2.347. IGLESIA MAYOR PRIORAL. El Vaticano la erigirá Basílica el 25 de enero.

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Ayer se recibía en la Iglesia Mayor Prioral la noticia desde el Vaticano que comunicaba que el primer templo local, --que ya era Santuario Diocesano desde septiembre de 2013--, será erigido Basílica, el próximo 25 de enero, festividad de la conversión del apóstol Pablo. A las 12 del mediodía, en una ceremonia eucarística presidida por el Obispo de Asidonia-Jerez, José Mazuelos, se leerá el decreto de la Santa Sede que le concede el título. A partir de entonces, el templo podrá lucir en el altar mayor dos signos de la dignidad papal y la unión con el Vaticano: el conopeo o ubráculum -es una pieza histórica de la indumentaria e insignias papales, usada en principio para proveer de sombra al Romano Pontífice. También conocido como pabellón-- y una campana de metal de pequeñas dimensiones, montada en un campanario portátil sobre un báculo, de nombre tintinábulo.

El colaborador de Gente del Puerto, Luis Suárez Ávila elaboró una reseña histórica sobre la Prioral, que fue adjuntada entre los documentos que se presentaron a Roma, y que reproducimos para nuestros lectores.

BREVE RESEÑA HISTÓRICA DE LA SANTA Y CONSAGRADA IGLESIA MAYOR PRIORAL DE NUESTRA SEÑORA DE LOS MILAGROS CORONADA, SANTUARIO MARIANO DIOCESANO EN EL PUERTO DE SANTA MARÍA. 

I. La imagen de “Santa María del Puerto, por otro nombre Nuestra Señora de los Milagros” y su devoción.

En torno a la imagen mariana de Santa María del Puerto, se inició una fuerte corriente devocional ininterrumpida desde los años 1260 hasta la actualidad.

alfonso_x_puertosantamaria2Alfonso X El Sabio al hacerse con Alcanate y sus alquerías, mediante pactos con el alguacil moro, colocó en la antigua mezquita, que convirtió en Santuario fortificado, una imagen de Nuestra Señora sedente, con el Niño en los brazos. Los primeros repobladores de la alquería, comenzaron a aclamar este nombre, Santa María del Puerto, contra los pactos que el Rey había hecho con al alguacil moro y, al final, pese a las penas impuestas a los que tal nombre pronunciaran, se terminó, lo dice la Cantiga 368, con que Santa María, milagrosamente, dilucidó el pleito de otro modo y pudo llamarse la nueva población Santa María del Puerto y luego El Gran Puerto de Santa María como se lee en la Carta Puebla de 1281. /En la imagen de la izquierda, “Aparición de la Virgen a Alfonso X” Cuadro de grandes dimensiones que se exhibe en el Auditorio Municipal San Miguel. Anteriormente se encontraba situado en la escalera del antiguo Ayuntamiento de Plaza de Peral, para donde fue originalmente concebido. Ha sido restaurado por los técnicos de Museo Municipal, Javier de Lucas y Juan José López Amador. /Foto Servicio Municipal de Restauración del Excmo. Ayuntamiento).

En loor a la imagen milagrosa, el Rey Sabio compuso 24 Cantigas, todo un cancionero propio, que relata los avatares de la construcción del santuario fortificado y los hechos milagrosos que en él se estaban produciendo.

Las noticias que corren sobre la fama de este Santuario, hace que se fomente la asociación de fieles devotos, al principio llamados “freires de Nuestra Señora” en las Cantigas, y, luego, es objeto de muchos legados en testamentos del siglo XIV, que dejan mandas para la cera o para el mantenimiento del culto de Nuestra Señora, a los hermanos de Santa María del Puerto.

La imagen, de una vara castellana de altura, con el rostro resplandeciente, moreno, como la vio Don Juan de Ledesma y relata en su manuscrito de la Biblioteca Colombina, sufrió una primera modificación en el siglo XIV. Su rostro y sus manos fueron encarnadas en negro, porque habían aparecido unos iconos marianos bizantinos en los que, por la desnaturalización de sus barnices, parecía oscura su tez. Se corrieron las voces de que eran el verdadero retrato de la Virgen, hecho por San Lucas, al que se atribuye la fama de haber sido pintor. Esta corriente afectó a muchas imágenes españolas –a veintiocho--, y otras muchas europeas. La Iglesia zanjó la cuestión con el hermoso versículo del Cantar de los Cantares: Nigra sum sed formosa.

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Fachada de la Puerta del Sol de la Prioral. En el segundo cuerpo, aparece entre dos hornacinas con figuras, la patrona de la Ciudad.

El aspecto de la imagen en 1572, es el que aparece en el intradós de la Puerta del Sol de la Prioral, ya vestida de telas y, de mayor altura, con corona real cerrada y con el Niño Jesús añadido. A sus pies, la luna. En efecto, por esas fechas y dado el mal estado en que se encuentra la imagen, por el ataque de insectos xilófagos, se corta y sus restos se emparedan siguiendo la costumbre de la época. Al busto de la primitiva, se le añade un trozo de imagen de origen desconocido, para darle la altura que actualmente tiene y, en 1691, los Duques de Medinaceli le regalan una coraza y traje de plata con que recubren todo el cuerpo de la imagen, a la que se añaden brazos articulados de plata con manos de escultura y un Niño Jesús nuevo. A esta imagen, enmarcada la cara con un rostrillo, se le viste con sayas de mangas de ángel y mantos de telas bordadas y brocateles. A sus pies se coloca una media luna de plata del siglo XVII y, en la cabeza, corona real cerrada.

El movimiento asociativo devocional en torno a esta sagrada imagen parte del propio siglo XIII y, en 1602, existen unos estatutos de la Esclavitud de Nuestra Señora de los Milagros que citan otros de un siglo antes. Así, la Esclavitud de Nuestra Señora, junto con otras Asociaciones piadosas, como el Rosario de Señoras, la Hermandad de la Virgen de la Lumbre, la Asociación Sabatina y otras menores, se convierten, por Breve de Benedicto XIV, en la Archicofradía y Esclavitud de Nuestra Señora de los Milagros que subsiste hasta nuestros días.

virgenmilagros_litografiasxix-puertosantamaria2La imagen es, desde 1260, titular de la Ciudad y Gran Puerto de Santa María y, luego, su Patrona y Protectora. Fue nombrada Alcaldesa Honoraria Perpetua de la Ciudad y, en su escudo, desde el siglo XIV, campea su efigie sobre un castillo que está sobre las aguas, en recuerdo de la leyenda de su aparición al Rey Alfonso X sobre las almenas del Castillo, llamado hoy de San Marcos, que el propio Rey Sabio convirtió en Santuario fortificado de Nuestra Señora. /En la imagen de la izquierda, litografía que tuvo mucha circulación en el siglo XIX.

Los primeros Estatutos conservados de su Archicofradía, entonces Hermandad, hablan de "Santa María del Puerto, por otro nombre Nuestra Señora de los Milagros". Y es que, por su intercesión, se obraron tantos prodigios que su fama la hizo ser "la de más devoción, milagros y una de las de más antigüedad de toda España", dice un documento de 1602. Desde los pequeños y cotidianos desarreglos: la pérdida del azor, por el Infante don Manuel; la falta de madera o de piedra para proseguir la construcción del Santuario fortificado de Santa María; la curación del caballo del escribano del Rey; hasta el hallazgo de la salud por tantas gentes que acudían a ponerse a sus pies; el propio Alfonso X experimentó el poder de Santa María del Puerto en sí mismo: sus piernas hinchadísimas, que no le cabían en las calzas, quedaron curadas tan pronto como invocó el nombre de esta Señora y vino a postrarse ante ella. Todo, lo grande y lo pequeño, fue solucionado por Santa María do Porto que mereció tener todo un Cancionero propio en las veinticuatro Cantigas que el Rey Sabio le dedica. Un gran número de poetas de los Siglos de Oro, del barroco, del neoclasicismo, del romanticismo y de las vanguardias han cantado las glorias de Nuestra Señora de los Milagros y sus cultos anuales son convocados, en el día de su Natividad y en su octava, por su “Archicofradía y Esclavitud, por el Venerable Clero, el Cabildo de la Ciudad y el católico vecindario”. Desde tiempo inmemorial el camarín de Nuestra Señora está cuajado de exvotos de plata y pictóricos en recuerdo de sus gracias y milagros.

alfonsox_castillos_leones_puertosantamaria2La devoción de las personas de la realeza por esta imagen de Nuestra Señora va desde el propio Rey Alfonso X, el Infante don Juan Manuel, hasta el Príncipe Manuel Filiberto de Saboya que fue su devoto esclavo y Patrono de su capilla, y fueron miembros de la Archicofradía y Esclavitud los reyes Felipe V e Isabel de Farnesio y los infantes don Fernando y don Carlos, que luego serían Fernando VI y Carlos III que en los años 1729 y 1730 asistieron a su procesión y a la solemne octava de la Santísima Virgen.

La Archicofradía y Esclavitud tiene cartas de hermandad con la Compañía de Jesús, con los Dominicos, con los Mínimos, con las Concepcionistas Franciscanas, con las Capuchinas, con las Comendadoras del Espíritu Santo, y tiene numerosos breves y bulas papales con gracias e indulgencias, además de las concedidas por muchos Arzobispos y Obispos.

Un hito en la devoción de Nuestra Señora fue su coronación canónica el 8 de septiembre de 1916, por Breve de S.S. Benedicto XV, coronación que efectuó el Cardenal Enrique Almaraz y Santos, Arzobispo de Sevilla a cuya Archidiócesis perteneció El Puerto desde su reconquista hasta 1980. Fue la primera imagen mariana coronada en la provincia de Cádiz.

Así pues, la imagen de Nuestra Señora de los Milagros que se encontraba al culto en el Santuario fortificado de Santa María de El Puerto, única parroquia que existía en la Ciudad, fue trasladada al nuevo templo que se comenzó a construir, extramuros, en el lugar llamado el Pozo Santo, ante el crecimiento de la población y la pequeñez de la primitiva parroquia. Sobre el traslado de la imagen, en el siglo anterior, a principios del XV, al nuevo templo y otros extremos trata el vicario Martín de Radona en su famoso Informe de 1561 dirigido al Provisor del Arzobispado de Sevilla.

II. La construcción del nuevo templo Prioral de Santa María del Puerto, vulgo del Pozo Santo. El priorato, concesión de Sancho IV. Capillas y patronos.

En un lugar, extramuros de la villa del Gran Puerto de Santa María, denominado el Pozo Santo, referente en todo el Libro del Repartimiento, se acordó construir la nueva iglesia. Era el Pozo Santo el sitio donde, según la leyenda, estuvo escondida en tiempos de los moros, la imagen de Nuestra Señora con todo su ajuar desde 1253 hasta 1260. Allí, al parecer, fue encontrada después de inspeccionar, en la reconquista de la ciudad, todos los pozos. En la actualidad ese pozo medieval se conserva y está situado en el empedrado exterior de la Prioral.

Las primeras noticias de la construcción del templo son de 1365. En efecto, una serie de mandas testamentarias legan diversas sumas para la construcción de esa iglesia. Así el testamento de una humilde labradora de Arcos de la Frontera, María García que, en su testamento otorgado ante el escribano Don Juan Fernández, el 20 de abril de 1365, deja en legado de dos maravedíes para la obra de la fábrica de Santa María del Puerto.

El Vicario Martín de Radona, en su informe al Provisor del Arzobispado, en 1561, hace memoria de la antigua iglesia-santuario fortificado y de la nueva Prioral:

"...en la fortaleza della (la villa del Puerto de Santa María) está una Yglesia que fue la primera y parroquial que ovo en esta villa, la qual yglesia es muy pequeña y muy baxa, labrada a la morisca de pilares y arcos sobre que está edificada la fortaleza. Algunos quieren dezir esta yglesia en tiempos de moros fue mezquita".

"Esta dicha villa fue en crescimiento y no cabían en dicha yglesia y acordose se hiciese otra, la qual es la Yglesia parroquial que agora es en dicha villa, que la advocaçión della es la de la natividad de nuestra señora y ansi la yglesia antigua era de la advocación de nuestra señora, por una imagen de nuestra señora que en ella estaba y agora está en la yglesia parroquial desta dicha villa, que en aquel tiempo dios era servido que en estas yglesias se hiziesen milagros, aunque desto non ai escriptura".

Así pues, el Vicario refiere los avatares de la primera y de la segunda parroquia y del traslado a esta última de la imagen de la Virgen de los Milagros, por otro nombre Santa María del Puerto.

Posiblemente sobre principios del XIV ya se estaba construyendo la nueva Prioral porque su construcción la había propiciado, con esa dignidad, un privilegio de Sancho IV, de 26 de septiembre de 1285. El priorato se concedió también a las iglesias de Santa María de Carmona y a San Salvador de Sevilla, además de a Santa María de El Puerto y siempre fue de provisión real.

El primitivo templo Prioral se concibió inicialmente en estilo gótico popular y de él quedan aún algunos restos. Sin embargo, es al maestro Alfonso Rodríguez, conocido como el maestro del Puerto, que intervino decisivamente en la construcción de la catedral hispalense, al que se debe la culminación de lo más de la Prioral, incluso un cimborrio, de cuya existencia se dudaba y que figura en un dibujo acuarelado de Antón Van Vingaerde, de 1562. Se da por terminada una obra que, sin embargo, no ha culminado la puerta gótica del Perdón, o de las Campanas, ni se le ha dotado de la torre programada, pero no construida por haberse dedicado el dinero previsto a otros destinos. En lo exterior tiene sus arbotantes, contrafuertes y pináculos góticos y la crestería de cuadrifolios que rodea el ábside y la fachada de la puerta del Perdón.

