3.529. El mayor accidente de la historia moderna de El Puerto. Inauguración del puente sobre el Guadalete: desplome, hundimiento y muerte de los asistentes

Si cliqueamos en Google: “efemérides del año 1779” y, entre las diversas propuestas que se nos presenta, elegimos la web ‘Hoy en la Historia’, la primera efeméride que figura, dice así: “Se inaugura el puente sobre el río Guadalete en Puerto de Santa María, pero se rompe por el peso de la multitud y mueren 413 personas.” Era el 14 de febrero de hace 239 años. | En la imagen, puente de barcas en Sevilla.

Si esa cifra fuese cierta, habrían desaparecido bajo las aguas del río ese funesto domingo, arrastradas por la bajamar,  y no identificadas en las siguientes cuarenta y ocho horas, 300 personas más de las que figuran como víctimas en los libros de funerales de la actual basílica, donde constan exequias fúnebres y anotaciones de los sepelios de poco más de un centenar, al día siguiente del accidente, de las cuales me hice eco en una anterior nótula publicada en 2015.
Posteriormente, y en fechas sucesivas el mar iría arrojando los cadáveres de otras víctimas, a las que difícilmente podrían identificarse. A ellos debe referirse la lápida que según Cárdenas Burgheto estaba situada en el llamado “Patio de los Naranjos” contiguo a la basílica –en 1902- en la que rezaba: “AQUÍ YACEN CIENTO ONCE PERSONAS DE LAS QUE SE AHOGARON EN EL PUENTE DE SAN ALEJANDRO EL DIA 14 DE FEBRERO DE 1779”. Con este dato, teóricamente, habrían existido 300 víctimas  desaparecidas, de ser correcta la cifra de 413 indicada en la efeméride que reproducimos al inicio.

| El Conde O’Reylli.

Conmemoramos esta semana que finaliza, pues, la triste efeméride del 239º aniversario del hundimiento de la compuerta central del puente de barcas, de tablazón de madera, que era abatible para poder dejar pasar a las embarcaciones arboladas y que se rindió con el peso de las personas que se agolparon sobre su superficie, una vez celebrada la ceremonia religiosa de bendición en el centro del puente, a la que asistieron el clero, las autoridades y personas principales invitadas al acto, parte de las cuales, encabezadas por el conde O’Reylli y su familia terminaron de cruzar el tramo del puente, una especie de consumación oficial del acto, dirigiéndose a la otra banda del río. Fue entonces cuando se autorizó a transitar a los ciudadanos que ansiosos esperaban poder cruzar el centenar y pico de metros que separaba una y otra orilla del río y, posiblemente, podemos suponer que, al formarse un tapón humano en la plataforma al coincidir muchas de las familias importantes invitadas y el clero que volvían hacia la ciudad de ver en primera fila la solemne inauguración, con varios centenares de personas en dirección contraria, lo que supondría que la plataforma tuvo que soportar casi 30 toneladas de peso en total y, a consecuencia de ello, su desplome y hundimiento.

1.761. AY, PALMERAS DE MICAELA ARAMBURU

Posiblemente, el accidente que estamos relatando sea el más importante y con mayor número de víctimas, de toda la historia de la Ciudad. Y en esta ocasión, según relata el archivero  Cárdenas en la reseña histórica que publicó a principios del siglo pasado, se agolpaban en las dos orillas seis o siete mil personas, dada la trascendencia del evento.

Expectación plenamente justificada pues ninguna de las generaciones allí congregadas habían conocido un puente que uniese las dos orillas, ni ellos ni sus padres, abuelos, bisabuelos… el puente romano que existió no se sabe con certeza cuando dejo de ser utilizado o destruido. Apenas una década antes de esa fecha, un contemporáneo, Anselmo Ruiz de Cortázar, en su historia de la ciudad indicaba refiriéndose a él: “…cuyas ruinas no han demolido enteramente el transcurso de tantos siglos. Sustentábase sobre trece arcos de piedra tosca que cargaban sobre robustos pilares, de los que hoy solo se ven en tierra y en bajamar se descubren siete, y los demás, consideradas las distancias, están ocultos en la profundidad del río, limo de la orilla y casi inmediato al principio del puente…”

| En la imagen, ruinas del puente romano en el río Guadalete. | Wyngaerden 1567.

