con el baño y se bañan o recién comidos o recién bebidos y así pasa lo que pasa.
    A la playa, toda la vida de Dios, o se va después del 16 de julio, o no se va. Lo que está ocurriendo ahora de que cualquier día del año la gente se bañe en la playa, eso no ha sucedido nunca. Desde luego, que lo de cajón es empezar con la Virgen del Carmen y terminar con la Virgen de los Milagros. Lo otro es de descreídos y de gentuza.
    El único caso de bañista fijo durante los trescientos sesenta y cinco días del año, sólo se ha dado en los tiempos gloriosos, en Puerto Real: Juan Antonio Campuzano era su nombre. Fue buen poeta, exquisito prosista y traductor de obras extranjeras. Vivió toda su vida célibe, pendiente de casarse con Lola. Salvo ese caso, yo no conozco otros de bañistas tan pertinaces. Claro, que, al parecer, Juan Antonio era algo republicano y desde luego leía a los poetas del 27.
    Cuando se acercaba el día de la Virgen el Carmen, se esperaba en cualquier momento la llegada de los Gay Palacios, de los Cañaveral, los Izquierdo, los García Gil, los Pérez García, las primas italianas de los Bootello, los Peinado Merchante, los Merchante Cobo, los Merchante Hernández, los Cobo Gavala, los García Loygorri, las Marra Arvilla, los Muñoz Tosar, los Guerra, Laurita y sus hermanos Rafael y Jesús, Lourdes López y sus abuelos, Patrito Martínez Solinís, "María de Dios", Marisa Muñoz, las de Rojas, Miguel y José María Rodríguez (que por cierto jugaban magníficamente al baloncesto, con los Casado, con Juan Carlos Benjumeda y otros, por las tardes-noches en la Galera), y el desembarco de qué sé yo cuantos niños y niñas de Madrid, de Sevilla , de Extremadura y de otras partes del universo mundo, amén de un nutrido grupo de "flechas" que acampaban en las Dunas.
    Expectación especial causaba la aparición del laureado poeta, doctor en Derecho e Inspector de Policía con destino en Madrid, Augusto Haüpold Gay, impecablemente vestido de blanco, con su maleta de piel negra, en la playa, que, usaba un gran bañador "meyba" y gorro de baño de goma y se permitía nadar por el canal.
    Cuando se acercaba la Virgen del Carmen ya estaban puestas las casetas. Los bañeros, Neto y Bononato, colocaban sus reales en la playa de la Puntilla y en grandes barracones hacían la vida durante todo el verano. Se ocupaban no solo del montaje de las casetas, sino de colocar estacas en la orilla y hasta donde se podía perder pie, unidas por sogas para amparo y refugio de bañistas no avezados. Para estos últimos también mantenían unos bañeros en pateras y botes de remos que merodeaban por los sitios de más peligro, en evitación de alguna desgracia.
    Así las cosas, a la gente amante de la peripecia y del riesgo, lo que le privaba era cruzar el canal, justo por donde unos letreros, en la escollera, decían con letra clara y terminante: "Prohibido bañarse, Zona peligrosa". Porque es que, la verdad, en la Puntilla, con marea baja, había que llegar hasta Cádiz para bañarse, y, ni aun con eso, se perdía pie. Lo que ocurría es que esos días se aprovechaban para coger muergos, con largas varillas de paraguas y una bala incrustada en la punta, o coger cangrejos moros o "mariquitas", o camarones, en las rocas frente por frente del castillito de la Pólvora, o ir a las Dunas subir a los montes y tirarse desde lo alto, rodando, o a coger piñas o camaleones y burlar a Vicente, el guarda forestal, de quien decían, sin que se sepa de cierto, que tenía una carabina con balas de sal, que no hacían daño, pero que picaban cosa fina. Es verdad que, con la marea baja, la Puntilla se ponía imposible. Pero, hombre, acuérdese usted, también, de las mareas de Santiago. Cuando se acercaba el día del Apóstol, no es que hubiera poca agua, es que había una barbaridad. El agua llegaba hasta por detrás de las casetas.