El templo gótico consta de tres naves altas con plantas de salón con cinco crujías. Las naves menores laterales, no muy diferenciadas de altura con respecto a la central, más alta. Hay vestigios de un crucero con un cimborrio que parte del arco triunfal que cierra el ábside pentagonal que es la ojiva generadora de la nave central. Las bóvedas son de crucería gótica y toda la iglesia se ilumina por medio de ventanales góticos que conservan las tracerías de sus tímpanos y sus parteluces con baquetones que le proporcionan una gran esbeltez.

Carente de capillas, al principio, solamente tuvo un altar mayor obra mixta de arquitectura, escultura y pintura, obra en la que intervinieron Roque Balduque, que trabajó en el altar mayor de la catedral de Sevilla y el pintor Juan Ramírez, que introdujo al propio Esturmio en los ambientes artísticos andaluces.

El inmenso retablo gótico, con veinticinco tablas que representaban la vida de la Virgen, sufrió diversos avatares y terminó por ser derribado en 1807. En dicho retablo, en un tabernáculo, estuvo la imagen sedente de Nuestra Señora de los Milagros presidiéndolo.

Del siglo XV son muchas laudas sepulcrales que se conservaban todavía en 1763 en que las describe el historiador Ruiz de Cortázar. Y mucho anteriores los testamentos encontrados en el Protocolo del escribano Hernando de Carmona en que repetidamente se ordena, en testamentos, que los otorgantes sean enterrados en la Iglesia del Pozo Santo a los pies de Nuestra Señora de los Milagros.

A mediados del siglo XV ya se hacen necesarios ciertos reparos. Así hay mandamientos de pago para reparar las campanas, el reloj y los órganos, por lo que estamos ante un templo muy importante, como la Profesora Belén Piqueras tiene demostrado.

Agustín de Orozco, criado de Felipe II, escribe sobre él: "No hay en esta Ciudad más que una iglesia parrochial, i esa es tan grande i de hermosa fábrica, toda de sillería de piedra, que pocos lugares en el Andalucía la tienen mejor. Es en lo exterior semejante a la Catedral de Sevilla, con famoso i rico retablo”. Tal es la magnificencia del templo y de su retablo.

A principios del siglo XVI comienza el programa de capillas, que costean sus patronos. Así la capilla gótica de los Valera, llamada de Santa Ana (hoy del Rosario), donde estaba el llamado Cristo de los Valera y en donde fueron enterrados Mosén Diego de Valera y su esposa doña María de Valencia, aquél Maestresala y Cronista de los Reyes Católicos,-- su crónica fue escrita y fechada en esta Ciudad y conocida como “la Valeriana”--, que fue también buen prosista y poeta. Esta capilla es la primera a la izquierda de la nave del evangelio. En ella están ahora un retablo con la Virgen del Rosario, procedente de la capilla de los Negritos, extinguida en el XVIII, otro de Santa Ana con la Virgen y aún otro con el copatrono de la Ciudad, San Francisco Javier, de procedencia desconocida.

Antes había sido construida la llamada del Cristo de la Expiración , frontera a la anterior, que fue el primitivo Sagrario de la Prioral (actualmente del Nazareno) en la que están enterrados los caballeros Enciso, entre los que destaca Don Juan Francisco Enciso Monzón, presbítero, poeta posgongorino y autor de la traducción en octavas reales de la Eneida del Virgilio. En ella están ahora el magnífico retablo barroco con las imágenes de Jesús Nazareno y San Juan, De Ignacio López y de Pedro Roldán respectivamente, procedentes del extinguido Convento de San Agustín, a las que acompaña Nuestra Señora de los Dolores, imagen seguramente italiana. A un lado está un retablo con Santa Lucía, y en su ático San Nicolás de Bari, procedentes de la antigua ermita de Santa Lucía y al otro, el retablo que contuvo el Cristo de la Expiración y hoy un enorme cuadro de la aparición del Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque.

A seguida está el zaguán de la llamada Puerta del Campo, con su airosa cúpula renacentista, que comunica el templo con su antiguo cementerio, en cuyas tapias se colocó un piadoso y excelente Vía Crucis de cerámica esmaltada y pintada, y en el que están enterradas las ciento once personas muertas en la inauguración del puente colgante sobre el Guadalete, en 1778, al haberse hundido su firme por el peso de tantas personas entre las que se encontraban autoridades, clero y pueblo llano. También está enterrado en él José Cándido, el primer torero de alternativa muerto por las astas de un toro. Fue en la Plaza de Toros de El Puerto el 24 de junio de 1771. Se llamó esta puerta “del Campo”, porque, a través de un postigo en las tapias del cementerio, se accedía al campo, porque no había nada más construido en la Ciudad.

Le sigue la capilla del Santo Nombre de Jesús, de la antigua Cofradía de ese título. Su cúpula con linterna es manierista. En ella reside actualmente la Hermandad del Cristo de la Misericordia y María Santísima de la Piedad. Hay a la derecha, un retablo procedente de la antigua ermita de Santiago de los Canteros, que estaba en la sierra de San Cristóbal.

La última capilla de ese tramo es la antigua del Rosario, cuya cúpula también tiene linterna. Está ocupada por la Hermandad del Santo Entierro y María Santísima de la Soledad., imágenes que, junto con la de San Francisco de Paula, fueron traídas desde el extinguido Monasterio de la Victoria de Franciscanos Mínimos.

Al fondo, le sigue la capilla Purificación, luego primitiva de las Ánimas y hoy de Santa Rita, imagen que procede del Convento de San Agustín, extinguido en 1868. Esta capilla es una de las más antiguas de la Prioral con cúpula gótica y reja del mismo estilo. A su lado izquierdo, según se la mira, está en ese paramento, la puerta de la escalera del caracol que accede al campanario, y el Cristo del Perdón. Le siguen el cancel de la Puerta del Perdón, sobre el que hay un espacio abalconado con baranda. Entre este cancel y la siguiente capilla está la puerta del caracol que tiene acceso a la maquinaria del reloj. A continuación, la capilla del Santo Ángel de la Guarda, renacentista, al fondo de la nave de la epístola.

Al principio de esta última nave, la de la epístola, a la derecha de su cabecera, una de las capillas góticas primitivas, contiene el retablo de tablas flamencas pintadas a devoción del Comendador Benavides, cuya sepultura y arrimo está en ella. Hoy la ocupan, en ese retablo, una imagen de San Antón, procedente de su extinguida ermita en el Campo del Socorro, y dos retablos con San Antonio de Padua, procedentes, uno del extinguido Monasterio de la Victoria y otro del derribado Convento de los Franciscanos Descalzos y las imágenes modernas, titulares de la Hermandad de la Oración en el Huerto.

