Saltar al contenido

Mariola Tocino Cabañas. Confianza, oficio inmobiliario y ganas de vivir

El azar que sembró una nueva forma de vida

| Texto: José María Morillo

María Auxiliadora Tocino Cabañas, conocida por todos como Mariola Tocino, (Chiclana, 1969) llegó a El Puerto de Santa María con 24 años. Se diplomó como Graduada Social antes de dar un giro al rumbo de su vida. Luego se incorporó al mundo inmobiliario, tras una pausa en la política como concejala de Bienestar Social, Igualdad y Economía, al que regresó creando su propio emprendimiento: ‘Mariola Tocino, tu agente inmobiliario’. En El Puerto ha consolidado un proyecto de vida pleno, respaldado por la calidez de amistades duraderas que le abrieron sus puertas. Hoy suma más de media existencia afincada en la localidad, entrelazando su vocación profesional con un profundo sentido de pertenencia.

El Puerto en 1969: el año del nacimiento de Mariola

En 1969, El Puerto de Santa María rondaba los cuarenta mil habitantes. El censo del INE de 1970, el más próximo a aquella fecha, registraría 40.849 habitantes de derecho. Fue también un año de relevo en la alcaldía: Luis Portillo Ruiz dejó paso a Juan Melgarejo Osborne.

La memoria de aquel año reúne historias vinculadas a la literatura y al exilio. Según el testimonio recogido por el periodista Tulio Demicheli y reproducido en Gente del Puerto, Rafael Alberti visitó de incógnito su ciudad natal durante dos días y medio, gracias a la mediación de José María Pemán ante Camilo Alonso Vega, entonces ministro de la Gobernación de la dictadura franquista. Aquel mismo año nació el poeta portuense Ángel Mendoza. El 19 de abril falleció en Praga, entonces capital de Checoslovaquia, Juan Guilloto León, el general Modesto.

La actividad educativa y profesional dejó asimismo sus hitos. Se fundó el colegio El Centro Inglés a instancias de la desaparecida Linda Randell y, del 21 al 25 de mayo, la ciudad acogió el V Congreso Nacional de Bomberos, con la participación de representantes de servicios de toda España. En el ámbito del carnaval, Francisco Soto Alarcón, el Misterio, presentó la comparsa Los Romeos. También hubo novedades en el tejido empresarial y comercial. La Bodega Alameda, de la firma Miguel M. Gómez, trasladó sus instalaciones desde Cádiz a El Puerto, a las inmediaciones del parque Europa. Abrieron sus puertas Joyería Marín, en la calle Larga, y Taller El Venta, vinculado a BMW. En la calle Nevería, Paco Corral inauguró su primera boutique Talgo’s, incorporando un nuevo establecimiento al comercio de moda portuense.

| Esta fotografía representa la infancia y los orígenes de Mariola, segunda por la derecha. La tienda de comestibles la abrió la madre de nuestra protagonista cuando ella tenía apenas dos meses. Su madre fue una adelantada a su tiempo.

Volviendo a nuestra protagonista, su llegada fue fruto de la casualidad. Tras cursar los estudios de Graduado Social —hoy Relaciones Laborales—, trabajó durante casi tres años en dos despachos en Chiclana. Aunque adquirió bastante experiencia, decidió dejarlos porque no veía posibilidades de promocionar. Una tarde, mientras ojeaba las ofertas de empleo del Diario de Cádiz en casa de su hermano mayor, una amiga de la familia le preguntó si estaría dispuesta a trabajar en una inmobiliaria en El Puerto y le facilitó el contacto de una empresa que buscaba comercial. Así comenzó su trayectoria en Lares Inmobiliaria, sin conocer a nadie en la Giudad. Ganaba entonces 70.000 pesetas y destinaba 20.000 a la gasolina de los desplazamientos que hacía mañana y tarde desde Chiclana. Lo que en principio parecía temporal terminó convirtiéndose en una nueva vida: cada día disfrutaba más de su trabajo, se integraba en la ciudad y cultivaba nuevas amistades. Entre ellas destaca la de María Morató, quien la acogió en su familia y en su círculo de amigos como una más. Veinte años después de su fallecimiento, Mariola sigue conservando la amistad con muchas de aquellas personas.

--¿Cuándo empezó a sentirse portuense o porteña —a su gusto— y qué vínculos conserva con su Chiclana natal?
--A los 27 años me compré mi primer piso en El Puerto y a los 28 empecé a vivir en él. A partir de ese momento, mis vínculos con Chiclana se redujeron a las visitas familiares. Mis horarios no me permitían mucho más. Cada vez estaba más integrada en esta Ciudad y los lazos con mis amistades portuenses se fueron estrechando. Creo que fue entonces, en torno a los 30 años, cuando supe que no volvería a Chiclana. Ahora conservo pocos, pero grandes amigos en mi ciudad natal. También sigue allí parte de mi familia, con la que mantengo una relación poco frecuente, pero sincera.

--Su trayectoria en el sector inmobiliario comenzó antes de entrar en política. ¿Qué le atrajo de esta profesión y cómo ha cambiado su manera de acompañar a quienes buscan o venden una casa?
--Mis inicios en el sector inmobiliario fueron en 1994 y a la política llegué en 2008. Entré por casualidad. Enrique Moresco se presentaba como candidato a la alcaldía y su mujer, María Morató, me animó a formar parte de su lista. Iba en el número 13, lo que me hizo creer que jamás llegaría a ser concejala. Sin embargo, un año después de que Moresco consiguiera la alcaldía, se dieron una serie de circunstancias que me llevaron a ser edil de esta ciudad.

| Mariola en sus inicios en la concejalía de Bienestar Social, participando en un acto solidario

En cuanto a su profesión, asegura que le encanta y que su vida personal y profesional están estrechamente entrelazadas: muchas de sus mejores amistades fueron primero clientes. Valora, además, la versatilidad de un trabajo en el que cada transacción es distinta. Su regreso al sector en 2015 marcó un cambio en su manera de acompañar a compradores y vendedores. Tuvo que adaptarse a nuevas formas de trabajar, a la rapidez que aportaban las redes sociales y los portales inmobiliarios en línea, y a unos procedimientos que habían cambiado tras la burbuja inmobiliaria. Actualizarse en tiempo récord supuso todo un reto.

--Como ya ha señalado, fue concejala del PP con Enrique Moresco y del relevo de éste, Alfonso Candón, con responsabilidades en áreas tan sensibles como Bienestar Social, Igualdad y Economía. ¿Qué experiencia de aquellos años le dejó una huella más profunda?
--Me considero una persona muy afortunada por haber tenido la oportunidad de ser concejala en la Ciudad que siento como mía. Creo que es todo un privilegio. A partir de ahí, me quedo con todo lo bueno, que fue mucho.

Siempre dije que Bienestar Social era la cenicienta del Ayuntamiento

Bienestar Social me enseñó una realidad de El Puerto que desconocía. Gestionar los recursos destinados a los más desfavorecidos es toda una responsabilidad que muchos políticos no valoran. Siempre dije que Bienestar Social era la cenicienta del Ayuntamiento. En Igualdad tuve la gran suerte de formarme e informarme en la materia gracias a grandes profesionales como Virginia Ramos y Paloma Tosar. Hicimos programas interesantes, intentando acercar los recursos a las mujeres de esta Ciudad.

Considera Mariola que ambas áreas requieren una implicación que vaya mucho más allá de aparecer en las fotografías del 25N o del 8M, o de visitar a las ONG locales. Para ella, ese compromiso debe reflejarse en los presupuestos y en la buena gestión de los recursos, con un reparto justo en Bienestar Social y una inversión en educación que contribuya a una sociedad más igualitaria desde Igualdad.

