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4.385. El Cuarto de los Toreros, en el Palacio Oneto

Durante el tiempo que la familia del que fuera alcalde de la Ciudad, Miguel Castro Merello, habitaron el Palacio Oneto, desfilaron numerosos personajes por la casa de la calle Larga. Los mejores saeteros profesionales  cantaron desde su balcón a los pasos de la hermandad de la Misericordia; toreros míticos  en la historia de la tauromaquia como han sido Antonio Ordóñez, Luis Miguel Dominguín, Paco Camino y El Cordobés estuvieron alojados como huéspedes de Castro en un apartamento del bajo, con entrada por el zaguán, al que llamaban “el cuarto de los toreros” entre los años 1957 y 1963. | Fachada del Palacio Oneto, hospedería circunstancial de toreros.

En aquellos años citados, no existían hoteles de nivel en la Ciudad, justificando en cierto modo esta iniciativa, debida a una petición de Alfonso Domecq, amigo personal de Antonio Ordoñez y de Miguel Castro. Posteriormente, el cuñado de Ordoñez, Dominguín fue el que más ocasiones visitó la casa, siendo invitado también Paco Camino y, finalmente, una sola vez, Manuel Benítez, “El Cordobés”.

| Ordóñez, Dominguín, Camino y El Cordobés.

Estos aposentos tenían una puerta de roble de doble hoja, claveteada, cuyos clavos dorados eran lustrados con pericia por Jesús Acal, el mozo de comedor de la familia cada vez que un torero anunciaba su visita, invitado a vestirse el día de su participación en una corrida en la plaza portuense.

Nada más entrar había un espacioso salón-recibidor  donde permanecía toda la cohorte que acompañan a los diestros hasta el momento de salir para la plaza y desde donde podían visionar el ritual de la vestimenta que se realizaba en el dormitorio, separado de esta pieza por un pequeño arco, estancia que completaban un cuarto de baño y un cuarto-armario o vestidor, y en la que había dos camas de caoba, estilo isabelino, para que pudiesen relajarse o descansar y dos pequeños sillones chippendale y una mesita del mismo estilo, que eran donde el mozo de espada colocaba el traje de luces y demás aperos (medias, zapatillas, corbatín, ligueros, montera, taleguillas, etc.) hasta el momento de ser usados. Generalmente el diestro invitado y algunos de sus acompañantes almorzaban con la familia y, en algunas ocasiones, pernoctaba igualmente.

| Patio del Palacio de Oneto.

Podríamos narrar muchas y variadas anécdotas referidas a estas estancias de tan populares personajes que causaban la lógica expectación y el consiguiente bullicio en la puerta de la casa,  pero como botón de muestra solo referiremos una, protagonizada por Antonio Ordoñez.

| Galería planta principal del Palacio Oneto.

Extrañó que un par de días de los que toreaba en El Puerto no hubiese anunciado su llegada y no se vistiese allí. Miguel Castro, preocupado por si le hubiesen cometido involuntariamente alguna acción que le hubiese molestado, preguntó por la causa de su ausencia al amigo común: Alfonso Domecq y éste le aclaró la causa. La última vez que se vistió tuvo una mala tarde, de esas en la que se alcanzaba lo contrario de la gloria. Unos días antes, Margarita Hernández, la esposa de Miguel, para dejar más presentable el apartamento, había mandado empapelarlo con una preciosa tela de color oro. El diestro atribuyó su mala suerte aquella tarde al detestado amarillo por algunos  supersticiosos artistas, como era su caso. Lógicamente, se volvió a empapelar el dormitorio y Ordoñez volvió a vestirse nuevamente en él, e incluso, se vistió también posteriormente en el chalet que la familia poseía en Mochicle, actual urbanización Las Redes.

La visita de El Cordobés por primera y última vez y la caterva de acompañantes, entre los que figuraban escandalosas y fanáticas fans, agotó la paciencia de la señora de la casa, que puso fin a una tradición que había durado algo más de un lustro.

| La última foto, reconocida oficiosamente como tal, está tomada a la salida del coso portuense, después de asistir a la corrida de El Cordobés, el 1 de abril de 1962.

Es posible que ese día, en el que Juan Belmonte entró a saludar al diestro y le hicieron algunas fotos en los exteriores de la Plaza de Toros portuense, fuesen de las últimas en vida, pues al siguiente día, ‘el Pasmo de Triana’ a una semana de cumplir 70 años, se suicidó. | Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz. | A.C. Puertoguía.

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