Particular interés tiene la capilla siguiente, de la Cofradía las Ánimas Benditas del Purgatorio, con su espectacular retablo privilegiado, barroco, de la escuela de Roldán, que contiene a San Miguel, a San Gregorio Magno y a San Judas Macabeo y, en el ático, la bajada a los infiernos y resurrección de Cristo, todos de muy buena factura y atribuidos al escultor Ignacio López, del círculo de Pedro Roldán. En ella, por la extinción de conventos y ermitas, están también un retablo con una antiquísima Virgen del Carmen y otro con Santa Teresa de Jesús.

A seguida está el zaguán, con su hermosa cúpula renacentista, de la llamada Puerta del Sol y, en él, una gran pintura mural de San Cristóbal, que representa a ese Santo con el Niño Jesús al hombro pasando un mar. Es símbolo del descubrimiento de América y de su cristianización. En las grandes iglesias siempre ha figurado una pintura mural de este Santo. Así, en la Catedral de Sevilla, junto al sepulcro de Cristóbal Colón precisamente, y en otras muchas. El rico cancel de cedro, con el escudo de San Pedro, fue costeado por la Hermandad de San Pedro de Venerables Sacerdotes, con sede en este templo. Dos pilas de agua bendita de mármol con incrustaciones de distintos colores, flanquean este zaguán ya construido en 1572.

Es del Renacimiento la construcción de la capilla dedicada a San José mantenida por el gremio de carpinteros. Sin embargo, sus retablos y decoración son un ejemplo del rococó más singular. En el retablo central se venera a San José, una imagen muy primitiva y tiene en su ático un Calvario gótico procedente del antiguo retablo mayor de esta Iglesia. A sus lados los dos retablos de Nuestra Señora de Gracia y de Santa Bárbara completan el conjunto. En el retablo central, en una hornacina, sobre la mesa de altar, se veneran las reliquias de Santa Columba, mártir, a la que se dedicó la Prioral, como se verá.

Completa la serie de capillas, la del baptisterio, con un buen bajorrelieve en alabastro del Bautismo de Cristo y una pila bautismal, conocida, como “la pila de Rota”. Se debe ello a que esta pila de mármol era conducida a la Parroquia de La O roteña en un carro y, al pasar delante de la Prioral, se partió el eje del carruaje, quedando la pila depositada en esta Iglesia. Finalmente, se decidió instalarla en la capilla del baptisterio. En ella hay un retablo con el Niño Jesús de vestir, sobre una peana dorada. Hoy están también en esta capilla las imágenes modernas del Cristo Resucitado y Nuestra Señora de la Alegría. El ajuar de esta capilla lo componen unas crismeras, una concha de plata con San Luis Rey de Francia en su mango, y colgaduras rojas de damasco de seda para las paredes, así como un rico paño bordado que cubre la balaustrada que rodea a la pila bautismal. Tiene, además, esta capilla dos grandes armarios con puertas de cedro y pequeña sacristía para revestirse el celebrante.

Bajo la superficie, en el subsuelo de cada una de las tres naves, existe una hermosa y espaciosa cripta que fue construida con el primitivo templo.

En lo exterior, es un hermoso y potente edificio en que los originales elementos góticos han perdurado, pese a que, por ejemplo, los pináculos del ábside sufrieron una amputación y remodelación en sus partes superiores; existen las cresterías del ábside y las gárgolas, en todo el edificio persisten los contrafuertes con sus pináculos y, finalmente en la fachada de la puerta del Perdón parte de las cresterías primitivas.

puertadelperdon_puertsanatmariaRequiere esta portada gótica, la conocida como del Perdón, vulgo de las Campanas, unos elementales comentarios y, aunque no está acabada, su traza se debe a Alfonso Rodríguez, el llamado Maestro del Puerto, que la repite en Jerez, en la Iglesia de Santiago, en Santa María de Arcos y en el tablero del pórtico del propio del Monasterio de la Victoria portuense.

La Puerta del Perdón debió terminar en el rosetón que existe, pero que no está decorado, y debió conectar con la torre programada, pero no construida por haberse destinado el dinero previsto para otros usos.

En cambio, en el barroco, se le añade una espadaña que aloja cinco campanas de distintos tamaños y sonidos, además de una gran carraca, para los toques del Jueves Santo.

En la fachada Sur, desde algo antes de 1560, se construyó la llamada Puerta del Sol, toda una monumental portada-retablo con un programa iconográfico que van desde el Padre Eterno en su ático, que coronan las tres virtudes teologales y, en un cuerpo inferior, en una hornacina central, la Virgen de los Milagros. En los laterales de ella, las imágenes de San Pedro y San Pablo. En las entrecolumnas, las hornacinas con los cuatro Evangelistas y cuatro Santos Doctores de la Iglesia. Todo el conjunto es plateresco, pero con alguna intervención posterior, poca, barroca.

Todo el templo está rodeado por una plataforma de piedra de Tarifa y columnas de mármol blanco, en las que colgaban, hasta hace poco, cadenas, tal como en muchas iglesias y catedrales. En el empedrado del templo, se conserva cubierto por una gran losa, el pozo medieval, el Pozo Santo, que dio origen al nombre vulgar con que se le conoció desde sus inicios.

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Planta del templo según Antón Martín Calafate. /Archivo Municipal.

III. La Iglesia Mayor Prioral en el siglo XVII. Su derrumbe parcial y reconstrucción. La nueva sacristía mayor. La sala capitular y capilla de San Pedro. La Puerta del Taller, y otras dependencias. La Capilla del Santísimo Sacramento. La nueva capilla de Nuestra Señora de los Milagros. El coro.

En 1636 se caen parte de las bóvedas de la nave central y alguna de las laterales, entre ellas la de la última crujía de la nave del evangelio. Como relata Ruiz de Cortázar "Arruinado este templo en 1636, padecieron igualmente los epitafios sepulcrales que se hallaban en él y sólo quedó una tabla de mármol embutida en la pared del Presbiterio al lado de la Epístola, en que se ve una mujer de medio relieve y, alrededor esta inscripción: ‘La Señora Antonia de Argumedo, que Dios haya, mujer que fue de Fabián de Salazar, Secretario que fue del Iltmo. Sr. duque de Medinaceli, falleció en el año de 1493 por Navidad’".Y, en 31 de octubre de 1615, el Licenciado Ordóñez, Síndico Procurador General requiere extrajudicialmente "al Maiordomo de la Iglesia Maior representando en él las muchas necesidades forzosas de limpieza y adobios que estaba toda la Iglesia perdida por lloverse las bóbedas y no estar limpios los desaguaderos y toda la Iglesia llena de hoyos y desolados". Tan desesperada era la situación que Felipe IV por Real Cédula de 3 de julio de 1632 interviene para proceder a la reparación del templo. Pero la ruina era ya inminente. En 4 de octubre de 1636, el cabildo de la Ciudad hace un requerimiento al Vicario Diego de Cáceres porque, además de la ruina de la iglesia y los daños que se siguen a la Ciudad con su frecuentación, "el domingo a las tres de la tarde se caió muy gran parte de la que tenía, matando al pertiguero, un clérigo y otras personas que an peresido muertas y cada día se ba caiendo como se espera, con que se teme maior desgrasia"..

