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Miguel Pérez de Yrigoyen. El Derecho, al servicio de las personas #6.724

Raíces andaluzas, vocación jurídica y corazón portuense

| Texto: José María Morillo

Miguel Carlos Pérez de Yrigoyen y de Yrigoyen (Granada, 1976), creció en Jaén y eligió El Puerto de Santa María para formar su familia y desarrollar su carrera profesional. Licenciado en Derecho, se especializó en urbanismo, derecho inmobiliario y defensa de los consumidores, tras trabajar en diferentes despachos y empresas, como Garrigues en Sevilla. La influencia paterna marcó su vocación y su decisión de emprender, la materna su forma de entender la estética de las bellas artes y la guasa gaditana, mientras su esposa y sus tres hijos constituyen su principal proyecto vital. Su experiencia en la gestión pública de vivienda reforzó su defensa de soluciones viables, del asesoramiento preventivo y de la participación ciudadana. Andalucista sin partido político y activo en el debate público, reivindica la igualdad territorial, unas administraciones eficaces y una libertad de expresión responsable. Profundamente arraigado en El Puerto, ya va para 20 años, entiende la abogacía como un servicio cercano a las personas, basado en la constancia, la confianza y el compromiso.

Miguel Carlos Pérez de Yrigoyen y de Yrigoyen, nació el 14 de enero de 1976 en Granada, en el Realejo. Es un ‘greñúo’, como se conoce a los naturales de aquel barrio.

1976. El año del nacimiento de Miguel

Manuel Martínez Alfonso era alcalde de El Puerto, que contaba con 63.756 habitantes. En verano se constituyó en nuestra Ciudad el reformista Grupo de Acción Regional, germen de la Unión Regionalista Andaluza. El Partido Demócrata Andaluz, también en El Puerto, homenajeó al profesor Carlos Ollero, pionero del reformismo. El 1 de abril, los reyes de España pasaron por El Puerto en su primer viaje oficial a la provincia.

| Recital de la Transición con Manuel Gerena y Carlos Cano, en el polideportivo de la Diputación de El Puerto. | Verano de 1976

El 21 de agosto, Carlos Cano y Manuel Gerena actuaron en el Polideportivo durante un festival del Partido Comunista. Se coreó «Amnistía y libertad», mientras en la librería Alberti se leía una pintada: «Comunistas de mierda».El transporte urbano atravesaba una crisis en la Ciudad.

Se estrenaba en los cines portuenses Cría cuervos, de Carlos Saura, clave en la filmografía española de los setenta. La disputa hispanomarroquí por las aguas territoriales de pesca, obligó a amarrar la flota portuense. Se proyectaba un complejo de prisiones (Puerto I y Puerto II), en nuestro término municipal que acogería también a los reclusos de la cárcel gaditana.

El exalcalde Fernando T. de Terry, el secretario municipal, Jaime Fernández Criado, y el jefe de la Policía Local, Manuel López, fueron juzgados por presuntos delitos de usurpación de atribuciones, coacciones, amenazas, prevaricación, detención ilegal y exacción ilegal de impuestos. Resultaron absueltos, pero el caso sacudió la actualidad informativa y mostró que algo estaba cambiando en España.

La familia en la que nace

Volviendo a nuestro protagonista, la historia familiar de Miguel refleja esa Andalucía que se encuentra y se mezcla. Su padre Miguel, nació en Martos (Jaén), la ciudad mundial del aceite, y estudió Derecho en Granada. Su madre, Carmen, gaditana, nacida y criada en el Mentidero, pertenece a la familia Yrigoyen, o Irigoyen, de Cádiz. Hija de un gaditano de Medina Sidonia y de una marteña, estudió Bellas Artes en Granada, de modo que Cádiz y Martos ya estaban unidos en la familia antes de que él naciera. Sus padres se conocieron en una feria de Martos.

| Miguel, en brazos de su padre, recién nacido.

Miguel nació después en Granada y, aunque la familia se marchó cuando era muy pequeño, siempre ha sostenido que aquella ciudad le marcó el carácter, un punto granadino que quienes lo conocen reconocen con una sonrisa. La familia se instaló en Jaén capital, donde transcurrieron su infancia, su adolescencia y toda su formación preuniversitaria.

Es el mayor de tres hermanos varones: Álvaro, el mediano, vive y trabaja en Jaén; Carlos, el pequeño, vive y trabaja en Madrid. Aunque se ven menos de lo que querrían, mantienen una magnífica relación, salpicada de un particular sentido del humor, muy parecido a la guasa gaditana.

| Miguel, junto a su madre, Carmen y hermanos Álvaro y Carlos.

La familia que creó

Con el tiempo formó su propia familia en la provincia de Cádiz, en gran medida por influencia de su esposa, Macarena, nacida en San Fernando, funcionaria de Educación, aunque ella prefiere definirse como maestra. Cuando se conocieron, él atravesaba un cambio vital y debía decidir entre continuar trabajando por cuenta ajena o establecerse por su cuenta. Decidieron fijar su hogar en El Puerto, donde ella ya trabajaba en el colegio público Cristóbal Colón, y se instalaron en enero de 2008. Se casaron en el municipio de la novia, en la iglesia de la Virgen del Rosario del Arsenal de La Carraca, en San Fernando, en atención a los vínculos de su familia política, una conocida familia militar cañaílla pero, eso sí, celebraron la boda entre el patio del Sagrado Corazón y el Museo de Carruajes de Bodegas Terry. La ciudad de El Puerto ya ejercía sobre ambos una poderosa atracción.

| Macarena y Miguel, recién casados, saliendo de la iglesia de la Virgen del Rosario del Arsenal de La Carraca, en San Fernando, ciudad de la novia.

Después llegaron sus tres hijos, dos niñas nacidas en 2009 y 2012 y un niño nacido en 2014, todos portuenses quienes vieron la luz en el Hospital Santa María del Puerto. Con ellos han construido su vida en la Ciudad. «Mi familia es mi proyecto más importante. La profesión exige mucho tiempo y mucha dedicación, y detrás de esa trayectoria también están ellos: comparten contigo las preocupaciones, entienden las ausencias y te ayudan a poner cada cosa en su sitio».

La formación académica y el Derecho

Cursó toda su etapa preuniversitaria en el colegio de los Maristas de Jaén, donde transcurrieron sus años de formación y crecimiento antes de llegar a la universidad. «El ideario marista ha dejado en mí un poso muy importante, no solo por su carácter cristiano y católico, sino también por los valores de san Marcelino Champagnat, fundador de la congregación y de los colegios, que nos transmitían».

| El colegio de Santa María de la Capilla, perteneciente a la congregación de los Hermanos Maristas (Jaen).

Cuando decidió estudiar Derecho, quiso trasladarse a Granada para seguir los pasos de su padre y cursar la misma carrera en la misma ciudad, que además era la de su nacimiento. Intentó convencerlo, pero su padre le aconsejó aprovechar la oportunidad que ofrecían la recién creada Universidad de Jaén y su flamante Facultad de Derecho. Siguió aquel consejo, que hoy considera muy acertado, y allí se licenció.

La figura paterna ha estado muy presente en su relación con el Derecho y en su trayectoria, primero como referencia al elegir los estudios y después al decidir su camino profesional. Con los años ha vuelto sobre aquellas conversaciones y ha comprendido mejor el sentido de sus consejos. «Después de la universidad continué formándome en distintas instituciones, entre ellas el Instituto de Práctica Empresarial, el Centro de Estudios Financieros y la Universidad Rey Juan Carlos. He procurado que esa formación acompañara las necesidades de mi trabajo y los asuntos a los que me iba enfrentando».

Títulos, especializaciones y preferencias profesionales

Licenciado en Derecho por la Universidad de Jaén, realizó posteriormente estudios de doctorado y obtuvo el diploma de Estudios Avanzados en el ámbito del Derecho Internacional Público y las Relaciones Internacionales, con la calificación de sobresaliente. También recibió formación sobre Instituciones y Derecho Comunitario dentro del programa Jean Monnet.

| Recién graduado | Año 1999

«Por aquel entonces me ilusionaba encauzar mi vida profesional hacia la carrera diplomática, pero la dificultad para preparar esas oposiciones desde Jaén me llevó a aparcar esa vía. Finalmente, mi trayectoria me condujo a profundizar especialmente en el derecho urbanístico e inmobiliario». Se ha formado en urbanismo, alta dirección de empresas inmobiliarias, peritación y valoraciones inmobiliarias, porque buena parte de su vida profesional ha estado vinculada a ese sector. «De hecho, más como homenaje a mi padre que por necesidad profesional, me titulé como agente de la propiedad inmobiliaria, colectivo del que mi padre fue decano en Jaén y al que sigo perteneciendo en Cádiz».

Con el tiempo amplió su formación a la mediación civil y mercantil y a la contratación pública, sin dejar de actualizar sus conocimientos en las materias habituales de su ejercicio. Habla inglés con fluidez, gracias a sus veranos de estudio en Inglaterra entre los 13 y 18 años, y se defiende adecuadamente en francés.

| Durante su jura como abogado | Año 2001

Sus preferencias profesionales se concentran en el Urbanismo, el Derecho Inmobiliario y la Defensa de los Consumidores, especialmente en cuestiones bancarias, materias vinculadas a decisiones tan importantes como comprar una vivienda, financiarla, conservarla o utilizar un inmueble con seguridad. Su experiencia dentro de empresas de distintos sectores le permite comprender las operaciones desde varias perspectivas y conocer, además del contrato, las decisiones, los plazos y las dificultades que hay detrás.

«Mis preferencias profesionales están muy relacionadas con mi recorrido: el urbanismo, el derecho inmobiliario y la defensa de los consumidores, especialmente en cuestiones bancarias. Son materias que afectan directamente a decisiones muy importantes en la vida de las personas: comprar una vivienda, financiarla, conservarla o poder utilizar un inmueble con seguridad. Además, haber trabajado dentro de empresas de distintos sectores me permite comprender las operaciones desde distintas perspectivas. Conoces el contrato, pero también las decisiones, los plazos y las dificultades que hay detrás».

--¿Cómo fue su recorrido profesional hasta establecerse en El Puerto? ¿Cuándo llegó y por qué?
--Mi trayectoria tuvo unas cuantas paradas antes de llegar aquí. Después de licenciarme, trabajé como becario en una empresa inmobiliaria y constructora de Granada. Posteriormente fui pasante en el despacho de mi mentor y padrino en la abogacía, José Luis Marín Hortelano, quien me enseñó no pocos entresijos de la profesión y me despertó aún más el gusanillo del ejercicio profesional. Con mi amigo Pepe conocí la abogacía artesanal.

| Sede despacho de Garrigues

Después entré como abogado júnior en el despacho Garrigues, en Sevilla, y conocí un tipo de abogacía distinto, más poderoso, con clientes más grandes, en entornos de mayor dimensión y con proyectos de muchos más ceros. Era algo diferente de lo que había conocido en el pequeño despacho de abogados.

Estando allí, un cliente me propuso coordinar el departamento jurídico inmobiliario y urbanístico de FADESA en Andalucía. Entonces era uno de los gigantes del sector, cotizaba en bolsa y tenía cerca de treinta mil viviendas en proyecto en la comunidad. Durante aquella etapa viví a caballo entre Sevilla y Málaga, coordinando todos los desarrollos urbanísticos del grupo en Andalucía.

Con el concurso de acreedores de FADESA se me abrió la oportunidad de dirigir un grupo empresarial inmobiliario de carácter familiar con sede en Cádiz. Tenía distintas promociones de viviendas, incluso una constructora, y una cartera de unas dos mil viviendas por ejecutar entre Cádiz y Sevilla. Aquello me permitió conocer desde dentro la gestión de una empresa familiar y las dificultades que surgen cuando los asuntos jurídicos tienen que convivir con las decisiones económicas, comerciales y de organización.

Cuando terminó aquella etapa, tenía que decidir entre seguir trabajando para terceros o empezar mi propio proyecto empresarial y profesional. Decidí quedarme en Cádiz y poner en marcha mi propio despacho. En su estructura actual, el despacho se constituyó en enero de 2007, de modo que en enero de 2027 cumplirá veinte años.

En cuanto a El Puerto, conviene distinguir dos fechas: me trasladé a vivir aquí desde Cádiz en enero de 2008, cuando decidimos formar nuestro hogar, y mi primer despacho físico en El Puerto se inauguró en abril de 2009, en la calle Larga.

Emprender desde cero, ejercer con compromiso

La decisión de quedarse en Cádiz y emprender por su cuenta sigue siendo una de las que más lo conmueven, especialmente por lo que comprendió muchos años después. Al dejar el grupo inmobiliario gaditano, podía regresar a Jaén, trabajar junto a su padre en su despacho y en su inmobiliaria y ejercer como abogado en un entorno que ya lo conocía, con muchas puertas abiertas gracias al nombre paterno. Quedarse en Cádiz, en cambio, suponía abrirse camino desde cero.

--¿Qué recuerda de la decisión de quedarse en la zona, no regresar a Jaén y emprender por su cuenta?
--«Cuando le comuniqué a mi padre que había decidido quedarme en Cádiz y empezar de cero, se preocupó, como cualquier padre. Él quería que me fuera bien y le inquietaba que eligiera un camino más incierto. Me dijo algo que todavía recuerdo: «--¿Cómo te vas a montar allí si no te conoce nadie?». Entonces escuché la preocupación de un padre ante la decisión de su hijo. Yo quería intentarlo y me quedé.

| Miguel junto a su padre.

Hace cuatro años, cuando falleció, encontré en su despacho una colección de fotografías y artículos de prensa sobre mi trayectoria profesional. Los había ido guardando sin que yo lo supiera e incluso tenía algunos sujetos con chinchetas en una pared que solo él veía desde su sillón de trabajo. Aquello me encogió el corazón. Ver reunidos aquellos recortes y aquellas fotografías me hizo comprender lo pendiente que había estado de mi camino y lo orgulloso y satisfecho que se sentía de lo que yo había ido consiguiendo».

Entre la herencia de su padre y el camino propio

Le habría gustado sentarse con él, enseñarle aquellos recuerdos y hablar de los años transcurridos desde la conversación en la que le preocupaba que nadie lo conociera. Todavía le cuesta contarlo sin emocionarse. Recuerda a su padre como un hombre de pocas palabras, siempre atento y dispuesto a sonreír cuando le gustaba lo que veía. Entre aquellos papeles descubrió una forma muy suya de acompañarlo, incluso durante los años de distancia, «Espero que lo que veía le hiciera sonreír».

| Cruzando la plaza de Cristóbal Colón.

--¿Cómo ha construido su vida en El Puerto y de dónde viene ese conocimiento de la Ciudad que sorprende a quienes saben que nació fuera?
--Sobre todo, de las personas que he ido encontrando en mi camino. He hecho grandes amigos en distintos ámbitos de mi vida y, a través de ellos, he ido conociendo la Ciudad, sus costumbres y sus historias. Quien me conoce sabe que llevo casi dieciocho años desayunando a diario en el mismo sitio y a la misma hora. Allí tengo una reunión de amigos a la que llamo la «tertulia de sabios». Los fijos son personas de El Puerto de toda la vida: mi amigo Antonio, el zapatero de Revolera; mi amigo Lolo Lavi, que ha hecho de todo en El Puerto y tiene mil historias para contar; y mi amigo Paco, el Ciclista. Luego se nos van añadiendo cada día otros personajes portuenses, en el mejor sentido de la palabra.

Una vida elegida en El Puerto

De ellos aprendo cada día alguna anécdota de El Puerto, de sus gentes, de sus calles o de sus costumbres. Escucharlos es una manera de conocer la ciudad a través de quienes la han vivido durante toda su vida. Más de una vez, al contar alguna historia, alguien me ha dicho: «--Pero si tú no eres de aquí, ¿cómo sabes esas cosas?». Solo puedo contestar que he tenido los mejores maestros a los que un forastero puede escuchar.

| Fachada del colegio de las Carmelitas, de cuya AMPA fue presidente.

Otro núcleo muy importante de amistad y de vivencias portuenses ha sido el colegio de mis hijos, las Carmelitas. Allí he conocido a muchos de los amigos con los que compartimos el día a día, salimos a comer y a beber, nos vamos de vacaciones e incluso montamos casetas de feria. Alrededor del colegio se ha formado una parte muy importante de nuestra vida familiar. Además, tuve el honor de ser presidente de la AMPA, lo que me permitió conocer más de cerca la labor educativa del colegio y también la inmensa labor social que realiza a diario, que creo que sigue siendo muy desconocida.

