1.228. EL PARQUE CALDERÓN. Más de un siglo de historia.

14 12 2011

«En el siglo XIX, los lugares que tradicionalmente acogieron el tranquilo deambular de los portuenses –aparte de algunas áreas de ocio, como las caminatas que solían hacerse por el Camino Viejo de Rota al molino Platero, o en ‘la Otra Banda’ al pinar del Coto de la Isleta– fueron, a partir del siglo XVIII, el paseo del Vergel del Conde, ampliado en 1895 con la creación del Parque Calderón, y el paseo de la Victoria, y desde 1889 la plaza Isaac Peral. Hasta principios de nuestro siglo, fueron tiempos en que río y ciudad, fundidos, conformaban un mismo paisaje, materializándose el hecho de ‘vivir cara al río’: A un lado la ciudad, al otro el Guadalete, y en medio el vergel del Conde y su prolongación del parque Calderón.


El Cantil del Muelle y el Parque Calderón en 1870, sin urbanizar, ‘un sitio intransitable e inmundo’.

EL PARQUE CALDERÓN.
La muralla de encauzamiento del río entre la plaza de la Herrería y el puente San Alejandro, comenzaba a levantar en 1873, no se culminaría hasta 1884. Pero a los diez años, en septiembre de 1894, ante el mal estado que presentaba la nueva muralla y la más antigua –de 1735- frontera al paseo del Vergel, el maestro de obras del municipio, Miguel Palacios, requirió al Ayuntamiento la necesidad de su inmediata reparación. El proyecto formado por Palacios incluyó la rehabilitación del terreno ganado al río en la década de los 70, «un sitio intransitable e inmundo», al decir de entonces. Buena ocasión se presentaba para que el aspecto de la ribera entre el Vergel y el puente ofreciera una imagen más digna para un lugar tan señalado y principal de la población.

El Cantil del Muelle y el Parque Calderón, delimitado por unas rejas, a principios del siglo XX. La actividad portuaria, separada de la zona de ocio.

La Corporación surgida tras las elecciones municipales de junio de 1895, presidida por el conservador Severiano Ruiz Calderón, sería la encargada de ejecutar las obras de la ampliación del paseo, iniciadas en julio y concluidas, en su mayor parte, en febrero de 1896, mientras la reforma del muelle se prolongó algunos años más.

ACTOS FESTIVOS.
Desde la fundación del Parque Ruiz Calderón, al igual que desde 1846 venía ocurriendo en el Vergel, el ayuntamiento organizó, entre el 24 de junio, festividad de San Juan, y el 14 de agosto, víspera de la Feria de la Victoria, numerosos actos festivos y lúdicos en ambos paseos con el principal fin de atraer la llegada de turistas. Por citar algunos de los mas señalados de una extensa lista, mencionaremos las veladas marítimas, los teatros y cines de verano, los conciertos de la Banda Municipal, las barracas de la feria, las tómbolas y rifas, las casetas de baile, las regatas y cucañas marítimas frente al Parque, los fuegos artificiales… Y con ello, los establecimientos de bebidas, que en su tiempo fueron toda una institución, como la Caseta de Martínez, la de Pedro Morro o la de Luis Bononato, los kioscos de Pasage, de “el Chico”, de Murga, el Puesto de Fernando, El Parque, El Recreo, y otros tantos que el paso del tiempo dejó en el olvido» (Texto: Enrique Pérez Fernández).


El fotógrafo Cuellar –que no se llamaba Cuellar- delante del Bar Santa María.

REMODELACIÓN.
En 1996 se conmemoraba el centenario de la inauguración del Parque de Ruiz Calderón, que se abría como espacio de esparcimiento de aquellos portuenses en febrero de 1896 ejecutado bajo el mandato de la corporación presidida por el conservador Severiano Ruiz Calderón. La Tertulia ‘Un alto en el Camino’ reunía en torno a su mesa a uno de los coautores técnicos que ejecutó la remodelación de dicho Parque descendiente, precisamente, de aquel alcalde, el arquitecto Ramón Pico Valimaña.

‘NO HAY DIRECTRICES POLÍTICAS EN LA REMODELACIÓN DEL PARQUE’.
El proyecto no dejaba indiferentes a ningún porteño y al mismo asistieron, además de los habituales contertulios, los también arquitectos Alfonso Rodríguez Serrano, Jorge Gutiérrez Colosía y Rafael de los Santos.

Tertulia de ‘Un Alto en el Camino’, en 1996. /Foto: Andrés Mora.

Pico Valimaña exponía aquel 1996 un resumen del proyecto, desglosando las actuaciones que se pensaban acometer en el Parque, Pozos Dulces y calles de la Ribera. Reiteraba que el Ayuntamiento le solicitó un diseño sencillo y práctico, retirando el epíteto faraónico. «–Se me ofreció la idea para desarrollarla sin cortapisas, sin directrices políticas alguna, un nuevo parque moderno, imaginativo, abierto a la Ciudad y al río», recogía en su crónica de Diario de Cádiz el periodista Francisco A. Gallardo, que incluso recibió el guiño de «que rozara lo utópico». Un proyecto englobado en la remodelación de la Ciudad y en toda la bajamar del Guadalete.

El Parque, ya con la remodelación, con el palmeral intacto. /Foto: Jorge Roa.

PROPUESTAS.
Los contertulios hicieron sus propuestas: se rechazó por falta de espacio, la ubicación de un anfiteatro, un recinto al aire libre para espectáculos. Sin embargo se insistió en la colocación de un templete de música, que inicialmente no se encontraba previsto, como otras mejoras en las que trabajaron los arquitectos redactores, como la habilitación de un espacio para contenedores o varios servicios públicos; la instalación de una carpa desmontable era rebatida por los hosteleros presentes y ninguna objeción al aparcamiento subterráneo de la plaza del Pescador.

Pico defendía la carretera que se ubicaría en el cantil del río porque confiaba en que, debido a los cambios viarios de la localidad y de los distintos aparcamientos, no crearían un tráfico denso, recordando que la acera inmediata al río sería ampliada a 12 metros, como el Paseo José Luis Tejada, durante la revisión del proyecto.

«El paisaje del Parque Calderón está cambiado; las palmeras se han transformado en un Parthenón de desmochadas columnas, cuyos capiteles han sido pasto de un invasor incontrolado que amenaza con convertirlo en un parque amputado» (Alberto Boutellier Caparrós). /Foto: Pepe Hidra.

LA REALIDAD.
La realidad ha sido otra, no es necesario comentarla, basta por pasear por este más que centenario lugar de encuentro de los porteños. Unido a ese presente que es hoy el Parque, el desastre en el palmeral por culpa del ya tristemente famoso picudo rojo, o la desaparición del Carrusel de los Caballitos –ojo podrían volver si encuentran algún tipo de ayuda para su restauración– las cunitas y los tradicionales puestos, han conformado un espacio público que no es una de las mejores imágenes de la Ciudad, en pleno conjunto histórico.


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11 respuestas a “1.228. EL PARQUE CALDERÓN. Más de un siglo de historia.”

14 12 2011
Antonio (08:52:38) :

Pico, con su pico, y el picudo rojo con el suyo han dejado el Parque de Calderón todo picoteado y desconocido.

14 12 2011
PEPE PRADO (21:15:36) :

Miren y vean, lo bien que lucen ahora los alcorques de las palmeras.
¡¡¡Que arte, Dios mío de mi arma!!!
En cuanto pueda, me voy del Puerto.

15 12 2011
Juan Antonio Galán (13:55:18) :

Pues si que es una lastima,desconozco si el mal que se las esta llevando se podría haber remediado con mas celeridad,pero algunas son centenarias y han aguantado ….. ahora en un abrir y cerrar de ojos la cortan.

