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Urbaluz, cuando El Puerto se vistió la americana #6.652

| Texto: José María Morillo

Hay rincones de El Puerto que llevan por dentro una historia que ya casi nadie cuenta, y Urbaluz es uno de ellos. Quien pasea hoy por la carretera del Juncal, poco antes del Casino Bahía de Cádiz, --o por la antigua Nacional IV-- difícilmente imagina que aquellas casas, hoy urbanización privada, nacieron con un propósito muy concreto y muy de su tiempo: alojar a militares norteamericanos. Su promotor fue Fernando Portillo Sharfhausen, consignatario de buques y promotor además de El Manantial, también fue presidente de la Diputación de Cádiz, diputado de UCD y en sus tiempos de presidente de la Caja de Ahorros de Cádiz, fundó la obra social y cultural de dicha entidad financiera, hoy integrada en Unicaja.

Corría el año 1968. La Base de Rota ya era una realidad consolidada en el mapa de la Bahía, y con ella llegó un problema práctico que hubo que resolver a golpe de ladrillo: Rota no tenía casas suficientes para acoger a tantos militares americanos ni a sus familias. Tampoco, todo hay que decirlo, tenía Rota suficiente mano de obra cualificada para los puestos que aquella instalación demandaba. Y así, técnicos, administrativos y trabajadores con título bajo el brazo llegaron desde El Puerto, desde Jerez y de otros pueblos de alrededor a quedarse con los mejores empleos que ofrecía la Base.

Fue entonces cuando la constructora Goicoechea levantó Urbaluz: 250 viviendas pensadas para alquilar a las familias militares estadounidenses. El proyecto llevaba firma de altura y de mundo: el arquitecto era cubano, Raúl Piñón Fernández (quien más adelante construiría edificaciones en una zona turística en expansión: la Manga del Mar Menor), y el ingeniero de caminos, vizcaíno,  Esteban Macazaga, que fundaría la empresa Construcciones E. Macazaga, con sede en Bilbao. Durante los años de la posguerra española, la firma del vasco destacó por realizar los primeros ensayos y desarrollos de viviendas prefabricadas en Bilbao (en bloques rectangulares experimentales) para mitigar la escasez de vivienda obrera. En Urbaluz se usaría el fibrocemento.

Cubano y vasco poniéndose de acuerdo en un solar portuense para levantar un pedacito de América junto al Juncal; cosas que solo pasan cuando el mundo entero pasa por un mismo pueblo.

Porque eso era El Puerto de Santa Maria en aquellos años: un lugar en desarrollo que empezaba a ser el corazón de la Bahía de Cádiz, con mandos americanos instalados en casas grandes y señoriales que salpicaban la propia Urbaluz, El Manantial, Vista Hermosa y Fuenterrabía (por entonces Fuentebravía), cuando ninguno de aquellos parajes era todavía lo que son hoy. Todo estaba entonces más desperdigado, más disperso.

Urbaluz sigue siendo, con el paso de las décadas, una urbanización privada. Aquellas viviendas que un día se alquilaron a familias venidas de tan lejos acabaron comprándose una a una, particular a particular, hasta perder del todo su condición de colonia militar y convertirse en un barrio más de los nuestros. Pero quien sepa mirar bien, quien pase despacio por delante de esas fachadas, todavía puede adivinar en su trazado aquel aire de urbanización pensada por y para otro mundo, el de los años en que una parte de El Puerto, sin proponérselo, se convirtió también un poco en un barrio de América.