Economía fue para mí todo un máster de gestión. A día de hoy, aplico mucho de lo que aprendí al desarrollo de mi negocio.

| Mariola, durante su etapa como concejal, ocupando un escaño en el Salón de Plenos de la Casa Consistorial.

--¿Qué la llevó a cerrar su etapa como concejala y qué aprendizajes de la gestión pública la acompañaron al retomar plenamente su actividad empresarial?
--Siempre supe que mi paso por la política era temporal. Creo que vivir de la política implica traicionarte en algún momento para conseguir mantenerte en un puesto. Para mí, eso es perder libertad.

Creo que vivir de la política implica traicionarte en algún momento para conseguir mantenerte en un puesto

En 2015 pasamos a la oposición. Me quedé en el paro y decidí retomar mi negocio. Me di de alta como autónoma en octubre de ese año y, a finales de diciembre, renuncié a mi acta de concejala. Poner en marcha mi nuevo proyecto y tener una hija a la que le había robado mucho tiempo durante sus dos primeros años de vida por dedicarlo a la política fueron factores decisivos para abandonar ese mundo definitivamente.

Ante una decisión tan importante como comprar o vender una vivienda, Mariola destaca la necesidad de elegir a un buen profesional que acompañe todo el proceso y transmita confianza. A partir de ahí, entiende que cada cliente debe valorar qué distingue al agente elegido de los demás.

--Comprar o vender una vivienda es una decisión importante. ¿Por qué habría que confiar en usted y qué distingue su forma de trabajar de la de otros agentes inmobiliarios?
--En mi caso, trabajo con una cartera selecta de inmuebles y dedico gran parte de los recursos a su promoción, para que lleguen al mayor número posible de compradores potenciales. Acompaño a compradores y vendedores durante todo el proceso de compraventa, cuidando cada detalle para que la operación sea segura, transparente y satisfactoria para ambas partes.

Mi gran fortaleza es la mediación

Pero creo que mi gran fortaleza es la mediación. En una negociación, las partes tienen intereses encontrados, a veces con posturas muy alejadas, y mi objetivo principal es mediar para conseguir un acuerdo que satisfaga a ambas.

| Durante una mediación por el paseo marítimo de Pueblo Sherry

Quien le encarga la compra o la venta de una propiedad puede esperar, según explica, la atención de una agente inmobiliaria cualificada que pone al servicio de sus clientes sus conocimientos, dedicación y experiencia. Desde la primera consulta hasta la firma, ofrece una atención completa y una relación de confianza que considera fundamentales para el éxito de la operación.

A los 33 años, preparando su primer proyecto empresarial, fue diagnosticada de cáncer

A los 33 años, mientras preparaba su primer proyecto empresarial, Mariola recibió un diagnóstico de cáncer. Llevaba apenas dos meses casada cuando fue intervenida y se le practicó una mastectomía. Su vida cambió de repente y, aunque no tenía previsto ser madre de inmediato, sintió que la enfermedad le cerraba de golpe las puertas de la maternidad. Recuerda que afrontó aquella etapa con optimismo, quizá porque no soportaba la compasión y porque nunca se preguntó por qué le había ocurrido a ella. Se centraba en el negocio cuando la quimioterapia se lo permitía y en cuidarse cuando lo necesitaba.

--Fui muy afortunada porque estuve acompañada por grandes personas. Antonio, mi primer marido, fue mi mayor apoyo: un hombre excepcional. Mis chicas de la oficina se hacían cargo de ella durante mis ausencias. Mis grandes amigos y amigas me acompañaban física y emocionalmente. Y mi madre hacía lo que podía mientras cuidaba a mi padre, también convaleciente de cáncer. Fueron tiempos difíciles.