 De este suceso se hace eco también el historiador portuense Ruiz de Cortázar:

  "... en domingo 12 de octubre año de 1636 a la hora de las doce del día, hubo un terremoto con el que flaqueando los pilares dio en tierra todo lo más de este sagrado edificio, quedando en su ser la capilla Mayor y las demás de los lados del Evangelio y Epístola. Mataron las ruinas a Pablo Martín, pertiguero, y dos muchachos, y quebraron una pierna a Juan Tirado, que murió tres días después..." El retablo mayor, no corrió una suerte mejor, expuesto a las inclemencias del tiempo, la humedad, el sol, las aves y la tierra y piedras que, en otros derrumbes, cayeron sobre él, habían aconsejado, en noviembre de 1662, limpiarlo, tras un largo periodo de abandono. En esa tarea, durante cinco días, se emplean tres peones "en sacar tierras y escombros del altar" y con las lacerantes operaciones de limpieza con sacudidores y colas de zorro, salió aún más maltrecho el famoso retablo.

El derrumbe de parte de las bóvedas afectó a los dos púlpitos que flanqueaban el ábside y a muchos elementos más, como a los órganos.

El culto deja de oficiarse en el templo y, a veces, se celebra en la Iglesia del Hospital de la Misericordia (actual Iglesia de las Esclavas del Sagrado Corazón), adonde son trasladados los bancos que ocupa el Cabildo de la Ciudad.

Es, ahora, Antón Martín Calafate el arquitecto a quien se encarga la reconstrucción del templo Prioral. En sus dibujos vuelve a considerarse el cimborrio que, obra del maestro Alfonso Rodríguez, se derrumbó. Por lo pronto, los pilares góticos que recogían las nervaduras de las bóvedas, fueron reforzados y su planta es ahora cuadrada, con trazas barrocas de almohadillado rematadas en unas cornisas con sus entablamentos y sus capiteles de hojas de acanto y, en cada una, la escultura de un querubín. Se mantuvieron los muros exteriores, aunque recreciéndolos en parte. No se rehace el cimborrio. Por la muerte de Antón Martín Calafate, toma las obras el maestro mayor Francisco de Guindos.

Es Francisco de Guindos el que construye, además, la nueva Sacristía Mayor y la Sala Capitular, siguiendo el modelo del gótico y dotando a ambas estancias de bóvedas con nervaduras.

En lo que se refiere a la sacristía mayor, se le dota de cinco cajoneras de labor tallada en nogal, que contiene los ricos ornamentos sagrados que posee la iglesia y los vasos sagrados al uso. Frontera a ella está la estancia del aguamanil, ricamente revestida de mármol con una pila y fuente de piedra roja. Sobre la cajonera principal de la sacristía se coloca la imagen de un imponente Cristo Crucificado expirante sobre una pintura que representa el monte Calvario, la Virgen y San Juan. Sobre el resto de las cajoneras se coloca toda una galería de retratos de sacerdotes que por su virtud o las dignidades que alcanzaron fueron acreedores de ser perpetuados para la memoria. También, una colección de óleos sobre cobre con escenas de la vida de la Virgen, con artísticos marcos. Y sobre el mueble capero de caoba, un gran cuadro de la conversión de San Pablo y los retratos de Pío IX y de León XIII. Hay además otros muebles que enriquecen esta sacristía: un taquillón, para la ropa blanca: albas, corporales, purificadores…y, sobre él, un bargueño del XVII. Dos armarios donde se guardan los misales y una mesa monumental de mármol rojo en el centro, sobre la que hay un taquillón de caoba con cajoncitos que guardan los corporales, las palias, las hijuelas, los purificadores… de uso de cada celebrante. Termina su decoración con dos magníficos relojes grand-father, una mesa del XVII y tres butacas del XIX.

Frontera a la Sacristía Mayor, se construye la Sala Capitular, también de boveda gótica extemporánea, con sus sitiales, presidida por un retablo barroco con la imagen de San Pedro, titular de la Hermandad de Venerables Sacerdotes que tiene su sede en este templo. Su subsuelo es una cripta con escalera, que sirve de enterramiento, desde el XVII, a los sacerdotes miembros de esa Hermandad. La decoración la constituye, además, un gran cuadro del XVII del entierro de Cristo y un apostolado.

Como quiera que para estas obras se utilizó la mano de obra de acreditados canteros portuenses que tallaron las piedras empleadas en unas dependencias anejas al templo, se dio en llamar a la puerta que le daba acceso la “Puerta del Taller” y con ese nombre siguió la que tiene acceso al templo, por la capilla de Benavides , a la Capilla Sacramental por dos pequeñas puertas y a la Sacristía Mayor, a las habitaciones del cura semanero, y, por una escalera, con baranda de palosanto, la Sala Capitular que fue de la Archicofradía del Santísimo Sacramento, al curato, maravillosa estancia decorada de estilo neoclásico y al archivo parroquial que contiene, además de los libros sacramentales, valiosísimos documentos históricos. El zaguán-distribuidor de esta puerta tiene en su frente un retablo estilo directoire con una Inmaculada y otro mural de la Virgen de la Soledad, además de valiosos cuadros al óleo sobre cobre atribuidos al portuense Fray José Cordero, herrero también, que realizó por su mano el reloj de la Giralda sevillana, la reja de la Capilla de San Pedro de la Catedral de Sevilla y la reja del coro de la Cartuja de Jerez de la Frontera.

Las obras de la Sala Capitular, la nueva Sacristía Mayor y las otras dependencias anteriormente descritas, fueron posibles gracias a la permuta que se hizo con la Pontificia Archicofradía del Santísimo Sacramento que, en la antigua Sacristía, decidió construir la Capilla Sacramental, por haber quedado pequeña la antigua del Sagrario. Estaba la antigua Sacristía frontera al ábside, desde donde tenía entrada. En su espacio se construyó el nuevo Sagrario. Es la capilla de la cabecera de la nave de la epístola. De planta cuadrada con presbiterio, se cubre de una cúpula con linterna y bóveda, decorada con pinturas al fresco. Rodeada de una cornisa con su entablamento, las paredes están cubiertas de damasco carmesí que penden de ricas galerías doradas. Sobre el arco toral está colocado un ángel lamparero atribuido a Luisa Roldán, La Roldana, pero seguramente de Ignacio López, y, a ambos lados, otros dos ángeles, de madera, dorados, que sujetan sendas lámparas de plata.

