3.207. Rafael Vargas. La personalidad flamenca.

Rafael Vargas, nombre artístico de Rafael Rodríguez Mora, nacido el 2 de febrero 1930, en El Puerto de Santa María, se nos fue con los que no vuelven el 6 de Octubre de 1992. Era un profesional del cante y del baile, un hombre con mucho mundo, que se buscó con la vida con el flamenco por toda España y parte de Europa y de un gracejo picaresco.

Sus primeros acercamientos al baile los realizó en su tierra, muy joven, en reuniones para las que le contrataban. Se marchó igualmente muy joven a perfeccionar su cante y su baile y lo consiguió. Rafael me contó que los fines de semana visitaba los bares y las tascas del El Puerto, para ver bailar y cantar a Manolito Barrera, también conocido como ‘El Soldao’, que le parecía un fenómeno. Los señoritos y los transportistas de pescados, de aquellos años lo llamaban para muchas fiestas. También estaba muy solicitado en Jerez y Cadiz. Chano Lobato, cogía los domingos el Vapor del Puerto para ver bailar y cantar a Manolo Barrera.

Rafael se trasladó del Puerto de Santa María al Campo de Gibraltar en los años cincuenta, pues en aquel tiempo había mucho trabajo en Algeciras y en La Línea de La Concepción, sin embargo, no le gustó aquel ambiente y permaneció en el Campo de Gibraltar sólo veinte días.

Puerto de Algeciras y acera de la Marina, década de los años 50 del siglo pasado.

Más tarde marcha sin rumbo hacia la costa levantina, porque le asesoraron e indicaron que el turismo era abundante en esta zona en verano. Sus comienzos en Alicante no fueron demasiado buenos pues incluso se llevó varios días sin comer. Entró en un restaurante de muy buen aspecto y habló con el dueño, comunicándole que era artista flamenco y que le dejara hacer unos pases bailando y cantando, acompañado por un guitarrista de Rota, de nombre Sebastián. El dueño del establecimiento aceptó y actuaron por la noche, pasando el platillo al final de la representación, recogiendo unas trescientas pesetas el primer día.

Rafael recorrió toda la costa del Levante español con un grupo de artistas de esta zona dirigidos por un sevillano apodado artísticamente como ‘El Tamarguillo’, de nombre José, aunque de sus apellidos no se acordaba, y por cierto, tenía el hombre mucha pluma, --ya me entendéis--, y era muy buen artista. De esta persona aprendió mucho en el tema de conectar con el público, le enseñó a mejorar baile, el cante y las castañuelas.

| Carmen Amaya. Portada del libro “Carmen Amaya” de Montse Madridejos y David Pérez, editado por Bellaterra

Mientras Rafael actuaba en los años cincuenta en un hotel de Benidorm con el grupo de Tamarguillo, Carmen Amaya lo vio bailar y cantar y tanto le gustó que lo contrató para suplir a un bailaor de su agrupación que había enfermado. Rafael estuvo poco tiempo con esta genial bailaora.

También entró a formar parte de una compañía de teatro de artistas de variedades y flamenco recorriendo toda la Costa Brava catalana, llegando a instalarse un año en Barcelona, actuando entre otros en el Tablao Flamenco de Pueblo Nuevo. En esta ciudad conoció a María Dolores Vargas “La Terremoto”, hermana del Príncipe Gitano. Con esta mujer recorrería gran parte de la Península e hizo una gira por Europa. Fue María Dolores Vargas la artista con la que más tiempo estuvo actuando. Decía de ella que tenía un gran corazón y que la recordaría toda su vida. Fallecía en agosto de 2016.

| María Dolores Vargas 'La Terremoto'.

Más tarde se trasladó a Málaga, viviendo de su arte una gran temporada. Recorrerá parte de la costa de Almería, Murcia, el Levante y, a finales de los sesenta, las Islas Canarias.

Formó un grupo de cinco personas, compuesto por una bailaora, cantaor, palmero y un guitarrista, apodado artísticamente como ‘Cuadro flamenco de Rafael Vargas del Puerto’. Me decía Rafael que recordaba con mucho cariño a las Islas Canarias. Solía actuar en salas de fiestas, hoteles y restaurantes. Pero pronto dejó el grupo y marchó solo a la Costa del Sol. Trabajó muy poco en los años setenta, gastándose el dinero que había ahorrado en varios años, lo que hizo que en algunos momentos lo pasara bastante mal. Estuvo a punto de trabajar con la compañía de teatro del actor y director de teatro Salvador Távora Triano, en la obra teatral “Quejío”.

En los años ochenta conocí Salvador Távora en Madrid, le pregunté si conoció a Rafael Vargas, porque estuvo a punto de contratarlo en su obra teatral “Quejío”, y me respondió: “--Han pasado por mi vida muchísimos artistas del flamenco y no los recuerdos a todos, lo que sí recuerdo es que estuve a punto de contratar a un cantaor de esta zona, pero no recuerdo su nombre”.

| Salvador Távora.

Volví a encontrar a Távora en El Puerto en Agosto de 2016, en la ópera flamenca ‘Carmen’, y le hice la misma pregunta que le había ya formulado en los años ochenta: “--Maestro, ¿conoció usted al Bizco Mate?”, y me respondió: “Tendría yo unos catorce o quince años cuando lo conocí, éramos los dos del Cerro de El Águila. Fue un placer hablar con él durante un buen rato y se le entrevistó para Radio Puerto Flamenco.

| Tras la entrevista a Salvador Távora, en la plaza de toros, en la presentación de su espectáculo, la Ópera Flamenca Carmen en Agosto de 2016. A la derecha Salvador Cortés, en el centro Manuel Gallardo y a la izquierda Antonio Cristo, autor de esta nótula.

Rafael siempre ha sido un despistado para recordar los nombres de los artistas con los que había trabajado. Verdaderamente, algunos no fueron muy conocidos en el ambiente flamenco español de aquellos lejanos tiempos.

A finales de los años setenta vuelve a las Islas Canarias donde trabajó durante una o dos temporadas turísticas. Cansado Rafael y, echando de menos su tierra, pensó en instalarse en El Puerto Santa María abriendo una academia de baile y tal y como lo pensó lo llevó a cabo. En su pueblo trabajó con Miguel Villar, Paco Puerto y con las academias locales, montándoles la coreografía, cantando y bailando, cuando lo contrataban. Bailó en todas las peñas flamencas de El Puerto y muchas de las provincias de Sevilla, Málaga, Córdoba y Cádiz.

A la derecha, Pepe Arjona, guitarra de Joaquín Albert, al cante Rafael Vargas y al baile Concha de los Reyes.

Yo que he visto bailar y cantar a Rafael Vargas en muchas ocasiones, puedo decir que era muy buen artista, tenía un baile muy personal, como la gran mayoría de los bailaores portuenses. Recorrió Andalucía y parte de Castilla la Mancha, acompañado por un artista que ha corrido mucho mundo con su guitarra, como es Joaquín Albert.

También hablamos de Rafael Vargas con Francisco Navarro Mariscal, gran aficionado flamenco, de 94 años que se deshizo en elogios a este artista portuense: “Era muy racial bailando, dominaba muchos palos del flamenco, en el cante por fiesta tenía un compás exquisito y era un estupendo artista escénico”.

 

Francisco Navarro Mariscal también cantaba estupendamente y participó en muchos espectáculos flamencos de los años cincuenta.

Joaquín Albert Gálvez llegó a la misma conclusión sobre Rafael Vargas, del que decía era un buen artista muy personal en su cante y en su baile. Pensaba Albert que hubiera sido una pena no traerlo a estas páginas y recordarlo como buen artista portuense que fue.

Joaquín Albert

Enseñó a muchas niñas y niños a bailar flamenco entre los que podemos citar a Concha de los Reyes, David Villar “El Niño Villar”, La Aureni, Montse Serrano y muchas más.

