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Mediado el siglo XIX, reinaba en España Isabel II. La sociedad portuense se había decantado clara y mayoritariamente por su causa, que fue la vencedora en la fratricida guerra para suceder a su padre, Fernando VII. Hay un refrán español que dice: “El que quiere a la col, quiere las hojas de alrededor. Y si la deja, tendrá una flor.”  Eso debieron pensar las autoridades locales de entonces, que florecería el municipio si invitaban a las hojas de la col, en este caso a la hermana de la Reina, la joven Infanta Luisa Fernanda y su esposo Antonio de Orleans, el duque de Montpensier (ambos en la imagen superior) que estaban residiendo en Sevilla, en los Reales Alcázares, y adquirirían después el Palacio de San Telmo, actual sede de la presidencia de la Junta de Andalucía, donde se instalarían definitivamente. 

Pensaron solo en las ‘ganancias’ que les podían reportar tan ilustres huéspedes, sin reparar en los inconvenientes y gastos que toda esta movida les iba a suponer y que voy a intentar desgranar con el mayor detalle, pues ese es el objeto de esta nótula, mostrar lo incómodo que debió resultar a muchas familias que debieron ceder sus casas, camas, muebles, etc., sin contar los malos ratos y sinsabores que pasaron los comisionados que tuvieron que enfrentarse a particulares para pedirles desde adornos y muebles con los que embellecer y decorar los salones y dormitorios de algunas de las casas y el uso de ellas, con todos su enseres, hasta hacer una vaquita, aflojando sus propios bolsillo en colectas puntuales con los demás ediles y algunas familias pudientes  para recaudar fondos con los que hacer frente a los gastos que iban surgiendo en la visita.

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