Esa elección también es una forma de pertenecer

Hace poco alguien me dijo que yo era un ‘paracaidista’ [palabro que popularizó el recordado Luis Suárez] en esta Ciudad. Y le contesté: «Efectivamente, soy un paracaidista. Algunos solo han nacido aquí; nosotros, en cambio, hemos decidido voluntariamente vivir aquí y llevar con orgullo la ciudad de El Puerto allí por donde vamos». Lo dije con plena convicción. Elegí esta Ciudad para formar mi familia, para trabajar y para criar a mis hijos. Aquí tengo amigos, recuerdos y una vida construida a lo largo de muchos años. Esa elección también es una forma de pertenecer.

| Disfrutando de las playas de El Puerto

--Sus clientes dicen que tiene un ojo especial para encontrar en un expediente el detalle que otros pasan por alto. ¿Recuerda algún caso en el que una cuestión aparentemente menor cambiara el resultado, sin comprometer la confidencialidad de nadie?
--Recuerdo un asunto relacionado con un producto financiero que se había ofrecido a un cliente como una especie de seguro frente a la subida de los tipos de interés. Sin embargo, lo que había contratado era un producto bastante más complejo, con riesgos que no había comprendido y que nadie se había encargado de explicarle.

Una trayectoria entre el urbanismo y la defensa del consumidor

Durante el juicio, la persona que lo había comercializado y supuestamente se lo había explicado al cliente no consiguió exponer con claridad su funcionamiento, pese a que se le pidió en varias ocasiones. Aquello resultaba muy significativo: si quien lo ofrecía no podía explicarlo de forma comprensible, había que preguntarse qué información había recibido realmente el cliente antes de firmar.

| Yrigoyen, Mejor abogado del año en Cádiz y Sevilla 2020, según la publicación especializada 'Best Laywer', en el apartado de Derecho Bancario y Finanzas.

La resolución fue favorable y permitió recuperar las cantidades correspondientes. Naturalmente, el resultado descansaba en el conjunto de la prueba, pero aquella situación ayudó a mostrar de una forma muy concreta el problema de información que estábamos planteando. En ocasiones, un expediente cambia cuando haces una pregunta sencilla y escuchas de verdad la respuesta. También cuando comparas lo que dice el contrato con lo que se explicó al cliente. Ahí aparecen detalles que pueden tener una enorme importancia.

--Cuando una familia compra una vivienda o firma un préstamo, ¿qué suele descubrir demasiado tarde? ¿Qué debería exigir o leer antes de poner su firma?
--Muchas veces descubre demasiado tarde que había aspectos de la operación que nadie le había explicado de una manera que pudiera comprender. La ilusión por comprar una vivienda o la necesidad de obtener financiación hacen que toda la atención se concentre en si se puede pagar la cuota inicial o en cuándo se entregan las llaves. Pero hay que entender el conjunto: cuánto va a costar realmente la operación, qué obligaciones se asumen, qué gastos o productos adicionales lleva asociados y qué puede ocurrir si cambian las circunstancias.

Siempre digo que la compra de una vivienda es, de largo, la inversión más importante que una persona hace en su vida. Un buen asesoramiento preventivo durante el proceso de compra, cuyo coste es muy reducido frente al valor de la adquisición, puede evitar al comprador muchos dolores de cabeza en el futuro. En una vivienda es fundamental conocer su situación jurídica y urbanística. Conviene comprobar qué se está comprando, qué cargas tiene y si el uso que se pretende dar al inmueble es posible. En un entorno como el nuestro, en el que ha proliferado la construcción de viviendas sin proyecto ni licencia, la falta de información puede tener importantes repercusiones económicas para el comprador. El asesoramiento previo puede evitar problemas que después resultan mucho más costosos. A los abogados nos llegan demasiadas veces las operaciones cuando el conflicto ya se ha producido y apenas queda margen para prevenirlo.

--Su despacho trabaja en derecho urbanístico. Ante una vivienda construida fuera de ordenación, ¿cómo distingue entre proteger a quienes actuaron de buena fe y premiar a quienes se saltaron las reglas?
--Lo primero es estudiar la situación concreta. Bajo expresiones que se utilizan de forma muy general se agrupan realidades jurídicas y personales diferentes, y eso puede llevar a respuestas injustas. Hay que conocer qué se construyó, cuándo, qué documentación existía, quién promovió la actuación y en qué circunstancias llegó el inmueble a manos de su propietario actual. También hay que determinar qué puede hacerse legalmente en ese caso. He defendido que abordar estas situaciones exige rigor técnico y jurídico, y que cualquier solución debe explicar con claridad su alcance, sus límites, las obligaciones que comporta y los costes que pueda tener. Crear expectativas de una regularización sencilla o automática solo añade un problema más a quienes ya viven con incertidumbre.

