3.125. La saetilla del Cristo de Benavides

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Cuando yo era un niño y hasta hace unos años, en la Prioral, en la capilla de Benavides, a la izquierda del altar de San Antonio, había un pequeño retablito con un Cristo crucificado y a sus pies, colgada de la propia cruz, una coplilla que parecía sacada de un Cancionero de los Siglos de Oro:

Si lo más hice por ti
que fue morir por salvarte
¿Cómo no he de perdonarte?

Con sólo leerla invitaba a la contrición más perfecta. Tan pocos versos me recordaban, también el conmovedor soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte..”, sin serlo. La concreción de la coplilla, su anonimato y lo universal de su mensaje son, al menos, un desconocido y vivo ejemplo de la lírica tradicional de los siglos XVI y XVII.

Ni el retablito, ni el Cristo, ni la leyenda se conservan en el mismo lugar. El retablo, porque fue quitado y se ignora su paradero; el Cristo porque fue sometido a un largo y doloroso peregrinar por las más diversas dependencias de la Prioral, hasta terminar, con los dedos de sus manos impunemente rotos, en la capilla capitular de la Hermandad de San Pedro de Venerables Sacerdotes y la saetilla, la leyenda… ¡Vaya Vd. a saber!.  Lo cierto es que esa joyita literaria ha desaparecido.

Se me ocurre, pensar en cuántos arrepentimientos habría arrancado en los corazones contritos aquel poemita. Porque suprimir, porque sí, en las iglesias rodadas desde tanto tiempo como la nuestra, pequeños detalles y signos, no es sino una falta absoluta de sensibilidad y de respeto , no solo con el arte, sino también con los sentimientos más íntimos de las personas.

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José Luis Tejada Peluffo. Poeta de la generación del 50.

Uno de los más claros poetas que ha dado España en este siglo, José Luis Tejada, tuvo la delicadeza y la oportunidad  de glosar aquellos humildes y anónimos versos  en su SAETILLA Y GLOSA DEL “COMO NO”. Y gracias a José Luis, lo que la incuria de tiempos recientes ha borrado, se conserva incrustada en sus versos, que no me resisto a transcribir:

-¿Dudas? Pero ven aquí:
Si lo más hice por ti
que fue morir por salvarte
¿cómo no he de perdonarte?

Que has escupido hacia arriba
y me has salpicado… Y qué.
De tres clavos me colgué
puesta a secar tu saliva,
yo soy fuente de agua viva,
acércate y lávate.

Mi mejor, mi mayor parte,
ya hace tiempo que te di,
poco tengo ya que darte.

¿Cómo no he de perdonarte
si lo más hice por ti
que fue morir por salvarte?

Ya que no se parecía
tu desgracia a mi hermosura
te copié la catadura
olvidándome la mía:

De creador me hice criatura,
panadero, me hice pan.
Y ahora resulta que están
escondiéndose de mí
esos ojos que te di…
Bueno, pero… ven aquí:
Si lo más hice por ti
que fue morir por salvarte,
¿cómo no he de perdonarte?

Cuarenta prendas tenía,
treinta y nueve te di ya
y una que me queda está
siendo más tuya que mía.
Tú a pecar, yo a perdonar.
Tú a las malas, yo a los buenos,
veremos quién va a ganar.
Te di mi pecho y mi hogar,
lo demás es lo de menos.

¿Y aún vas a dudarme así?
¿Cómo no he de perdonarte,
después de darte la parte
mejor de mí que te di?

José Luis, [pregonero de la Semana Santa de 1961] que tuvo la altura y la amistad con Dios de los más grandes poetas místicos, nos dejó su glosa que, como una oración, acostumbro a repetir, cuando necesito de la misericordia de Dios, que es a menudo.

Por éso, y para a quien pueda aprovechar, he dejado copiados sus versos. Pero, además, pido que la saetilla, si es que existe, y está perdida por algún rincón de la Prioral, se vuelva a colocar, como siempre estuvo, a los pies del Cristo, en la alcayata que todavía está en su cruz. Y, si no, que el nuevo Señor Cura Párroco de Santa María de los Milagros Coronada, la mande copiar y la coloque. Hará mucho bien. /Texto: Luis Suárez Ávila. Pregonero de la Semana Santa de 1978.

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