Saltar al contenido

Rafael Gómez Ojeda. Los huérfanos pobres de la Guerra Civil #6.579

El niño de 30 meses que un día fue alcalde democrático de El Puerto

| Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz

Este mes hará dos años que nos dejó un portuense de pro. Pronto hará dos décadas de mi primer libro. Lo finalicé con el comentario que que ahora vuelvo a compartir, a la buena memoria de Rafael Gómez Ojeda.

Cuando me jubilé oficialmente, al cumplir los 60 años, me lancé a una aventura que aún mantengo, la de autoeditar libros sobre temas locales con Puertoguía la asociación cultural que fundé con ese objetivo. Hoy voy a reproducir en esta sección los últimos párrafos del primero que publiqué, Tradiciones religiosas de El Puerto de Santa María.

“La guerra civil infló las estadísticas locales de huérfanos pobres. Se pasó de tres docenas de niñas acogidas en 1936 en el Asilo de Huérfanas, entidad que se mantenía gracias a la subvención oficial de la Diputación Provincial, la particular de la familia Osborne y otras limosnas y donaciones, a medio centenar más a comienzos de 1937 y a 110, definitivamente, al finalizar la contienda.

La Guerra Civil dejó 110 huérfanos pobres en El Puerto”

En los documentos reproducidos en un trabajo que firmaron Marita Merino y Pilar Peruyera, miembros del Foro para la Recuperación de la Memoria Histórica de El Puerto de Santa María, sobre los niños huérfanos de la Guerra Civil, publicado en Revista de Historia de El Puerto (nº 36, páginas 99 a 118) hemos podido contrastar como la situación económica del 65% de las familias de estos huérfanos de ambos bandos se calificaba de “precaria”, o lo que es lo mismo, sin recursos; sin nada que llevarse a la boca. Les faltaba el cabeza de familia, generador de los escasos ingresos que obtenían por aquellos años los trabajadores. No llegaban al 10% las citadas como “regular”, es decir, con posibilidad de salir adelante por ellos mismos con cierta penuria, estando calificadas las condiciones del resto –un 25%- como “difíciles”, un escalón por debajo de la anterior situación, pasando de la penuria a la miseria.

El fracaso del plan municipal para acoger a los huérfanos de guerra”

Buscando una solución al problema, el alcalde en funciones en esos primeros meses tras el Alzamiento, Ángel Guinea, promovió una Junta Benéfica Municipal formada por el cura párroco don Antonio Ochoa, el médico titular del ayuntamiento, Antonio García Sánchez y un maestro nacional, Remigio Peñalver, cuyos fines principales eran dos: elaborar un censo de huérfanos y, una vez realizado, recurrir a familias ‘pudientes’ dispuestas a prohijar a estos niños para “que hagan de ellos hombres creyentes y amantes de su Patria”, pretensión condenada al fracaso ya que las familias con posibles, en su gran mayoría, eran familias muy numerosas, con proles que hoy nos escandalizarían y, sobre todo, la procedencia de estos niños, mayoritariamente hijos de represaliados del nuevo Régimen, les confería un evidente estigmatismo.

De hecho, según se cita en el mencionado artículo, solamente consta un único caso de adopción, o, mejor dicho, de propuesta de adopción, presentándose un tal Francisco Aragón Ojeda, dispuesto a hacerse cargo de una niña de menos de cuatro años.

Esta junta benéfica municipal evolucionó hasta convertirse en la Junta Local para la Protección de Niños Huérfanos que pretendió, creemos que, sin éxito, crear un orfanato en régimen de internado para estos niños, similar al existente en el Asilo, aprovechando la que fuera sede del Hospital de Mujeres de San Sebastián.

Niños de represaliados: crecer bajo el peso del estigma”

Finalmente, con la colaboración del propio Asilo de Huérfanas, los Comedores de Asistencia Social, las dos ramas de la Conferencia de San Vicente de Paul y, fundamentalmente, con el cariño y el sacrificio sin límite de sus madres, estos niños fueron criados, integrándose en la sociedad.

He tenido la fortuna de conocer y admirar a algunos de estos huérfanos de la guerra, fieles al ideario paterno. Tan solo citaré, a modo de ejemplo, a uno de ellos, el hijo de Antonia Ojeda Pizarro, viuda de Ceferino Gómez Cordero: Rafael Gómez Ojeda. Cuando fue incluido en el listado de la junta, tenía 30 meses, dos años y medio. Varias décadas después portaría el bastón que le acreditaba como la primera autoridad local y segundo alcalde Constitucional de la Democracia en El Puerto de Santa María. Siendo miembro destacado del Partido Comunista local, transformado posteriormente en Izquierda Unida, encabezó las listas electorales municipales por dicho partido, resultando elegido por el sufragio de sus vecinos”.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

- Al enviar este comentario estoy aceptando la totalidad de las codiciones de la POLITICA DE PRIVACIDAD Y AVISO LEGAL.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies