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Carta protesta a Don Pedro Muñoz Seca #6.658

| Texto: Luis Sánchez-Moliní

Un hombre debe ser fiel a sus rutinas y ceremonias, por burdas que parezcan, y las vacaciones no son excusas para suspenderlas, más bien lo contrario, bien lo sabe usted, don Pedro. Así que, un año más, después de tomar café en el bar Vicente, me dirigí a presentarle mis respetos, que no se puede ir a El Puerto de Santa María sin visitar su monumento en la Plaza Peral. Es un gusto verle allí retratado en bronce por su amigo Ignacio Pinazo, con esos mostachos que parecen pitones de miuras y que, dicen, algún miserable se encargó de mutilarlos antes del tiro de gracia.

Pero no es día de amarguras, ni de reproches guerracivilistas. Eso se lo dejaremos a otros. Es un gusto verle allí, le decía, con esa sonrisa irónica, la corbata perfectamente anudada y su capa española que, incluso en días de levantera y sofoco como los actuales, le queda tan bien como a uno de los galanes de sus astracanadas. Siempre es feliz el reencuentro con usted, don Pedro, para recordar que nunca, ni en los peores momentos, uno debe perder el sentido del humor.

Usted mismo predicó con el ejemplo cuando, ante el pelotón de fusilamiento, como un Woody Allen avant la lettre, exclamó: “Podéis quitarme la hacienda, mi patria, mi fortuna e incluso la vida, pero hay algo que no podéis quitarme: ¡el miedo que tengo!”. Quizás sea leyenda, pero se non è vero, è ben trovato.

Buñuel dejó escrito que pensaba mucho en el terror que tuvo que sentir Lorca, al que le daba pavor la muerte y el sufrimiento físico, en aquel camión que conducía la Parca. Cuánto miserable ha habido siempre en España, don Pedro y, sin embargo, cuánto la amó usted... y cómo se pitorreó de ella y de sus melodramas. No hay verdadero cariño sin algo de cachondeo.

Sin embargo, la alegría de la visita, don Pedro, se ve enturbiada una vez más por el deplorable estado en el que le mantiene el Ayuntamiento. Aquello se pensó como un monumento-biblioteca, al estilo de los del Parque de María Luisa, pero hoy sus anaqueles están vacíos y destrozados, y se han perdido buena parte de los hermosos azulejos con los nombres de sus mejores comedias; solo algunas, porque usted, don Pedro, como un Lope novecentista, sufría de incontinencia creadora.

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