2.761. Juan Alcover Figueroa. Dominico expedicionario desde El Puerto.

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Para disfraces los del dominico Padre Alcover Este fraile ahorcado en China en el año 1748 se disfrazó de capitán de navío, de aguador y hasta de "muerto" en un ataúd. Reinaba en España Felipe V; grande era el imperio español en ultramar cuando se preparó en El Puerto de Santa María una expedición de 50 misioneros para Manila desde donde luego pasarían a China; allí se apuntó el fraile granadino Juan Alcover Figueroa y el también misionero de Huéneja Francisco Serrano que embarcarían el 13 de julio de 1725. Un incendio en la nave capitana en plena travesía hacia Méjico por poco les cuesta la vida a todos. El fraile se salvó por viajar en otra nave compañera tras permutar su pasaje con otro fraile de Vélez Málaga llamado Francisco Sáenz de Santamaría. Desde Acapulco embarcaría luego la expedición misionera hacia las Islas Filipinas después de que fray Juan fuera nombrado Vicario General de la Misión; tardaron más de 4 meses en llegar.

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“Vista del Puerto de Santa María”, óleo sobre lienzo, 70 x 95 cm, 1781-1785 (propiedad del Museo del Prado, en depósito en el Museo Naval de Madrid) [P1151]. Autor: Sánchez, Mariano Ramón (Valencia, 1740-1822). Pintor y miniaturista español. Se trasladó a Madrid cuando contaba siete años, para ingresar, en 1752, en la Academia de San Fernando.

Cuenta el propio Alcover en carta a su hermana que los tagalos eran violentos; en la provincia de Binondoc llegaron a matar a flechazos a un religioso y luego le cortaron la cabeza. Sería en el mes de octubre de 1728 cuando Juan Alcover embarcó para Macao disfrazado de capitán en un navío portugués; y desde aquí y en otro navío inglés partió para Cantón. Dicen que para atender a un cristiano enfermo y sortear la vigilancia tuvo que ir disfrazado de "muerto" encerrado en un ataúd; era tan agobiante el disfraz que además le venía corto y estrecho y por poco se muere de verdad. Pero no fue su único disfraz; en otra ocasión se hizo pasar por un aguador callejero, vestido a la tártara con su larga barba y la cabeza rapada. En otro momento de su sacrificada vida tuvo que permanecer escondido en un pequeño habitáculo de una casa de cristianos en Fo-Ka-Puan durante 49 días sin apenas poder toser para no ser oído por los vecinos. No eran precisamente bien mirados los cristianos por los chinos seguidores de Confucio y Lao-Tse.

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El emperador Kien-Lun

Así anduvo el dominico ante la animadversión que el emperador Kien-Lun manifestaba contra las misiones cristianas enviando a la provincia de Fuchán al sanguinario Yin-Kun. El 18 de diciembre de 1746 se dictó sentencia de degüello contra el padre Alcover y cuatro compañeros. El relato del martirio resulta estremecedor; los verdugos ataron una larga cuerda al cuello y, haciendo hincapié en sus hombros, tiraron en sentido contrario hasta ahogar al mártir granadino. El cadáver fue luego llevado al campo de los ajusticiados para ser quemado. Era entonces Papa de Roma Benedicto XIV. En junio de 1777 fueron declarados mártires de la iglesia bajo el papado de Pío VI y canonizados por Juan Pablo II en el año 2000.

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