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«El Jueves Santo de 1901, a las 18:30 horas salió de la capilla de la Aurora, calle San Sebastián arriba el cortejo procesional que estaba formado por los cuatro pasos que habitualmente desfilaban --San Pedro Apóstol, Santísimo Cristo de la Humildad, San Juan Evangelista y Ntra. M. y Sra. del Desconsuelo--.» (En la fotografía superior están dispuestos los cuatro pasos en la Capilla de la Aurora). «En 1902 presentaba la novedad de alumbrar dos de sus pasos: el de San Juan Evangelista y el Ntra. Sra. del Desconsuelo, además de con cera, con luces de acetileno, los populares “reverberos” de nuestros abuelos, “produciendo un bonito efecto”». [...] «Alfonso XIII aceptó la invitación de la hermandad para ostentar el cargo de Hermano Mayor Honorario de la misma, adquiriendo así el derecho la cofradía portuense de lucir el título o denominación de “Real” antepuesto al enunciado de sus titulares». 'Tradiciones Religiosas de El Puerto de Santa María. Medio Siglo de Cultos y Procesiones (1891-1939)'. Antonio Gutiérrez Ruiz. Año 2007.

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El capellán de la Hermandad de “Barrabás y Martillo”, como es popularmente conocida, D. Manuel Román Ruiloba, el 7 de abril de 1974, tras a celebración de una eucaristía ante el paso de Ntra. Sra. del Desconsuelo dirigiendo una charla a los asistentes: José Antonio Terrada Sara, Luis Galán González, Luis Rosso Morro, Jesús Castilla Romero, Francisco Andrade del Valle, Manuel Girón Ceballos y Antonio Romero Cordero. El motivo, agradecer a la hermandad el reconocimiento que hicieron en la persona de su Hermano Mayor, Manuel Girón, con la imposición de la insignia de la Hermandad. (Foto Rafa).

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De izquierda a derecha, Manuel Girón Ceballos, desconocido, Antonio Velázquez Garay, quien había pronunciado el Pregón del Costalero, Manuel Garzón Suárez, Hermano Mayor de la Humildad y el Primer Capataz del Paso del Cristo, José Antonio Terrada Sara, posando delante de sus titulares el Jueves Santo, 17 de abril de 2003, recogiendo las distinciones que les había otorgado la Cofradía. (Foto Bellido).

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EL CRISTO DEL AMOR.
Un grupo de afiliados a la Acción Católica, sacaron a hombros la imagen del Cristo del Amor en Vía Crucis. Esta imagen ya había sido utilizada con anterioridad por otras asociaciones que no tenían la consideración de Hermandad. Antonio Gutiérrez Ruíz, en su libro ya citado “Tradiciones Religiosas de El Puerto de Santa María”, señala que la imagen sería «sacada, posteriormente, en procesión por una asociación denominada “Asociación Piadosa del Cristo del Amor y Nuestra Madre Dolorosa del Silencio” que, sin tener carácter de hermandad, desfilaba con ellas, visitando el Penal de la Victoria desde 1959 hasta 1976, fecha de su disolución.” Los jueves procesionaba desde el Convento de las Capuchinas, hoy reconvertido en Hotel Monasterio, unas veces con paso, otras a hombros de sus hermanos, que vestían túnicas de frailes y no el tradicional capirote embozado. La imagen puede visitarse en el nuevo convento de las Capuchinas, situado en el Pago de La Caridad. (En la fotografía, el Cristo del Amor, por la calle Santa Clara, en 1943).

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En la fotografía, la presidencia de la procesión, accediendo a la Prisión del célebre Penal de El Puerto situado en el antiguo Monasterio de la Victoria. De espaldas, Andrés Jiménez Rodríguez, con el hábito y un cigarrillo en la mano, Antonio Pertegaz Pérez, con impermeable, creemos que es el Comisario de Policía, a continuación con gabardina el alcalde de la Ciudad, Juan Melgarejo Osborne, con capa y a su lado, el coadjutor de San Joaquín, Don Juan Luis, Pbro, cerrando el grupo el alcaide de la Prisión. La instantánea está tomada el 16 de marzo de 1970. (Foto Archivo Municipal).

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La talla del Cristo del Amor llevado a hombros por los internos del Penal. En el patio de la prisión, los funcionarios, con el uniforme de gala; en las ventanas superiores, los presos agolpados tras las rejas presencian el Vía Crucis; en primer término, a la derecha y sin la capucha, un hermano de la Asociación Piadosa. Era costumbre liberar a un penado que estuviera próximo a finalizar su condena o que la hubiera redimido por el trabajo o 'buena conducta'.