1.271. FRANCISCO GIL DE PARTEARROYO Y ARENA. Alcalde de El Puerto en 1900. IV Marqués del Castillo de San Felipe.

Francisco de Paula Gil de Partearroyo y Arena era hijo de Joaquín Gil de Partearroyo, III Marqués del Castillo de San Felipe, bodeguero y mesonero, arrendatario de la antigua y prestigiosa taberna mesón ‘El Toro’ situada en las proximidades de la Aduana Vieja, y de Victoria de la Arena Vigo, ambos naturales y vecinos de Villanueva de Mena (Burgos), villa en la que habían contraído matrimonio en 1845, avecindándose posteriormente en nuestra ciudad, en la que nacieron otros dos hijos, hermanos de Francisco de Paula. Joaquina, mayor que él y otro varón que falleció en edad párvula.

El padre murió el 30 de julio de 1855 y la madre el 13 de marzo de 1864. Los bienes de la testamentaría fueron: buenos vinos y vasijas depositadas en la bodega de la casa nº 4 de calle Santo Domingo, inmueble de propiedad y residencia familiar, así como una participación en la hacienda de viñas denominada ‘La Palma’.

Luis Suárez Ávila, delante la vivienda y bufete de abogado, donde viviera el Marqués del Castillo de San Felipe.

Francisco Nicolau, letrado que tenía su bufete en el número 19 de la calle San Juan, --en el mismo domicilio donde actualmente lo tiene el también abogado, erudito escritor y colaborador de GdP, Luis Suárez Ávila--, se ocuparía en calidad de tutor legal de nuestro protagonista de la administración de los bienes heredados. Nicolau se casó con la hermana de Francisco de Paula y se fue a vivir con ellos donde, influido por el entorno, el futuro Marqués del Castillo de San Felipe, estudió leyes, casándose al terminar la carrera (1872 o 1873) con una gaditana, doña Josefa Martínez de Azpillaga y Aguirre, dos años mayor que él. El nuevo matrimonio se instaló frente a la casa de su hermana. Adquirió una enorme casona, esquina de San Juan y vuelta con Cruces, casa que pasando los años sería el domicilio de la familia Terry Cuvillo. En 1886 creemos que falleció su esposa, Josefa Martínez, aunque es un dato que no hemos podido verificar documentalmente.


Próximo a cumplir los cuarenta volvió a contraer matrimonio, esta vez con una joven a la que doblaba en edad: María de la Cabeza Ruiz López. De este segundo matrimonio nacerían tres hijos: Victoria, que falleció prematuramente, con solo tres años de vida, Gertrudis, a la que llamaban familiarmente ‘Tula’ como su abuela materna, y Antonio, que al igual que Victoria tenía una constitución débil y enfermiza, falleciendo a los dos años de edad, y adelantándose tan solo unos meses al óbito de su progenitora, que falleció en los primeros años del siglo XX, tres lustros después de su boda, dejando a Don Francisco viudo por segunda vez. /Blasón de los Gil de Partearroyo.

Podemos destacar su dilatada carrera política, pues ejerció como alcalde en tres periodos diferentes, una de las veces que accedió al cargo, en el verano de 1899, junto con su equipo de concejales, distribuyó mil kilos de pan entre los mas necesitados, una forma extrañamente populista de celebrar su nombramiento, considerando su color político, claramente conservador.

Otra curiosa anécdota, en la que figura como protagonista, aunque después de muerto, nos ha dejado la duda sobre si contrajo matrimonio por tercera vez, o --lo más probable-- si se trata del típico error cuando circula por numerosas bocas y plumas sucedidos como este que reproducimos, tomado del libro ‘El Jerez’ del que es autor el inglés Julian Jeffs. Refiriéndose a las adquisiciones y atrevidas operaciones comerciales del fundador de González Byass, don Manuel González, indica: «…pero la mayor especulación tuvo lugar poco después, al morir el Marqués del Castillo de San Felipe, ya que todo el mundo sabía perfectamente que había dejado vinos de primerísima calidad en su bodega privada, pero nadie sabía exactamente hasta que punto eran buenos, ni tampoco que cantidad había. Su viuda (¿…?)  no sabía nada de vinos y lo único que deseaba era deshacerse de ellos lo antes posible. No tenía tiempo para demoras ni discusiones ni tampoco dejaba que nadie entrase en la bodega para inspeccionar las existencias. Pero si sabía cuanto dinero quería: 10.000 libras al contado, en oro». Nuestra aclaración, como hipótesis, dado que no tenemos constancia de un tercer enlace matrimonial del marqués, iría por la posibilidad de que hubiesen confundido a Joaquina, su hermana, con su esposa. Su último periodo como alcalde lo fue con el inicio del siglo, entre 1900 y 1901, siendo sustituido por Francisco Puente y Jiménez. /En la imagen de la izquierda, Julian Jeffs, en su última visita a Jerez. /Foto: Pepe Contreras.

Panteón familiar de la familia Gil de Partearroyo en el cementerio portuense.

El óbito del marqués, que falleció con 66 años, tuvo lugar en nuestra Ciudad, el 21 de septiembre de 1915. El sepelio, realizado al día siguiente, constituyó una importante manifestación de duelo, según rezan las crónicas del acto, alguno de cuyos párrafos reproducimos: «…Abre la comitiva  las hermandades religiosas del Carmen, Soledad y Milagros y los pobres del Asilo de San José. Sigue el Clero con cruz alzada, yendo de preste el arcipreste don José María de Barreda y de capa los coadjutores don Luis Zerezuela y don Ramón López Arena y numerosos capellanes. Sigue el palenque y a continuación el cadáver depositado en severo féretro negro conducido a hombros por obreros del finado y de la casa exportadora de don Joaquín Ruiz López. Sobre el féretro el paño de la Virgen de los Milagros y el de la hermandad del Santísimo. Los borlones de este lo llevan los hermanos de dicha cofradía D. Ramón Jiménez Mateos, D. Juan F. Py, D. Fernando Terry Cuvillo y D. Ramón Jiménez González. Siguen los demás archicofrades y rodela el féretro cuatro Hermanitas de los Pobres con velas encendidas. La caja mortuoria fue sacada de la habitación en que se encontraba y conducida hasta la puerta por los hijos políticos del finado, don Eduardo Guerrero y don Ángel J. Gómez, hermano político don Joaquín Ruiz López y el nieto Sr. San Pelayo, heredero del marquesado. Sigue un acompañamiento numerosísimo, en el que se ven representaciones de todas las clases sociales. Es una débil muestra de cuanto se quería y respetaba al finado. En las esquinas de las calles y por todo el tránsito, la multitud se agolpaba para contemplar el desfile. El palacio municipal tiene enlutado el balcón y la campana toca al paso del cortejo fúnebre. Despedido el acompañamiento en la Iglesia Mayor Prioral, se celebró en esta parroquia el solemnísimo funeral… cantos del oficio de Difuntos, acompañado por el melodium y el fagot. El alcalde don Manuel Ruiz Calderón presidió el duelo». (Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz. A.C. Puertoguía).

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