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Existía un acertijo, hace años, en El Puerto que se enunciaba así: “¿Sabe Vd. que animal sobrevive mejor sin agua?”, ante el desconcierto, la respuesta era “La Perdiz”. Y es que el Bar La Perdiz que hoy sigue abierto, tenía enfrente “La Fuentecilla” que al cerrar, cedió sus clientes a dicho otro bar.

Hasta hace unos 40 años, si usted estaba en la calle Ganado y miraba a arriba y abajo, vería dos edificios pintados de almagra. Uno, el de arriba, era La Angelita; el de abajo, La Fuentecilla. Ni el de arriba ni el de abajo existen ya. La Fuentecilla era un inmenso restaurante que tenía fachadas a la calle Larga, a la calle del Muro y a la calle de la Mostaza. Allí, desde 1737 hasta1839, empotrada en la pared, hubo una fuente pública y, allí en 1762, una tienda de montañés. Y, desde entonces, han sido montañeses los que lo han regentado. En 1862, se derriba y se construye un airoso edificio de nueva planta con aire isabelino y sigue en manos de montañeses, hasta que en 1909 lo toma otro montañés, don José Sánchez Gil, que lo convierte en uno de los restaurantes más famosos de Andalucía y por donde pasan toda la andante tauromaquia, familias enteras, comerciantes, la alta sociedad y muchos veraneantes.

Dos imágenes de la plantilla de 'La Fuentecilla', en el primer tercio del siglo pasado.

Era de ver La Fuentecilla los días de toros en El Puerto, con sus comedores, sus camarotes y sus 100 veladores llenos de gentío. En 1942 tomó el negocio Maximino Sordo, otro montañés, hasta que, en los años 50 se convirtió el edificio en Banco. La Fuentecilla está viva, como algo emblemático, en las conversaciones y recuerdos de los viejos portuenses. Yo mismo, muy pequeño, fui más de un vez, con mi abuelo Luis, montañés, que se tomaba su vermú, en la tertulia que allí tenía y a mí me invitaba a gaseosa.

Salón de La Fuentecilla, en 1922.

Recuerdo el ambiente alfonsino muy cuidado en su decoración y mobiliario y la cantidad de camareros impecablemente vestidos de esmoquin. Viene todo esto a cuento, porque, el otro día tomé café en La Fuentecilla, en el polígono industrial de Las Salinas de Levante y vi, colgadas en sus paredes, fotografías que me eran familiares del antiguo restaurante. Y es que, resulta, que un nieto del famosísimo don José Sánchez Gil, José Ángel Pérez Sánchez, hijo de su hija Francisca, ha tenido el buen gusto de ponerle a su establecimiento La Fuentecilla.

Otra vista de los salones de 'La Fuentecilla'.

Ahora se llena de ejecutivos, de comerciantes, de empleados, de obreros, de escribientes, de oficiales de los Juzgados próximos, de abogados, de procuradores y de justiciables, al amor del buen café y de la cocina de la nueva La Fuentecilla, servidos por las encantadoras Ana María y Catalina, y el cocinero Fernando Cordero, bajo la mirada y la dirección de José Ángel, que no ha tenido nombre mejor que ponerle a su negocio que, el prestigiado por sus mayores, de La Fuentecilla, señero, famoso, uno de los hitos del imaginario y de la nostalgia de los portuenses-portuenses. O sea, de los oriundos de la Montaña. Que, al fin y al cabo, desde la repoblación de Alfonso X para acá, para ser portuense-portuense es preciso haber nacido en El Puerto y tener por las venas unas gotas de sangre montañesa. Siempre lo digo. (Texto: Luis Suárez Ávila). (Fotos: Colección Miguel Sánchez Lobato).

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