301. LA PROCESIÓN DE LA NIÑA MARÍA.

niniamaria_001_puertosantamaria1El 21 de noviembre es el tricentésimo vigésimo quinto (325º) día del año del Calendario Gregoriano en vigor (número 326 en los años bisiestos), quedando 40 días para finalizar el año. Todos los años, por esa fecha, se celebraba y organizaba en el Colegio de las Carmelitas una procesión, la de la Virgen Niña o Niña María, con motivo de la festividad católica de la  Presentación de la Virgen. Está tradición está  basada en el escrito apócrifo del “Protoevangelio de Santiago”, según el cual María fue llevada por sus padres, a la edad de tres años,  al templo para ser instruida en la fe de sus padres. Una alambicada historia a través de los siglos, que desde Oriente llega a Occidente, acaba siendo impuesta por el papa Sixto V como fiesta oficial del catolicismo. Hoy no tiene tanta relevancia como antaño e incluso la procesión ha desaparecido. (En la imagen, vestidas de Primera Comunión de Ana María y Celia Insúa Lavín. Detrás Matita Muñoz y posiblemente una de las García Sánchez. El angelito de enmedio es Marisol Muñoz Bellvís).

iglesia_carmelitas-puertosantamaria"Desde chico he oído en mi casa que mi bisabuelo Norberto, que anduvo, por la guerra de Cuba, como médico con Ramón y Cajal, hace ahora un siglo, se empeñó en comprar una casita pequeña, con una fachada, pintada de rojo y blanco, tan escueta que sólo tenía una puerta y un balcón. Ya no existe la casa. Estaba en la calle Nevería, al lado de la derecha, según se miraba, entonces, el Colegio de las Carmelitas de la Caridad. A la casa le pusieron, "La casita de la Virgen", pero la casa había sido todo lo contrario: casa de lenocinio, de perdición y de pecado. Y a mi bisabuelo le contrariaba que, al lado, justo al lado, del Colegio donde se educaban sus nietas, hubiera un lupanar. Cuando mi bisabuelo la compró, la regaló a las Carmelitas y, desde entonces, allí estuvo presidiéndola una imagen de Olot, de la Virgen Niña, la "Niña María". Esa imagen, no recuerdo qué día, la sacaban las niñas del colegio, en unas parihuelas, en procesión, por las calles cercanas. Formaban en ella todas las alumnas, de uniforme, con velos de tul blanco y guantes del mismo color. Las aplicadas, llevaban una banda, incluso medallas. Ordenaban la procesión las mismas monjas-profesoras y la cerraba el capellán de capa y estola. A los niños patosos nos gustaba, con un canuto de papel y granos de arroz, disparárselos a las niñas, para provocar su atención y que las monjas les riñeran, por deponer de su actitud piadosa y reverente. (En la imagen, la fachada de la Iglesia de las Carmelitas y la casa donde vivieron los presbíteros Carlos y Manuel Román Ruiloba).

niniamaria_03_puertosantamariaLas niñas mayores del Colegio del Sagrado Corazón de las Carmelitas de la Caridad, tenían el privilegio de llevar las andas, con la imagen de la Virgen, por las calles de El Puerto. En la foto, tomada en uno de los patios del Colegio, de izquierda a derecha, Encarna Gil, Ana María Insúa Lavín, Cristina Fernández (Boli), Elisa Muñoz, Celia Insúa, Delia y Lalo Muñoz Bellvís. El uniforme, propio de la época, con cuellos exteriores y guantes blancos.

