
| Texto: José María Morillo
La muerte de Bonnie Tyler, a los 75 años en un hospital de Portugal, pone fin a una de las voces más singulares e inconfundibles de la historia del pop y el rock. La intérprete galesa, cuyo verdadero nombre era Gaynor Hopkins, fallece dejando un legado de himnos universales como Total Eclipse of the Heart, Holding Out for a Hero o It's a Heartache, canciones que trascendieron generaciones y convirtieron su inconfundible timbre rasgado en una seña de identidad irrepetible. Desde hacía años residía en el Algarve portugués junto a su marido, rodeada de viñedos y caballos, dos de sus grandes pasiones.
Pero Bonnie Tyler también dejó una huella en El Puerto de Santa María. El 25 de septiembre de 2009, la artista fue la invitada de honor en los actos conmemorativos del 40.º aniversario del colegio El Centro Inglés, una visita motivada por la estrecha amistad que la unía desde la infancia con Linda M. Randell, directora y fundadora del centro, fallecida años después. Aquella jornada quedó grabada en la memoria de quienes tuvieron la oportunidad de compartir con ella un día cargado de emoción, cercanía y sencillez.

La cantante participó desde primera hora en la ceremonia de la cápsula del tiempo, una iniciativa en la que intervinieron alumnos de todas las edades. A lo largo de la mañana recorrió las instalaciones del colegio, conversó con estudiantes y profesores y asistió a actuaciones preparadas especialmente para ella, entre ellas varios números flamencos y la interpretación coral de algunos de sus mayores éxitos. Lejos del estrellato, Bonnie Tyler se mostró cercana, afectuosa y visiblemente emocionada por el cariño recibido.
Lo que son las cosas, aquel aniversario escolar coincidiera también con los cuarenta años de trayectoria profesional de la cantante, circunstancia que añadió un simbolismo especial a la celebración. Durante la gala institucional de la tarde, Tyler tomó la palabra para agradecer la invitación y sorprendió a los asistentes al revelar que había rechazado acudir al cumpleaños de la actriz Catherine Zeta-Jones para poder estar ese día en El Puerto junto a su amiga Linda Randell y toda la comunidad educativa de El Centro Inglés.

Uno de los momentos más simbólicos de aquella visita fue la plantación de un olivo en los jardines del colegio, un gesto destinado a perpetuar su paso por la institución y que hoy adquiere un nuevo significado como recuerdo vivo de una artista irrepetible. Antes de despedirse, incluso se unió brevemente al coro del centro, compartiendo escenario con los alumnos en un instante espontáneo que despertó la ovación del público.
La jornada concluyó con una eucaristía oficiada por quien entonces era obispo de Asidonia-Jerez, José Mazuelos Pérez, cerrando un día que trascendió la celebración académica para convertirse en un encuentro entre la música, la amistad y la emoción.

Diecisiete años después, la desaparición de Bonnie Tyler devuelve a la memoria aquella visita excepcional. El Puerto conserva el recuerdo de una estrella internacional que, lejos de los grandes escenarios y de los focos, eligió compartir una fecha inolvidable con unos escolares gaditanos y con la amiga que la había acompañado desde la infancia. Su voz se ha apagado, pero aquel olivo y la memoria de quienes la conocieron en 2009 mantienen vivo el eco de una artista cuya autenticidad resultó tan inolvidable como sus canciones.
