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Rosa Camacho Gordillo. Una mujer incansable. A su buena memoria #5.368

| Texto: José Antonio López Esteras.

Es sobradamente conocido que al lado de un empresario está siempre una mujer, que a la vez de ser empresaria, es también esposa y ama de casa. Este ha sido el caso de Rosa Camacho Gordillo, que nacida en El Puerto de Santa María el 28 de mayo de 1944, destacó ya desde sus primeros años por su incansable actividad en su hogar familiar. Una vez acabados sus estudios, se incorporó al trabajo en la recepción del Hotel Caballo Blanco, en aquellos tiempos, el hotel más importante en El Puerto de Santa María.

En 1969 contrajo matrimonio con quien esto escribe, José A. López Esteras, y a partir de entonces comenzó a compartir junto a él, además de su vida familiar al cuidado de sus cuatro hijos, las tareas empresariales en su condición de vicepresidenta del proyecto que acabó consolidándose en Grupo Jale-Monasterio.

Quienes la conocieron la definen como una mujer incansable, tanto en sus labores familiares como esposa, madre de cuatro hijos y abuela de ocho nietos, así como en sus gestiones empresariales. Sus detalles personales han generado una impronta especialísima que ha estado presente en todos los establecimientos de la cadena hotelera.

Las atenciones sociales se extendieron a numerosas asociaciones y órdenes religiosas con las que tanto colaboró y encontraron en ella una aliada inquebrantable a la hora de desarrollar sus actividades.

A la Fundación Ayuda al Desarrollo Social de Hispanoamérica, de la que era vicepresidenta, le dedicó múltiples horas de trabajo e ilusión – incluso cuando la enfermedad pesaba tan gravemente sobre ella–, contribuyendo a que la Fundación estuviera implantada en ocho países hispanoamericanos, motivo por el cual fue galardonada con el V Premio al Voluntariado Andaluz por la Junta de Andalucía.

La constante acción cultural llevada a cabo en nuestros hoteles durante dieciséis años la hizo estar presente y ser anfitriona de varios centenares de personalidades relevantes, quienes se llevaron una profunda huella de sus cualidades humanas y empresariales.

Los últimos siete años de su vida, en los que sobrellevó la grave enfermedad de cáncer de mama con su vida familiar y empresarial, fue todo un modelo de coraje, pues con su fe cristiana y una férrea tenacidad sin límites, convirtió el año de vida que le pronosticaron en siete maravillosos años en los que se prodigó, aún mas si cabe, en darnos mas cariño y amor a todos los que la rodeamos.

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