15 12 2011
Emilio Wandosell Alcina (13:56:20) :

No va a quedar ni una. En verano parecía que la plaga estaba contenida, pero ahora están cayendo muchísimas…

15 12 2011
Ana Maria Reinado Albert (13:57:03) :

Es una pena , no haber puesto remedio antes a un lugar tan histórico e unido al Puerto, lugar de paseo, de encontrarse con los demás y muchas cosas mas. En mi caso hasta de aprender a montar en bici por el parque, que recuerdos.¿ De verdad no se podía haber actuado antes? No me lo creo.

15 12 2011
Remedio Vargas Domínguez (13:57:53) :

Quien podrá tener fotos del Club taurino, era un bar de cristales, que estaba en el Parque, era algo emblemático, todo eran carteles de toros y fotografías etc…Era una reliquia taurina y lo quitaron sin saber porque…me dio mucha pena.

Yo tenía cinco años y me paseaba en las cunitas que eran barquitas pequeñas donde me columpiaba, con mis hermanos mientras mi padre jugaba al domino, dentro y nos vigilaba por los cristales, tenía una reja de pintada de verde de hierro a mitad de pared, era un lugar tipo invernadero entre crista y hierro con montera de alegorías taurinas en el techo, lo recordare siempre.

15 12 2011
Pablo Cesar Ruiz Arroyo (14:01:43) :

Ya en los noventa dieron la voz de alarma de la voracidad de esta plaga ” Picudo Rojo”, pero el tratamiento efectivo para esta plaga “Imidaclorpid” o materia activa similar para la Administración les habrá parecido caro……. en cambio, ha dia de hoy están repartiendo felicitaciones navideñas entre distintas personalidades, asociaciones y similares….. en sobres y papel de buena calidad, y nada baratos…… para unas cosas si les cuesta aligerar las huchas municipales y para otras no les importa derrochar sin más…….

15 12 2011
Begoña San Narciso Aguinaco (14:02:26) :

La foto primera muestra el parque como lo recuerdo de mi infancia.

16 12 2011
PEPE PRADO (19:41:04) :

Me molesta mas la vista, ver los alcorques, que las palmeras desmochadas.
Se vé perfectamente en la primera fotografía, la estética que tenía el parque, con los primeros alcorques. Por lo que se deduce que el problema del Parque Calderón, además del picudo rojo, es la catetada de reforma que se hizo ultimamente.

16 12 2011
rafa fernandez (22:44:44) :

En el tema del picudo, bien vale la expresión ” entre todos la mataron y ellas solitas, las palmeras, se murieron”.
A mi parecer, el Ayto, actuó tarde y mal, quizá mal asesorado, quizá cuando pudo no quiso ,y cuando quiso ya no pudo.
Quien sabe, si al igual que con el vapor, la solución hubiera venido de la iniciativa privada, se imaginan en la base de cada palmera,un cartelito: romerijo, osborne o rives, con su aportación, salvaron a esta palmera centenaria, para gozo y disfrute de los autóctonos y visitantes.

17 12 2011
Francisco Bollullo Estepa (11:03:50) :

Que pena ver las palmeras desmochadas por culpa del dichoso picudo, reconozco que no me gustan muchos las palmeras; pero éstas formaban parte de su historia y el exorno del lugar, todos las hemos vistos crecer; aunque lentamente.

Recuerdo el Parque en los veranos años sesenta del siglo pasado. con dos o tres bares pequeños pintados con colores claros que le daban un aspecto más en consonancia con el entorno del río, las fuente de la ranita, el paseo a partir del bar Caza y Pesca hecho con albero de Alcalá que resultaba tan agradable cuando era regado por las tardes por el camión de riego y las actuaciones de la Banda Municipal de Música con el maestro Dueñas interpretando pasadobles y romanzas de zarzuelas, el kiosko del Club Taurino Portuense y las tertulias que allí se formaban.

Ahora lo veo de distinta forma, más deteriorado; no sé si a ustedes le parecerán mejor o peor; el paseo empezando por su entrada, le veo estrecho, invadidado por mesas y sillas de los bares, tenderetes y tenderetes que nos cortan la mirada del entorno del río.

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