    Cuando se acercaba la Virgen del Carmen, Ramoni, Emilio, Tadeo, Murga, Tarrío, Luis el Mutilado... se aprestaban a instalar sus bares en la playa con terrazas cerradas por artísticas arcadas de madera y cubiertas de cañizo.

    A la vuelta del día de la Virgen del Carmen estaba el glorioso día 18. Entonces era el acabóse. Reconfortadas con la salvífica paga de Franco, yo no sé de dónde salían tantas "maris" de Jerez con sus sandías alargatadas bajo el brazo , sus peroles llenos de comida, sus proles y sus tenderetes de sábanas y palos. Aquellas que gritaban lo de "Rafaé ven pacá, que tevajogá". ¡Y vaya que si se ahogaba! Como que cada 18 de julio se ahogaba alguien que, imprescindiblemente, era de Jerez. La gente de Jerez, como no asidua a la playa, por no ser su medio, se colocaba entre La Colorada y el Castillo de la Pólvora y el que no acababa ahogado, terminaba colorado como un salmonete, lleno de ampollas, esmorecidito, o como un eccehomo todo cortadito por las cáscaras de ostiones. Tan es así que la Cruz Roja, con Remigio Andújar (que lo mismo tocaba el tambor en la banda de Dueñas, que leía, con excelente profesionalidad, los contadores de la luz, que evacuaba a un lesionado), y con Felipe Lamadrid, el practicante, (siempre con el cigarro en la boca, que le servía de filtro para no aspirar, en frío, bacterias y otros gérmenes de la gente) no daba abasto. Pero no se crea que todo el trabajo se lo daba la gente de Jerez. De vez en cuando, algún portuense aparecía con un tajo, en un pie, por haber pisado un cristal, o con la mano hinchada porque un alacrán o un cortapicha, le ha picado por escarbar debajo de las casetas. Y todo, por desobedecer y no ponerse, los indinos niños, las alpargatas, o las playeras, que sus madres, con tiempo, les habían comprado en Mauricio León, en "La Valenciana" (la del zapato grande en la fachada) o en casa de Ramírez, en la Placilla. --Mira que se lo tengo dicho: no escarbes en la arena, que debajo de las piedras hay alacranes; mira que se lo dice una: niños, para andar por la playa, ponerse las sandalias, que para eso están.
    Allí, también, en el castillo de la Pólvora (el fuerte de la Laxa o de la Alhaja, que dicen los planos antiguos), el polifacético y bien recordado don Francisco Dueñas ordenaba el disparo de las bombas japonesas, cargadas de juguetillos y chucherías y la elevación de los globos y los fantoches; desde allí partía el jurado que habría de calificar el concurso de los muñequitos de arena, jurado que indefectiblemente estaba compuesto por Paco Bernardo, Manuel García, Dueñas y Martínez Montenegro y que indefectiblemente, también, otorgaba el premio siempre a José Carlos García Gracia, el hijo del caricaturista Carlos García Gil. Los demás, que hacíamos muñequitos más vulgares, coloreados con anilinas de la Droguería del Cárave, nos teníamos que contentar con alguna mención honorífica, con algún accésit, o simplemente con nada.
    Cuando se acercaba el día de la Virgen del Carmen, Emilio Bootello ordenaba pintar otra vez más, de celeste, los dos autobuses Chevrolet y los plantaba en el Vergel, junto a la taquilla, una casetita escueta de madera, donde campeaban los letreros de "Coñac Centenario Terry" y donde, dentro, pasaba el verano la hermana de Pepe Alvarez, despachando tiquets.
