2.518. Juan Pedro Lacomme Domecq. Un comerciante de fines del siglo XVIII.

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Para iniciar estas breves notas biográficas sobre el comerciante Juan Pedro Lacomme Domecq, nos situaremos a fines del siglo XVIII, concretamente en 1797, en el frente de calle Larga comprendido en la manzana que forma dicha calle con las de Luna, Ricardo Alcón actual y Misericordia, esta última su paralela. En aquella fecha existían 8 fincas, siendo la casa objeto de nuestro estudio la sexta, si comenzamos a contar desde la calle Ricardo Alcón o la tercera, si lo hacemos por el lado contrario, partiendo desde la esquina con Luna. En la primera de estas casas, comenzando por la izquierda, vivía Juan Manuel Soldevilla, Maestro de Sastre y miembro del Cabildo de la ciudad. /En la imagen,grabado de una tienda y sastrería del siglo XVIII

En la accesoria de esta casa estaba instalada una zapatería. La siguiente era propiedad de la Casa de Niños Expósitos y estaba arrendadas a varios vecinos. Seguía la de los Herederos de Mateo Ahumada y otra que no hemos podido identificar a su propietario, que se encontraba deshabitada en esa fecha, ocupando la accesoria una librería regentada por Francisco Poli. La quinta finca, que precedía a la que historiamos era propiedad del mercader Francisco de Arias, que vivía en ella y posiblemente tenía una tienda-almacén en los bajos, siendo la séptima propiedad de los herederos de Cristóbal del Real, cerrando la manzana una botica con puertas a esta calle y a la de Luna.

Conocido el vecindario inmediato, conozcamos ahora a las personas que en esa fecha estaban censadas en el padrón de vecindario en el número 25 antiguo (97 actual), la que serían “sus casas principales” reproduciendo fielmente los datos contenidos en el documento antes citado:

Casa de Don Juan Pedro Lacomme, mercader. La vive él mismo, de edad de 40 años, casado con Doña María Moscoso, de 44 años. Tienen por sus hijos a doña María Dolores, de 12 años, doña Josefa, de 11 años, doña Celestina, de 8 años, don Manuel, de7 años, don Antonio, de 4 años y doña Victoria, de 2 años; Juan Bautista Labarrera, de 54 años, viudo, que tiene un hijo, Francis, de 25 años, soltero; tiene por sus dependientes a don José Palu de 22 años, soltero, Juan Bautista Lacomme,de 14 años, soltero, Ángel Antonio del Villar, de 17 años, soltero y Luis Papiot, de 44 años, soltero.

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Vista actual del frente de calle Larga de la manzana que se cita.

Juan Pedro Lacomme Domecq, cuyos tíos y primos por parte de madre, los Domecq, estaban establecidos en la zona de la bahía gaditana desde algunos años antes, cumplidos los doce años y acabada su etapa infantil en la que había adquirido una buena formación, enfocada especialmente para trabajar en el mundillo mercantil de la época, emigró a España, entrando como aprendiz de dependiente en la Casa comercial que en esta ciudad tenía el mercader jerezano Juan José Menchaca, alojándose en unas casas de la parte alta de la calle Larga, en esta fecha, el inicio de la calle, lugar de residencia de montañeses y extranjeros solteros, debido a la proliferación de posadas, mesones y tabernas en dicha zona. Su patrón, Juan José Ruiz Menchaca, en esa fecha tenía 31 años y regentaba una tienda de mercader de vara y un almacén al por mayor de géneros en los bajos de la casa propiedad de don Patricio O’Neale, en calle Larga

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Torre de la Casa de don Patricio O'Neale, en la esquina de Larga con Santo Domingo.

Su progresión profesional y social fue notoria, adaptándose perfectamente al estilo de vida y la idiosincrasia de su nuevo hábitat. Después de un corto aprendizaje en su adolescencia pasó a ser el principal dependiente de la Casa comercial de Menchaca en plena juventud y, seguidamente, a compartir la sociedad con el primitivo dueño, estableciéndose definitivamente de forma independiente al efectuar su antiguo patrón el traspaso de sus dependencias, efectos y negocios, estableciendo Casa (empresa) propia, sucesora de la anterior. Suponemos que el Sr. Menchaca, de avanzada edad, traspasó gustosamente el negocio al que durante una docena de años había sido el autentico impulsor del mismo. Mas aun considerando que sus herederos, en este caso sus nietos Juan y Rafael Biñalets Menchaca eran en esos años importantes cargadores a Indias, con Casa comercial propia, que fundara el padre y suegro de Juan José Menchaca, también de origen galo, Juan Biñalets.