Los problemas de planeamiento urbanístico

La preocupación de Miguel Yrigoyen por el planeamiento de El Puerto se remonta al proceso de redacción del PGOU de 2010, cuando planteó dudas sobre su viabilidad y sobre la necesidad de alcanzar acuerdos reales con quienes debían intervenir en su desarrollo y financiación. Entiende que un plan condiciona durante años la vivienda, los servicios, la rehabilitación, la actividad económica y las decisiones de muchas familias, por lo que debe responder a un Modelo de Ciudad y, además, resultar ejecutable.

| Recorte de prensa de Diario de Cádiz | Año 2021

Aquellas advertencias le ocasionaron importantes desencuentros con los responsables políticos de entonces, que, según considera, interpretaron sus palabras como una crítica a su gestión y no como un consejo --no solicitado-- sobre la negociación con los propietarios afectados. Cuando volvió a escribir sobre la anulación del planeamiento en 2019, le preocupaban la incertidumbre y sus consecuencias para la regularización de situaciones pendientes, la rehabilitación y la inversión. Insiste en que los ciudadanos necesitan conocer qué pueden hacer, en qué condiciones y dentro de qué plazos, porque la falta de respuestas claras retrasa las decisiones y prolonga los problemas. Considera que la Ciudad se encuentra de nuevo en el mismo punto que en 2010 y desea un proceso con mayor participación ciudadana, centrado en las necesidades reales y orientado a un desarrollo urbanístico sostenible que permita a El Puerto crecer como ciudad referente de la bahía de Cádiz.

--Fue consejero delegado de la antigua empresa de suelo y vivienda Suvipuerto, hoy Avanza El Puerto. ¿Qué aprendió desde dentro de la gestión pública de vivienda que no se aprecia desde un despacho de abogados? ¿Haría hoy algo de otra manera?
--Desde dentro se aprecia muy bien la distancia que puede existir entre una necesidad social evidente y los medios disponibles para atenderla. Puedes tener identificada una necesidad de vivienda y una actuación prevista, pero después necesitas financiación, capacidad de gestión y una solución que pueda ejecutarse. Aquellas situaciones te obligan a revisar los instrumentos y a buscar una salida viable. Las familias necesitan soluciones, y la gestión pública tiene que ser capaz de convertir sus objetivos en actuaciones concretas. También te hace reflexionar sobre cómo administrar un recurso limitado para atender a quienes más lo necesitan, teniendo en cuenta que las circunstancias de las familias pueden cambiar con el tiempo.

Siempre he defendido que la vivienda pública en alquiler no puede constituir la residencia habitual y definitiva del inquilino. Más bien al contrario: la vivienda pública en alquiler a un precio asequible debe ser un instrumento que permita al inquilino ahorrar, durante ese periodo, para dar la entrada de una vivienda en propiedad o acceder a otro tipo de arrendamiento. Tener un parque de casi trescientas viviendas sociales y que más del 70 % de ellas mantengan al mismo inquilino desde hace treinta años desvirtúa el carácter de la vivienda pública en alquiler y limita el acceso de personas más jóvenes y necesitadas de vivienda.

--¿Las administraciones públicas están concebidas para resolver los problemas de la gente o, demasiadas veces, para protegerse a sí mismas? Dónde ve el mayor obstáculo: ¿en las leyes, en los procedimientos o en la voluntad política?
--Su razón de ser es servir a los ciudadanos. La dificultad aparece cuando una persona lleva meses esperando una respuesta y nadie asume la responsabilidad de explicarle qué ocurre o de impulsar una solución. Las leyes y los procedimientos son necesarios: protegen derechos y permiten controlar cómo se toman las decisiones. Pero también hacen falta organización, medios, profesionales preparados y responsables dispuestos a decidir.

Me cuesta señalar un único obstáculo, porque muchas veces se acumulan varios. Puede haber una norma difícil de aplicar, una organización deficiente o una decisión política que se aplaza. Lo importante es identificar qué está bloqueando cada asunto y quién puede resolverlo. En mis artículos he insistido en la importancia de la preparación y de la honestidad de quienes asumen responsabilidades públicas. A eso añadiría la capacidad de escuchar y de explicar las decisiones. El ciudadano merece una respuesta comprensible, más aún, si cabe, cuando esa respuesta no es la que esperaba.

