572. VICENTE SÁNCHEZ ARENA. El ‘policía’ de la calle San Juan.

vicentesanchezarena_puertosantamariaVivencias  y anécdotas de un inocente del paisaje urbano de El Puerto de Santa María en la última mitad del siglo pasado. (En la imagen de la izquierda, con una placa de policía).

Vicente Sánchez Arena fue el segundo de los ocho hijos que tuvieron Vicente y Manuela. Nació  siendo un bebé muy rollizo pesando 4 kilos, el 10 de Septiembre de 1948 en su casa de toda la vida, en la calle San Juan, 9.  Pero, en el momento de nacer, la comadrona y una tía suya que estaba ayudando en el alumbramiento, ya se dieron cuenta de que venía con graves problemas respiratorios debido a las dos vueltas de cordón umbilical que llevaba alrededor del cuello y sobre todo, a una especie de grueso “velo” que le cubría toda la cara. Consiguieron reanimarlo  y que viviera  junto a nosotros 57 maravillosos años a pesar de la importante falta de oxígeno que su cerebro había sufrido. Su crecimiento, como es lógico fue bastante lento y complicado, consiguiendo dar sus primeros pasos a partir de los cuatro años, pero una vez que se soltó ya no hubo nadie que lo parase.

En el puesto de su padre llamado  “El Caimán” o “Vicente Loliti” (en la foto inferior), correteaba por la Plaza de Abastos; allí empezó a  relacionarse con todos los portuenses y aprendió a fumar colillas. Su padre viendo el riesgo de poder coger alguna que otra enfermedad al fumar esas colillas que el recogía, decidió hacerles sus propios cigarrillos y así fue como empezó a fumar.

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ETAPA PREESCOLAR.
En esta etapa sus progenitores, debido a que por aquel entonces no existía ningún colegio ni centro especializado para estos niños, decidieron ir a hablar con el director del colegio “San Agustín” donde estaban matriculados sus otros hijos exponiéndole el problema, accediendo durante un período de prueba. (En la imagen inferior, el segundo de la fila superio izquierda, durante su periodo escolar, al principio de AFANAS).

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El primer día de colegio, Vicente iba muy contento junto a sus hermanos camino del colegio, una vez allí, viendo lo que tenía que hacer dijo que no, que a él no le gustaban ni los números ni las letras, que a él lo que le gustaba era pasear por El Puerto,  bajar al muelle del vapor y tocar las palmas, por lo que ni trabajaba ni dejaba trabajar a nadie. Ante ésta situación el director y el claustro de profesores decidieron compartir la tutela de Vicente durante un tiempo, alternándoselo  en sus aulas con el fin de que los otros profesores pudieran impartir sus clases con más tranquilidad.

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Vicente, entre el presidente de AFANAS, Manuel Delgado Almisas y sus padres, Vicente y Manuela. (Foto Rafa).

LOS COMIENZOS DE UNA NUEVA LABOR SOCIAL.
Años más tarde un grupo de padres, –entre los que se encontraban los de Vicente– con hijos disminuidos psíquicos, cansados de no ver ningún futuro para sus hijos, decidieron formar una asociación para buscar una solución para ellos, junto al cura Ramón Sánchez Montaño (con nótula núm. 232 en Gente del Puerto), Mercedes Carbó, “La mamá del millón”; Manolo Delgado Almisas y un sinfín de personas más continuaron trabajando para conseguir un lugar que atendiera a estos niños.

mamadelmillon_puertosantamariaAl final llegaron  a un acuerdo con la Orden de las Concepcionistas, quienes cedieron un espacio en la esquina de las calles Pozuelo y Larga, junto al Convento. A este colegio se le puso de nombre, en homenaje a la ‘mamá del millón’ «Mercedes Carbó, AFANAS», con quien aparece en la fotografía de la izquierda.

