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Como un mazazo. Es increíble que Esperanza haya muerto de esa manera. Aunque lo cierto es que yo nunca me hubiera imaginado que Esperanza pudiera morir, dentro de muchos años, de viejecita en una cama, llena de tubos. Nadie puede elegir su muerte, ni el modo, ni el momento. Pero Esperanza, es seguro, no podía tener una muerte vulgar. Porque Esperanza no era vulgar. Era única e irrepetible. “España”, le decían (Una, porque no podía haber otra igual; Grande, por su envergadura y su trapío y Libre, porque pudo hacer siempre lo que le dio la gana). Esperanza fue el paradigma de la mujer simpática, alegre, excelente conversadora, amiga de muchos amigos y centro de atención donde estuviera por su arrolladora capacidad para contar cualquier cosa con gracia y donosura.
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