Otra procesión que salía de la capilla del propio colegio-- y de la que no tengo recuerdo próximo--, es la de la Inmaculada de la "Hijas de María" de las Carmelitas, en un pasito que, en el año 1927, le prestaron al Nazareno de la Prioral, para sacarlo por primera vez desde la refundación de la Cofradía. Esta procesión, la de la Inmaculada, tuvo sus precedentes en otra que, las "Hijas de María" de las "Corazonas", sacaban a principios del siglo y aun en otra, que organizaban las Madres "Irlandesas", que se instalaron por primera vez en El Puerto, cuando, procedentes de Irlanda, vinieron a España, en la calle Larga, en la casa que luego fue de Acción Católica, en el último tercio del siglo pasado, que aquí pusieron, para siempre, el apodo de "irlandesas" a la Congregación de la Inmaculada Virgen María. Terminemos las procesiones marianas desaparecidas, con los Rosarios de la Aurora que partían de la Capilla de Nuestra Señora de la Aurora, o los que sacaba la Asociación de Señoras del Rosario de Nuestra Señora de los Milagros. Al alba, con grandes faroles de carburo, y un estandarte, recorrían las calles de la feligresía". (Texto: Luis Suárez Ávila).

niniamaria_04_puertosantamariaDon Manuel Román Ruiloba, Présbitero y Coadjutor, de la Iglesia Mayor Prioral natural de Jerez pero porteño durante su vida religiosa al que debemos una nótula en Gente del Puerto, vivía junto a su hermano Don Carlos y otros miembros de su familia en la casa, hoy abandonada, que existe junto a la capilla de Las Carmelitas, en la calle Nevería. Además, daba clases de Religión en dicho colegio. Alguna alumna de aquella época recuerda el “enfado” de Don Manuel cuando estas alumnas de las Carmelitas se lo encontraban por la calle y con la picardía propia de los pocos años le gritaban: «--¡¡¡Adios Don Manuel!!!», a las que éste respondía muy ceremoniosamente: «--Vayan ustedes con Dios, hermanas». En la fotografía, los monaguillos Pepe Rodríguez Rendón y Ramón Insúa Lavín, acompañando a Don Manuel en la procesión).

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Como se ve, con el paso del tiempo sufrió reformas ya que en las primeras fotos podemos observar como desfilaban niñas vestidas de primera comunión, algo que no ocurre en las siguientes que mostramos, como en estas, en la de la derecha aparece en primera fila, llevando las andas, Ana María Insúa y Elisa Muñoz, detrás a la derecha Encarnita Gil. La niña de delante creemos que es una Torrent, aunque sin asegurarlo del todo. En la de la izquierda aparece Delia Muñoz Bellvis y Mery Nuchera. (Todas las fotos de esta nótula pertenecen a la Colección de Celia Insúa Lavín).

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El Colegio del Sagrado Corazón de las Carmelitas de la Caridad, a la izquierda de la fotografía, en la calle Nevería. Tiempo actual. (Foto: Vicente Utrera - Alberto Trigueros).

18 comentarios en “301. LA PROCESIÓN DE LA NIÑA MARÍA.

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  2. charo diaz

    Pili yo si me acuerdo de ti,lo que pasa. es que repeti quinto curso y entonces ya fui compañera de tu hermana Mari Luz y Tinita era mas pequeña,sois de Talavera y estabais internas

  3. pilar leon

    hola celia soy pilileon me acuerdo mucho de ti efectivamente coincidimos en fortuny no me acuerdo ni decharo diaz ni de isabelg.torrent aunque alguna seria companera de mis hermanas mari luz o tinita besos

  4. maqui

    Que tiempos!!!! Por cierto, Beli, ?que es de tu hermano Tomas? sigue por Madrid? Meas algun dato para dar con el?
    Que sigais todos asi de guapos!!!
    Maqui

  5. Inmaculada Alba

    Que alegria me ha dado encontrarme con la procesión de LA NIÑA MARIA, cuantos recuerdos del colegio y del Puerto.

  6. celia

    Hola Charo, yo estudié Preu en Fortuny el curso 62-63, porque en el Puerto no podía estudiarlo (en las Carmelitas) y porque quería estudiar la Carrera de Ciencias Económicas en Madrid.
    Era Prefecta de estudios la Hermana Carmen Coloma.
    Yo estaba interna y eran compañeras de curso Carmen Ballestero, Pili León, Aurora Velasco.....¿recuerdas a alguna?

