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Santa Rita y García Larrondo, diez años de una «Diáspora» irreverente #6.729

Teatro y malas digestiones: entre velas, carcajadas y casos imposibles

| Desireé Ortega y Juan Larrondo, leyendo de forma dramatizada el texto 'Antífona a Santa Rita del colon irascible' en el improvisado escenario del desaparecido pub Milord

| Texto y fotografías: Juan García Larrondo

Este pasado verano se cumplió una década desde que se celebrara el festival «Diáspora» en El Puerto de Santa María, un singular y espléndido evento interdisciplinar de artes y de cultura que convocó --a la vez y en varios lugares de la localidad-- a un diverso y gran número de artistas porteños que, merced a nuestros oficios, vamos o venimos de la Ciudad para ejercer nuestras labores como aquellos míticos ‘cómicos de la legua’. Y nunca mejor dicho ‘de la legua y de la lengua’ pues, en mi caso, dada mi profesión de dramaturgo, fui invitado entre otros muchos a participar en este Encuentro para varias actividades. Una de ellas, que recuerdo con especial cariño, fue la que organizamos con mi querida compañera Désirée Ortega Cerpa en el mítico y ya desparecido Pub Milord pergeñando una breve lectura dramatizada del monólogo «Antífona a Santa Rita del colon irascible», a la manera de los clásicos cafés teatro, gracias a la colaboración de Antonio Ocaña y del maestro coctelero Juan Franco, durante una calurosa noche de agosto del año 2016 y ante un local abarrotado de asistentes.

Como buenos gaditanos chirigoteatreros que somos, nos disfrazamos improvisadamente --yo de cura y Desirée de religiosa-- y allí mismo nos lanzamos a pasar un rato divertido evocando con nuestra lectura las desventuras de la santa abogada de los casos imposibles. Porque el Teatro también se lee y los santos, a veces, se nos revelan con peculiares imágenes y semejanzas para que podamos (o no) entendernos mejor con ellos y no aburrirles con nuestras habituales preces, llenas casi siempre de tristes penas y de velas que se consumen sin que, salvo milagrosas excepciones, normalmente nos atiendan.

| Portada del libro “Antífona a Santa Rita del colon irascible”, publicada por Ediciones Irreverentes y disponible on line en el enlace: Antífona a Santa Rita del colon irascible. Juan García Larrondo

Por aquel entonces, «Antífona a Santa Rita del colon irascible» era solo un brevísimo soliloquio de apenas 6 páginas que yo había escrito un poco antes para ser leído en el madrileño Círculo de Bellas Artes en una Maratón de monólogos organizada por la Asociación de Autores de Teatro. El texto se publicó en el volumen «Diálogos, Fragmentos y otras Levanteras» (Ediciones El Boletín) y, en honor a la verdad, gustó tanto en su día, que Désirée y servidor anduvimos leyéndolo por muchos sitios y, finalmente, resolví convertirlo en una obra de mayor formato y duración, ya para dos personajes femeninos (sin sacerdote que leyera las acotaciones) y acabó siendo galardonada algo más tarde con el «VII Premio Irreverentes de Comedia», publicado por la editorial convocante en 2022 y estrenándose con gran éxito luego por varias salas alternativas madrileñas.

No puedo presumir de que la Rita, de la que soy gran devoto a pesar de mi paganismo recalcitrante, me haya concedido todos los deseos imposibles que, a lo largo de los años, le he suplicado insistentemente que me otorgue a los pies de su capilla y gastándome un dineral en velitas para despabilarla, pero sí que me ha dado otras muchas alegrías y sí que ha hecho pasar buenos ratos a mucha gente que ha disfrutado de su lectura o al verla revivir milagrosamente en las escenas.

| Larrondo frente a la capilla de Santa Rita en la Prioral de El Puerto.

La escultura original, la verdadera, aún yace recientemente restaurada en su capillita de la Basílica de Nuestra Señora de Los Milagros, en El Puerto, y allí sigo visitándola, entre devotos y turistas, para cotillear con ella o para continuar rogándole solución a mis hiperbólicos problemas. Eso sí: A menudo de incógnito para que ningún paparazzo me reconozca y me destruya mi turbia reputación de laico fundamentalista.

| Lectura de “Antífona a Santa Rita del colon irascible” en el mítico local sevillano “La Carbonería”.

En cualquier caso, creo que la santa ni me escucha ni me echa mucha cuenta, porque también yo me hago el sordo y su silencio más bien solo me consuela o me sirve de esotérica terapia. Tras cumplir con mi antífona, mis genuflexiones y mis cirios reglamentarios, al salir del templo, inmediatamente después, siempre me quedo con la misma duda existencialista que arrastro desde la placenta. ¿Qué sabe nadie de las formas o misterios que los dioses eligen para sernos vanos a la par que útiles? Como trilero o hierofante de las letras, yo interpreto sus vísceras irascibles o calmadas para entender los íntimos derroteros de las mías.

| Antonio Ocaña, uno de los organizadores de “Diáspora”, Désirée Ortega y Juan Larrondo tras acabar la lectura.

Y, a mi manera y desde mi tamaño humano, así las he contado al mundo en esta obra melodramática que, como bien reza en su prólogo o salutación, es tan solo un texto intencionadamente divertido a la par que gástricamente ácido e, incluso, incorrecto, para invocar a la gracia y a la esperanza. Lo cual no deja de tener su mérito porque lo único que persigue es ver la luz, precisamente en estos tiempos de tan malas digestiones, en los que cada vez hay menos razones por las que reírse y en los que ya se nos acumulan demasiadas amarguras en las tripas.

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