2 comentarios en “Urbaluz, cuando El Puerto se vistió la americana #6.652

  1. Juan Carlos Neva Delgado

    LLEGARON LOS AMERICANOS.
    Algunos ya estábamos ahí. En la parte de abajo de la primera foto de la nótula de Gente del Puerto que comparto en este relato, donde aparecen unos grandes cipreses, está la que fue mi casa desde 1960. Con tan solo cuatro años y los dos hermanos nacidos hasta el momento que me continuaban, Santiago y Francisco Javier, Juan y Antonia, mis padres, abandonaron la vivienda donde nacimos en la calle Larga, arriba de la heladería Soler y frente al Banco Hispano Americano, hoy banco Santander, y nos fuimos a vivir al "campo", a la conocida calle del Mesón del Montañés, en la actualidad calle Generalife. Isidro, un "esaborío" santanderino con bigotes tipo Pedro Muñoz Seca y que además se creía que cantaba bien, tenía un ultramarinos en la esquina de la calle San Juan con Vicario y tuvo la idea de montar allí un mesón y una bolera de bolos montañeses al que llamó Mesón El Montañés y por añadidura también le dio nombre a esa calle. Aquel pequeño y solitario grupo de casas alejadas de la ciudad a los pies de la Sierra de San Cristóbal, antes de pasarse a llamar Urbaluz y también ahora El Tomillar, era conocida como La Valenciana. Por supuesto aún no estaba construido el HYPER que después fue PRYCA y ahora Carrefour y los víveres llegaban de variopintas maneras: las fruta y hortalizas del huerto que Juan, mi padre, cuidaba con la sabiduría heredada del abuelo Manuel; los huevos de nuestras propias gallinas que Antonia, mi madre, mimaba con esmero, faenas a las que yo ya, con tan temprana edad, contribuía con mi esfuerzo; el pan lo traía diariamente Domingo, al que le tenía mucho cariño y que desgraciadamente falleció joven de un inesperado infarto, desde El Portal en un carro de madera tirado por una mula; la leche recién ordeñada, aún caliente, nos la llevaba todos los días a primera hora Carmen que trabajaba de casera en la finca de los Tejadas, leche que tras hervirla un par de veces por seguridad, con la nata mi madre hacía una mantequilla exquisita; el pescado era suministrado por un bueno y simpático borrachín que se ganaba la vida y las "media chica" de fino tabernero vendiendo la jarampa que a su vez le vendían a él los marineros de la lonja de la parte que les correspondían en pago en especie con el que los armadores alicantinos pagaban parte del sueldo de los pescadores; hasta los veranos estábamos todos esperando la potente voz de Manuel pregonando "al bombón helado...al rico bombón helado" y pensar que algunos creen que la venta a domicilio ha sido el gran invento comercial del siglo XXI.
    Fui testigo de la construcción de esas viviendas desde sus orígenes, los chalets para los oficiales y los pisos para los suboficiales. Cuando los albañiles daban de mano por la tarde aquello era un parque temático gratuito para nosotros. Jugábamos guerras imaginarias con las hormigoneras, los camiones y usábamos las zanjas de los cimientos como trincheras; los montones de arena y sacos de cemento eran elevaciones que conquistar e incluso nos iniciamos en la espeleología atravesando bajo tierra las grandes tuberías y alcantarillas por donde irían las futuras aguas residuales.
    La pandilla veraniega formada por las familias Neva Delgado, la mía; los Gallardo Poullet, a la que pertenece el artista portuense Juan Gallardo; los Mesas; los Moreno Zamorano, familia del que fue concejal de IP Eduardo Moreno; los Moreno Basallote; los García Cressi, cuyo padre creaba y ponía la publicidad en los cines Moderno, Victoria, Macario, etc. antes de que llegara MOVIRECORD; los García Rodríguez, quién no conoce al otorrino José Casimiro o los Borrajo, precursores de la empresa FYC, de pronto se convirtió en una pandilla internacional, por la incorporación de hijos de los militares americanos, donde no se como nos entendíamos, pero nos entendíamos. Relación que en cierta manera fue algo interesada por los nativos del lugar. Así conocimos el sonido del inglés, porque nunca llegamos a hablarlo más allá de las cuatro palabras de rigor; el yogur; los equipos de música escala HI-FI y los LP; el béisbol; el cricket e incluso de vez en cuando caía en nuestras manos algún ansiado ejemplar de la revista Play Boy o se producía algún efímero y juvenil romance veraniego con alguna joven americana que, dicho sea de paso y sin afán de ofender, siempre eran más ligeritas de cascos que las nacionales.
    En fin, eran otros tiempos y así y con otros entretenimientos también dignos de contar en otra ocasión, transcurrieron muchos años y veranos de mi infancia y juventud. Entonces no teníamos Facebook, ni móviles ni pantallas a las que mirar la mayor parte del tiempo.
    Gracias José María Morillo por publicar esta Nótula que me ha traído muchos recuerdos.

  2. Magdalena Rodríguez Lara

    Antes de existir Urbaluz desde el 62 se estaban alquilando chalets a americanos en Valdelagrana ejemplo Pedro Calvario q tenía 4 casas.

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