  7. Puertomenesteo

    Mery, me ha encantado ver un comentario tuyo en esta página. Así demuestras que sigues siendo Portuense aunque vivas en Jerez.

    Un beso.

  8. charo diaz

    De que año estamos hablando? yo estudié en Fortuny, hasta el año 63, y me encantaría saber que paso de algunas compañeras.

  9. mery nuchera

    me ha encantado recordar cosas del puerto y ver a mis buenas amigas celia .lalo ana mari...¡ ¡que tiempos aquellos! y ¡que buena memoria teneis algunos! mando un abrazo a todos

  10. Tomas Rodriguez Rendon

    Lo niños acompañantes de D. Manuel Roman son Jose Rodriguez Rendon (izquierda), conocido como Pepe Rendón, y Ramon Insua Lavin (derecha).
    Saludos.

  11. joaqui

    la imagen se encuentra en la guarderia de nuestra sra de los angeles y todavia los niños de la guarderia sacan a la virgen todos los años, asi que la procesion no se ha perdido.

  12. celia

    Hola Beli, sabía que la memoria no me fallaba,pero no me atrevía a asegurarlo.
    Yo estudié en las Carmelitas del Puerto hasta los 15 años, luego hice Preu en las Carmelitas de la calle Fortuny de Madrid, ¡que casualidad!.
    Me alegro mucho que te haya hecho ilusión ver la foto.

  13. Mª Isabel Giménez Torrent

    Muchas gracias Celia por poner la cuarta foto de la dcha, efectivamente la niña de delante es una Torrent, soy yo Mª Isabel (Beli) Giménez Torrent, hija de Tomás Giménez Benito (fallecido) y de Milagros Torrent Sánchez.
    Estudié en las Carmelitas del Puerto hasta los nueve años, luego en Madrid continué mis estudios en las Carmelitas de la calle Fortuny y en el Colegio Sta Joaquina de Vedruna de Mirasierra donde terminé Preu.

  14. celia

    Pues no tengas dudas Menesteo. La 7ª por la izquierda es Milagros Muñoz (Lalo ,para las que tenemos la suerte de ser su amiga).
    Lo sé muy bien porque la foto la he mandado yo.

  15. Puertomenesteo

    En efecto, en la primera foto la que está a la izquierda es María del Carmen García de Cos, hija del Dr. D. Antonio García Sánchez. En la 2ª foto tengo mis dudas sobre la 7ª por la izquierda.

  16. Juan Poquet Grimalt

    Felicitaros al equipo que llevais a cabo este magnifico trabajo. Desde que accedí a la página la he enviado a todos mis amigos y familiares, para que la conozcan porque es muy buena. me gustan los "redactores" encabezados por José María Morillo. Todos los dias al abrir la página me pregunto ¿a quien recordaremos hoy?. Si me permitís una sugerencia, ¿porqué no recordar a un personaje que lo fué durante muchos años de nuestros muelles? RAMON DE LA FLOR le llamaban "cositabuena"porque tuvo más de 20 hijos y era un "mijurria". Se dedicaba a dar el agua para consumo en los pesqueros que "arranchaban" para salir a faenar. Antonio Carbonell lo conoció y con su buena pluma y conocimientos podria hacer un buen articulo y creo que el "cositabuena" y sus descendientes se merecen ese recuerdo-homenaje.
    Es mi modesta opinión que os transmito de parte de una hija suya.
    Gracias por compartir vuestro trabajo y experiencias con los que amamos a nuestra gente y nos sentimos porteños. Salud.

  17. LSA

    Ahí os mando algo que escribí para "Cruz de Guía" hace algunos años

    VISTO Y NO VISTO

    A la buena memoria de Mari Paz Bohórquez Sierra (q.e.p.d.), que formó, como alumna, tantas veces en la procesión de la Niña María.

