Saltar al contenido

Francisco Áspera Jiménez. El astronauta del rock que llegó demasiado pronto #6.621

Chiqui Fly Travel Nirvana: la leyenda viva más extraterrestre de la música local

| Texto: José María Morillo

Hubo un tiempo en El Puerto de Santa María en que la psicodelia no tenía nombre, el rock alternativo no aparecía en las listas de éxitos y los músicos que miraban hacia otros planetas eran considerados poco menos que excéntricos. En aquel territorio fronterizo entre la genialidad, la ingenuidad, la incomprensión y la heterodoxia habitó Francisco Áspera Jiménez, conocido por todos como Chiqui, alma y motor de aquel artefacto sonoro llamado Chiqui Fly Travel Nirvana.

Visto con los ojos de hoy, resulta difícil no preguntarse si este músico portuense fue víctima de una simple cuestión de calendario. Lo que a finales de los años setenta parecía una extravagancia casi incomprensible, encaja ahora con naturalidad en muchos de los lenguajes que utilizan grupos contemporáneos que mezclan rock espacial, psicodelia, performance y narrativa visual. Chiqui no es que  interpretara canciones, lo que hacía era construir universos.

677. CHIQUI FLY TRAVEL NIRVANA. El Rock adelantado de los setenta.

Quienes lo vieron sobre un escenario aún recuerdan aquellas apariciones casi teatrales. Una capa azul sembrada de estrellas, un mapa lunar, una varita señalando destinos imaginarios y una colección de composiciones instrumentales que parecían viajar más allá de las coordenadas habituales del rock local. Mientras otros grupos buscaban sonar a moda, él intentaba sonar al cosmos.

No era únicamente una cuestión estética. Según recuerdan quienes compartieron escenario y generación con él, Chiqui poseía algunos de los mejores instrumentos que podían adquirirse en la España de la época. Una guitarra Gibson Les Paul, amplificación Marshall y un arsenal de efectos que estaban fuera del alcance de la mayoría de los músicos aficionados. Aquella inversión respondía a una obsesión casi artesanal por el sonido. Su propuesta podía desconcertar, pero nunca sonó improvisada. Cuando nos lo cruzamos hace unos días, afirmaba que por una de sus antiguas guitarras le ofrecían un dineral.

| Chiqui, en el parque periurbano de Las Dunas, en una imagen durante la pandemia.

El propio Chiqui siempre defendió que había sido un incomprendido, actuaba también junto a su primo José Anrtonio Gutiérrez Áspera, 'el Lúgano'. Puede parecer una frase hecha, pero escuchando los testimonios de quienes lo han conocido, la afirmación merece al menos una reflexión. Sus composiciones giraban alrededor de planetas, estrellas, lunas y viajes imaginarios cuando la escena local seguía instalada en terrenos mucho más convencionales. En cierto modo, perseguía la misma ambición cósmica de bandas como Pink Floyd, aunque filtrada por una personalidad mucho más intuitiva, abstracta y doméstica.

1.793. JOSÉ ANTONIO GUTIÉRREZ ÁSPERA. ‘El Lúgano’ miembro de ‘Travel Nirvana Mr. Fly’.

Su vida terminó convirtiéndose en una prolongación de aquella puesta en escena que venía desde los tiempos de la calle Postigo. La famosa capa azul le acompañó incluso el día de su boda en la Iglesia Mayor Prioral con Margari Gallardo. En torno a él fue creciendo una familia cuyos nombres —Isaac Júpiter, Enoc Orión (ya fallecido) o Andrómeda— parecían sacados de una carta estelar más que de un Registro Civil. Todo encajaba dentro de una cosmovisión propia, ajena a las convenciones y construida con una coherencia que hoy resulta tan sorprendente como entrañable.

Hubo también episodios más complejos, marcados por excesos, desencuentros con la autoridad y decisiones personales discutibles. Pero incluso esos capítulos forman parte de una biografía imposible de separar de la intensidad con la que vivía la música. Para Chiqui, el escenario nunca terminaba cuando se apagaban los focos.

| Actuando en el Monkey Week 2012, en la desaparecida 'Sala Mondongo'

La historia musical de Chiqui Fly Travel Nirvana podría concluirse como la de una banda que nunca encontró el reconocimiento que perseguía. Sin embargo, quizá esa conclusión sea demasiado simple. Porque mientras otros grupos de aquella época apenas sobreviven en fotografías amarillentas, el recuerdo de Chiqui sigue apareciendo una y otra vez en las conversaciones de quienes frecuentaron el rock portuense de finales del siglo XX.

Tal vez el verdadero éxito de aquel proyecto no fuera llenar festivales ni vender discos. Tal vez consistiera en algo mucho más difícil: convertirse en leyenda local. Una de esas figuras que desafían cualquier clasificación y que décadas después continúan generando la misma pregunta entre quienes lo conocieron: ¿era un heterodoxo transgresor o simplemente había llegado antes que los demás? Quizá, como ocurre con algunos artistas, la respuesta correcta sea que era todas esas cosas a la vez.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

- Al enviar este comentario estoy aceptando la totalidad de las codiciones de la POLITICA DE PRIVACIDAD Y AVISO LEGAL.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies