2.280. COMO PIONEROS POR SIDUEÑA. A los 35 años de Doña Blanca.

Este trabajo fue presentado en unas Jornadas en El Puerto de Santa María,  con motivo de los 25 años de las excavaciones arqueológicas en el Castillo de Doña Blanca en el año 2004, realizado por la Junta de Andalucía y dado que aún no han sido publicadas las actas, hemos decidido publicarlo, cuando se cumplen los 35 años.

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Excavaciones de 1981.

Todo gran yacimiento arqueológico del mundo, y más de una ciudad como la que esta enterrada en Doña Blanca, cuando es iniciada su excavación e investigación comienza a poseer desde nuestra visión actual dos historias paralelas. La primera, y, naturalmente, la más importante, es la referida a las personas que durante milenios la habían habitado. La segunda en la mayoría de los casos pasa inadvertida, tal vez durante siglos, hasta que por sí misma es historia. Nos referimos a las personas que han dedicado y dedican su vida a intentar saber a través de la investigación, en cualquiera de sus formas, la manera de vivir y hasta de sentir de sus antiguos moradores. Personas que a veces sin quererlo, por la implicación y el conocimiento adquirido, pasan a formar parte indisoluble del yacimiento, cargando con la exigencia y el reclamo, muchas veces injustas, no sólo de la razón y el conocimiento, sino que también nos apoderamos del pensamiento, para juzgar lo bueno, y en la mayoría de los casos lo malo hecho por los investigadores. Sin valorar que algunas de las aportaciones realizadas son de un calado histórico de tal dimensión que sobrepasan nuestros propios conocimientos y pensamientos.

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Personal de la excavación de 1981, a la izquierda de la fotografía en pie D. Emilio Barrera, y agachado D. José Bermúdez.

Este yacimiento fue conocido desde la Antigüedad, según los datos que nos ofrecen sus investigadores en distintas publicaciones. Pero, por motivos que desconocemos no se comenzó a excavar de forma sistemática hasta 1979, aunque siempre hemos sabido que A. Schulten a mediados de los cuarenta en su busca de Tartesos tropezó con él. De boca de uno de los trabajadores que tuvimos durante años en Doña Blanca, Emilio Barrera, supimos que para ver su estratigrafía A. Schulten realizó la voladura de una zona situada al sur del yacimiento siendo visible aun el corte estratigráfico, y esto nos lo contó porque él, Emilio, participó como trabajador bajo las órdenes de A. Schulten. Con el tiempo algunos investigadores pasaron por Doña Blanca, pero fue el erudito local Ciria y Vergara quien más escribiría sobre el yacimiento y sus imponentes ruinas.

siduena-3_puertosantamaria No fue hasta que D. Diego Ruiz Mata profesor entonces de la Universidad Autónoma de Madrid, visitara y conociera el yacimiento, guiado por uno de sus alumnos, nuestro amigo D. Juan Ramón Ramírez Delgado, quien iniciara en 1979 las investigaciones sistemáticas, de las que celebramos los 25 años.

En la imagen de la izquierda, entrada a una Cueva Cantera.

El motivo que hoy nos trae [a estas Jornadas] es contar algunas de nuestras experiencias y aportaciones personales vividas durante los comienzos. Así pues, es para nosotros un honor y un orgullo participar en estas Jornadas, que celebran nada más y nada menos que los 25 años de intervenciones arqueológicas en el Castillo de Doña Blanca. Y lo es porque, precisamente, es en este yacimiento donde se nos dio la oportunidad de participar por primera vez junto a un grupo de investigadores en una excavación arqueológica. Sin duda todo gracias a nuestro profesor y amigo D. Diego Ruiz Mata, que en esta primera experiencia de 1979 y en adelante, no solo nos enseñó lo que es una excavación, los materiales, o las épocas, sino que despertó en nosotros la necesidad de aprender, la sensibilidad y el respeto para valorar y comprender la importancia de la protección de nuestro Patrimonio. Suponiendo para nosotros el comienzo de esta auténtica aventura, que ya desde que dio comienzo nuestra amistad en el año de 1969 sabíamos que llegaría.

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Grabados antropomorfo en una Cueva Cantera.

El impacto socio-cultural que sobre nuestra ciudad suponía la excavación arqueológica de Doña Blanca, año tras año, crea la ilusión por salvaguardar este Patrimonio, siendo el germen de una autentica revolución institucional respecto al Patrimonio Histórico de la ciudad de El Puerto de Santa María. Todas las fuerzas políticas que componían la corporación municipal comprendieron la importancia de estos valores, comprometiéndose en buscar procesos respetuosos para su cautela y protección, creando desde ahora y en el futuro distintos centros, que, dentro del organigrama municipal, creara modelos de recuperación, conservación e investigación de nuestro Patrimonio. Nuestra colaboración en esta primera campaña en Doña Blanca, nos proporcionó poder continuar hasta la actualidad formando parte de los nuevos organigramas, ejerciendo como trabajadores municipales desde entonces.