    Si usted es cristiano viejo y no se ha caído de un paracaídas, como por ensalmo, y ha recalado, también por ensalmo, en esta Ciudad, le habrán contado en su casa, incluso habrá presenciado, desde la acera, o participado, desde las filas, en procesiones que echa hoy de menos.
    No quisiera irme tan lejos como para relatarles, las dos de San Luis Rey de Francia, que sacaban, el mismo día, los Mínimos de la Victoria y los Franciscanos de la Menor Observancia. Ya se sabe que este Santo, francés, que es el mío, era Terciario Franciscano. Los Mínimos sustentaban el derecho a darle culto y a sacarlo en procesión. Lo mismo mantenían los Franciscanos. El caso es que en plena calle, ante el pasmo general, se encontraron las dos procesiones del mismo San Luis y los frailes de las dos religiones la emprendieron a palos. Y ganaron los que tenían que ganar, los que estaban más gordos y mejor alimentados. Pero esto que les cuento, lo he leído, sucedió en el siglo XVIII y no lo he vivido, como lo que les paso a poner de manifiesto.

    De la Concepción, salía San Francisco de Asís, "Nuestro Seráfico Padre", que le decían. En ella formaban los de la Orden Tercera Franciscana, encabezados por don Francisco Pérez Gil, acompañado por don Francisco Moresco, por "Morenito", por Don Galo Domínguez del Rosal --tan piadoso que le cantaban:

    ¡Viva María,
    viva el Rosario!
    ¡Viva Galo Domínguez,
    que lo ha fundado!

    por Luis Merello Alvárez-Campana, por Paco Iborra..., por las ínclitas Candelaria Leal, Conchita Reyes, las tres hermanas Gil Chavero o Marujita, "la del Sin Nombre"... con unos grandes escapularios y el cordón franciscano, a la cintura, que, a cada trecho, entonaban aquello de:

    ¡Salve, Padre Nuestro!
    Serafín que ardes
    en amor divino,
    ¡Salve, Salve, Salve, Salveeee...!