--¿Qué significa para usted ser andalucista hoy? ¿Hay alguna reivindicación concreta de Andalucía que los grandes partidos hayan dejado de defender?
--Con mi bagaje familiar y personal no puedo ser otra cosa que andalucista ejerciente, pero mi andalucismo no está representado hoy por ninguna formación política en exclusiva. Entiendo el andalucismo como la defensa de nuestras costumbres, de nuestra tierra y de nuestro folclore, pero también como la defensa de nuestra pujanza económica, para que ningún andaluz tenga que irse más allá de Despeñaperros para ganarse un plato de comida para los suyos. Significa defender que esta tierra no sea tratada en inferioridad de condiciones en materia política y, sobre todo, fiscal frente a otros territorios que nos pretenden ningunear, ignorando la historia de los andaluces y su contribución a que esos territorios hayan llegado a donde están hoy.

Un abogado con raíces y voz propia

El ‘andalucismo político’ está muy manoseado y me duele ver cómo partidos que enarbolan la bandera andalucista se casan con formaciones políticas que han insultado sistemáticamente a Andalucía y pretenden, a través de la financiación territorial, que nuestra tierra continúe siendo de segunda división o el vagón de cola de este país. Que no me busquen en ese nuevo andalucismo político.

--En 1998, como representante estudiantil en Jaén, criticó que se dejara a los jóvenes fuera de un acuerdo que les afectaba. ¿Sigue viendo esa misma forma de tomar decisiones sin escuchar a sus destinatarios?
--En aquella ocasión criticábamos que se alcanzara un acuerdo sobre cuestiones que afectaban directamente a los jóvenes sin contar suficientemente con ellos. Me parecía una contradicción hablar de sus problemas y dejar fuera su voz. Es una preocupación que ha aparecido después en otros ámbitos de mi vida. En urbanismo, por ejemplo, he defendido la necesidad de escuchar a quienes van a verse afectados y a quienes deben participar para que una actuación pueda salir adelante.

| Durante una reunión de trabajo.

Escuchar exige estar dispuesto a que lo que te cuenten modifique alguna parte de tu planteamiento. Si todo está decidido antes de sentarte a hablar, el margen de participación es muy pequeño. La experiencia de los destinatarios puede mostrar dificultades que desde una mesa de trabajo no se ven. Incorporarla ayuda a tomar mejores decisiones y a detectar antes los problemas.

Volviendo a la materia política, no me parece ni medio normal que se imponga un modelo de financiación a un territorio sin escuchar su voz ni atender a las razones del perjudicado. Menos aun cuando se hace por meros criterios de oportunismo político y en contra de la igualdad entre territorios.

--Comenta la actualidad con libertad en las redes sociales. ¿Se impone algún límite por su condición de abogado o cree que el silencio termina convirtiéndose en una forma de autocensura, cayendo en el «pecado» de omisión?
--La condición de abogado me obliga a ser especialmente cuidadoso con lo que conozco por mi trabajo y con la confidencialidad de quienes confían en mí. Esa responsabilidad está siempre presente. Al mismo tiempo, tengo opiniones como ciudadano y me interesa participar en la conversación pública. Creo que se puede hacer con libertad y con responsabilidad, cuidando lo que se afirma y la manera de expresarlo.

Mis mayores censoras son mi esposa y una amiga nuestra que se llama como ella. No obstante, procuro siempre opinar con franqueza y firmeza, sin traspasar los límites de la libertad de expresión. La crítica puede ser firme e incómoda. Lo que procuro es que tenga fundamento y que pueda sostener lo que digo.

| Rectificación del periodista Fernando Santiago, en su sección 'Con la Venia' en Diario de Cádiz, a instancias de Miguel Yrigoyen | 3 de julio 2026

Hace años escribí sobre las injurias en internet y sobre cómo el anonimato puede favorecer comportamientos que difícilmente se tendrían en una conversación cara a cara. Las redes amplifican lo que decimos, y eso exige cierta reflexión antes de publicar.

En este terreno no tolero la más mínima intromisión en mi honor. En tres o cuatro ocasiones he visto cómo, tras el parapeto de las redes sociales, se ha atentado contra mi honor personal y profesional y se me ha acusado de cosas gravísimas. Todos y cada uno de los responsables han desfilado por el juzgado para dar explicaciones y siempre, absolutamente siempre, han tenido que aclarar sus afirmaciones y han sido condenados.