Aún estando mal económicamente, Rafael se compró una furgoneta para vender pescado por las calles de esta Ciudad, lo que compaginaba con las academias de baile y con algunas fiestas que le iban surgiendo.

| Antiguo Bar Apolo.

Recuerdo una anécdota con Rafael. Me lo encontré muy de mañana tomando café en el Bar Apolo. Hacía un año que no nos veíamos. Me preguntó que por donde andaba trabajando. Le contesté que estaba en Cantabria y él me respondió que aquella era una buena tierra. Al terminar de tomar café me dijo: “--Antonio, tengo una caja de acedías en la furgoneta, que están saltando de vivas”, yo le dije: “--Pésame dos kilos”. Me habló de lo mal que estaba la economía y yo le presté entonces mil pesetas. Me lo agradeció tanto, que cuando yo venía por el Puerto, me regalaba una bolsa de pescado, siempre que me veía.

Actuó en el Cangrejo Rojo, con muchos artistas. Por mencionar algunos: Luis Panete, Antonio Villar, Antonio Nuñez y Joaquín Albert. Recuerdo que un señor de Córdoba, dueño de una sala de fiesta rociera, le vio bailar y cantar en Puerto Real y le quiso contratar, pero Rafael ya no quería moverse de su tierra. Parecía que presentía algo.

Se marchó entonces a vivir a Puerto Real, donde conectó con la Peña Flamenca Canalejas de Puerto Real, en la que actuó en muchas ocasiones. Rafael decía que en esta localidad vecina le dieron más cuartelillo que en su tierra. Recuerdo de él una anécdota cuando terminó de bailar en la Peña Canalejas. Rafael me dijo muy serio: “--Antonio, ¡que dolor tengo en los pies!”, le manifesté: “--Rafael, quítate las botas”. Me quedé perplejo, pues se le había olvidado ponerse calcetines y tenía los dos pies llenos de rozaduras.

| Rafael Vargas, al cante, una bailaora del Puerto y la guitarra de Joaquín Albert.

Rafael fue un buen artista, cantando por fiesta tenía mucho compás, conocía muy bien este mundo del “artisteo” y sabía llegar muy bien al público, dominaba perfectamente el baile y las castañuelas.

He hablado con muchos flamencos y personas que le conocieron como el mencionado Joaquín Albert, que consideraba a Rafael un buen profesional. Antonio Villar y Paco Puerto, decían de él que fue muy completo cantando y bailando. David Oliva Villar “El Niño Villar, lo vio siempre como a un fenómeno en su arte. David había estado en su academia y le enseñó a bailar muchos palos del flamenco. Miguel Villar nos explicaba que el día en el que Rafael se encontraba a gusto no había quien pudiera con él. Manolo Suárez lo veía como un cantaor festero con un baile muy personal.

En el verano de los años 90, estuvimos planificando su biografía, y me costó mucho trabajo obtener datos de su vida, pues no se acordaba de la gran mayoría de los artistas que trabajaron con él y de las vivencias personales con éstos, recuerdos que sirven siempre para dar un aire más dinámico a la biografía. Posiblemente pensaba ya en el momento de su marcha con los que no vuelven, porque ya estaba herido de muerte.

Rafael tenía la picaresca del que había pasado hambre, pues ésta fue la asignatura más sabia que le dio la vida. Colaboró meses antes de su muerte con la asociación de vecinos de su barrio para recaudar fondos. Fue un hombre bueno, con mucha sabiduría, la que te da la licenciatura de la vida. En estas fechas se encontraba ya muy enfermo. Ésta fue la última vez que estuve con él. | Texto: Antonio Cristo Ruiz. Como siempre, con mi agradecimiento a Ana Becerra Fabra, del Archivo Municipal.

2 comentarios en “3.207. Rafael Vargas. La personalidad flamenca.

  1. David

    Yo lo conocí. Su mujer, Paqui, era muy amiga de mi tía Chati y mi tío Antonio. Pasamos muchas tarde en el bar Gonzalo que había en la playa de La Puntilla. Yo era pequeño.

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