3.607. Juan García Larrondo. El escritor se enamora de la provincia

El escritor portuense Juan García Larrondo ha participado en la serie ’50 selfies de Cádiz’, en el que medio centenar de gaditanos describen sus rincones favoritos en la provincia de Cádiz para celebrar el lanzamiento de la web La Voz del Sur.

“Adoro la provincia de Cádiz por multitud de razones y también por alguna que otra sinrazón que no sabría explicar, salvo con la voz y la marea bastante bajas. Me gusta su ubicación, la rosa loca de sus vientos, sus calmas y sus temporales, sus playas, especialmente cuando están desiertas, su naturaleza salpicada de lugares de belleza extraordinaria.

Me gustan sus pueblos, sus ciudades, llenas de Historia y de historias. La luz cegadora de sus mañanas y la luz dorada de sus atardeceres. La luz de este sur del sur es absolutamente mágica, incluso mitológica: Desde la ‘Alejandría de Barrameda’ donde desemboca el ‘Nilo’ de Andalucía y los Tartesios adoraron a las bestias de Gerión, hasta las columnas donde Hércules vigilaba la entrada al Jardín de las Hespérides. Desde sus entrañas habitadas ya en épocas protohistóricas a sus templos paganos sumergidos sobre los que luego se alzaron mezquitas o delirantes catedrales.

Adoro todas sus fértiles tierras de sarmientos y sus atalayas serranas, sus marismas, su fauna, su Arte, su sal y su bruma amarga; su caprichosa geografía llena de contrastes y su fabuloso mundo submarino donde —no se lo digáis a nadie— yacen escondidas en secreto las arterias de la Atlántida.

Adoro Cádiz porque es ombligo del mundo, puerta y, a la vez, dramática trampa también para navegantes del triste sino y tiempo en que vivimos, condenado a la esperanza. Justo ahí, cerca del faro de Punta Carnero y de cala Blanca, entre Tarifa y Algeciras, donde ni los delfines ni las aves entienden de fronteras y de noche cantan las sirenas, hay una tierra de nadie desde la que se divisa todo el estrecho de Gibraltar y la unión de dos grandes mares y dos grandes continentes.

Ese “Ponto Euxino”, esa ósmosis atávica del planeta, ese principio y final del mismo mundo donde los puntos cardinales enloquecen a las brújulas, ese es justo el lugar, la idea, el verbo donde entiendo las múltiples razones, e incluso las sinrazones, por las que adoro y comprendo el variopinto universo que se encierra y se derrama cada vez que susurro la palabra“

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