Iglesia-Mayor-Prioral-Capilla-del-Sagrario-Realizado-1685Especial mención merece el retablo de plata que preside esta capilla sacramental. Fue donado por el capitán portuense Don Juan Camacho Jaina que había marchado a Nueva España, como séquito del Virrey Marqués de la Laguna, hermano del Duque de Medinaceli, señor de El Puerto. Camacho Jaina fue, durante cinco años, Alcalde mayor de la Ciudad de San Luis de Potosí. A su vuelta trajo el magnífico retablo de plata, obra del orfebre mejicano José Medina, realizado en 1685. Es una pieza de orfebrería monumental y uno de los mejores ejemplos de orfebrería que se conservan en la provincia de Cádiz. El retablo está colocado bajo un dosel de terciopelo, con galones y flecos dorados. El conjunto se compone de un retablo, decorado con motivos vegetales y un gran rombo con un sol en su centro. Su parte superior termina en una corona que acoge al Crucifijo que lo preside. Sirve de peana a ese Cristo, un cuerpo, cuyo frontal tiene repujada y cincelada la Santa Cena de Cristo. A sus lados están las gradillas, también de orfebrería y la custodia del Sacramento o sagrario con puerta en que figura el cordero Místico, dentro de un óvalo rodeado de motivos vegetales. El conjunto se completa con la mesa de altar con su frontal de orfebrería y los mismos motivos florales y vegetales y dos credencias, con frentes de lo mismo.

La baranda del comulgatorio, también de plata, fue donación de Don Bernardino Valdivieso, Hermano de la Archicofradía del Santísimo Sacramento.

La capilla se decora con dos grandes lienzos, uno copia de Murillo, Moisés haciendo brotar agua de la roca, copia hecha por el pintor Don José María Rodríguez Losada, Hermano del Santísimo; el otro, José es vendido por sus hermanos, es original del Vicario don Sebastián Romero. Aún hay otro que representa a Jesús Nazareno, con hermoso y ancho marco repujado, de plata colonial americana, que procede de la extinta capilla de Jesús de los Milagros. El retrato del Beato Diego José de Cádiz, archicofrade que fue del Santísimo, está en otro lienzo que cuelga de la capilla, pintado por Juan de Herrera el 18 de mayo de 1798. La capilla sacramental se ilumina con dos hermosas arañas de cristal y recibe luz natural de un ventanal con una vidriera que representa al Buen Pastor.

La Archicofradía del Santísimo Sacramento fundada en el siglo XVI, a principios, ha estado encargada del culto al Divino Sacramento y a organizar la procesión del Corpus Christi, para lo que encargó un templete, una custodia procesional, al orfebre Rico, que es la única de estilo rococó que procesiona en las calles de España.

capillapatrona_prioral_puertosantmariraSiguiendo el gusto devocional que quería pequeñas capillas y la cercanía física de las imágenes, se acuerda por la Hermandad de Nuestra Señora de los Milagros solicitar del clero Prioral la concesión de un terreno en el llamado “el corral de las vacas” para la construcción de la Capilla de Nuestra Señora. En la escritura de concesión del suelo, otorgada el 10 de febrero de 1606 se lee: “ En la Iglesia Mayor desta ciudad estaba una imagen de Nuestra Señora de los Milagros por otro nombre Santa María del Puerto de donde había tomado nombre esta dicha ciudad e ansí mismo la dicha iglesia mayor de quien la dicha imagen era patrona y que no tenía capilla propia en la dicha iglesia más que solamente un tabernáculo puesto en el altar en el cuerpo della donde la dicha imagen no estaba con la desencia y veneración que requería, por ser una de las imágenes de más devoción, milagros y antigüedad de toda España”. La capilla se construyó, por su Hermandad, en el testero de la nave del evangelio. Su planta es cuadrada con cúpula y linterna, más su bóveda en la parte destinada a presbiterio. Su construcción la hizo el alarife Gonzalo Martín. El patronazgo de la capilla correspondió al Príncipe Don Manuel Filiberto de Saboya, gran prior de San Juan y Capitán General de la Mar Océana, con sede en esta Ciudad. Se acordó, en acta del cabildo de la Hermandad de 16 de septiembre de 1620 completarla con una sacristía propia a cuya erección contribuyó el pueblo con sus limosnas. Los motivos de la construcción de la sacristía propia de esta capilla se recogen el ese cabildo de la Hermandad que está en el “Libro de la cofradía de nuestra señora de los Milagros en/ que se escriben los cabildos acu/erdos y juntas que los cofrades/ della hazen”, I, folio 26:

“a determinar se hagan una sachristía colateral de la capilla de maría santísima de los milagros para que se guarden los ornamentos de la dicha cofradía y para obiar inconveniente y indesencia que ay en atravesar la iglesia y ponerlos en la sacristía della, dixeron que de aga una sachristía arrimada a la capilla de nuestra señora para guarda de los ornamentos y se ha de hacer de las limosnas que se pedirán para la dicha cofradía”.

En efecto así se hizo y el 12 de octubre de 1620, se colocó la imagen de Nuestra Señora en el retablo barroco que todavía hoy tiene. Posteriormente, el caballero de la Orden del Cristo de Portugal Don Juan de Silva Salcedo, construyó el camarín, la escalera y, bajo él, una bóveda donde está su enterramiento y el de su esposa. Constituye esta capilla con sus dependencias y sacristía propia todo un conjunto devocional dedicado a la Titular y Patrona de esta ciudad. Los paramentos de la capilla y su presbiterio están cubiertos de sedas de terciopelo y damasco, a tiras alternadas, carmesí, que penden de galería doradas. Todo el perímetro rodeado de un zócalo alto de mármol rojo con remate negro. Tiene una gran ajuar en ornamentos, vestidos, mantos, orfebrería, vasos sagrados etc, propio de esta Archicofradía y Esclavitud de Nuestra Señora, entre los que descuellan las seis mayas de plata colonial peruana y el templete del paso de la Virgen en plata, obra del orfebre portuense Manuel Síñigo, terminado en 1831, con el mismo material de las anteriores andas del siglo XVII, fundidas para evitar la rapiña de la invasión francesa. El tesoro de Nuestra Señora lo componen, además las coronas y rostrillos de ella y del Niño Jesús y el joyero, producto de donaciones de fieles devotos. La sacristía propia tiene cajoneras para guardar los ornamentos y tres vitrinas del siglo XVIII con el escudo de la Archicofradía y Esclavitud de Nuestra Señora, para guardar y exponer los enseres de su propiedad. Terminan la decoración de este espacio las cuatro lámparas de cristal, los dos ángeles lampareros con sus respectivas lámparas votivas de plata, y varios cuadros al óleo sobre cobre de la vida de Nuestra Señora. En el camarín existen miles de exvotos de plata y una colección de exvotos pictóricos muy singular.

A la decisión de formar este espacio devocional contribuyó el mal estado en que se encontraba, además, el retablo del altar mayor y el abandono de su conservación.

