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4.317. Las casas del alguacil de Jerez, el motor de al-Qanatir | En el Libro del Repartimiento (2)

Fue la sede del poder político y el centro de la actividad económica y comercial de al-Qanatir, la población portuaria andalusí levantada en el siglo X en el solar que hoy ocupa el casco histórico de El Puerto de Santa María. Eran las casas antiguas grandes que fueron del alguacil de Xerez que menciona el Libro del Repartimiento (1268), donde se recoge las entregas a 296 repobladores cristianos de las casas y solares de la aldea conquistada por Alfonso X. Es la única fuente documental que constata la existencia del que fue el inmueble más importante de al-Qanatir. | En la imagen, El Puerto desde la Otra Banda (detalle) en 1898 | Foto: Colección Magdalena Rodríguez Lara 

El wazir Ibn Abi Jalid
El aludido alguacil (del árabe wazir) de Jerez era Abu ?Umar Ibn Abi Jalid, el Aben Abit de las crónicas castellanas, el último señor (sahib) de Saris y, por ende, de al-Qanatir, pues la Alcanate que llamaban los cristianos fue, ante todo, el puerto de embarque marítimo de Saris/Jerez, la capital de la provincia (cora) de Sidonia desde la segunda mitad del siglo X.  

| La cora de Sidonia sobre mapa de la provincia de Cádiz, basado en plano de José María Gutiérrez López y Virgilio Martínez Enamorado, 2015.

Era Ibn Abi Jalid el protagonista con Alfonso X de una de las más destacadas cantigas del Cancionero de Santa María del Puerto (la 328), en la que se cuenta --de forma un tanto enrevesada-- cómo fue que al-Qanatir mudó su nombre por el de Santa María del Puerto cuando el rey, acampando con su hueste a las afueras de Alcanate, preparaba en el verano de 1260 la expedición que pretendió conquistar la plaza norteafricana de Salé. Cantiga de la que extraemos este fragmento:

Acampando en aquel lugar y estando preparando aquella su flota, yendo muchas veces a Cádiz, y tornando de ella, abasteciéndola de cuanto le era necesario para que aquel cometido se realizase lo más pronto, no se dio cuenta de cosa alguna; hasta que el alguacil de Jerez, un sesudo moro muy rico, vino a él muy airado, y le dijo: 

“Señor, ¿cómo es posible que cualquier hombre pueda cambiarle el nombre a Alcanate, donde acampáis, y nombrarlo por otro, por el que andan disgustados los moros, ya que lo llaman Santa María del Puerto, de lo que se nos sigue un gran agravio y a Vos os causan gran daño? Tal hecho como éste debe ser castigado”  

| Alfonso X departiendo en palacio con autoridades andalusíes; de la cantiga de Santa María nº169. Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial.

Este encuentro en al-Qanatir de Alfonso X con el señor de Jerez Ibn Abi Jalid marcó el fin de la población andalusí. Se rompieron entonces los antiguos acuerdos por los que los musulmanes podían mantener cierta independencia a cambio del pago de tributos a las autoridades castellanas. Ante el imparable empuje de la conquista, el jerezano se vio obligado a capitular y entregar la plaza, hecho que ocurrió a comienzos de noviembre de 1260, recién llegada a la bahía la flota tras su fallido intento de conquistar Salé, cuando cien jinetes cristianos expulsaron de al-Qanatir a sus habitantes. 

Al año siguiente, en octubre de 1261, las tropas alfonsíes, con el fin de asegurar el control de la bahía de Cádiz y el valle del Guadalete, tomaron el Alcázar de Jerez, que conllevó la partida al exilio --a Marraquech-- de Ibn Abi Jalid, el sesudo moro muy rico que desde comienzos de la década de 1230 fue el último señor de Saris.  

| Detalle del recinto amurallado de Jerez. A la derecha, el Alcázar que habitó el wazir Ibn Abi Jalid. A la izquierda, el camino de El Puerto. Grabado de J. Hoefnagel, hacia 1563-67. Civitatis Orbis Terrarum.

