2.695. Serafín Álvarez-Campana y Gaztelu. In memoriam.

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El paisaje urbano de la Ciudad del Río del Olvido;  el socarrón sentido del humor portuense; asociaciones e instituciones que en el pasado disfrutaron de su desinteresada entrega; el mundo del Derecho y la historia de la Ciudad del tercer cuarto del siglo XX portuense, se han visto sobrecogidos por  su ausencia, ya para siempre.

En la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia, de la que fue su presidente;  en el despacho de abogado que recibió de su padre cuya cartera amplió y con la que ejerció algún asunto hasta el final; en el Colegio de Abogados de Cádiz donde le impusieron en 2009 la primera medalla al Mérito en el Servicio a la Abogacía concedida por el Consejo General de la Abogacía Española a un licenciado en Derecho nacido en El Puerto por sus mas de 50 años de ejercicio profesional; en el despacho de lotería número 3 de la calle Cielos, de donde era fiel cliente cuando le atribuyeron en 2011 un premio de Lotería cercano a los 9 millones de euros; en la maltrecha Ermita de los Caminantes del Paseo de la Victoria donde, al igual que su madre, fue camarista; en el Ayuntamiento donde todavía algún funcionario jubilado le recuerda como miembro de la corporación presidida por Fernando T. de Terry Galarza; en la antigua Comisión Organizadora de la Cabalgata de Reyes Magos cuando era organizada por Bellas Artes, de la que fue activo colaborador, como de muchas iniciativas porteñas del pasado siglo. En el mundillo de la pregonancia...

Su esposa María Elisa Osborne Domecq, sus seis hijos –una de ellos en el mundo del Derecho—y sus once nietos, se han visto arropados en su desaparición por el cariño que tantos portuenses profesaban al bueno de Serafín Álvarez-Campana. Para que suene mejor, el cariño era de todos los que por cualquier motivo se relacionaron con el desparecido letrado, que vio pasar la vida desde su privilegiada vivienda de la plaza de la Iglesia, escuchado las campanas de la Basílica Menor en muchas celebraciones de la que fue partícipe como miembro de la Corporación Municipal, miembro de la Archicofradía del Santísimo Sacramento o seguidor de la iglesia católica; que había olido los nardos de la Patrona cada 8 de septiembre y la cera de los velones de la hermandad de la Soledad, de la que fue Hermano Mayor. Serafín había tocado los vasos de cristal gruesos de las medias chicas de la recordada  taberna ‘Casa Lucas’ en la calle Larga, con aquellos vinos en rama que sabían a un Puerto de bodegas desaparecidas. Con el buen gusto que siempre mostró por la estética en el vestir. Con la vista puesta, en su partida, en El Puerto de Santa María de sus entretelas. /Texto: José María Morillo.

Ver más de Serafín Álvarez Campana. Nótula núm. 1.835 en GdP.

 

Un comentario en “2.695. Serafín Álvarez-Campana y Gaztelu. In memoriam.

  1. AGL

    Gracias por todo... Don Serafín sin fin.......te echaremos de menos, sobre todo "la partilargui"

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