3.233. Leonardo Romero Maure. Docente y humanista.

El 11 de noviembre de 2013 fallecía en nuestra Ciudad, el profesor Leonardo Romero Maure a la edad de 84 años, quien destacó a lo largo de su dilatada vida como docente y humanista. Su carrera profesional la desarrolló en el Instituto Laboral --hoy Santo Domingo-- y en las escuelas profesionales SAFA. Romero Maure fue también director de SAFA en el municipio sevillano de Écija, antes de ser destinado a nuestra Ciudad.

2013.
El año de su fallecimiento era alcalde Enrique Moresco García. Se celebraba la XV edición de la Fiesta de los Patios. El Ayuntamiento copiaba la portada de Feria a Málaga, colocando biznagas. Juan José López Amador y Enrique Pérez Fernández publican ‘El Puerto gaditano de Balbo’, sobre los orígenes de El Puerto de Santa María. El Club Náutico celebraba la 44 Semana Náutica Internacional. Se celebraba la primera jornada de visita de blogueros influyentes de Turismo. Se celebraba en la Bodega San José la Gala Rey y Reina de la Belleza en Andalucía. Se celebraba la V edición del Monkey Week entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre.

Leonardo era aficionado a la filatelia y a la astronomía e impulsor del Grupo Astronómico Portuense. También formó parte de la desaparecida Agrupación Cultural Medusa, así como a la Tertulia ‘El Ermitaño’. Amigo personal del poeta José Luis Tejada, era un voraz lector de poesía y literatura científica, poniendo en marcha las Jornadas Científicas ‘Federico Rubio’.

 

Leonardo Romero estuvo casado con Enriqueta Morro Abelenda, con quien llegó a tener cuatro hijos, siete nietos y una bisnieta. Su padre, Manuel Romero Planas, fue Maestro Mayor del Obras del Ayuntamiento de la Ciudad.
Aún se le recuerda por su espíritu cultivado y su carácter afable, didáctico y generoso.

| La imagen es de 1999, durante la inauguración de la calle Instituto Laboral, donde aparecen profesores, algunos ya desaparecidos, del citado instituto.

Enrique Bartolomé le recordaba así: “Un apreciable portuense amigo de la familia, Leonardo Romero, fallecía en nuestra Ciudad. Tras de sí, innumerables muestras de hombre de bien, de sapiencia, de maestría en suma. Conocía a Leonardo de oídas ya que en las tertulias que mantenían mis padres en aquella casa de mi abuela en la calle Cruces, no se sabe bien por qué, escuchaba su nombre.

Siempre tuve curiosidad por saber quién era y un buen día --mire usted por donde-- se incorporaba a esa entrañable familia del Instituto Laboral, y por añadidura al reducido número de vecinos de las casitas de los maestros en la Rotonda de La Puntilla.

Sus hijos fueron compañeros de traviesas aventuras, de cuando los baños termales eran pacientemente mimados por el guarda de las dunas, o el Campo de la Gimnástica acogía nuestras primeras patadas a un balón. Nuestros padres compartían enseñanza y responsabilidad.

Con el tiempo Leonardo dejó el instituto. Me lo encontraba en cualquier esquina, y saboreaba lo que hoy me queda, que es mucho, de su conversación amena, su exquisito trato y su talante, por encima de todo, sosegado. Atento por escuchar esa palabra sabia y alentadora, ese mensaje esperanzador y siempre grato de un estudioso empedernido.

En el recuerdo también su familia. Enriqueta Morro, verdadera artífice del trabajo constante. Y sus hijos Quety, Leito, Miguel Ángel y María del Mar.

Y es que Leonardo, para todos aquellos que tuvimos la suerte de conocerlo y tratarlo, nos dejo esa huella imborrable del consejo oportuno y ecuánime. Complicada tarea la de callar y luego hablar”.

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