--¿Cómo interpreta la protección que ofrece el artículo 20 de la Constitución cuando una opinión resulta incómoda para el poder? ¿Dónde sitúa la frontera entre la crítica legítima, el insulto y la difusión de hechos no comprobados?
--La libertad de expresión tiene una especial importancia cuando permite cuestionar a quien tiene poder. Que una opinión resulte incómoda forma parte de la vida democrática. A la vez, conviene distinguir entre expresar una valoración y atribuir a alguien unos hechos. Cuando afirmamos que algo ha ocurrido, tenemos una responsabilidad sobre la comprobación de lo que difundimos. Presentar como cierto un rumor puede causar un daño muy serio.

La crítica a una actuación pública puede ser severa, pero debe poder comprenderse qué se cuestiona y por qué. El insulto personal suele empobrecer esa discusión y desplazar la atención del asunto que verdaderamente importa. Como abogado, me interesa defender una conversación pública en la que se pueda discrepar con libertad y en la que cada uno se haga responsable de sus palabras. Ambas cosas son necesarias.

Cuando asesoro a personas con exposición pública, por ejemplo, políticos, siempre les advierto que hay que ser absolutamente beligerantes frente a las intromisiones en el honor y mantener una tolerancia cero ante ellas. Afortunadamente, el mensaje va calando y se va creando conciencia de que no todo vale en las redes sociales.

--Si pudiera señalar una decisión urbanística y una medida en defensa de los consumidores que cambiarían de verdad la vida cotidiana en El Puerto, ¿cuáles serían y a quién exigiría que las pusiera en marcha?
--En urbanismo, daría prioridad a un programa viable de rehabilitación y recuperación de viviendas en el Casco Histórico. Tendría que ofrecer criterios claros, coordinación entre las administraciones y una tramitación que permitiera saber desde el principio qué se puede hacer y qué condiciones hay que cumplir. Recuperar viviendas para que puedan habitarse tiene efectos sobre el comercio, el mantenimiento de los edificios y la vida de las calles. Para hacerlo posible, deben implicarse el Ayuntamiento y las administraciones competentes en vivienda y patrimonio.

La persona detrás del expediente

En defensa de los consumidores, considero necesario realizar una labor pedagógica para que se comprenda que el asesoramiento preventivo, antes de contratar productos financieros o realizar operaciones tan importantes como la compra de una vivienda, es la mejor decisión que se puede adoptar para protegerse en el futuro. Puede evitar que la falta de asesoramiento previo genere perjuicios de mayor consideración.

Una parte de los conflictos que vemos en los despachos se habría podido evitar si alguien hubiera explicado a tiempo las consecuencias de lo que se iba a firmar.

--¿Un alegato final?
--En mi labor profesional hay una máxima que compartimos en el despacho y en todo el equipo: no podemos perder de vista que detrás de cada expediente hay una persona, con sus preocupaciones, con sus ahorros, con su casa o con un proyecto al que ha dedicado años de su vida.

| El equipo del bufete, de izquierda a derecha: Rocío Serrano, del área tributaria y administrativa; Miguel de Yrigoyen, abogado y socio director; Angélica Valimaña, paralegal; Sara Armada Cañas, abogada junior.

Conviene recordarlo siempre, porque para nosotros puede ser un asunto más de la jornada, pero para quien viene al despacho puede ser el problema que no le deja dormir. Nuestra intervención, incluso una simple llamada telefónica para dar tranquilidad, supone mucho más que obtener el mejor titular de prensa.

He aprendido que las cosas importantes requieren constancia: en el trabajo, en la familia y en los vínculos que uno va construyendo con una Ciudad.

He dedicado muchos años a esta profesión y sigo encontrando sentido en poder ayudar a resolver esas situaciones. Recuperar un dinero que alguien creía perdido, proteger su vivienda o darle una respuesta clara cuando lleva tiempo viviendo con incertidumbre tiene mucho valor. También he aprendido que las cosas importantes requieren constancia: en el trabajo, en la familia y en los vínculos que uno va construyendo con una Ciudad.

Yo he elegido hacer mi vida en El Puerto. Aquí están mi mujer, mis hijos, mis amigos y mi despacho. Y, cuando miro hacia atrás, pienso también en mi padre, en su preocupación cuando decidí emprender por mi cuenta y en aquellos recortes que fue guardando. Me gustaría seguir trabajando de una manera que me permitiera sentirme orgulloso de mi camino y que, si él pudiera seguir añadiendo páginas a aquella colección, tuviera motivos para hacerlo.

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