Conforme fue pasando el tiempo fueron descubriendo las necesidades de los usuarios del centro, lo que les llevó a habilitar un aula en un taller de montaje de cajas de cartón con el fin de poder fomentar en ellos unos hábitos tales como: responsabilidad, utilidad, psicomotricidad… Aunque también hay que añadir que aquí tampoco consiguieron que Vicente montara ni una sola caja de cartón, alegando que eso era muy aburrido y que él quería ser ¡Portero del colegio!

vicente_portero_puertosantamariaTRAYECTORIA PROFESIONAL.
Tanta ilusión tenía con ser el portero del colegio que al final Manuel Delgado le consiguió un uniforme de portero con gorra de plato incluida, pasando  de esta manera a ejercer sus funciones en la portería a pesar de las advertencias de la madre de Vicente, la cual les avisó que Vicente no servía para esas funciones debido a que no podía estarse quieto en un mismo sitio durante mucho tiempo: Vicente se pasaba más tiempo en el Taller de Monís –donde arreglan todo tipo de electrodomésticos y especialmente termos–  o bien en un bar que había cerca.

Pero sobre todo hay que destacar el gran sentido de la responsabilidad que poseía Vicente debido a que, siempre que se iba cerraba la puerta con llave para que nadie se pudiera escapar del centro, teniendo que ir un día su padre a buscarlo de bar en bar… ¡Eran las cinco y media de la tarde y los niños y profesores del Colegio sin poder salir. Y los padres en la calle esperando a que sus hijos salieran!

CENTRO LODELMAR.
Más adelante en 1978 decidieron poner en marcha el primer centro ocupacional avícola para los alumnos más mayores, haciéndose cargo de su dirección Luis Benvenuty y  bautizando al centro con el nombre “LoDelMar” en honor a una hija de l emprendedor presidente, Manuel,  llamada Loli Delgado Márquez.

En este centro le dieron un trabajo a Vicente que aún le gustó más que el anterior de portero, fue el de ¡Guarda y policía a la vez!,  y todo el que se acercaba por allí para hablar con DonLu –apelativo cariñoso con el que solían llamar a Luis Benvenuty, era interrogado primero antes de entrar y si a él no le parecía correcto, por supuesto que no lo dejaba entrar.

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Vicente, delante de un seat 15oo, en la puerta de su casa de la calle San Juan.

EL CAMIÓN DE LA CALLE SAN JUAN.
Estando un día en la barbería que había frente a su casa, vio como el conductor de un camión dejo la puerta del vehículo abierta;  sin pensarlo se montó y le quitó el freno de mano y  el camión se fue calle San Juan abajo con Vicente dentro. Todos los que estaban en la barbería tuvieron que salir corriendo detrás del camión hasta conseguir pararlo. De milagro no pasó nada. Las palabras de Vicente al salir del camión, fueron: “–¡Ojú quillo, que camión más raro, va pa’tras!”.

Otra anécdota digna de resaltar es que en la calle Larga había por aquél entonces un comedor social y los días que a Vicente en sus paseos matutinos le entraba hambre, ni corto ni perezoso se acercaba al comedor diciendo: “–No tengo ni padre, ni madre y mi abuela con la que vivo no me da de comer”, consiguiendo así que le dieran de comer unas cuantas veces, hasta que decidieron indagar y averiguaron que Vicente no era huérfano, sino que poseía una familia muy numerosa en la que no habría para caprichos, pero que un plato de comida no les iba a faltar.

vicente_iglesia_puertosantamariaMÚSICA E IGLESIA.
Era un entusiasta de las bandas de música, no se perdía ninguna actuación y siempre lo veías acompañando a las bandas, bien fuera en algún recorrido celebrando alguna festividad o bien en algún concierto. Tal era su empeño en querer aprender a tocar el tambor que todas las tardes después de dormir su siesta se subía a la azotea de su casa y con una lata y unos palos se ponía a tocar, su padre viendo lo constante y lo persistente que era, decidió regalarle un tambor. Con el tambor en la mano se volvió más exigente consigo mismo porque decía que las notas ya se parecían más a  las que él oía, sobre todo las notas de su semana santa, su música favorita.y ahí fue donde el conseguía sacar toda la música que   le gustaba, la que llevaba dentro.