Son muchas las anécdotas que sucedieron durante estos primeros años de campañas de excavaciones y prospecciones, y es posible que si no las contamos en este foro nunca sean parte de la historia que, sin ser archivística o arqueológica, es una parte ya de ella.

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Interior de la denominada “Cueva de la Mujer”.

En el año 1979 curiosamente el equipo de investigación se hospedó en una vivienda cuyas ventanas daban al patio de la casa de la Marquesa de La Cándia, que varios años después se convertiría en la sede del Museo Municipal. En una cajita de cartón de color gris se guardaban aquellas piezas más significativas encontradas durante la excavación. Contenía fragmentos de cerámica que por estar decorada o pertenecer a un periodo concreto tenían una singular importancia. Nosotros la llamábamos la caja del tesoro. Por supuesto que no sabíamos que esta denominación nos traería algún que otro problema, pues una mala interpretación por algunas personas, les llevó a solicitar en compañía de su letrado sus derechos sobre el cofre del tesoro que al parecer habíamos hallado. Deshacer el entuerto fue una larga conversación no exenta de humor por nuestra parte, aunque el tema fue bastante serio. Sin duda fueron muchas las personas que visitaron el yacimiento, pero para nosotros fue inolvidable la tarde que vino D. Juan de Mata Carriazo, que además quiso que su hijo le hiciera una fotografía con nosotros, que nunca llego a nuestro poder, con la cámara de gran formato que traían. Algo que llenaba de orgullo a unos eruditos locales como éramos, o somos, y que se encontraban junto a una de las personas que realmente admiraban.

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Gran galería a cielo abierto con acceso a varias Cuevas Canteras, aprovechadas como vivienda y corral.

Una vez finalizada la campaña de 1979, el profesor D. Diego Ruiz Mata, que entonces daba clases en la Universidad Autónoma de Madrid, nos autorizó para seguir trabajando. En aquel momento el centro de operaciones se encontraba situado en la Casa de la Cultura, donde de la mano del Concejal de Cultura D. Antonio Muñoz Cuenca, de D. Enrique Bartolomé y D. Ventura Lozano, comenzamos una andadura institucional totalmente ligada al trabajo en Doña Blanca.

Como hemos dicho, con la autorización de Diego comenzamos a trabajar. Se nos hicieron unos contratos de colaboradores. Nuestra actividad consistía en prospectar el entorno de Doña Blanca, y realizar labores para la Concejalía relacionados con el Patrimonio. A través de la concejalía de cultura y de la asociación Alcanatif se realizó una larga campaña pública para salvar nuestro Patrimonio. A la vez y de manera personal nosotros comenzamos una campaña para dar a conocer las lagunas endorreicas. De pronto se nos abrió un mundo que cada vez nos absorbía más. Los edificios, las áreas medioambientales, los yacimientos arqueológicos, todo era nuevo para nosotros y todo nos interesaba y queríamos proteger. Estábamos inmersos en los cambios que en poco tiempo afectarían a nuestra ciudad. Nada mas finalizar la excavación se nos convocaba en el Ayuntamiento a reuniones que tenían como fin la creación de un museo en la ciudad.

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Uno de los registros del Acueducto de la Piedad.

En el año de 1980 comenzamos a prospectar toda la Sierra San Cristóbal. La necrópolis, que sabíamos que estaba allí, se negaba a que la viésemos, pasábamos por encima y no la descubríamos. Sí localizamos los fondos de cabañas de la Edad del Cobre de la Dehesa, y una serie de tumbas romanas, junto a Doña Blanca, tras las vaquerías de Lavi. Así mismo comenzamos a ver la verdadera importancia de las cuevas, algunas de las cuales nosotros conocíamos desde niños. Pero ahora se nos mostraba como algo sorprendente, y no solo por sus dimensiones o monumentalidad, algunas cubiertas por grabados y esculturas, o el uso como viviendas que aún tenían. Todo esto era totalmente desconocido para la mayoría de los ciudadanos. A la vez que las íbamos descubriendo, intentábamos enseñárselas al público, realizando montajes de diapositivas que exponíamos, como por ejemplo “El Puerto y su Entorno”. La gente se sorprendía de la riqueza del patrimonio de su ciudad, sensibilizado de la importancia de protegerlos.

