2.212. ADOLFO GOMEZ RUBE. Marino ilustre de la Armada Española.

El pasado día 22 de este mismo mes hizo 78 años del fallecimiento en Madrid de Adolfo Gómez Rube, Vicealmirante de la Armada. Este insigne militar había nacido en El Puerto de Santa María el 11 de noviembre de 1861, ingresando por oposición cuando contaba quince años en la Escuela Naval Militar, en la que finalizó sus estudios como aspirante dos años y medio después, con 18 años recién cumplidos.

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Emblemas de guardiamarinas.

Sus mediocres notas, excepto en la asignatura de Cálculo, actitud rebelde y comportamiento poco disciplinado durante ese corto periodo de estudios, según consta en su expediente académico, no hacían prever la brillante carrera que iniciaría poco después de Guardia Marina al madurar como persona,  potenciando virtudes castrenses tan apreciadas en la Armada como el valor, espíritu de servicio y sacrificio, y camaradería.

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Fotografía del acorazado Pelayo, de cuya dotación formó parte en 1888.

De carácter extrovertido, siendo estudiante era un empedernido bromista y, a pesar de su corta estatura (ingresó en la academia midiendo 1,53 cm. y salió de ella con 13 cm. más) era un líder estudiantil en esa primera etapa formativa.  Durante su formación como oficial, obtuvo diversas licencias por enfermedad. Acabados sus estudios y plenamente restablecido de sus dolencias escolares, en el verano de 1888, se le ordena trasladarse a Tolón, donde se encontraba el acorazado “Pelayo” para formar parte de su dotación. Los días de mar que figuran en su expediente son: 55 en barcos de vela y 223 en vapores.

mundonavalilustradoEn febrero de 1890 es promovido al grado de teniente de Navío. Una Real Orden de fecha 11 de abril de 1893 lo destina a Filipinas y se encarga de los Guardias Marinas que prestan servicios en las Escuadras de Instrucción destinados en dicho Apostadero. Meses después es nombrado comandante del “Albany”, cesando en marzo de 1894 para coger el mando del cañonero “Paraguay”. Y es en esta lejana colonia, sumergida en la guerra por su independencia, donde iniciaría el tramo más brillante de su carrera profesional. Allí obtiene tres condecoraciones casi seguidas: en julio de 1897, la Cruz de 1ª Clase al Mérito Militar, con distintivo rojo, por las operaciones de Mindanao; en noviembre de ese mismo año la Cruz de 1ª Clase de María Cristina por los méritos que contrajo en el rio Paombong y en octubre de 1898, terminada la guerra, Cruz de 1ª Clase del Mérito Militar, con distintivo blanco por servicios prestados a lo largo de toda la campaña de Filipinas.  /En la imagen, la revista El Mundo Naval Ilustrado que nace con los enfrentamientos con Cuba y Filipinas.

camarin_virgen_M_1916_puertosantamariaFue repatriado en los primeros días de 1899, embarcando el día de Reyes con destino a Cádiz. En esa fecha, tenía 36 años, graduado como teniente de Navío, consiguiendo una licencia de casi seis meses por enfermedad y repatriación, designándosele después como segundo comandante de la Ayudantía de Marina de Huelva. Tengo la impresión de que no le gustó nada ser segundo y, de hecho, no se incorporó hasta noviembre de 1900, pero ya como comandante de la Ayudantía.  Estaba aún soltero, aunque por poco tiempo, pues el 24 de  agosto de 1901 contrajo matrimonio en la iglesia Mayor Prioral con la hija del bodeguero local Ramón Jiménez Dávila, María del Carmen Jiménez Mateos, que tenía en esa fecha 25 años. La ceremonia, un tanto extraña, pues se celebró a las cinco de la mañana en la capilla de la Patrona, con la novia vestida de negro, fue oficiada por don Antonio Iñigo, en presencia del abogado Lorenzo González Villagrán, secretario del Juzgado, actuando de testigos Rafael Franco Gil y José Molares Delgado. /En la imagen de la izquierda, camarín de la Virgen de los Milagros, en cuya capilla se casó nuestro paisano en 1900. /Foto: Justino Castroverde de principios del S. XX.

De Huelva pasó a Almería y de allí, en mayo de 1905, a Cádiz, como Jefe de la Estación Torpedista y unos meses después es nombrado comandante de la misma, relevando a Juan Antonio Gener. (El título o enunciado completo de este cargo sería: Jefe del Ramo de Armamento, Artillería, Ingenieros, Comisario y Jefe de la Sanidad de dicho Arsenal). Continuaba siendo teniente de Navío en 1908 cuando ejercía como Jefe de Electricidad y Torpedos, siendo elogiado en su trabajo por sus superiores, valiéndole la concesión de  la Cruz del Mérito Naval y dos años después la placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.

medallademarruecosEn 1912 asciende a capitán de Fragata y en 1914, con esta graduación ejerce como segundo comandante en los cruceros “Reina Regente”, Extremadura” y el cañonero “María de Molina”. En 1916 asciende nuevamente a capitán de Navío y en 1917 es nombrado comandante del acorazado “Pelayo” en el que inició su carrera militar.

A partir de esta responsabilidad, tras dos años al mando de tan emblemática embarcación, en el transcurso de la cual le fue concedida la Medalla Militar de Marruecos y dos meses de licencia que reparte entre Madrid y El Puerto  inicia una meteórica carrera que comienza siendo ascendido a contralmirante y nombrado General Jefe de la División de Instrucción, después General Jefe de Personal y Servicios Auxiliares del Estado Mayor Central y, en abril de 1923, Jefe de Estado Mayor del Departamento de El Ferrol. Antes de ser nombrado en noviembre de 1924, Comandante General del Arsenal de Cartagena, es ascendido a vicealmirante, puesto que desempeñó hasta su pase a situación de Reserva, el 16 de noviembre de 1927. /Medalla de Marruecos, concedida por Alfonso XIII.

Desde esa fecha, estando en dicha situación de Reserva,  hasta junio de 1931, ejerció como vocal del Tribunal Superior de Marina y Guerra, interviniendo en numerosos procesos, falleciendo en Madrid a la edad de 75 años el 22 de agosto de 1936.

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Capitanía General de El Ferrol, donde ejerció como Jefe de Estado Mayor del Departamento Marítimo del Ferrol, en 1923, coincidiendo ese año su ascenso a Vicealmirante. 

A pesar de ser uno de los que yo denomino “portuenses errantes” siempre ejerció como tal y no perdía ocasión para acercarse a su ciudad natal y la de su esposa, localizando en la “Revista Portuense” en sus notas de sociedad, numerosas citas anunciando su presencia, entre otras como acompañante junto a otras autoridades en la procesión de la Virgen de los Milagros. Con esta pequeña semblanza creo es de justicia recordar la memoria de este ilustre marino que une su figura y trayectoria a la de otros paisanos de igual arma como los Coig, Winthuysen o Piury. /Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz. A.C. PUERTOGUÍA

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