En cierta ocasión decidió salir de penitente con la cofradía de los Afligidos, aunque era devoto de todas, ésta era su preferida. Cuando llegaron a la estación de penitencia en la Iglesia Mayor, se encontraba tan cansado que le dio la vara  al compañero pidiéndole por favor que se la aguantara porque iba al servicio. Vicente ya no apareció por ninguna parte, se pusieron todos a buscarlo y al final lo encontraron en su casa durmiendo plácidamente. También a escondidas de su madre se subía al campanario y tocaba las campanas de la Iglesia Mayor. Cierto día alguien  avisó a su madre que Vicente estaba tocando la campana grande ‘La Gorda’: Manuela le mandó un mensaje, «–Dígale que si  no vuelve ahora mismo subiré al campanario a por él». Nunca más subiría a tocar las campanas. (En la fotografía, Vicente junto al Cristo del Perdón, situado debajo del campanario de la Iglesia Mayor Prioral. Foto Iñiguez).

vicente_galloso_puertosantamariaLAS FIESTAS.
Era un gran aficionado a todas las fiestas: las corridas de toros y las bandas de música. Antes de llegar las estaba anunciando un mes antes, bien fuese cantando o tocando el tambor.  Una  vez quiso salir de “cabezudo” en unas fiestas, conocedor todos de su afición a los toros, le dieron la cabeza de un toro para que saliera con ella. Cuando Vicente se la colocó y vio lo que pesaba, se la quitó enseguida y la dejó tirada en medio de la calle pensando que habían querido tomarle el pelo, diciendo que eso pesaba mucho y que él no era tonto. Gran aficionado a los toros, no se perdía ninguna corrida en especial la de su “Niño Galloso”, este era el número uno para él pero eso si, Vicente iba a las corridas siempre gratis, alegando que a él no se le permitía pagar. (En la fotografía de la izquierda, Vicente en una caseta de feria, junto a la imagen de su torero, José Luis Galloso).

VICENTE EL POLICÍA.
Vicente tenía muchas aficiones, pero la que más le gustaba o con la que más se sentía identificado era “ser” o mejor dicho “creer” que  pertenecía al cuerpo de la policía  como brigada secreta, esta fabulación suya era muy respetada por todo el cuerpo de policía debido al gran cariño que le profesaban. Su  misión consistía en parar a las personas por la calle y muy seriamente les pedía que se identificaran,  a la vez que se presentaba y se levantaba la solapa de su chaqueta para que vieran su placa imaginaria. Como es lógico, las personas les seguían la corriente pero, más de uno sí que pensaba que bien podía ser perfectamente un chivato de la policía, por lo que se cuidaban muy mucho de hacer cualquier manifiesto delante de él.

Normal era también, verlo muchas veces sentado en el asiento de detrás del coche de policía haciendo las rondas habituales por las calles de El Puerto, e incluso una vez, lo subieron en un helicóptero para hacer una ronda aérea. Aunque en cierta ocasión entró un nuevo agente destinado en la comisaría, el cual desconocía que Vicente entraba en las dependencias como Perico por su casa y decidió encerrarlo en el calabozo con el fin de darle un escarmiento, actitud que luego tuvo que lamentar el agente.

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Vicente, de antidisturbios, en la puerta de la Comisaría a pie de una furgoneta policial.

Le gustaba mucho la defensa personal e iba mucho al Club Tadeo para ver las clases y los entrenamientos, un día le dijo Tadeo que se apuntara a las clases, que él  iba a enseñarle, diciéndole Vicente que no, que él no se apuntaba porque no estaba loco, que él sólo miraba. A lo que el profesor extrañado le preguntó, que qué quería decir con lo de loco, soltándole Vicente muy seguro de sí mismo que todos los que estaban allí, estaban locos por que llevaban el babi de los locos  (se refería al Judo-gi: casaca, pantalón blancos y cinturón) y que él como no estaba loco no se ponía  un babi de esos.

Los domingos iba a la playa con su familia, le gustaba dar una vuelta por la orilla porque decía que así veía a los guayabos. Cierta vez el tiempo pasaba  y no llegaba. Alarmados la familia se distribuyó para buscarlo. Al no encontrarlo se les ocurrió ir a la caseta de la Policía Pocal y allí estaba Vicente comiendo un bocadillo y tomando un refresco. La policía les comentó que había llegado diciendo que se había perdido pero que no dijeran su nombre por megafonía hasta que no se terminara de comer el bocadillo.