    Los autobuses, cargados de gentío, salían hacia la Playa por el Vergel, calle Aurora, Rotonda (donde, en los Baños Termales, siempre se veían en la terraza, en sillas de mimbre, a los bañistas y a Feria, el guarda, poniendo en marcha el motor de la casetilla), para terminar en la parada, en la otra rotonda, a lado de la casilla de la Guardia Civil, día y noche habitada por un número con sahariana, tricornio, con visera y nuquera, forrado, subfusil y prismáticos, que guardaba la costa desde la boca del río hasta La Colorada, donde, en la punta, había otra casilla con otro número. Yo no sé si alijar tabaco era fácil o dificil, pero la verdad es que nuestros padres liaban y fumaban , como carreteros, "George Russo", "45", "Partagás",... en cuarterones que corrían por todas partes.
    La vuelta del autobús era por la Bajamar, hasta llegar a la Galera y, otra vez, al Vergel. Y, así, todo el día.
    Desde el Corpus, los guardias municipales habían cambiado el uniforme de invierno por el blanco de verano y, cuando se acercaba el día de la Virgen del Carmen, se las organizaban para montar los turnos de playa. Estaba rigurosamente prohibido jugar a la pelota. Por eso "Merengue", valetudinario guardia de la porra, con media lengua y frenillo, tenía perseguidos a los que nos poníamos en la orilla a jugar al fútbol. A su llegada, todos nos tirábamos al agua, con pelota incluida, y le retábamos a que nos cogiera, pero él, impasible el ademán, espetaba: "No precuparse, que los onozco a tós... Y a sus adres. Ustede orré, que ontra más orráis, más orre el lapi". Y se ponía a apuntar no se sabe qué en una libreta que llevaba.

    Por la playa, se comenzaban a oír pregones de "acerolas, blancas y colorás", de "arropías de Turquía, las llevo largas y retorcías, qué ricas y qué buenas llevo yo mis arropías", de "hay corrucos" , "al rico parisién, compre", "hay helado, rico mantecado, helado, el polo, helado, el corte, helado, el bombón helado" en esos carrillos, con porte de paso de palio y tres tapaderas cónicas cromadas, con sus maquinillas para las bolas y para las galletas, hartas de mojar en el mismo agua ; "al rico pirulí de La Habana", que vendían clavados en una penca de pita; "piñones, como cabezas de gorriones"; " avellanas de los toros"; "almendras de los almendros, los niños las cogen y yo las vendo, peladas y garrapiñadas, oiga"; "y al buen higo", higos de Jeré, una gorda dié"; "La tajaita y el pollo", que gritaba "El Chirri"; "cangrejos, hay cangrejos, camarones y bocas de la Isla". Cuellar dejaba el Parque y trasladaba su negocio a la playa, vestido con su sobretodo de crudillo y con su máquina, su cubo y su trapito, su caballo de cartón otra vez recien pintado, y sus fotos de muestra con soldados y novias, niños jinetes, y grupos de amigos, dispuesto a hacer su agosto.

    Por las mañanas, en la playa, se aprestaba todo para el baño. Por turnos -masculinos y femeninos- nos poníamos los bañadores, aquellos grandes "meybas" de gabardina y camisetas de tirantas-nosotros-- y ellas, con púdicos trajes de baño con faldas. Así era porque las madres, sobre todo a ellas, después de haberles sido impuesto el escapulario del Carmen en la Iglesia de la Concepción, les leían detenidamente las "Normas de decencia cristiana" que publicaba el Arzobispado de Toledo --por cierto, ¿Toledo tiene playa?--. Así pues, con la impedimienta de baño puesta, lo primero, era ir con el cántaro de Lebrija, con tapadera de corcho --comprado en "La Chana" o "El Inglés"--, a por agua a la barraca del bañero. El agua la traía, diariamente, desde la fuente de las Galeras hasta la playa, un señor muy gordo, en una bicicleta a la que iba uncido un carrito, con catorce o quince cántaros.