Interpretamos que el lugar del puente romano debía estar cerca del lugar donde se instaló el de barcas, al que inicialmente en su primer proyecto se pensó en utilizar las pilares de aquel, desechando la idea finalmente al existir una distancia que variaba entre 25 y 40 de unos a otros, difícil de cubrir con maderas, creemos estaba situado entre las calles Chanca y Caldevilla, pocos metros a la derecha del mencionado de San Alejandro, en un lugar donde había un pequeño muelle conocido como “Muelle de Estacas”. Según indican algunos cronistas con la construcción del parque de Calderón prácticamente se desmantelaron los restos que aún existían del puente romano, aunque  uno de sus pilares continuaba dando fe de su existencia milenaria, situado en el centro del río en el primer tercio del siglo XX, entorpeciendo el paso de embarcaciones de cierto calado, siendo volado por el ingeniero Ignacio Merello en 1929, cuando ejercía como director del puerto del Guadalete.

| Barca de Florinda. Blog Entorno a Jerez.

Volviendo a la expectación despertada, pues su construcción afectaba a toda la población. ¿Cómo se desplazaban entonces, en esa época final del siglo XVIII, las personas y se transportaban las mercancías a las restantes poblaciones de la provincia? Generalmente por mar hasta Cádiz y desde allí a la Isla de León, Chiclana, etc. o bien en la “Barca de Florinda” situada al pie de la sierra, cerca del castillo de Doña Blanca y del muelle del Portal, una amplia balsa de propiedad privada que, con el pago de un canon, cruzaba el río, vadeando el Guadalete, tanto a personas como a ganado y toda clase de mercancías.

 

| Alejandro O’Reylli y el castigo a los gitanos. 28 octubre de 1783. Archivo Histórico Provincial de Cádiz.

El cabildo llevaba tiempo interesado en realizar esta obra pero no sería hasta 1777 cuando con la ayuda del Capitán General Alejandro O’Reilly –en cuyo honor se intitulará así éste y los demás puentes- se acometía el proyecto que estaba terminado dos años después. Antonio Hurtado y José Molina serían los responsables de su construcción. Gracias a la difusión realizada en un trabajo de nuestro paisano, el Doctor en Historia, Don Rafael Sánchez González, conocemos detalles exactos de las características de esta construcción, que en principio tenía todas garantías de seguridad y pasó con éxito las pruebas previas (de hecho, volvió a abrirse diez días después, una vez reparadas la compuertas) y solo una conjunción de circunstancias imprevistas originaron la gran catástrofe que estamos relatando.

 

| Puente de barcas Duque de la Victoria sobre el Caño del Zurraque en San Fernando (Cádiz) 1905.

El puente tenía una longitud de 170 metros, formado por tableros de madera de 7 metros de anchura que descansaban sobre siete barcas, numerosas estacas  y dos pilares de piedra que suponemos estarían en tierra, al inicio y final del puente. Las dos compuertas centrales abatibles accidentadas tenían 7,5 m. cada una y la misma anchura, existiendo un barandal de protección en toda su extensión de 1,35 metros de alto.

***

Quisiera terminar esta nótula, con un recuerdo hacia algunas de las numerosas víctimas de aquel triste domingo. He elegido a un matrimonio y su hija, tres de las 105 personas identificadas que recibieron sepultura en el cañón de la capilla de la patrona. Se llamaban Nicolás Francisco Cañas-Trujillo y García de Pastrana, su esposa Magdalena Sánchez de Madrid y Baccaro, y la única hija, aunque tenían otros hijos varones, María Dolores Cañas-Trujillo y Sánchez. Vivían en la calle Larga, creemos que en una casa situada frente al actual Centro Cultural Alfonso X el Sabio. Es esta calle, vecinos de ella, la que estadísticamente sumaron el mayor número de víctimas: 13, contando los citados, personas todas de buena posición social y económica, como por ejemplo Antonio Abad Reinoso, Domingo de la Barrera, Antonio Orlando o Agustín Llanos.

| Lápida de Cañas Trujillo. 1. Iglesia de San Francisco

Nicolás Francisco Cañas-Trujillo era Regidor, nacido en El Puerto, hijo de Nicolás Teodoro Cañas-Trujillo Wervoot, también portuense, igual que su abuelo y bisabuelo aunque sus otros antepasados paternos estaban establecidos en Jerez, donde tienen un panteón y eran Patronos de la iglesia de la Santa Veracruz. Al ser designado Gaspar Cañas Trujillo, su tatarabuelo, Familiar de la Inquisición en El Puerto de Santa María, la familia se trasladó aquí en el primer tercio del siglo XVII donde nacieron las siguientes generaciones que tomaron como apellido compuesto los dos de Gaspar Cañas Trujillo, el fundador de esta ilustre saga local que tuvo su prolongación en Chile, aunque los padres de éste se llamaban realmente Juan Gil Delgado, de Trujillo y María de Cañas. (En el siglo XVI, cuando nació Gaspar solía mantenerse la costumbre judía de anteponer el apellido materno al paterno).

Hecha la presentación del personaje voy a referir una anécdota de su vida, ocurrida poco tiempo antes de estos hechos, verdaderamente curiosa, que localicé en un libro titulado “El arte vigilado. (Sobre la censura estética de la Inquisición española)” del que es autor Enrique Gacto. Su padre y su abuelo están enterrados en la iglesia de San Francisco en cuyo ensolado se encuentra la lápida sepulcral que reproducimos en las fotografías, con los escudos familiares y en grandes letras las palabras “Ave María”. El Padre Guardián franciscano le pidió a él, a Nicolás Francisco, propietario de la sepultura, que borrase tanto la cruz del escudo como la palabra Ave María “por no ser decente y estar prohibido que se pusiesen donde irremediablemente fuesen pisadas y escupidas…” citando para ello la prohibición del Santo Oficio con el Edicto de fecha 17 de agosto de 1767.

| Lápida de Cañas Trujillo. 2. Iglesia de San Francisco

No tomó ninguna medida el Sr. Cañas-Trujillo, vamos, que no hizo ningún caso de la petición del fraile, entre otros motivos, supongo porque por aquellas fechas, después de muchos años de haber parido, su mujer había vuelto a quedar embarazada y estaba a punto de nacer o ya había nacido el que sería el último hijo del matrimonio: Manuel  quien, andando los años, sería uno de los pocos ministros nacido en esta bendita Ciudad. Y, a la vista de ello, el Padre Guardián lo denunció al Tribunal de Sevilla, expediente de la Inquisición que se conserva en el Archivo Histórico Nacional, “formado en el Tribunal de Sevilla sobre que se borre de un escudo de armas una cruz y un Ave María que se halla en el pavimento o suelo de la iglesia de San Francisco del Puerto de Santa María en una lápida sepulcral. Se ha mandado por el Tribunal que se escriba al comisario mande borrar dicha cruz y Ave María, pero antes de su ejecución se remita a Vuestra Alteza para su aprobación.”

Bien por la calidad del personaje, o por la influencia  en dicha institución de sus ancestros, el comisario local, al parecer advertido de que lo intentase amistosamente pero sin realizar diligencia judicial alguna, no consiguió llevar a buen término sus órdenes, como puede comprobarse en la lápida que aún se conserva, o tal vez, el fatal accidente le hizo desistir del encargo.

No conozco la edad de la esposa ni de la hija cuando fallecieron. Nicolás Francisco tenía 44 años. Dejaban tres huérfanos: José María y Juan Manuel, mayores de 16 años y Manuel, que nació el 16 de enero de 1777 y tenía, por tanto dos años y un mes de vida. Inicialmente lo tuteló su abuelo materno, siendo su hija Isabel Sánchez de Madrid, hermana de su madre la que lo crió y educó, haciendo de él un ilustre marino, Jefe de Escuadra, que ejerció como comandante general del Apostadero de La Habana, de La Carraca, del Departamento de Cartagena, Consejero Real, Senador del Reino y, como antes indiqué, Ministro de Marina, Comercio y Ultramar. Falleció en 1850. | Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz.- A.C. Puertoguía.

Años mas tarde, el 1 de de diciembre de 1839, el puente colgante de San Alejandro, se hundía también.

2.322. CUANDO EL PUENTE COLGANTE SE HUNDIÓ

 

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