Vicente era una persona pacifica,  cariñosa y muy divertida, pero habían algunos desalmados  que le gastaban bromas muy pesadas. No había quien lo dejase sin su paseo diario por el centro y a pesar que siempre llevaba dinero y tabaco le encantaba pedir tabaco y que le dieran dinero. Cuando pusieron el euro se negó a llevar dinero, pero no a que se lo dieran llevándoselo a su madre y diciéndole:  «–Mami  me lo han dado, yo no lo he pedido». A pesar de que no entendía de horas, tenía un reloj para cada día aunque siempre se ponía el que le regaló su tío.

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Una de las últimas imágenes de Vicente, ya jubilado, visitando uno de los centros ocupacionales de AFANAS. Detrás Luis Benvenuty Morales, quien tiene nótula propia en Gente del Puerto núm. 516.

Vicente en los últimos años de su vida contrajo una enfermedad derivada del fuerte tabaquismo que padecía. En esta última etapa, estando ingresado, pudo comprobar el gran cariño que le profesaba todo el mundo, su habitación era un continuo goteo de visitas a cualquier hora, tanto de amistades y familiares como del alcalde e incluso del comisario de policía. Nos dejó  el 31 de octubre de 2005  esta gran persona, divertida,  cariñosa y muy querida a su vez., pero seguro que donde esté ahora estará hablando de  su Puerto y de todos los portuenses. (Texto: Rosa Sánchez Arena. Fotos: Familia Sánchez Arena).

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17 Comentarios

  1. Teresa Marroquin Nieto

    17 marzo, 2010 at 4:44 pm

    Que me he reido y llorado a la misma vez, que me acuerdo de Vicente, y que pena me ha dado al leer que ya no esta con nosotros.

  2. Maria Jesus

    12 marzo, 2010 at 5:10 pm

    Al ver las fotos lo he reconocido, y es verdad se le veía por todas partes, no lo asociaba al hermano de Rosa, que por cierto, su crónica se ve que esta echa desde el amor.
    Que suerte tuvo Vicentito de ser tan querido y por tanta gente

  3. Ivan

    11 marzo, 2010 at 11:41 pm

    Yo me acuerdo de él, no sabía que había muerto. Siempre estaba en la comisaría

  4. francis

    7 marzo, 2010 at 2:37 pm

    Me ha venido ahora a la memoria, un asuntillo que Vicente, que me llevaba más de una década de años de ventaja, y yo, protagonizamos como principales actores del mismo. Y es que siendo yo todavía un aspirante a zagalillo, me dio por casi a escondidas y con engaño, o sea por colarme, pasar al interior del antiguo y añorado campo de fútbol Eduardo Dato, donde su equipo titular el R. C. Portuense, jugaba uno de sus habituales partidos. Este hecho, del que se percató Vicente que ya por entonces realizaba sus primeros pinitos como ayudante de los agentes de seguridad, que fue descubierto por él debido a su extraordinaria sagacidad, a la mala suerte y a la inocencia por mi parte, le llevó a este a plantarse ante mí como si de un infranqueable muro se tratara, preguntándome y solicitando de mí del necesario ticket de entrada, del que por supuesto yo carecía. Su penetrante y seria mirada, acompañada por su vozarrona voz, hacían las veces de empujones que me hicieron pasito a pasito retroceder hasta la puerta por donde ingenuamente me colé, poniéndome como coloquialmente se suele decir, de patitas en la mismísima calle.

    También me ocurrió no hace mucho tiempo, al hilo de que era Vicente súper fan de J. L. Galloso, un hecho en el cual el arte y el oficio del Maestro, dejaron que el mismo se quedara en una simple anécdota. Ya que circulando yo con mi vehículo y al doblar una esquina de una de las calles de nuestro Puerto, en mi torpe y algo distraída conducción estuve a punto de atropellar al torero, el cual, con uno de sus característicos taurinos quites, esquivó mi coche como si de un toro desbocado se tratara. Y es que seguramente, Vicente actuara de ángel de la guarda del matador, avisándole de la aproximación de mi metálico astado.