    Luego, el baño. Lo primero, al mojarse los tobillos, en la misma orilla, era tomar agua y santiguarse; lo segundo, no perder nunca pie, no hacer el "cristo", ni el "pino", ni meter en el agua flotadores, porque, con la marea y el viento, podía uno terminar en América; lo tercero, no pisar las "aguasmalas", porque los días de temporal, aparecen por todos lados y pican una barbaridad; lo cuarto, salir pronto, porque los baños prolongados son malos; lo quinto, al salir, tener una oronda tata con la toalla o el albornoz dispuesto y una madre con un vasito de vino oloroso, mezclado con agua, preparado, para "entrar en caja" después de la impresión del baño; lo sexto, secarse bien, porque o se cambiaba uno de bañador, o se podía coger una pulmonía doble.
    La comidilla del día era cuando fulanita o menganita no se podía bañar. Vamos, que ni se ponía el bañador. Pepe Valle Sevilla, contestando a unas feministas que pedían la igualdad de sexos, dijo ingeniosamente que a los hombres, la Patria les exigía jurar, una vez en la vida, derramar hasta la última gota de su sangre, pero sólo una vez y toda ella; la diferencia estaba, en que las mujeres, la derraman, poco a poco, y en cómodos plazos mensuales. Eso es cierto y, además, no se podían bañar. No como ahora.
    A la hora de comer, se abrían cestas enormes de mimbre, donde permanecían guardadas fiambreras de aluminio, cargadas de tortillas de patatas, de fritos, de ensaladilla, de bistelitos empanados y otras cosas propias para comer en la playa. Pero lo más propio, lo más genuino, lo más auténtico, es que las tortillas de patatas, con el levante, se llenen de arena. -¿Usted no ha comido nunca una tortilla con arena? Pues si no la ha comido, no sé qué decirle. Bajo un toldo de esparto, que distribuye el sol a pintas rayadas, como espinas de pescado sobre la arena, por entre la empleita, sentados en banquillos de madera, alrededor de un mesa de pino, ante la mirada materna, que ocupa una hamaca de tijera y lona, no hay cosa más deliciosa que comerse una tortilla con arena. Lo que yo le diga.
    Por las tardes, en la playa, se jugaba a "alredó de un fangá, charolí, charolá...", pasándose de uno en otro piedras ostioneras; al clavo; al salto "búa"; al dar; al esconder; a tula; a echar carreras; a las prendas, o a la "palmá", "cruz por mí y por todos mis compañeros y, por mí, el primero"... o se hacían pozos, hornos, o trampas en la arena. -- ¿No me diga que usted no ha hecho nunca una trampa en la arena, señor mío? Si usted es de los que se la dan de serios con la edad, le voy a recordar que las trampas en la arena se construían de la siguiente forma: Un gran boquete, excavado, a ser posible, en la orilla, donde pasea la gente, por la arena mojada; luego, con unos pequeños palitroques y unas cañas, se construye un entramado, para sujetar un papel de periódico y, sobre él, se coloca una torta de arena, bien disimulada. El resto es ponerse a esperar, como en un aguardo, a ver quien va a ser el que caiga. Pues caían. ¿Verdad que, ahora, se acuerda, provecto, venerable y formal padre de familia?
    Con estas y otras inocentes diversiones, en la playa de la Puntilla discurría el verano, hasta el 8 de septiembre.
    Claro que, por las noches, la cosa era distinta: o el Parque, o el Oasis, o el Club Náutico y para de contar. Y para qué te cuento, con las niñas, cuando aparecían los milicias universitarias con sus uniformes, con sus botas altas, con sus cordones, con sus galoncillos y sus estrellitas. Aquí, mucho rollo, pero en Rota, en "La Forestal", se les quitaba el cuento con el teniente coronel Sánchez Araña. A las niñas lo que les gustaba eran los mayores y alguna, en el pecado ha llevado la penitencia, porque, hoy, hoy, las hay que con el milicia, lo que tienen es un carcamal, todo pocho, y ellas siguen como rosas, pero menos. Tan menos, que la que se ría con esto y diga que se acuerda, hay que echarle de cincuenta para arriba. Así que, calladitas, que estáis más guapas.

    Luis SUAREZ AVILA

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