Durante estos primeros años llevamos a cabo un seguimiento de los distintos factores que alteraban las lagunas Salada, Chica y Juncosa, así como de la fauna que la habitaba o utilizaba. Durante el día o la noche prospectábamos el exterior o interior para realizar fotografías de animales o vegetación, que enseñábamos por toda la ciudad como parte del Patrimonio. Hoy por suerte estas lagunas están protegidas y declaradas como reservas integrales.

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Interior del Acueducto de la Piedad, Pozo de la media Naranja.

Todas las personas que trabajaban en Doña Blanca participaban de las distintas actividades que realizábamos en la campaña “Salvemos Nuestro Patrimonio”. Montamos casetas de información en el Parque Calderón, donde dábamos charlas, exponíamos carteles y dábamos propaganda. También montamos en la feria una caseta donde a través de paneles y carteles ofrecíamos información de los edificios más destacados, lugares desconocidos, etc. Desde el Ayuntamiento y Alcanatif se iniciaron los pasos para la declaración de nuestra ciudad como Conjunto Histórico algo que, por fin, se consiguió al año siguiente, en 1981.

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Personal de la campaña de 1983, en primer termino agachado y segundo por la izquierda, D. Ernesto Rincón, al fondo en pie, D. Juan Valencia.

Una vez finalizó la campaña de excavaciones de 1982, las prospecciones dieron su fruto de nuevo, y descubrimos en la parte más alta el denominado Poblado de las Cumbres. Se veían en los cortes de las canteras grandes depósitos excavados en la roca, recubiertos de opus, y una inmensidad de materiales en las terreras producidas por las canteras. La suerte es que toda la parte de arriba se conservaba intacta, excepto por los pequeños hoyos que realizaban las personas con detectores, contra los cuales tuvimos una auténtica cruzada. Las denuncias que se pusieron, así como la vigilancia que se realizaba no obtenían su fruto y la zona era famosa por el hallazgo de monedas de plata sobre todo cartaginesas. Nuestra decisión fue drástica y sembramos todo el área de virutas de aluminio, ya que por aquel entonces los detectores que clasificaban el metal era prácticamente desconocidos. Tuvo el efecto inmediato que pudimos apreciar en el descenso de hoyos en el terreno.

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A la izquierda, copia de la carta enviada por, D. Diego Ruiz Mata, con la planta del proyecto de excavaciones de 1981. A la derecha, copia de la planta de la primera Tumba Hipogeo descubierta en el año 1983.

La prospección de la Necrópolis no era fácil. Todo este espacio era lugar de pasto para vacas bravas. No les quepa duda que tuvimos situaciones realmente simpáticas y anecdóticas, eso sí, una vez habían pasado. Por ejemplo en más de una ocasión tuvimos que refugiarnos gateando por algún boquete para salir del aprieto de vacas recién paridas, y una vez ocultos, pero bastante tiempo. No sabíamos que estábamos en plena Necrópolis. Pero, a finales de 1983 descubrimos la entrada a una pequeña cueva. Esta entrada se encontraba bajo un túmulo de grandes proporciones. Cuando accedimos a su interior pudimos comprobar que se trataba de una gran tumba, se podía apreciar una escalera tallada en la roca que daba acceso a una sala, a la que naturalmente tuvimos que arrastrarnos para poder entrar. Desde esta sala principal se podía acceder a una serie de habitaciones, en concreto tres. Aquello sí que nos pareció desde el primer momento una tumba. Los nervios se apoderaron de nosotros. Con un metro y a mano alzada realizamos un dibujo mas o menos de la planta. Inmediatamente le contamos por teléfono a Diego lo que habíamos visto. Por aquel entonces nuestro contacto con Diego se realizaba a través de cartas o vía telefónica, y las diapositivas se mandaban a revelar y tardaban varios días, no había los adelantos técnicos de hoy en día. Pues bien, Diego quería que le mostrásemos la planta que habíamos dibujado. El tema era cómo lo mandábamos lo antes posible. Todavía no habían llegado las vacaciones de Navidad y no se podía trasladar, entonces nos enteramos que el alcalde, D. Rafael Gómez Ojeda, tenía que ir a Madrid, precisamente para tratar de la creación del museo, y se encontraría con Diego. Se encontró el modo de hacerle llegar el dibujo. Nada más lo vio, nos llama Diego, y efectivamente aquello era una tumba. En dos días se trasladó a el Puerto para verla y corroborar lo que aquello era.

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Momento de entrar en el descubrimiento de la Tumba Hipogeo de “El Sol y La Luna”.