    No me quiero extender con Vicente, en lo referente a su máxima devoción sobre la Semana Santa, ya que no soy yo en la actualidad un referente representativo “procesional semanasantero” con experiencia y conocimientos para de esta Fiesta religiosa poder hablar. Pero si quiero recordar, que cuando yo de pequeño y de adolescente asistía al recorrido en vivo y en directo de las procesiones, cuando en algunos momentos algo se “salía de madre”, llegando a desembocar en demasiado festivo y jocoso el paso de las hermandades, la presencia de Vicente entre los pasos procesionales y sus queridas bandas musicales, ponían esa necesaria seriedad, que para la creyente y religiosa ocasión, se requería y se precisaba.

    Por último, sin que pueda parecer pretencioso ni cargante y volviendo a mi anterior comentario, en el que insinué el necesario recordatorio que en lo referente a la futura nomenclatura que de las calles del Puerto se debería hacer con “personajes” que como Vicente, con su indomable carácter y su autodidacta compostura, son merecedores para mí, de estas homenajeadas atenciones, terminar de decir: que particularmente yo, me sentiría muy orgulloso de pasear por una calle que se llamara VICENTE SÁNCHEZ ARENA o también disfrutaría de lo lindo, en una plazoletita nombrada VICENTITO, en la cual con mi pequeño juguetearía, mientras le narraba y le contaba las anécdotas y andanzas de este singular PERSONAJE.

    Un recuerdo para él y un abrazo para toda su familia.

  5. pili

    6 marzo, 2010 at 10:06 pm

    vicente a pesar de su discapacidad ha hecho y ha vivido como quiso,mas quisieramos mas de uno haber visto y vivido igual que vicente. yo tambien lo conocia un beso para toda su familia.

  6. MªRosa

    3 marzo, 2010 at 6:44 pm

    cuando entró por primera vez en el hospital estuvo algo mas de un mes. Para el fué un gran sacrificio eso de no poder dar sus paseos diarios por el puerto y aun peor no poder fumar, aunque en esto ultimo se daba sus mañas , sin perderle nunca de vista no sabemos como lo hacia, pero siempre tenia un cigarro en el bolcillo del pijama. Para el aquel mes se le hiso años , aunque lo que mas le levantaba el animo era las vicitas del comisario y sus compis de la policia.
    En nombre de su madre Manuela, doy las gracias a todos los que estan escribiendo sobre el.

  7. OLGA PÉREZ

    3 marzo, 2010 at 9:03 am

    Me encanta el texto y las fotos , era entrañable siempre le recuerdo desde pequeña acompañando a las cabalgatas de policia guardando la seguridad y el orden , y por supuesto en Semana Santa . Siempre enseñando su placa y en la puerta de la comisaria hablando con los “compañeros “…era tan tierno y cariñoso ….su madre se acuerda de él cada día y es que es normal una persona tan especial no se puede olvidar nunca y menos para una madre….seguro que en ese cielo reservado a las personas buenas de verdad e inocentes está velando por la seguridad y el tráfico celestial….

