2.294. LAS ALDEAS ANDALUSÍES DE LA CAMPIÑA (1). Isla Cartare (VI)

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El Libro del Repartimiento de El Puerto, donde se recogen los nombres y propiedades de los primeros repobladores. / Foto, Centro de Patrimonio Histórico.

El año 1264 marcó para El Puerto el fin de una época y el comienzo de la historia de la ciudad que hoy habitamos. Fue entonces cuando nuestro entorno geográfico –la bahía y las campiñas gaditanas- definitivamente pasaron a manos castellanas a raíz del sometimiento de las poblaciones hispanomusulmanas por las tropas de Alfonso X. (Este año se han cumplido 750 de aquel decisivo acontecimiento.)

Hasta la conquista alfonsí, trece eran las pequeñas aldeas o alquerías (del árabe al-qarya) que se distribuían por el actual término municipal. De la existencia de estos núcleos rurales diseminados se tiene constancia por la arqueología y por el Libro del Repartimiento, esa joya histórica que se conserva y custodia en el Archivo Municipal, en una copia de fines del siglo XIII.

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Localizaciones de las aldeas andalusíes en el término portuense. En verde, las que se rememoran en esta nótula.

En 1268 se procedió al reparto de las casas y tierras de las alquerías –incluida la recién fundada Santa María del Puerto, la sucesora de la andalusí Al-Qanatir- a repobladores procedentes de tierras castellanas, en mayor número de la cornisa Cantábrica. Recoge el Libro una interesante información para conocer algunos pormenores de las alquerías: los nombres con los que las bautizaron los castellanos, en algunos casos de origen mozárabe; la mención a inmuebles andalusíes: los palacios grandes, torres defensivas, corrales, pozos…; los caminos que enlazaban las aldeas, así como los nombres y procedencias de los repobladores cristianos y las superficies de las tierras que les entregaron para su explotación agrícola.

Cuándo se fundaron las alquerías es cuestión que se desconoce. No obstante, la presencia musulmana en tierra portuense se remonta a los primeros tiempos de su entrada en la Península. En Doña Blanca se han excavado los materiales culturales islámicos más antiguos de la provincia, incluyendo alguna moneda del siglo VIII. El enfrentamiento armado que abrió las puertas de Hispania a los musulmanes se libró en el Guadalete. Y en el entorno de Doña Blanca y la falda sur de la Sierra de San Cristóbal se estableció la primera capital de la provincia o cora (unidad territorial político-administrativa) de Siduna, entre los años 743 y 845, cuando fuerzas normandas la atacaron y desolaron. De esto viene escribiendo en los últimos años nuestro amigo Miguel Ángel Borrego, excelente arabista jerezano que está abriendo nuevos caminos de investigación sobre la verdadera realidad histórica del Islam en nuestra tierra. Pero de este importante núcleo histórico andalusí de Siduna –la cristiana Sidueña- escribiremos en otra entrega de esta serie, al tratar de la Sierra de San Cristóbal.

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Almenas del Castillo de las Ánimas en 1986, pocos antes de su desaparición. / Foto, Juan José López Amador.

En ésta y la próxima nótula toca escribir de las alquerías que se ubicaron en la campiña, probablemente fundadas a partir del siglo X, en tiempos del próspero califato de Córdoba (929-1031) y al tiempo que nació la alquería de Al-Qanatir (de la que escribiremos dentro de dos entregas). De la de Casarejos, situada en la boca del arroyo Salado de Rota, ya lo hicimos en la nótula 2.231 de Gente del Puerto. Los nombres de las restantes que se repoblaron en 1268 eran Grañina, Campix, Fontanina, Poblanina, Finojera, Bayna, Villarana, Bollullos, Machar Grasul y Machar Tamarit.

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Entrada principal y parte trasera del Castillo de las Ánimas, hacia el camino de Campín. Aunque se reconstruyó en 1857, sus estructuras originales datan de los tiempos de la alquería de Grañina. / Foto, J.J.L.A.

Los abajo firmantes, en compañía de José Ignacio Delgado ‘Nani’ y José Antonio Ruiz, en la década de los 80, con el Libro del Repartimiento y la toponimia como norte y guía y las prospecciones arqueológicas como método, localizamos sobre el terreno los enclaves que ocuparon aquellas viejas alquerías en la campiña, la mayor parte situadas próximas al curso del arroyo Salado de Rota y, en número de cinco, en el entorno de la laguna del Gallo; espacios, como ya escribimos, que fueron habitados por sucesivas poblaciones desde la Edad del Cobre (hace unos 4.500 años) y sin solución de continuidad en algunos de los asentamientos hasta comienzos de la romanización, a fines del siglo II antes de Cristo, cuando Roma comenzó a imponer otra organización del territorio con la explotación intensiva de las tierras –vino, aceite y cereales- desde las villae (antecedentes de los cortijos). Desaparecieron entonces las últimas aldeas (turdetanas), hasta que renacieron al paso de los siglos, bajo el poder del Islam.

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Fotografía aérea de Grañina y Grañinilla, con la toponimia en torno a los yacimientos y su correspondencia con los hitos mencionados en el Libro del Repartimiento.

GRAÑINA Y GRAÑINILLA
Según se infiere del Libro del Repartimiento y de las prospecciones arqueológicas, la alquería de Grañina debió de ser, con la inmediata de Campix, la población andalusí más importante de cuantas se distribuían por la campiña portuense; y con ellas, Al-Qanatir en la desembocadura del Guadalete y Casarejos en la del Salado.

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Detalle del recuadro de la imagen anterior del entorno de Grañinilla y la situación de las estructuras exhumadas en las excavaciones de Pocito Chico.

Era Grañina una población dividida en dos áreas separadas por un espacio exento de construcciones: la menor, que el documento llama Grañinilla, al pie de la laguna del Gallo –en las salinas, dice el documento-, de cuyos restos se exhumaron en 1998, al excavarse el yacimiento de Pocito Chico, viviendas, una fragua y silos (ver nótula 2.259 en Gente del Puerto). En uno de éstos se hallaron dos dírhams de plata del siglo X (califales) y otra interesantísima moneda (conocida y publicada por los mejores especialistas en numismática musulmana),

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un fals de bronce de la serie nafaqa acuñada probablemente en Tánger hacia los años 709-711 y seguramente traída por algún soldado que participó en la conquista de Hispania en 711. Su aparición en un contexto del siglo X ha de entenderse como un recuerdo familiar conservado durante generaciones para rememorar el tiempo en que el Islam tomó posesión de estas tierras.

En la imagen de la izquierda, moneda de los inicios del siglo VIII (fals de bronce) excavada en un silo de Pocito Chico. / Foto, J.J.L.A.

Tenía Grañinilla, refiere el Libro, dos torres defensivas a las que se adosaban algunas casas. La sal de la laguna, que aún aflora al evaporarse sus aguas, sin duda sería un importante recurso aprovechado por la comunidad andalusí que habitó estos parajes, junto a la ganadería y la agricultura (unas 628 hectáreas se repartieron en 1268).

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Estructuras antiguas del interior del Castillo de las Ánimas una vez que comenzó su demolición. / Foto, J.J.L.A.

El hábitat principal de Grañina se encontraba enfrente, en la falda y cima del actual cerro de su nombre, en el entorno de Cuadrado y –sugerentes nombres- del Castillo de las Ánimas y Medina. Al menos otras dos torres se levantaban en Grañina, probablemente no aisladas sino formando parte de un recinto protector, que fueron repartidas a dos repobladores: “Cupo a García Pérez la torre chica, que está de parte de Grannina, con esas casas que se tienen con el corral de las vacas”; “Cupo a Juan Pérez, escribano, la torre que está de suso [arriba] con el pozo que tiene con el medio corral”. Acaso este pozo y esa torre fueron los que tuvimos ocasión de conocer en el derribado --a comienzos de los años 90-- Castillo de las Ánimas. Seguramente el mismo pozo que un documento de 1603 menciona como pozo morisco. Y por supuesto, la alquería tenía una mezquita: “Cupo la mezquita que está y con las casas que se tienen cerca de sí a la veintena de Pedro García de Argomedo.

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Excavaciones arqueológicas en Pocito Chico (Grañinilla) en 1998, exhumándose estructuras de una vivienda andalusí y un gran silo. / Foto, J.J.L.A.

Sin tener certeza de ello, creemos que la cristiana Grañina podría ser la musulmana Ghaliana que mencionan algunas fuentes árabes (Ibn Abi Zar, Ibn Jaldun…) al narrar que fue saqueada por 3.000 soldados al mando de Abu Yusuf Yaqub, hijo del emir meriní, en septiembre de 1277, cuando, tras arrasar Jerez (Saris) y su alfoz, atacaron las alquerías y fortalezas de El Puerto, Sanlúcar y Rota. Fuera Grañina o no Ghaliana, lo más probable, por su ubicación entre estas poblaciones, es que fuese atacada por las huestes benimerines, ya en el año indicado o en 1285, cuando se verificó un nuevo asalto a El Puerto y Rota.

islacartare_6_10_puertosantamariaDe ser así, pocos años disfrutaron los 76 repobladores de Grañina de sus propiedades. Pero pasadas las razias meriníes les sucedieron otros…, hasta convertirse, ya a mediados del siglo XV, en un importante núcleo agrícola en manos de potentados terratenientes: a partir de 1458, de Pedro Jiménez Camacho, que heredaría su nieto Pedro Camacho Villavicencio, al que apodaban ‘el Rico’, miembros de uno de los linajes más importantes de Jerez y de los mayores hacendados de Andalucía, dueños también, entre otras propiedades rurales, del inmenso pago de Balbaina que se extiende por las campiñas de El Puerto y Jerez. A comienzos del XVIII las de Grañina eran tierras de García José Dávila Ponce de León, I Señor de Grañina, mientras que su hijo

En la imagen de la izquierda, enterramiento andalusí en fosa de Pocito Chico: arriba, estratigrafía vertical; abajo, en planta, dispuesto el difunto en posición de decúbito lateral y el rostro mirando a La Meca. / Foto, J.J.L.A.