    De San Joaquín, el día de Cristo Rey, sacaban a Su Divina Majestad Sacramentada, bajo palio, escoltado por un piquete del Benemérito Instituto, seguido de la banda de música de Rocafull, y luego de Dueñas, hasta el monumento del Sagrado Corazón, de la Plaza de los Jazmines y, tras una estación en el altar que se levantaba, y la oración por la reparación de las blasfemias, se daba la bendición con la custodia y luego, por la misma calle Cielo, a su templo. Me cuentan que, en ocasiones había fervorín a cargo de un elocuente orador sagrado, pero, la verdad, es que eso no lo recuerdo, y como no lo recuerdo, pues ni lo afirmo, ni lo niego.
    Lo que sí recuerdo es la salida desde las puertas el colegio de San Luis Gonzaga del "hermano" Bayo, con la cruz, dos niños acólitos con ciriales, dos grandes filas de hombres y mujeres portando faroles con cristalitos de muchísimos colores, del paso del Inmaculado Corazón de María, de los nueve estandartes con las promesas del Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque, de los señores y señoras del Apostolado de la oración con sus medallas y su bandera de terciopelo, y finalmente del paso del Sagrado Corazón de Jesús, precedido de los seises Muñoz Cuenca, Catalayud, Manolín... y de los acólitos con esclavinas rojas, ribeteadas de zalea de borrego, los "Estanislaos", los "Luises" y los "Javieres", con banderas marianas, medallas con cordones y las "Juntas", con collares dorados, como toisones, de donde colgaban insignias con ráfagas brillantes. El grueso lo formaban novicios, juniores, maestrillos, coadjutores, y sacerdotes de la Compañía de Jesús, con roquete y bonete romano, pelados al rape con mirlo, la nuez pronunciada, y mirando hacia el suelo por ganar el cielo, todos presididos por el ínclito Padre Torres, el Rector. Y, en el aire,los cánticos: "Corazón Santo, Tú reinarás..// Ven Corazón Sagrado, de Nuestro Redentor..." y hasta aquello que decía: "que, en nuestro pecho tienes tu altar..." que al oírlo de las gargantas de las ilustres beatas, desmesuradamente pechugonas, que eran Candelaria Leal y Cruz Hernández, llamaba la atención, porque lo suyo eran altares "privilegiados", altares mayores, retablos comparables con el de la Catedral de Sevilla que, dicen , es el más grande de la cristiandad. Aquellas joyas de la cantarería láctea, desgraciadamente, se las comieron los gusanos, porque murieron, las dos, sin conocer varón, ni amamantar retoños. A la recogida, en la puerta del colegio, sacaban uno de los dos púlpitos de la capilla doméstica y desde él, el Padre Ruiz Andreu, u otro, pronunciaba un sermón sentido, imperial y regenerador.
    En todas las Iglesias, luego de la función del Domingo de Resurrección, descorridos los velos de los altares, para estrenar los manteles, de que habían estado desprovistos desde el Viernes Santo, se hacían procesiones claustrales, que se conocían como "visitas de altares" con el Santísimo, bajo palio, que partiendo del Altar Mayor, iban de capilla en capilla, o de altar en altar, rezando una estación, hasta siete, terminando en el Sagrario, donde se reservaba.
    El cumplimiento Pascual, es decir comulgar en Pascua Florida, era difícil para los impedidos por alguna enfermedad que, postrados, no podían acudir a la iglesia. Entonces, desde la Prioral, salía bajo palio, la procesión de los impedidos, organizada por la Real, Antigua y Venerable Archicofradía del Santísimo Sacramento, a la que algunos adjudicaban la antigüedad del siglo XIII y que el Párroco, don Antonio Cabeza Moya, de un plumazo, con la aleve y culpable omisión de sus Hermanos, dejó reducida a la nada. La Archicofradía, de chaquet, portando velones, las varas del palio y el lábaro, con Bonifacio, el muñidor, de ropón rojo de terciopelo con su campanilla, la Adoración Nocturna, con bandera e insignias de solapa, y los fieles en general, escoltados por la Benemérita y perseguidos por la Banda de Dueñas --antes de Rocafull, como se ha dicho--, acompañaban al Santísimo que, en un copón cubierto con velo y paño de hombros, portaba el Párroco, de capa, asistido de sus Coadjutores, de dalmática.
    En cada casa donde hubiera un enfermo, se paraba, entraba el lábaro y la bandera de la Adoración, que quedaban en la casapuerta, y penetraban los sacerdotes para dar la comunión al enfermo, que días antes había confesado convenientemente.
    Desde San Joaquín, también salía esta procesión y, salvo que faltaba la Archicofradía, era idéntica. De muñidor iba el entonces jovencísimo Manolo Girón Ceballos, con su campanilla. Formaban también en ella, la Adoración Nocturna y los seminaristas Pepe Robles, Pepe Carmet y el "Niño Pérez", amén de un numeroso cortejo de feligreses.