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Al haberse perdido, con los derrumbes, el coro antiguo y los dos órganos que existían desde principios del siglo XV, se planteó construir otro en la cuarta crujía de la nave central, dotándolo de artística reja en la que campea una tabla pintada con una representación de Nuestra Señora de los Milagros en la forma en que se vestía en el siglo XVII y dentro del antiguo templete de plata. Tiene la reja dos campaniles y una sillería de caoba, en dos alturas, conteniendo la baja catorce sitiales y, la alta veintiocho, más tres en el centro. Sobre la silería se construyó una airosa tribuna que acoge dos órganos, uno de ellos monumental. En el centro del coro hay un hermoso facistol que contiene una magnífica colección de libros corales miniados. La Prioral contó con una capilla de música y maestro de música y se conservan piezas y partituras propias del culto, en particular una colección de villancicos de kalendas, el Ave María de Caballero y otras muchas. En el coro hay también un banco del siglo XVII con patas de garras y los escudos de la familia González de la Cotera. Delante de la reja, a ambos lados, la Hermandad de San Pedro de Venerables Sacerdotes colocó dos amplísimos bancos de caoba del siglo XVIII, con el escudo dorado de esa Hermandad. En el exterior, a los dos lados del coro están construidas las escaleras para acceder a las tribunas altas y dos capillas: la primitiva de San Bartolomé, hoy de Santo Tomás de Villanueva, procedente del convento extinguido de San Agustín; y, al otro lado una de la Virgen de la Soledad, hoy de la Hermandad del Dolor y Sacrificio. El patronazgo de ambas capillas fue de Don José de Reinoso Mendoza, Señor de las Manoteras.

IV. La Prioral en el siglo XVIII. El terremoto de Lisboa. La ruina casi definitiva del retablo del altar mayor.

A principios del setecientos padeció esta Ciudad la invasión de la armada angloholandesa que terminó con el expolio de muchas casas, palacios, iglesias y conventos. No fue extraño a ello la Prioral que vio muy mermado su patrimonio con la rapiña de muchos objetos litúrgicos, cuadros, orfebrería etc., hasta el punto que hubo que coger la imagen de Nuestra Señora de los Milagros y trasladarla a Jerez de la Frontera. Fue importante el expolio de los frontales de plata del altar de Nuestra Señora y de muchos cuadros valiosos.

El 1 de noviembre de 1755, ocurrió el célebre terremoto de Lisboa que afectó a toda la Andalucía occidental, especialmente a la catedral de Sevilla y concretamente, para lo que nos ocupa, a la Prioral de El Puerto de Santa María.

prioral_pulpito__puertosantamariaPor su efecto se derrumbó parte del templo y parte del ábside, única construcción completa que se conservaba del templo primitivo ojival. De todas formas, los daños en este último, no fueron muy graves y pudo reconstruirse igual. Sin embargo el célebre retablo gótico padeció en su estructura y las pinturas amenazaban con desprenderse, así como muchas piezas de escultura que habían caído y desaparecido o estaban en trance de caer. Se hicieron, no obstante, pequeños reparos en el retablo, pero no los suficientes.

 

Posiblemente en este derrumbe desapareciera uno de los púlpitos que estaban a los dos lados del ábside. En cualquier caso, hasta el siglo XVII, cuando se construyen los ternos ricos de ornamentos, se confeccionan, además de los frontales de altar, dos paños de púlpito, lo que indica el número de los que había a cada lado de la antigua reja del ábside.

De todas formas, el que queda, hermosísima obra de cerrajería, con su tornavoz, debió ser el del lado del evangelio, fue colocado en el ese lado, sobre el pilar que separa la primera de la segunda crujía de la nave central, pero suplementado en su fuste con una pieza de piedra y su escalera, ampliada en tres escalones más de mármol, lo que quiere decir, que, antes estaba sobre otros planos, es decir, sobre el antiguo presbiterio.

Para los cultos especiales, se levantan, en este lugar, altares efímeros y, aun en tres veces, monumentales pabellones que acogieron a los artísticos túmulos levantados con motivo de las muertes de los reyes Felipe V, Fernando VI y Carlos III. Por cierto que las balaustradas de madera y escalinatas doradas de este monumento funerario, fueron empleadas después para construir el Monumento del Santísimo del Jueves Santo y así se ha hecho hasta el año 1960.

prioral_grabado_rt_puertosantamariaFue, no obstante, en el siglo XVIII, cuando por Breve de S.S. Benedicto XIV se consagró la Iglesia Mayor Prioral. Su consagración fue por el portuense agustino, Fray Manuel Tercero de Rosas, Obispo de Icosio, el día 19 de mayo de 1748 y dedicada a los mártires San Félix y Santa Columba. Así figura en la lápida que campea en su fachada.

V. El templo en el siglo XIX y hasta la actualidad.

La invasión napoleónica y el haber sido El Puerto de Santa María sede del Mariscal Soult y de un gran contingente de tropas que utilizó los conventos del Espiritu Santo y de la Victoria como cuarteles de caballería, durante el asedio finalmente frustrado de Cádiz, propició el expolio de muchos templos. En concreto, la Archicofradía y Esclavitud de Nuestra Señora de los Milagros, optó por esconder sus enseres de plata y muchos ornamentos y vestidos del uso de la imagen mariana. El retablo de plata de la capilla del Sagrario fue desmontado e intentado rapiñar por la soldadesca francesa, si no lo hubiera impedido el pueblo, en última instancia. No obstante ello, el patrimonio eclesiástico sufrió grandes pérdidas.

En otro orden de cosas, un informe del Arquitecto Bartolomé Ojea Matamoros condena al derribo el antiguo y monumental retablo gótico mayor de la Prioral. Era cuestión de modas. El neoclásico está reñido con lo gótico. Así, el informe del arquitecto dice:

"El retablo de la capilla mayor de esta Iglesia -escribe Ojea- se halla muy deteriorado a causa de su mucha antigüedad y muchas de sus piezas de adorno caídas, otras para caerse, todas cubiertas de polilla tanto en sus adornos de talla y escultura..., toda corroída y la pintura sobre lienzo pegado a la madera y algunos despegados y colgando". Y, lo que es peor, añade: "no tiene nada de particular ni de mérito por ser obra gótica".

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Así es que, dos oficiales -Juan de Herrera y Manuel Ramírez- y tres peones -Ángel Fernández, Pablo Asensio y Miguel Avendaño- emprenden el derribo del retablo que se comenzó a apear el 1 de mayo de 1807, van apilándose las tablas pintadas que, hasta el 9 de diciembre de ese año, no son retiradas de la Iglesia. En esa fecha se pagan 140 reales "Por una carreta que conduxo al convto. del espto. Stº las 25 tablas". El Convento es, como se sabe, cuartel de la caballería francesa y el destino de tan artísticas tablas fue la hoguera.

El derribo de obra tan grandiosa tarda nueve meses.

