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Los 99 años de Doña Vicenta Carrillo: una maestra inolvidable #6.888

| Texto: José María Morillo

Vicenta Carrillo Lumpié cumplió el pasado 17 de septiembre 99 años, casi un siglo de vida marcado por su vocación por la enseñanza. Maestra de varias generaciones de porteños, ejerció en distintos puntos de España antes de establecerse en El Puerto de Santa María, donde dejó una profunda huella entre sus alumnos. Su trayectoria profesional estuvo unida a los colegios SAFA y San Agustín. Hoy, tras una vida llena de experiencias y recuerdos, vive rodeada del amor incondicional de sus hijos, nietos y bisnietos.

| Vicenta, en una imagen tradicional captada por un fotógrafo ambulante de aquellos que iban por los colegios.

Nuestra protagonista nació en San Fernando el 17 de septiembre de 1927 y, cuando apenas tenía dos años, su familia se trasladó a Cádiz, a la calle Arbolí. Era la mayor de seis hermanos de una familia modesta en la que el padre, ferroviario de profesión, mantenía unas ideas poco habituales para aquellos tiempos.

Año 1927

En 1927 era alcalde de la Ciudad, Alfonso Sancho Mateos. La vida de la ciudad dependía en gran medida de la industria vinícola (bodegas y exportación de vinos), la pesca y las labores del mar. El Censo de población más cercano, el de 1930 contabilizó alrrededor  de 21.000–22.000 habitantes, reflejando un crecimiento vegetativo lento pero positivo.

| El poeta José Luis Tejada nació el mismo año que nuestra protagonista.

Nacía, también, ese año el poeta José Luis Tejada Peluffo. El industrial Manuel Álvarez Santander fundaba en la calle Curva una tienda de recauchutados luego conocida como Vulcanizados Ricardo. Se instalaba en El Puerto el médico Daniel Ortega, luego diputado del Partido Comunista, depurado tras la Guerra Civil. El escultor Ángel Martínez recibía el Gran Premio de la Exposición y Feria de Navidad celebrado en 1927, premio que recogió de manos del Rey Alfonso XIII. Se erigía el monumento al Corazón de Jesús, en la Plaza de los Jazmines.

Una anécdota curiosa: la Revista Portuense difundía, el 8 de abril de 1927, el último milagro atribuido al Beato Diego José de Cádiz, santo varón que tenía vinculación con nuestra Ciudad, de la que es Hijo Predilecto. Consistía el milagro en la curación de una monja clarisa, de Jerez, de la tuberculosis que padecía, enfermedad mortal en la época y durante muchos años después, hasta casi la década de los cincuenta.

Un padre avanzado a su tiempo

El padre de nuestra protagonista, aquel ferroviario de ideas avanzadas, estaba convencido de que todos sus hijos debían estudiar una carrera y ponía especial empeño en que lo hicieran las mujeres: quería que fueran independientes y que nunca tuvieran que depender económicamente de un hombre. Vicenta hizo suyo aquel principio. Estudió Magisterio y convirtió la enseñanza en el oficio de su vida.

| Una imagen juvenil de Vicenta Carrillo

Sus primeros destinos tuvieron mucho de aquella España rural en la que ser maestra significaba bastante más que ponerse delante de una pizarra. Durante siete años ejerció en la finca Jandilla, en Vejer de la Frontera, bajo la tutela del Padre Jandilla, Francisco González Metola, sacerdote muy recordado por su labor educativa y social en los campos de La Janda.

«¡Anda, la burra de la maestra!».

De aquella época conserva historias que ahora parecen pertenecer a otro mundo. Para llegar a la escuela se desplazaba en burra atravesando campos donde pastaban reses bravas. Y alguna vez el viaje terminaba antes de tiempo. Cuando al animal «le picaba la mosca», recuerda Vicenta, echaba a correr y la dejaba en tierra, sola en mitad del campo. La escena tenía después su continuación en la finca. La burra aparecía sin jinete y el mayoral daba la voz de alarma: «¡Anda, la burra de la maestra!». Aquello significaba que había que coger el Land Rover y salir en busca de doña Vicenta.

| En la finca Jandilla, en Vejer de la Frontera, a lomos de una burra

Después llegaron las oposiciones. Las aprobó como parvulista con el número 5 y obtuvo destino en La Mesta de Alcaraz (Albacete), una pequeña aldea en la que apenas permanecería un año. Profesionalmente fue un destino breve; personalmente, resultó decisivo. Allí conoció a Roberto Garví Hinarejos.

Vicenta abandonó La Mesta para continuar su carrera en Chucena (Huelva), pero de aquellas tierras manchegas se llevó algo que acabaría acompañándola durante buena parte de su vida. En 1959 se casó con Roberto y juntos formaron una familia de la que nacieron sus cuatro hijos: Lola, José Antonio, Rita María y Mila.

| Una clase exclusiva de niñas, con Vicenta como maestra y tutora

Llegada a El Puerto de Santa María

El camino profesional terminaría conduciéndola hasta El Puerto de Santa María, la ciudad donde dejó una parte fundamental de su memoria como docente. Durante once años trabajó en el colegio de la Sagrada Familia. Era la única mujer de un claustro formado por una decena de hombres y dirigido por Diego Mora Fernández. Allí se hizo respetar por su carácter, su dedicación y una manera de entender la enseñanza en la que la firmeza nunca estuvo reñida con el afecto.

| Vicenta, en el centro de la imagen, la única mujer en el claustro de profesores

Por sus aulas pasaron generaciones de niños. Algunos serían después nombres conocidos de la ciudad: el torero José Luis Galloso, el ginecólogo José Antonio Herrero, el exconcejal Ignacio García de Quirós o su primo, el desaparecido Paco García de Quirós, que fuera director del Hotel Santa María. Son solo algunos nombres de una lista muchísimo más larga. Quizá la mejor medida de lo que significó aquella maestra no esté, sin embargo, en los nombres conocidos, sino en algo mucho más sencillo: todavía hay antiguos alumnos que la reconocen, la paran y le recuerdan que ella fue su primera maestra.

| Con sus compañeros docentes del Colegio San Agustín, el ratio de mujeres profesoras había aumentado.

Más tarde continuó enseñando en el colegio público San Agustín. Allí, una caída en el patio durante un lluvioso día de enero terminó inesperadamente con su vida laboral y dio comienzo a un prolongado recorrido por médicos y hospitales.

Quedaban atrás muchos años de aulas, pupitres, pizarras y niños aprendiendo sus primeras letras. Por delante quedaba otra larga etapa de la vida.

| Visita a Jandilla, con una antigua compañera, Cristobalina García Puerto

Hoy, después de haber despedido también a Roberto, el compañero con quien compartió matrimonio y familia, Vicenta vive rodeada del amor incondicional de sus hijos, nietos y bisnietos. Ellos son ahora su paisaje cotidiano, el círculo familiar que la acompaña y celebra una vida extraordinariamente larga.

| Vicenta, con su hija mayor, dispuesta a soplar las velas de su 99 cumpleaños

El pasado 17 de septiembre sopló 99 velas. Noventa y nueve años dan para atravesar casi un siglo, para ver cambiar ciudades, escuelas y costumbres; para pasar de recorrer los campos de La Janda a lomos de una burra a contemplar un mundo que aquella joven maestra difícilmente habría podido imaginar.

¡Muchas felicidades doña Vicenta!

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