--En el momento de salud que atraviesa ahora, y hasta donde desee compartir, ¿qué ha aprendido sobre sus necesidades, sus límites y su forma de vivir?
--No tengo ningún reparo en hablar de mi enfermedad. Desde mayo de 2021 tengo un diagnóstico de cáncer de mama metastásico en estadio IV. Creo que es importante hablar con naturalidad de algo que, por desgracia, es más común de lo que nos gustaría.

| En la imagen, con su marido, Miguel Ángel Zarzuela y su hija. V14

La vida me hizo el mayor regalo que he recibido jamás: pude ser madre a los 43 años. Mi hija conoce mi enfermedad desde que tiene uso de razón. Intento que el cáncer no me limite en exceso, y no lo hace. Trabajo para vivir e intento disfrutar de cada día y de todo lo maravilloso que me rodea.

No creo en las estadísticas. Creo en mí, en mi capacidad de controlar el miedo, en mi fuerza de voluntad y en mis energías. Hago pilates, entreno la fuerza y corro de vez en cuando. Tengo dolores, sí: en parte por el tratamiento hormonal que recibo y, en gran medida, por mi edad. Tengo 57 años y estoy en forma. Como le digo a mi oncóloga: «Tú pon la medicación y yo pongo actitud, deporte y nutrición».

El autocuidado ocupa un lugar fundamental en su vida. Considera que es esencial para mantener una buena calidad de vida en general y que cobra aún más importancia cuando se tiene cáncer. Se define como una persona muy disciplinada con el deporte y la nutrición, aunque también disfruta de una buena copa de vino cuando se encarta. Procura cuidarse sin renunciar a casi nada.

--Quienes la conocen destacan su vitalismo, su buen humor y su optimismo. ¿De dónde nace esa alegría y qué la ayuda en los días en que también aparecen el miedo, el cansancio o el desánimo?
--Fui una niña tímida, introvertida y acomplejada, pero me curré mucho transformar todo eso en seguridad y optimismo. Claro que a veces me invaden el miedo, el cansancio y el desánimo. Es ahí donde aparecen Miguel Ángel, mi marido, y mi hija. Me agarro a ellos mientras pasa, y cuento también con el apoyo de mis amigos y amigas más íntimos.

Gran parte del tiempo olvido que tengo cáncer. No me condiciona porque no me siento enferma

He de decir que no me suele pasar muy a menudo. De hecho, gran parte del tiempo olvido que tengo cáncer. No me condiciona porque no me siento enferma.

| Mariola Portilla y Mariola Tocino, durante una iniciativa solidaria, con un cuadro de peces del pintor y diseñador Fernando Quirós.

--Usted se ofrece a acompañar a otras personas que pasan por una experiencia de salud parecida. ¿Cómo le gustaría ayudarlas y qué les diría, desde su propia vivencia, para que se sientan menos solas?
--Soy muy respetuosa con quienes tienen cáncer o cualquier otra enfermedad. Creo que cada persona tiene derecho a vivir su enfermedad como quiera. Hay quien se enfada o prefiere no compartir lo que le ocurre. Esa es una decisión personal.

Estoy a disposición de quien me necesite y esté pasando por un proceso similar al mío

Ahora bien, a cualquier persona que esté en un proceso similar al mío y considere que mi experiencia puede ser beneficiosa para ella, le diría que estoy a su entera disposición. Pero, sobre todo, recalcaría la importancia del deporte y de una buena alimentación para combatir los efectos secundarios e intentar controlar la enfermedad.

Aquel viaje a nuestra Ciudad que comenzó con un contrato de trabajo a los 24 años terminó convertido en destino propio. Entre los pensamientos rumiados en las idas y venidas de aquellos primeros kilómetros y el cobijo de quienes le abrieron su hogar, Mariola no solo encontró un lugar donde ganarse la vida: encontró el suelo firme donde echar raíces (y bienes raíces), trabajar durante unos años en el servicio a la ciudadanía, sentirse apoyada por los suyos y reconocerse entre la gente de El Puerto.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

- Al enviar este comentario estoy aceptando la totalidad de las codiciones de la POLITICA DE PRIVACIDAD Y AVISO LEGAL.