Sobre las gradas del presbiterio, desde tiempo inmemorial, como ha documentado el Profesor Juan José Iglesias, existió una tribuna, en la parte de la epístola, de madera y celosía, pintada de verde, con un escudo de talla y partes doradas, donde los Señores de El Puerto, los Duques de Medinaceli, asistían a los oficios litúrgicos "viendo sin ser vistos". Esta tribuna requiere reparaciones en 1749, lo que indica que, aun después de haber sido incorporado El Puerto a la Corona, los Duques siguen disfrutando de ese privilegio y, todavía, en 1800, esa tribuna es sustituida por otra, de la misma traza pero abatible, para uso de los Duques. Pero también es desmontada.

Se forma una comisión para la construcción de un nuevo altar mayor y tras muchas deliberaciones se decide realizar un baldaquino en el centro el ábside, casi bajo el arco toral y un presbiterio semicircular, con balaustrada de mármol blanco, sobre una base de jaspes y mármoles de distintos colores. Al presbiterio se accede por una escalera central y, a cada lado, en la balaustrada, se construyen dos atriles de mármol para leer la epístola y el evangelio.

El baldaquino neoclásico, sobre cuatro pilares y dos columnas coríntias en cada uno, se corona con una cúpula en la que campea una estatua marmórea de la Fe y a sus cuatro costados las imágenes, también en mármol, de los cuatro evangelistas.

prioral_altarmayor_puertosantamaria2La construcción del tabernáculo y el presbiterio de mármoles y jaspes, el haber cubierto de yeserías los pilares góticos adosados que recogían las nervaduras de la bóveda, el tapizado de los paramentos de damasco rojo, los zócalos de madera pintada con jaspeados, la solería taraceada de piedras de distintos colores, etc., datan del año 1828. El profesor Teodoro Falcón se aventura a atribuir esta obra al arquitecto portuense Torcuato Benjumeda (1751-1836) por similitud con otras de su mano y por ser nombrado, de pasada, en un documento del baldaquino. Pero no es caprichosa esta atribución. En su apoyo debe apuntarse que los dos ángeles adoradores, en mármol, del tabernáculo de la Santa Cueva de Cádiz, obra documentada de Torcuato Benjumeda, son el resultado de sacar de punto los modelos en madera, pintados en blanco, con estola y fajines dorados, que flanquean el tabernáculo de la Prioral portuense, lo que es un dato más añadir para acreditar la autoría. Es muy posible que estos ángeles fueran los primitivos de la Santa Cueva y que, sustituidos por los definitivos de mármol se aprovecharan para la Prioral, como se aprovecharon para el de El Puerto piedras de distintas texturas y colores, traídas de Italia y de Méjico, que sobraron del baldaquino de la Catedral de Cádiz, que, en este caso, no estamos hablando de jurisdicciones eclesiásticas distintas (Cádiz y Sevilla), sino de arquitecto y talleres de escultura provincianos.

 Sin embargo, y pese a las conjeturas del Profesor Teodoro Falcón, Don Antonio de la Banda y Vargas, ha venido manteniendo que la autoría del tabernáculo de la Prioral portuense es obra del arquitecto Juan Miguel Inclán Valdés (1774-18..).

De cada paramento del ábside cuelgan, en el centro, un enorme lienzo con Cristo Crucificado, obra del pintor José María Rodríguez de Losada y cuatro óleos más, obra del Vicario Don Sebastián Romero, pintor de afición, que representan a cuatro Santos Doctores de la Iglesia.

A los lados del ábside, a considerable altura, siguen los ángeles lampareros barrocos que estuvieron desde la reconstrucción del templo en 1638. Sin embargo sus encarnaduras y el estofado de sus vestimentas, han sido pintados de blanco, en un deseo de imitar los nuevos materiales del baldaquino y del presbiterio. Las lámparas votivas de plata que colgaban de estos ángeles han sido objeto de la rapiña francesa.

Una buena colección bien distribuida de arañas de cristal ilumina el templo. A ella se añade la monumental lámpara de plata de dos cuerpos, obra del platero flamenco, vecino de El Puerto, Jacobo Van der Veyden. En los paramentos superiores, entre los ventanales y las ojivas generadoras de las puertas de las capillas cuelgan buenos cuadros al óleo, alguno de buena factura de pintores de nuestros Siglos de Oro. En cambio, los de mayor tamaño: el que representa la entrega de las llaves del Puerto por el alguacil moro a Alfonso X, y otro de la madre de los hermanos Macabeos, son del pintor del siglo XIX José María Rodríguez Losada y otro, sobre la fachada de la capilla sacramental, una Santa Cena, del Vicario Don Sebastián Romero.

La exclaustración de muchas órdenes religiosas, la desamortización de 1835, la Revolución de septiembre de 1868, eliminaron muchos conventos y ermitas de la Ciudad. Algunos de sus retablos, imágenes y vasos sagrados, fueron a parar a las capillas de la Prioral portuense, en el número y disposición que al tratar de las capillas se ha referido.

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Detalle de una de las bóvedas de la capilla de la Aurora, decorada con yeserías barrocas.

Debe terminarse esta reseña, con la de una capilla frontera al templo, que es la de Nuestra Señora de la Aurora, edificio de cierta altura, con bóvedas y cúpula decoradas con admirables yeserías barrocas. Tiene dos puertas y sacristía propia. En su retablo mayor se da culto a los titulares de la antiquísima Hermandad de la Humildad y Paciencia. En esa capilla están los bancos manieristas del cabildo de la Ciudad que pertenecen a la Archicofradía y Esclavitud de Nuestra Señora de los Milagros. Por lo demás, la decoran muy buenas pinturas, en especial una Inmaculada del XVII que pertenece a la pinacoteca de la Prioral.

Junto a esta capilla y colindante con el antiguo cementerio de la Prioral está el edificio que fue Escuela de Nuestra Señora de la Aurora, que dispuso de una excelente biblioteca, cuyos volúmenes, después de la Revolución de 1868, fueron a parar a la Biblioteca Pública Municipal de la ciudad. En esas Escuelas, atendidas por sabios sacerdotes del clero prioral, decía un documento, “se daban títulos académicos, validos ante el Rey y ante el Papa”.

Hoy ese edificio, que tiene amplísimos salones, ha sido rehabilitado y destinados a salones parroquiales con fines pastorales.

Esta es, en resumen, la historia de un templo, llamado, en otro tiempo, “La Perla de la Archidiócesis” y que hoy cumple con creces su misión cultual y pastoral, en torno a la devoción aunadora de voluntades de Nuestra Señora de los Milagros, Titular, Patrona y Protectora de los portuenses. Esta multisecular corriente devocional ha sido reconocida por Decreto de septiembre de 2013, dado por el Excmo y Rvdmo. Sr. Don José Mazuelos Pérez, Obispo de Asidonia-Jerez, declarando a este templo Santuario Mariano Diocesano. /Texto: Luis Suárez Ávila.

 

2 comentarios en “2.347. IGLESIA MAYOR PRIORAL. El Vaticano la erigirá Basílica el 25 de enero.

  1. Manuel Carlos Ordás de Aranda.

    Mi enhorabuena a don Luis Suárez Avila por tan acertado y encantador escrito.

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