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4.113. El Puerto, la virgen de la Merced y la invasión angloholandesa en 1702

El Cabildo portuense juró voto perpetuo a la Merced por haber intercedido en la retirada de los invasores angloholandeses en 1702. Jerez acogió en 1702 a numerosos portuenses que huían de la invasión. Entre los refugiados se encontraba la propia Patrona portuense. La ciudad fue saqueada y los navíos asaltantes se marcharon el 24 de septiembre, día de la Merced. «Hacemos votos a Dios Nuestro Señor todos los años, y nuestros descendientes también lo harán, esta fiesta a Nuestra Señora de las Mercedes por el beneficio que esta ciudad recibió de haber desalojado el enemigo. Para, en alguna manera, pagar tan gran favor, protestamos en nombre de esta ciudad y su clero, que se hará perpetuamente sin hallar motivo ni causa que pueda perturbarlo ni irritar este voto, en manera alguna». Este es el texto firmado por la Corporación municipal portuense el 20 de septiembre  de 1704, con motivo de la redacción del voto de agradecimiento y compromiso con la Virgen de la Merced, Patrona de Jerez de la Frontera. | El asalto angloholandés a la Bahía de Cádiz. Grabado.
Los regidores, concejales, Miguel de Medina, Manuel Herrera, Pedro de Quesada y Juan Suárez, lo firmaron en el altar mayor de la Prioral e, hincados de rodillas, lo pronunciaron por primera vez, en presencia del escribano Juan Angel Natera, del corregidor Lucas Jiménez Castellano y del sacerdote oficiante, Lorenzo Gabriel de Eguiarreta, vicario de El Puerto de Santa María. Hasta principios del siglo XIX queda constancia de la renovación de esta protestación de fidelidad. Un curioso e histórico nexo entre las devociones portuenses y jerezanas. 

1.491. EL ASALTO ANGLO-HOLANDÉS DE 1702.

| Plano de la invasión anglo holandesa a la Bahía de Cádiz en 1702.

La invasión 
El 23 de agosto de 1702, durante la guerra de Sucesión por la Corona española entre Felipe de Anjou --futuro Felipe V--, apoyado por Francia, y el archiduque Carlos, cuya candidatura fue impuesta por Austria, Países Bajos e Inglaterra, la Bahía de Cádiz quedó asediada por 196 navíos angloholandeses. 

| James Butler, II Duque de Ormondt, por Michael Dahl, quien no pudo impedir el expolio de algunos templos y casas particulares de El Puerto de Santa María tras el asalto.

El duque de Ormondt  y el príncipe de D’Armanstadt capitaneaban la flota invasora, con el objetivo de someter la costa sur española en nombre del aspirante austríaco. El gobernador de la plaza de Cádiz, Escipión Brancaccio, anunció que la fortificada ciudad no se rendiría.

| La defensa del Fuerte de Santa Catalina que se aprecia en el grabado no fue efectiva. | Rijksmuseum | Amsterdam. (Holanda).

La flota prefirió buscar un punto de desembarco más desprotegido, y el 27  de agosto la villa de Rota caía en manos angloholandesas, mientras que los alarmados vecinos de El Puerto de Santa María huían hacia el interior. El 31 de agosto era tomado el portuense Fuerte de Santa Catalina, desembarcando parte de la flota en la ría del Guadalete el 2 de septiembre. 

| Maqueta del Fuerte de Santa Catalina.

| Fuerte de Santa Catalina | Video producciones Vistaereo

| Plano de la instalación militar que fue derrotada. | Archivo de Segovia.

Ante el peligro, la imagen de la Virgen de Los Milagros, Patrona de El Puerto, fue trasladada apresuradamente a Jerez, donde en un templo de la localidad vecina halló refugio. Otras imágenes sagradas de la ciudad no tuvieron tal suerte. Las tropas asaltaron dos templos, el monasterio de La Victoria y el del Espíritu Santo. 

La Virgen de la Soledad y el Cristo Yacente fueron vejados y acuchillados, mientras que todo el patrimonio de ambos lugares religiosos y de las hermandades de la Humildad y Paciencia y de la Soledad eran saqueados. El duque de Ormondt  ordenó la vigilancia de los demás monasterios e iglesias portuenses, Descalzos, San Francisco, San Agustín, Santo Domingo, San Juan de Dios y la Iglesia Mayor, para evitar que se siguieran cometiendo tropelías contra lo sacro, pero no ocurrió así con las propiedades particulares. 

| Acuarela del asalto angloholandés. | Frederik-Muller-&-Co. Rijksmuseum | Amsterdam (Holanda).

Según comenta, muy gráficamente, Juan Miguel Rubio de Espinosa en su historia de El Puerto, «ingleses y holandeses saquearon todas las casas, no quedó pozo que no agotasen, ni lugar inmundo que no reconociesen, ni tierra movediza que no cavasen buscando lo que podían haber dejado oculto». Las ricas casas portuenses fueron desvalijadas de todo cuanto podían tener de valor, desde metales preciosos y objetos de arte, hasta todos los víveres aprovechables. Lo ocurrido es uno de los episodios más desgraciados para la Ciudad. 

La marcha de los invasores, precisamente en la onomástica de la Merced, fue un «milagro» y trajo consigo un triste suspiro de alivio. Los roteños aún soportarían la molesta presencia dos días más. 

| La Basílica de la Merced (la torre fue derribada a mediados de los sesenta del siglo pasado), donde recibió cobijo en sagrado la imagen de la Virgen de los Milagros.

Desagravio hacia la Virgen de los Milagros 
Para los portuenses de la época, el regreso a la desolada población constituyó una nueva pesadilla. La Virgen de los Milagros fue traída desde Jerez en días posteriores y depositada en el arrasado monasterio de La Victoria. El 28 de octubre de 1702, los diputados de Fiestas del Cabildo, Pedro Francisco Baena y Juan de Sepúlveda, [hoy sería David Calleja el encargado de la cuestión] planificaron el acto de solemne traslado de la Patrona portuense desde el monasterio donde se encontraba hasta el altar mayor de la Prioral. 

El Ayuntamiento de Cádiz prestó las colgaduras, mazas y sillas para la sala capitular del monasterio [como ocurre actualmente con algún acto solemne cuando el Ayuntamiento pide prestadas colgaduras y otros elementos a la Diputación Provincial] con el fin de que pudiera efectuarse dignamente la función de desagravio, a la que fueron invitados públicamente todos los vecinos que se quisieran sumar. 

La cofradía del Santísimo fue la encargada de organizar la procesión al primer templo portuense. En tal jornada, asimismo, se tomó la decisión de establecer el voto de agradecimiento a la Virgen de la Merced, confirmada por el Cabildo el 27  de septiembre  de 1703. La traumática experiencia de la invasión supuso un vínculo de hermandad entre El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera, ciudad que dio refugio a muchos portuenses en tales circunstancias, y una conexión sentimental y devota hacia la Patrona de los jerezanos. | Texto: Francisco Andrés Gallardo  

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