La aduana de al-Qanatir
Lógicamente, las casas del alguacil no fueron las de su residencia en sus visitas y estancias en al-Qanatir --aunque algunas dependencias estuvieran preparadas para recibir a la autoridad jerezana--, sino el centro del poder y la economía de Saris en la estratégica desembocadura del Guadalete. Debió ser un amplio inmueble que acogería las oficinas administrativas y fiscales precisas para la organización y el buen desarrollo de la aldea, y sobre todo, la sede del almojarifazgo o aduana para el control de las mercancías introducidas en la población, destinadas al consumo interno de la comarca y a la exportación, principalmente las cosechas (aceite, vino, trigo…) de la fértil campiña que media entre las desembocaduras del Guadalquivir y el Guadalete; tal como fue en tiempos romanos con el vínculo de Gades con su puerto comercial del Puerto Gaditano. 

| Recinto murado almohade de al-Qanatir y ubicación de las casas del alguacil. A la derecha, el lugar de la maqbara, el cementerio de la población.

Las casas del alguacil se situaban a orilla del Guadalete, junto al muelle comercial de la población. Daban cara al lienzo del recinto murado de la ribera que transcurría en linde a la calle Jesús de los Milagros, a la mezquita (la que tras la conquista se convirtió, por expreso deseo de Alfonso X, en la iglesia fortificada de Santa María del Puerto, hoy Castillo de San Marcos), y a la que fue la principal vía urbana de al-Qanatir, cuyo trazado ha perdurado hasta nuestros días en la calle Misericordia, en cuya boca, frente a la plaza de la Herrería, se encontraba la puerta de la población frontera al camino de Saris/Jerez. (Junto a este acceso se levantaría el palacio del rey que llama el Libro del reparto, el que fue la residencia de Alfonso X durante sus estancias en la villa, de la que escribiremos en otra ocasión.) 

| Representación, basada en el Libro del Repartimiento (1268), del entorno de las casas del Alguacil.

En San Agustín
El inmueble andalusí, de notables dimensiones, se emplazaba en el solar que desde 1573 ocuparía la iglesia y el convento de San Agustín (hoy Edificio San Agustín), donde hasta entonces existió, desde año incierto del siglo XV, el hospital y capilla de Nuestra Señora de la Encarnación, ocupando buena parte de la manzana que media entre las calles Jesús de los Milagros, Alquiladores, Misericordia y Palacio.  

| En un plano de 1740, ubicación del solar que ocuparon la iglesia y convento de San Agustín y las casas del alguacil de Saris.

Hasta la repoblación de la villa en 1268, todo el espacio en derredor de las casas del alguacil estaba exento de edificaciones, salvo un corral que menciona el Libro del Repartimiento, que se encontraba entre las casas del alguacil y la plaza del Castillo (en el dibujo adjunto), “delante la torre de Santa María, delante la casa de don Miculás, el corral que está sobre sí”, dice la partida que lo nombra. Probablemente se estableció en 1260 para el suministro de ganado menor a la numerosa expedición militar --embarcada en 37 naves-- que zarpó a Salé, pero también pudo estar hábil durante el tiempo que los obreros del maestro Alí trabajaron en la obra de la iglesia de Santa María, concluida poco antes del reparto. 

Se desconoce hasta cuándo permanecieron en pie las casas del wazir. A fines del siglo XV, según consta en documentos de 1484, aún lo estaban, conocidas entonces como “las casas del moro”. Sospechamos que el hospital de la Encarnación aprovecharía algunas estancias de tan sólido edificio, y acaso no fue hasta que se construyó el convento agustiniano cuando se derribó el viejo inmueble andalusí.  

| Puerta tapiada de acceso al convento por la calle del Palacio. Arriba, hornacina que probablemente contenía una escultura de San Agustín.

La calle Alquiladores, lindera en un tramo al solar de la iglesia y convento, se trazó durante la repoblación de la villa, en 1268. Tras el reparto, su entorno, dividido en solares, se pobló en sus dos tramos tal como ha llegado a nuestros días, de Misericordia a Larga y a Jesús de los Milagros. Frente a las casas del alguacil recibió un solar el escribano Juan Pérez, el autor material del Libro del Repartimiento, quien dio fe de las entregas de las casas y solares a los repobladores. El trecho de la calle inmediato al recinto murado se cerró en 1646, cuando comenzó a construirse (con orientación sur-norte) la nueva iglesia del convento de San Agustín. La calle se reabrió en 1906, cuando se derribó la iglesia.  

| Altar y retablo de la iglesia de San Agustín, poco antes de su derribo.