  8. francis

    2 marzo, 2010 at 1:44 pm

    Vicentito es uno de esos ilustres personajes que forman parte de la idiosincrasia de nuestra ciudad. Y digo forman y no formaban, porque aunque ya no esté físicamente entre nosotros, su espíritu vigilante, controlador y rebelde, se sigue dejando notar en los acontecimientos relevantes de nuestro pueblo.
    Desgraciadamente para mí, no llegué a conseguir su amistad. Éramos solos simples conocidos, que con un monumental respeto nos saludábamos cuando en algún sitio coincidíamos o cuando habitualmente por la calle nos cruzábamos.
    Sintiéndolo mucho, no tengo apenas destacadas anécdotas que sobre él mencionar, salvo que: como durante mi infancia y juventud yo residí y crecí en la barriada 18 de julio junto a la plaza de toros, en infinidad de ocasiones juntos concurríamos a los desencajonamientos y encierros de los astados dias antes de las corridas.
    Así como también me viene a la memoria su deambular por los alrededores de afuera del coso taurino, momentos antes del inicio de cada festejo.
    Particularmente, siempre he tenido desde pequeñito una especial predilección por esas personas que como Vicentito se salían de la horma general con la que los demás parece ser que presumimos de estar hechos.
    A él lo recuerdo, con sus impertérritas gafas, su de siempre reducido corte de pelo, su penetrante mirada que con un simple vistazo de arriba abajo te cacheaba, con su inseparable compañero el cigarrillo, y sobretodo, con esa peculiar e inimitable ronca voz más obtusa que de costumbre en sus últimos años de vida, consecuencia del mortífero tabaco.
    Quisiera desde aquí, aprovechar la ocasión para pedirles a nuestros gobernantes y técnicos responsables en el nombramiento de avenidas, glorietas, calles, etc., que tengan la dignidad de acordarse de esta persona y de otras tantas como él, que han alumbrado con sus dilatadas vidas y sus peculiares trayectorias la reciente historia de nuestro Puerto. Ya que tenemos una infinidad de nombrecitos de calle sin relevancia alguna para los portuenses y en cambio hay un sinfín de nombres de personas que se han distinguido por hacer patria de nuestro Pueblo y se encuentran totalmente en el olvido.
    Le envío un cariñoso Abrazo a la familia Sánchez Arena y en especial a su hermana Rosa, que ha tenido la deferencia de regalarnos esta nótula de recuerdo y merecido homenaje.
    A las personas que hallan podido colaborar en la misma o que hallan hecho posible esta sentida biografía quiero darles también las gracias.
    Y a ti Vicentito, decirte: ¡¡Que aunque no estés, se te nota y se te siente!!
    Hasta siempre.

  9. Antonio L.

    2 marzo, 2010 at 10:14 am

    Si que se le echa de menos por las inmediaciones de la comisaría de Policía Nacional, portando orgulloso en su solapa o jersey un “pin” del mencionado cuerpo, haciendo sus “labores de vigilancia”.
    No sabía que había muerto, mi padre cuando lo veía siempre le decía ¡Vicente, qué te gustan las niñas! y el contestaba asintiendo con la cabeza.
    En estos tiempos que se habla tanto de integración de los discapacitados cosa que me parece fenomenál, Vicente era unos de estos ejemplos de respeto e integración en nuestra ciudad, todo el mundo le quería.

  10. Coral Piá

    1 marzo, 2010 at 10:56 pm

    Una de las últimas anécdotas que recuerdo de él fue un dia estando en la calle San Juan cerca de su casa en la qjue me paró para pedirme un cigarro, diciéndome: Guayabo, dame un cigarrito anda que la vieja (por su madre) no me oye.
    Yo que sabía que le habían prohibido fumar le dije en voz muy bajita: La vieja no te oirá pero…nos está viendo, mirála está en el balcón.
    A partir de ahí Vicente fue visto y no visto, despareció de la calle como por arte de magia.

  11. c.pumar

    1 marzo, 2010 at 9:37 pm

    Muchos son los días que recuerdo a este buen amigo, a Vicente, que realmente le gustaba ser policia. Durante años tuve un trato exquisito con sus padres Vicente y Manuela y con él que acompañaba cuando tantas veces les atendía en la Oficina donde trabajé. Si buena gente era su padre, y su madre que sigue siendo encantandora, igual de bueno, respestuoso y cariñoso era nuestro amigo Vicente, por eso desde estas lineas, esté donde esté sepa que tiene siempre el cariñoso recuerdo de quien se sintió siempre su amigo. Abrazos para su madre y hermanos.

  12. Menestea

    1 marzo, 2010 at 9:05 pm

    Cuando Vicente se enfadaba y no conseguía salirse con la suya, se desahogaba rompiéndose cualquier prenda que llevara puesta, bien fuera zapatos, pantalones, etc.
    En una ocasión me acuerdo que estando trabajando en la granja se enfadó con un compañero llamado Yimi, ese dia le dió por deshilacharse ujn jersey que llevaba puesto, lo tuvo que llevar el capataz de la granja (Manolo Cepero) a su casa con lo que le quedaba de jersey: la parte del escote y las mangas, !El resto lo portaba en la mano hecho un ovillo!.

  13. Celia Sellers

    1 marzo, 2010 at 8:03 pm

    Yo me acuerdo de el.Mi padre es policia y me acuerdo de verlo en comiseria , y donde hubiese policias. Entrañable, yo no sabia que habia muerto, que lastima.

