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4.416. Las catacumbas de la Prioral

En la Iglesia Mayor Prioral, hoy Basílica Menor, conocida en tiempos como ‘la perla de la Arhidiócesis de Sevilla’ a la que perteneció, existe una cripta que fue construida con la primitiva iglesia, extramuros del Gran Puerto de Santa María en el lugar conocido como ‘Pozo Santo’, que alberga unas catacumbas. Esos enterramientos en sagrado estuvieron funcionando hasta que, por razones de higiene y tras los episodios de peste, los fieles fueron inhumados, primero en el patio existente junto al templo (donde están enterradas las 111 víctimas del hundimiento, cuando la inauguración del puente colgante sobre el Guadalete, en 1778, así como José Cándido, el primero torero de alternativa muerto por asta de toro en 1771) y con posterioridad en 1806 tras la epidemia de fiebre amarilla, al Cementerio Campal, que sigue prestando servicio, en la actualidad.

Durante una de la apertura de las catacumbas, expuestas al público en febrero de 1978, se pudo conocer la distribución y el estado de conservación de las catacumbas longitudinales de la Prioral. Lamentablemente, estas visitas no se prodigan con más frecuencia, dado el alto grado de incivismo de algunos maleducados que dejaron su marca, señal o incisión, durante el recorrido.

Las catacumbas que se visitaron estaban dispuestas en un pasillo de unos 12 metros, con otro pasillo perpendicular al principal, y muros tapiados y sellados  en ambos extremos, así como en en las escaleras de acceso al Coro.

En las paredes las galerías subterráneas se podían observar los nichos, dispuestos a distintos niveles, sellados con ladrillos de barro, que fueron violentados --posiblemente tras la invasión napoleónica a principios del s. XIX-- , se observaron hasta tres cuerpos en algunos de los citados nichos. 

En la parte superior de estas paredes también se encontraron vasijas de barro y recipientes que quizás sirvieron para quemar incienso o acaso portar la cal que luego vertían sobre los cuerpos para evitar la propagación de enfermedades.

En la visita de febrero de 1978, recuerdan quienes la hicieron, el sistema de mortaja: todos los restos estaban vestidos con mortajas ‘de saco’, cubiertos de cal, como ya hemos dicho para acelerar la descomposición y evitar acaso contagios como la peste, que padeció la ciudad en varias ocasiones y otras epidemias.

En los archivos eclesiales los historiadores podrán estudiar en profundidad y desvelar una parte de la historia de El Puerto de Santa María que permanece --‘viva’ y sostenida por la muerte-- bajo el subsuelo del primer templo local.

| Del siglo XV son muchas laudas sepulcrales que se conservaban aún en 1763 descritas por el investigador Anselmo Ruiz de Cortázar. | Foto: E.R.P

En los comienzos del s. XVI se construyen las capillas del primer templo local. Junto a la capilla del Nazareno está el zaguán de la conocida como Puerta del Campo, que comunica la Iglesia con el antiguo cementerio, en cuyas tapias se colocaron y aún existe, un Vía Crucis de cerámica pintada y vidriada. Se llamaba puerta del campo porque a través de un postigo de las tapias del cementerio, que quizás diera nombre a la calle del Postigo, se accedía al campo, al no haber entonces mas construcciones en esa zona del Gran Puerto de Santa María.

Tras la obligación legal que data de 1787 de trasladar los enterramientos de iglesia, conventos, hospitales, casas de niños expósitos, ...  a cementerios en el campo, en El Puerto se exigió su cumplimiento en 1800 tras la epidemia de fiebre amarilla que padeció la Ciudad, trasladándose al Cementerio Campal en 1806.

| Solar que ocuparía el Cementerio Campal, que se inauguraría en 1806

Según relata la historiadora Luisa-Victoria Pérez, “La ‘convivencia’ entre vivos y muertos se mantuvo durante siglos, provocando una serie de problemas que se iban agravando con el tiempo, [...] la fetidez y el peligro de propagar enfermedades al respirar el aire infectado que producían los cuerpos en descomposición. [...] Se relata la imposibilidad de permanecer en los interiores de las iglesias debido a los malos olores y al hedor. Las actas capitulares de El Puerto recogen en 1764 y 1766 quejas sobre el mal estado en que se encontraba la solería y pavimento que cubrían los cadáveres de la Prioral”. El 27 de agosto de 1800 se enterró a la última persona en la Iglesia Mayor Prioral y provisionalmente lo serían en el cementerio provisional en el ejido de San Sebastián, y al de la ermita de Santa Clara, y en el ejido de San Juan junto al Hospital de San Juan de Letrán, que pertenecía a la Armada. 

Cinco años mas tarde el 30 de septiembre de 1806 se registra el primer enterramiento en el actual Cementerio Campal, cuya jurisdicción y administración, pasará de manos de la iglesia --no sin cierta resistencia por parte de ésta-- al Ayuntamiento, bajo el mandato del alcalde Rafael Laffite quien, con un cerrajero cambió las llaves del recinto a la fuerza, ante la negativa de la Iglesia a entregar éstas.

| Capilla De San Pedro, con la cripta de la Hermandad de Venerables Sacerdotes abierta.

Por otro lado, en el subsuelo de la capilla de San Pedro, junto a la Sacristía Mayor, existe una cripta con escalera donde, desde el siglo XVII, se da sepultura a los miembros de la Hermandad de Venerables Sacerdotes, con sede en esta Iglesia. Los últimos restos mortales que se depositaron (foto superior) fueron los del recordado párroco de San Joaquín, José María Rivas Rodríguez, cura muy querido y añorado en la actualidad por quienes le conocieron.

 

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