El alcalde del rey don Rodrigo Esteban
En 1268 las casas antiguas grandes que fueron del alguacil de Xerez se entregaron al alcalde del rey y de Sevilla don Rodrigo Esteban, quien fue, por mandato de Alfonso X, la autoridad encargada de organizar el repartimiento de Santa María del Puerto. 

Contó el rey con un hombre de confianza y, por tradición familiar toledana, entendido y experimentado en gobernar y administrar un municipio como alcalde mayor de Sevilla, que lo era, por designación de Fernando III, desde 1250 y lo fue hasta 1283, cuando murió en Córdoba durante la guerra civil que enfrentó a los partidarios de Alfonso X --a quien don Rodrigo fue siempre fiel-- y su hijo Sancho IV. También tenía Esteban alguna experiencia en cuestión de repartos pues en 1255 fue designado por el rey para formar parte de la comisión de partidores que amplió el repartimiento de Sevilla.

| Faluchos abarloados en el muelle de la Pescadería en 1925, tal como fue en el siglo XIII.

La entrega a don Rodrigo de las casas del alguacil fue un gesto simbólico que venía a decir que definitivamente los tiempos habían cambiado y que el poder cristiano se hacía presente en el corazón de al-Qanatir, en el inmueble que había acogido las dependencias (aduaneras, fiscales, de almacenaje) de la administración almohade que en sus últimos años gobernó Ibn Abi Jalid. Y también fue el espacio desde donde el alcalde real y de Sevilla gestionaría, marcando las pautas dictadas por Alfonso X, la repoblación de la nueva villa.

Dado que no recibió ninguna otra casa ni tierra alguna en el alfoz portuense, su estancia en Santa María del Puerto debió ser coyuntural y exclusivamente sujeta, como representante del rey, a fijar y controlar su organización y repoblación. Sí tenía casas en Jerez, en la collación de San Mateo.

Las casas del alguacil en la campiña
Menciona el Libro del Repartimiento otras casas grandes que fueron del alguacil de Xerez, emplazadas en plena campiña portuense, en la fortificada alquería andalusí de Campix, hoy tierras de Campín. Esta infraestructura rural hay que entenderla como el núcleo administrativo y de control de un importante centro agrícola dependiente y administrado por Saris/Jerez, desde donde se canalizaría la producción agropecuaria de sus tierras y de las alquerías limítrofes hasta las casas del alguacil de al-Qanatir, y también, por la hijuela de Regla y la carrera que va a Xerez -que dice el Libro-, a Saris.

| Localización de Campix y las alquerías de su entorno en el término portuense.

Las casas del alguacil de Campix al menos contenían siete palacios, que en enero de 1268 se entregaron a cuatro de los más destacados repobladores: Al caballero Pedro González “los palacios luengo a luengo” que lindaban con “los palacios con la torre” del alcalde de Cádiz Pedro Alfonso, éstos situados junto a las casas del alguacil. A Martín Pérez “el palacio luengo de la pared de don Giral, en linde de Pedro González”. A Domingo de Oriño “los palacios que están en espaldas de la veintena de don Pedro Alfonso, de la parte de Poblanina”. Y al canónigo y vicario Pascual Martínez “los dos palacios que están cerca la puerta, como entra a mano derecha”; puerta que indica la presencia en la alquería de un recinto murado defensivo. “Estos todos palacios --concluye el Libro del Repartimiento-- son en las casas grandes que fueron del alguacil de Xerez.” El sesudo moro que también gobernó al-Qanatir en sus últimos años. Sic transit gloria mundi. | Texto: Enrique Pérez Fernández y Juan José López Amador. 


Serie 'En el libro del Repartimiento
4.267. Juan de Mar, las huellas de una calle de al-Qanatir | En el libro del Repartimiento (1)
4.317. Las casas del alguacil de Jerez, el motor de al-Qanatir | En el Libro del Repartimiento (2)

 

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