3.060. Rafael González Vázquez. ‘El Rubio’, a su buena memoria.

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Rafael González Vázquez, fallecía el pasado 3 de febrero. Arrumbador de profesión, trabajó como eventual en las bodegas Osborne y Caballero y fue fijo de plantilla en las desaparecidas Bodegas Sancho, hasta su cierre. Rafalito, que así lo llamaban, aunque también era conocido como ‘El Rubio’, estuvo casado con María Josefa Mendoza Muñoz,  (ver nótula núm. 2.439 en Gente del Puerto) de quien toman su apellido artístico los escritores y poetas Pepe y Ángel Mendoza; en medio sus otros hermanos, Paco y Rafael, viven esa soledad ya permanente, que es la pérdida del padre --sillón vacío--, el frío irreparable de la orfandad.


1934

“El último deseo humano
asir
el aire”
Anónimo japonés-

Rafael nació el 28 de octubre de 1934 en el número 10 de la calle Curva, en una España convulsa. El Ayuntamiento estuvo presidido ese año por tres alcaldes, desde junio del año anterior hasta marzo, por Francisco Cossi Ochoa; de marzo a Octubre, por Francisco Tomeu Navarro y, desde octubre hasta enero de 1936 por José Luis Macías Caro, padre de Luis Macías Rubio. Se crea el ‘Pósito Marítimo y de Pescadores’, siendo su primer presidente José Poquet Cabrera, entidad antecesora de la Cofradía de Pescadores.

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La calle San Sebastián, donde vivió la familia González Mendoza.

La primera pata concedida como trofeo taurino fue entregada en 1934 a Vicente Barrera que cortó, además dos orejas y rabo y toreó junto a Rafael ‘el Gallo’ y Juan Belmonte. Nuestro protagonista, Rafael, llegaría a ser un apasionado de las corridas de toros, siendo un "gallosista" militante. Fue también acomodador en la Plaza de Toros de El Puerto, en el Tendido 8.

Aquel año 1934 de su nacimiento, Hipólito Sancho publicaba «La Iglesia Prioral del Puerto de Santa María y Antón Martín Calafate». Pedro Muñoz Seca estrenaba «Mi chica», «¡No hay no!», «La Eme», «El Escándalo» y «El Ex». Alberti publicará, ese año, ‘Bazar de la Providencia’ y ‘La farsa de los Reyes Magos, dos farsas revolucionarias’ y funda junto a su esposa, María Teresa León, la revista revolucionaria ‘Octubre’ e iniciará una gira por diversos países americanos. Agrupaciones carnavalescas de El Puerto participaban en el Carnaval de Isla Cristina (Huelva). La vía pecuaria ‘Colada del Cementerio’ fue deslindada y amojonada los días 14 y 15 de marzo de 1934. El Maestro Dueñas era destinado a hacer el servicio militar en El Puerto.

El Ayuntamiento, creemos que en el último trimestre de aquel año de 1934, acordó que fueran días festivos locales, las festividades religiosas del Corpus, la Virgen del Carmen y la Virgen de los Milagros.

Nacían, también ese año Ana Delgado Ramos, camaronera en la Plaza de Abastos. Roberto Carmé Ramírez, almacenero. Juan Muñoz Aparicio, Jefe de Taquillas de la Plaza de Toros. El abogado Juan Ramírez Ariza y Luis Caballero Florido, quien fuera presidente de honor del Grupo Caballero.

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Rafael González y Josefa Mendoza, el día de su boda. /Foto: Rafa

Nuestro protagonista, arrumbador, acomodador en la Plaza de Toros, como se ha dicho, fue también camarero ocasional en verano, quien finalizó su vida laboral en Frigoríficos Vimfrisa, propiedad de José Agarrado Macías y sus hijos Agarrado Porrúa.  Le encantaba el flamenco puro: Caracol, la Niña de los Peines, Pepe Pinto... Dejó seis nietos: Irene, Alberto, Pablo, Celia, Javi y Ángela.

Reproducimos en esta prosa poética --a medias entre oda y elegía-- que el hijo de Rafael, Pepe Mendoza, compone a un padre trabajador, luchador, que sacó adelante a su familia, paradigma en una época difícil de olvidar.

“La calle Curva conoce al rubio de la bodega que tuvo que hacerse un hombre”.

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Hará cosa de diez años mi padre se mudó al olvido. Un reventón en su cabeza y, de pronto, los seres queridos y los paisajes que lo arroparon durante su existencia se convierten en un arboleda calcinada, en una casa de vecinos en ruinas. En esa noche oscura de la memoria vivió Rafalito ayuno de recuerdos, como queriendo no existir, durante una década que a nosotros nos pareció un siglo. Contemplando indefenso, tras la espesura de la niebla, como en los versos de Jorge Manrique, cómo pasaba la vida, cómo se venía la muerte, tan callando.
     
A mí me gustaba imaginar, en defensa propia, en defensa nuestra, que en la memoria de Rafalito tal vez hubiera alguna luz en aquel oscuro túnel del olvido. Que, por qué no, algunas sonrisas incomprensibles tenían que ver con el chispazo luminoso de un recuerdo en el que de pronto él se veía envidiablemente joven y eternamente feliz. Tal vez en ese momento volvía en su bicicleta verde un mediodía de principios de verano contento por haber encontrado trabajo como camarero hasta finales de agosto en una caseta de la playa. O era sábado y tras pasar el control de avituallamiento en el bar del Tinaja, después de una semana dura de faenas, le daba a mi madre aquel sobre amarillo, con la paga de la semana, que olía a sudor, a dignidad y a decencia.

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Quizás, quién sabe, detrás de aquella sonrisa que le iluminaba la cara, ordenaba papeles y nos enseñaba orgulloso aquel título de electricidad que cursó en el Programa de Promoción Profesional Obrera. O disfrutaba de una tarde de toros en El Puerto, ejerciendo de acomodador en el tendido 8, “donde se sentaba el Sol”, mientras esperaba nervioso que Galloso tuviera suerte con su lote y volviera a demostrar que era el mejor torero del mundo. O, yo qué sé, que lo acababan de llamar de la bodega para comunicarle que por fin dejaba su condición de eventual y lo hacían fijo de plantilla.
     
Me gustaba imaginar, en defensa propia, en defensa nuestra, que detrás de su mirada acuosa y perdida, de vez en cuando lo asaltaban retornos fugaces, rememoraciones dichosas, que él sentía y vivía en su mundo, más justo y generoso que el nuestro. Me gusta soñar, en defensa propia, en defensa nuestra, que Rafalito salió ayer por fin del oscuro túnel del olvido. Que vuelve a ser joven y eternamente feliz, mientras pedalea, de camino a casa, a lomos de su vieja bicicleta verde”. /Texto: Pepe Mendoza.

Antonio Carbonell le escribe a su hijo Pepe: “Tu padre, allá, donde él se encuentra, felizmente sin olvido ni preocupaciones para buscar el jornal para los suyos, está al tanto de que también El Puerto conoce al Rubio de la Bodega…

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