    Los itinerarios de estas procesiones eran cambiantes y más o menos largos, en función de los enfermos nuevos que hubiera, unos, y de las bajas, por haber pasado a mejor vida , otros, aunque siempre hubo los de toda la vida, postrados crónicos, que duraron más que las propias procesiones, hasta que se acabaron consumiditos.
    El día de la octava del Corpus Christi, en la Prioral, se celebraba una procesión con el Santísimo, conocida como el Corpus Chiquito. En un pequeño baldaquino , de madera, dorado --donde, en la procesión del gran Corpus, se sacaba el Lignum Crucis y las reliquias de San Pedro y San Pablo, en la urna de plata--, se ponía, ahora, la custodia rococó, de los diamantes y esmeraldas. Con la Archicofradía y muchos fieles, luego de una exposición y vela del Sacramento, se salía, ya en el pasito, al empedrado y se bajaba a la Plaza, dándole la vuelta al monumento de la Inmaculada. Allí se había dispuesto un altar. En él, expuesto el Santísmo, se cantaba el "Tantum ergo...", entonado por la banda de música, y se daba la bendición. A dos pasos estaba el templo. Se terminaba --era lo usual-- con una nueva bendición, oración en desagravio por las blasfemias y reserva del viril en el Sagrario de plata regalo de don Juan Camacho Jaina, el portuense primer editor de Sor Juana Inés de la Cruz.
    He dejado, para el final, al Cristo del Amor. Este Cristo, despedazado, barrocamente torturado, en la cruz, responde a la profecía de David, de que "han taladrado mis manos y mis pies y pueden contarse todos mis huesos". Se cuenta que esta imagen es producto del relato de una visión celestial del Padre Pedro Rodríguez Villarelo -- que se ponía en éxtasis a la menor cosa y murió en olor de santidad--. Se dice que, oído de los labios del sacerdote, un peregrino que estaba en la hospedería del convento, escultor por más señas, la plasmó y, misteriosamente, cuando abandonó su hospedaje, la dejó en la Iglesia de las Madres Capuchinas de la calle Larga. Desde allí salía en piadoso Vía Crucis, por toda la Ciudad, a hombros de los Jóvenes de Acción Católica, dirigidos por el Consiliario Don Luis Bellido, hoy Párroco de San Dionisio de Jerez, y en el que formaban, devotos y enardecidos de fervor, Pepe Valiente y Esteban Caamaño, Rafael Sevilla, Manolo Carrillo, los hermanos López Ruiz, Esteban Fernández, Rafael Bellvís, Pepe Adame, Domingo Renedo, Manolo Muñoz... Todavía quedan sobre algunas fachadas las cruces de madera, pintadas de almagra, en las que se paraban y rezaban las estaciones de tan piadoso ejercicio.
    Pero si el Vía Crucis con este Cristo terminó, comenzó casi a seguida, un movimiento, propiciado por Esteban Fernández, para crear una Asociación penitencial cuyo titular fue esta imagen del Crucificado. Cuajó la cosa con la intervención de Don Francisco Duque, fraile Jerónimo exclaustrado, que ejercía de capellán de las Pobres Capuchinas. Y aunque nunca se llamó hermandad, la cosa es que salía el Jueves Santo, a hombros de unos hermanos vestidos de frailes de guardarropía, con la cogulla calada que impedía ver sus rostros. En el cuerpo de la procesión, cada "fraile" llevaba una cruz a cuestas y paraban o andaban, a golpe de palmeta que accionaba, con pericia magistral, Luisito Almansa. Después de un recorrido por las calles de la ciudad, hacía estación en el Penal, en el antiguo Penal de la Victoria, donde, desmontado el Cristo del pasito, era conducido al interior, a hombros de funcionarios de prisiones, hasta el patio central. Allí, los presos, unos formados, y otros, que permanecían en las celdas, cantaban saetas, les dedicaban marchas marciales con la escueta banda de cornetas y tambores, o le leían poesías. Allí oí una vez a un preso --monaguillo del Capellán de Prisiones, Don Anastasio-- que, en su intervención, se dejó decir: "Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia". Ante aquello se miraron, asombrados, todos los presentes, por la interpretación que de la justicia del justo, del bueno, daba el preso, que se refería, sin duda, al Magistrado Ponente de la Audiencia que lo condenó, casi por nada, porque, de seguro, como todos, no había hecho nada. Cuando las Capuchinas, abandonaron su convento y se fueron al otro de "La Valenciana", se llevaron al Cristo, pero la procesión dejó de salir para siempre.
    Visto y no visto, casi en un verbo, he rebobinado mi memoria y lo he contado, para que Manolo Pico me deje reposar; que me persigue, apenas se huele la Cuaresma, hasta que, a pie de ordenador, se lleva, por fin, el original para su "Cruz de Guía".

    Luis SUÁREZ ÁVILA

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