Un buen comerciante, despierto, sagaz e inteligente como era Juan Pedro Lacomme sabía que la mejor garantía para el riesgo existente en cualquier negocio consistía en la buena solvencia personal o familiar que pudiera proteger los giros desfavorables, las malas rachas de la que ninguna actividad comercial estaba libre. Su falta de patrimonio y su condición de extranjero le hacían vulnerable en este aspecto, especialmente a la hora de gestionar créditos y préstamos. Quizás por esta circunstancia no le importó ni la edad ni el estado de la que persona con la que contrajo matrimonio en 1783, la hija del Síndico Personero, persona encuadrada dentro de la clase media o de la baja burguesía mercantil gaditana, según queramos definirlo que se encontraba residiendo en El Puerto con su familia en estos años. Se trataba de María Josefa Moscoso, viuda de José Gª Gundín, de 32 años de edad, sin hijos de su primer matrimonio.

Tras su enlace, a pesar de que continuó viviendo en la modesta casa que habitó de soltero, la situación social de Juan Pedro mejoró sensiblemente como evidencian, por ejemplo, los ministros eclesiásticos que derramaron las aguas regeneradoras del bautismo a los hijos que siguieron a la primogénita, María de los Dolores, nacida en 1784. El 14 de diciembre de 1785 se bautizó en el mismo templo otra niña, a la que impusieron el nombre de Josefa María, actuando de oficiante con permiso del cura semanero, Fray Manuel de Menchaca, Presbítero de la Orden de San Juan de Dios, Comisario y revisor de los libros del Santo Oficio de la Inquisición, siendo su padrino Diego Lacomme Domecq y el 24 de enero de 1787, sería el agustino Joseph de Santo Tomás, lector de Sagrada Teología el que bautizaría al tercero de los hijos y primer varón de los Lacomme Moscoso, necesitando para poder administrar el sacramento triple licencia: del arzobispo, del cura de la parroquia y de su Provincial. Se le impusieron los nombres de José Manuel, Rafael Vicente siendo su padrino el señero personaje Pedro Domecq Lambeye uno de los fundadores de las bodegas de su nombre. El pariente más afecto a la familia Lacomme Moscoso de apellido Domecq no sería este citado, sino Diego Domecq Lacomme, el cual estaba residiendo en El Puerto, dedicado al comercio, como administrador de don Pablo Dagué. Por su mediación y bajo su tutela vino a El Puerto Juan Pedro Lacomme a los 13 años de edad, manteniendo durante todos los años que estuvo célibe, y después de casado, una fraterna relación con el mismo con independencia del parentesco que les unía.

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Aspecto actual de la fachada de la casa nº 25 antiguo y 97 actual de calle Larga, adquirida por Lacomme

Después de varios años al frente de su propio negocio llegó la hora de recoger los beneficios y de invertirlos con provecho, adquiriendo casa propia en donde alojar a su familia y, como era la costumbre, a los empleados de confianza, a los que se compensaba del corto salario que disfrutaban con manutención y alojamiento, generalmente. Y no tardó en encontrar una interesante inversión: una casa principal, situada en pleno centro que adquirió por 80.000 reales de vellón a los hermanos Woulfe Aynaldo más un censo que tenía.   Anteriormente, en 1786, había realizado otra inversión en la villa de Bornos, donde compró una casa en la que abrió una especie de sucursal de la tienda de mercadería que tenía en El Puerto, sin que los negocios funcionasen como previera, deshaciéndose de la casa y la tienda al poco tiempo.

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Adquirida y rehabilitada por la empresa "Los Patios de Bolaños" en 2006, colocaron este azulejo en el zaguán.

Tras realizar algunas mejoras y reformas en la que sería su “casa principal”, dado que había estado un tiempo deshabitada y que podemos identificar como la número 97 actual de calle Larga, recientemente rehabilitada, se trasladó a ella ese mismo año con su familia, la cual había aumentado en este lapso de tres años transcurridos desde que dejaron de vivir en la casa de Larga cercana a la tienda de mercadería y la adquisición de esta, naciéndole dos hijos más, alguno de los cuales continuaran la trayectoria familiar , cerrando en este punto la semblanza y el recuerdo de uno de los numerosos extranjeros dedicados al comercio siglos atrás que hicieron de nuestra ciudad objeto de su vida, ganándose con ello el derecho a ser considerados ”Gente de El Puerto”.  /Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz. A.C. Puertoguia.    

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