En pocos días habíamos empezado a ver infinidad de túmulos, grandes, medianos y pequeños. Distinguíamos cómo se situaban una serie de túmulos pequeños rodeando a uno de grandes dimensiones. Concentraciones de pequeños en lugares específicos. Las construcciones bajo algunos túmulos se podían ver fácilmente, pues habían sido cortados por las máquinas o saqueados en la Antigüedad. Otras estructuras cuadradas excavadas en la roca, a las que parecía se les había hundido el techo, con escaleras pegadas a las paredes que bajaban, nos recordaban algunas tumbas como las que habíamos visto en Málaga. También las había que parecían pozos, algunas con puertas a media altura. En definitiva, habíamos descubierto la Necrópolis de Doña Blanca, en un espacio de millones de metros cuadrados que, protegido por los dioses, ha permanecido intacto hasta nuestros días.

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Dentro de la Tumba Hipogeo de “El Sol y La Luna”, en el momento del descubrimiento.

A finales de este mismo año de 1983, una de las personas que sin duda ha sido una figura a destacar en estos años, el señor José Bermúdez, y que por desgracia ya no puede estar con nosotros, nos indicó un lugar donde había la entrada a una pequeña cueva que tenía grabada un sol y una luna. Como es lógico recordamos perfectamente el día que entramos, que además fotografiamos, vimos que efectivamente tenia varios grabados del Sol y la Luna, sobre el dintel de entrada. Cuando accedimos a esta tumba, que aún no sabíamos que lo era, se encontraba totalmente colmatada y tuvimos que arrastrarnos por el interior, comprobando que tenía una columna central tallada en la misma roca, y se atisbaba un pequeño nicho, al lado opuesto de la entrada. Aún no sabíamos seguro que se trataba de una tumba. Años más tarde fue excavada, hallándose una gran cantidad de inhumaciones y algunos restos del ajuar funerario rico en ornamentos de plata y otros metales, constituyendo una tumba de carácter monumental.

Toda la Sierra San Cristóbal es prácticamente un gran yacimiento arqueológico, en un lado u otro encontramos vestigios del pasado. En el extremo opuesto a Doña Blanca localizamos un magnifico yacimiento “Las Beatillas”. Un gran poblado del Cobre y Bronce Final. Buenavista, un yacimiento situado junto a la carretera nacional IV, de época prehistórica y romana. Entre Doña Blanca y el poblado de Las Cumbres localizamos el yacimiento de “Las Cruces” con estructuras del Bronce Final, también las había en La Dehesa, ambos separados únicamente por la carretera al Portal. Es posible que toda esta área pertenezca a las viviendas que se encontraban situadas en el exterior de las murallas.

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Fotografía con colmillo de mastodonte, una vez restaurado, el día que se dieron a conocer los descubrimientos paleontológicos de La Florida, por parte, del Museo Municipal.

El área que ocupa la Necrópolis se encuentra salpicada de estructuras construidas o excavadas en la roca, las hay antiguas y modernas. Encontramos muros situados estratégicamente al pie de escorrentías cerrando una gran área que nos recuerda pequeñas presas para el agua. Es curioso apreciar cómo uno de estos muros de época púnica, posiblemente, se encuentra algunos metros más arriba que los que se construyen en siglo XVIII para el abastecimiento de aguas a la ciudad de El Puerto de Santa María. Hay pequeños canales excavados en la roca que desembocan en un gran pozo frente a la entrada actual de Doña Blanca, pero también los hay paralelos que suben al poblado de Las Cumbres, que recuerdan viejos caminos.

Sin duda, uno de los lugares que más nos impactó fue el que algunos obreros, como Emilio o José Bermúdez, llamaban “las aguas”. En algún caso como el de Emilio usaban éstos para bañarse. Nos referimos al acueducto de La Piedad, unas construcciones monumentales desconocidas hasta la fecha. La primera vez que entramos nos condujo Emilio, y era el pozo de la Media Naranja su lugar de baño. Este señor también fue obrero bajo el mando de D. Juan Gavala y Laborde durante las obras que realizó en el acueducto. Imagínense lo vivido por este hombre. En la segunda ocasión fuimos guiados por Bermúdez. Aquellos espacios arquitectónicos construidos o excavados eran tan espectaculares como las cuevas canteras, y aun tenían mucha agua corriendo por su interior.

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Visita de personal, del Instituto Arqueológico Alemán.

