
| Viñeta y texto: Alberto Castrelo
Hace año y medio aparcó junto a la sierra un autobús de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Granada, y más de uno pensó que se habían pasado la salida de Jerez. Venían a ver las Canteras de San Cristóbal, esas que los portuenses tenemos detrás de casa, allí arriba, desde hace siglos, y que buena parte del pueblo no conoce en profundidad.
Desde aquel marzo de 2025 la cosa no ha parado. Y la cosa somos nosotros: los que vislumbramos otro futuro posible para un patrimonio que lo es a muchos niveles (histórico, arqueológico, cultural, etnográfico, natural e inmaterial). Algunos llevan sin parar desde mucho antes, concretamente cuarenta años en la brecha y, en muchos casos, desgraciadamente, predicando en el desierto.
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El pasado 1 de octubre tuve la suerte de presentar en Linares, gracias a BETILO y su apoyo, la ponencia «Canteras de la Sierra de San Cristóbal. Industria lítica olvidada», dentro del V Congreso Internacional de Patrimonio Industrial y de la Obra Pública que organiza la Fundación Patrimonio Industrial de Andalucía (FUPIA). Compartí cartel con ponentes que en sus casas son palabra mayor; la mía no lo es tanto en la propia, pero les aseguro que nuestras canteras, con solo proyectar unas fotos, despiertan más curiosidad de la que uno espera al subirse al atril.
Llevar las canteras a Linares, ante una treintena de especialistas de varios países, ha servido para que el nombre de El Puerto de Santa María y el de su sierra se escuchen en un foro internacional de patrimonio industrial, y para que la reclamación que llevo años haciendo desde casa tenga ahora testigos de fuera.
Y hacía falta, porque durante mucho tiempo las canteras han quedado fuera de la conversación pública y, sobre todo, de la política. En los últimos años, sin embargo, el interés por la sierra ha crecido entre vecinos e investigadores y, por fin, también en el Ayuntamiento, algo que celebro y agradezco a partes iguales. Los concejales de Cultura, Enrique Iglesias y Olga de Navas, de Turismo, ambos del gobierno municipal, así como representantes de la oposición ya han querido verlo con sus propios ojos en visitas anteriores de la asociación que preside Fran Hurtado.
La sierra está despertando mucho interés a propios y extraños y las visitas de este mes lo demuestran.
Este pasado fin de semana la sierra colgó el cartel de «abierto por interés» y le tocó el turno a Hispania Nostra, con BETILO, de nuevo, haciendo de enlace y de puente.
Diego Ruiz Mata guió la visita a Doña Blanca de manera magistral, según me cuentan; no es de extrañar, porque Doña Blanca no se entendería hoy como la entendemos sin Diego.
Yo me lo perdí por trabajo y llegué con la lengua fuera, aparcando donde Dios me dio a entender, justo a tiempo para mi parte en la cantera de La Mujer. Todo el que entra lo hace con los ojos muy abiertos, expectante; y todo el que sale lo hace con la boca abierta, sobrecogido, preguntándose: ¿cómo es posible que esto esté aquí y en este estado?
Y no fue la única puerta abierta. La asociación Amigos de la Sierra, con Fran Hurtado a la cabeza, sigue organizando visitas sin descanso. Precisamente, también este pasado domingo, gracias a ella y de la mano de Fran Giles Guzmán, ciento cincuenta personas recorrieron el yacimiento. Ciento cincuenta, un domingo cualquiera, sin barra de montaditos, sin propaganda institucional y sin regalar nada a los asistentes, salvo el conocimiento, el paseo y nuestra historia.
Granada, Linares, Sevilla y Madrid ya saben que en El Puerto hay un conjunto de canteras que no tiene nada que envidiar a lo que otros enseñan con folletos haciendo pasar por taquilla a los visitantes.
La adquisición de las canteras, o al menos la puesta en valor del conjunto que Diego lleva soñando cuatro décadas, podría ser para nuestra Ciudad un punto de inflexión para que los turistas vengan por algo más que la playa en agosto, el pescaíto o la despedida de soltero y la fiesta. Turismo de calidad y cultural se llama.
Ojalá los vientos que vienen sean alisios, de esos que empujan siempre en la misma dirección y con los que los barcos de antes cruzaban el océano, y haya por fin navegación posible para este patrimonio que llevamos demasiado tiempo dejando a la deriva entre zarzas, escombros y despropósitos.