  14. Mercedes

    1 marzo, 2010 at 5:38 pm

    Yo conocí a Vicente y desde el primer momento me llamó la atención su forma de ser. Era cariñoso (también tenía sus momentos), educado, respetuoso, pero sobre todo era un alma libre. Lo veía muchas veces en la calle (hoy peatonal) y tomábamos un café mientras le decía: Vicente no fumes tanto que eso es malo, y él se reía con esa risa sana de las almas benditas.
    Un día intentaba abrir la puerta de AFANAS y no podía, en ese momento pasó mi hermana y al ver sus apuros se ofreció para abrir la puerta, “santa inocencia” siempre pensó que ella era una policía de paisano y siempre que se encontraba con ella se cuadraba saludandola con todo el respeto del mundo.
    Una de las veces que estuvo ingresado coincidió con mi padre recién operado, con lo malito que estaba, venia a darnos ánimo y a alegrarnos la estancia en el hospital.
    Bueno, que voy a contar más de ese niño-hombre que me despertó una gran ternura y respeto, no puedo ser imparcial porque tanto yo como los mios lo quisimos mucho.
    Vicente seguro que sigues igual, así que vela para que todo esté en orden. Con todo mi cariño

  15. Carlos Coronado

    1 marzo, 2010 at 11:46 am

    Yo le recuerdo bastante bien, siempre que iba con mi padre por la calle se le acercaba, se cuadraba le saludaba y le daba las novedades. Mi padre, solía mandarle misiones de vigilancia por la placilla.
    De pequeño pensaba realmente que era un policía… desde luego metido en su papel siempre estaba.
    También recuerdo que alguna vez le dieron alguna tunda por meterse demasiado en el papel.
    Tengo muy buen recuerdo de él, dónde esté seguro que es policía.

  16. Diego Lora

    1 marzo, 2010 at 2:17 am

    Una persona muy entrañable para mi. Espero que donde esté le sigan dejando ser “policia”.

  17. Redaccion

    1 marzo, 2010 at 2:16 am

    VICENTE

    Tenía un vecino en la calle San Juan, muy querido por todos, que era el más inocente de la calle. Y cariñoso. Algo mayor que yo, cuando lo veía por la calle, percibía que era saludado con afecto por todo el mundo. Pronto se me hizo familiar y sin saber que era aquello, comprendí que formaba parte del paisaje urbano de El Puerto; alguien imprescindible en aquella Ciudad de los setenta en la que tomé más conciencia de mi entorno. Lo mismo lo veías en las procesiones, acompañando a una banda de música, deambulando por la Iglesia Mayor, o por la Policía. Afirmaba Vicente Sánchez Arena que era miembro de una brigada secreta, fabulación suya que la propia Policía le seguía, pues ya he dicho que era querido por todos. Aunque en cierta ocasión, un agente destinado nuevo en la plaza no sabía que Vicente entraba en las dependencias policiales como por su casa y le dió un buen susto, en forma de cachetá, al bueno de Vicente. Algo que lamentaron todos.

    Vicentito fue uno de los primeros alumnos con los que contó a principio de los setenta el Centro de Educación Especial “Mercedes Carbó” en la calle Larga –su padre fue socio fundador– donde tuvo por compañeros a Ángel y Coco. Posteriormente también fue uno de los primeros usuarios del Centro Especial de Empleo. Muy trabajador, durante su vida laboral estuvo de portero en la Granja Lodelmar, con uniforme, y por su derivada afición a las tareas policiales hacía todo un interrogatorio al que se acercaba a la granja ocupacional de La Hijuela del Tío Prieto, bordando su cometido. Tenía mucho sentido del humor y muy buenos golpes. Todavía recordamos cuando discutía con un compañero e intentando imponerse le decía: «–Tu te callas, subnormal», a lo que el otro le respondía: «–Vamos, que tu estás aquí de vacaciones». Se jubiló por incapacidad laboral. Fumador empedernido, una enfermedad se lo llevó joven hará unos cinco años. Desde el afecto y el respeto, con mi recuerdo a su madre, Manuela.

    José María Morillo
    Diario de Cádiz
    Domingo, 17 de enero de 2010.

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