Mientras tanto, nuestra labor en Doña Blanca había quedado definida por las habilidades descubiertas por Diego y por nosotros mismos respecto a la restauración de las piezas que se hallaban en las excavaciones, hasta el punto de encaminar nuestras vidas hacia esta bendita profesión. Con la creación del Museo Municipal en 1982 pasamos a formar parte la plantilla inicial. Durante los primeros años alternábamos el trabajo con la formación. Desde este momento comenzamos con la prospección de todo él termino municipal de El Puerto de Santa María. En un autentico frenesí por saber y conocer dedicábamos todo nuestro tiempo, junto al recién nombrado Director del Museo Municipal, nuestro amigo D. Francisco Giles Pacheco, además de nuestros inseparables D. José Antonio Ruiz Gil y D. Enrique Pérez Fernández, localizamos en poco tiempo más de un centenar de yacimientos arqueológicos de todas las épocas, prehistóricos o modernos. No sólo se tenía en cuenta la Arqueología, chozas, casas de campo, cortijos, caminos, pozos, navazos, lagunas, arroyos, y todo lo que se puedan imaginar era significativo de considerar por nuestra parte. Llegamos incluso a descubrir dos castillos, uno en la campiña, el Castillo de las Animas, el cual a pesar de las modificaciones encierra en su interior restos árabes. El Castillo o batería de La Arenilla, situado en la costa conserva todo su perímetro completo hasta el nivel del techo, enterrado casi en su totalidad bajo las dunas. En diciembre del año 1983 se presenta la asociación Aula Menesteo, Aula Portuense de Investigación Histórica, constituyéndose desde entonces en fundamental para el estudio de nuestro Patrimonio.

Llegamos a realizar un viaje que por sí solo sería una larga experiencia para contar. Solo diremos que se trataba de calcular cuanto tiempo tardarían un grupo de personas andando cargando con sus enseres en línea recta desde el yacimiento protohistórico de Venta Alta, al magnifico yacimiento de Mesas de Asta en Jerez de la Frontera, situado a unos 17 kilómetros, atravesando todo tipo de agricultura, arroyos y todo lo que nos salió al paso.

siduena_15_puertosantamariaUno de los descubrimientos más significativo ha sido sin duda el arroyo Salado, no sólo por su espacio medioambiental. Cuando nosotros lo recorrimos en barca su vegetación era exuberante, lleno de aves, peces y otra fauna. Un arroyo que funciona prácticamente durante todo el año, que desemboca en plena Bahía de Cádiz, llegando la fluctuación de las mareas hasta el corazón de la campiña. Con el tiempo hemos podido ver su importancia en la vertebración de complejos sistemas de comunicación entre un sin fin de poblados protohistóricos. A partir de 1986 D. José Antonio Ruiz Gil solicita el permiso a la Junta de Andalucía para la prospección sistemática del término municipal, y juntos catalogamos absolutamente todo lo que habíamos visto hasta el momento.
No dejaremos de lado algunos aspectos que para nosotros fueron trascendentales. Nos referimos a las actividades paralelas que se realizaban respecto a la formación de las personas que participábamos en las excavaciones. Mencionaremos sólo una de las muchísimas que se hacían. La primera vez que supimos del poema de Gilgamesh fue durante su lectura por Diego sentados a orillas del Caño de Sancti Petri y frente a la isla, algo que no podremos olvidar nunca. Una de las actividades más asiduas eran las fiestas. Las había de todos los tipos, inolvidables muchas, pero, por no contar muchas batallitas no recordaremos ninguna. /A la izquierda, imagen del sondeo de 1984, en el Poblado de las Cumbres.

Al igual que cuando comenzamos, hoy seguimos considerándonos interlocutores entre las personas y el patrimonio de esta ciudad. Todo lo que conocemos, descubrimos o estudiamos lo damos a conocer, de todas las formas a nuestro alcance: charlas en los patios de vecinos o en cualquier lugar público, en congresos nacionales o internacionales, en la prensa, artículos en revistas de divulgación o especializadas, locales, nacionales o internacionales, y en muchos de los casos, con libros. A nadie escapa la importancia que el Patrimonio Histórico o Medio-ambiental tiene en nuestra economía, desde los palacios a las playas. Toda esta herencia natural o cultural es sin duda la causante de la calidad de vida que tenemos y que, por supuesto, todos y en especial quien más puede, debe respetar y conservar.

En la actualidad continuamos con este estudio que comenzó hace más de 25 años, y del que aún no nos hemos licenciado. A pesar de todos los inconvenientes y del tiempo transcurrido las ilusiones y las ganas de trabajar continúan como bien sabe quien nos sigue, actuando ahora en otros espacios también como pioneros. /Texto: Juan José López Amador y José Ignacio Delgado Poullet.

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