 

Jerónimo Miguel Dávila y Ursúa llevó el título, otorgado por Felipe V en 1711, de I marqués de Grañina (título aún vigente; propietario también del cortijo de Los Galindos en la sevillana Paradas, el de los célebres crímenes de 1975). Tierras las de Grañina, como ven, de rancio abolengo.

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Cerámica andalusí de Grañinilla (excavaciones de Pocito Chico): cazuela de costillas vidriadas y candil de piquera con decoración pintada y vidriado melado. / Foto, J.J.L.A.

Existió otra alquería llamada Grañina, en término de Jerez, al pie de la Sierra de Gibalbín (410m), repartida un año después que la portuense, en 1269. Fue Gibalbín en la Antigüedad una principal puerta de control y acceso terrestre al territorio de Isla Cartare. Su antiquísima historia –desde el Neolítico- y sus notables ruinas arqueológicas lo atestiguan.

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Fotografía aérea con la situación de las aldeas de Campix y Fontanina, marcándose la toponimia, caminos y pozos del entorno de los yacimientos

CAMPIX

Dos kilómetros al oeste de Grañina se encontraba la alquería de Campix, que en la toponimia se ha conservado en su variante Campín dando nombre a un cerro (93 m) frontero al de Grañina y a un arroyo, afluente del Salado de Rota, que transcurre al pie de su flanco oeste. Este enclave, que durante la Edad del Cobre y toda la Protohistoria fue el centro del poblamiento de la campiña portuense (ver nótula 2.245 en Gente del Puerto), durante la época andalusí también tuvo un destacado poblamiento.

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Antiguo camino empedrado procedente de la alquería de Campix. Al fondo, Las Ánimas. / Foto, J.J.L.A.

Ambas aldeas estaban comunicadas por el de muy antiguo llamado camino de Regla o de Chipiona, que cruza por en medio del espacio donde se esparcen los restos de la población andalusí. De hecho, el reparto de la alquería “…comenzó al mojón blanco, que está cerca la carrera que va de Campix a Grannina, de la parte de Lexixa”.
También estuvo fortificado Campix: “Cupo a don Pero Alfonso los palacios con la torre”; y quizás cercada, al mencionarse en el flanco oeste una puerta de acceso a la población: “Cupo a Pascual Martínez, canónigo, los dos palacios que están cerca la puerta, como entra a mano derecha.”

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En primer y segundo término, el espacio que ocupó la alquería de Campix, hoy tierras de Campín. / Foto, J.J.L.A.

Menciona el Libro del Repartimiento un número de casas y palacios indeterminados en su número y, en particular, las casas del corral, las del palomar y las que se otorgaron a cuatro repobladores, que “…estos todos palacios son en las casas grandes que fueron del alguacil de Xerez.” Interesante información ésta, que alude a quien fue el último régulo o reyezuelo moro de Jerez, exilado en Marraquech en 1261, el que las fuentes cristianas llaman Abén Abit y que Miguel Ángel Borrego ha sabido identificar en el nombre de Abu Umar Ibn Abi Jalid.

islacartare_6_15_puertosantamariaEn la imagen de la izquierda, materiales cerámicos de Campín: 1- fragmento de tinaja estampillada y vidriada en verde; 2- fragmento de ataifor (plato hondo) decorado en cuerda seca; 3- borde de cazuela bruñida; 4 y 5- fondos con bruñido reticulado. / Foto, J.J.L.A.

Campix fue la única alquería en la que a la llegada de los partidores habitaba un vecino, cristiano, por supuesto: Domingo Pérez de Bovadilla, a quien “dieron los omes bonos una casa, donde morava”. Además de sus inmuebles, se repartieron en Grañina, a 76 repobladores, 176 caballerías de tierra, que vendrían a ser unas 611 hectáreas (17 menos que en Grañina).

Al paso de los años, sus tierras fueron compradas, hacia 1487, por el todopoderoso Rodrigo Ponce de León (1443-1492), II marqués de Cádiz y I duque de Cádiz, que heredó su hija Francisca y que en 1538 ya habían pasado (480 has) a ser propias de la Cartuja de Jerez para ser explotadas, en buena parte, como dehesa.

También poseyó entonces el marqués tierras linderas a las de Grañina, en término de Jerez, las que hoy se extienden por los cortijos de Alijar y Alijarillo (del árabe al-disar = casa de campo, cortijo) que también fueron alquerías coetáneas a las portuenses, con entidad propia, y espacialmente dispuestas al modo del poblamiento dual de Grañina-Grañinilla.

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Entrada al Cortijo de Alijar, término de Jerez, donde se encontraba la alquería de Alixar. / Foto, José y Agustín García Lázaro (web entornoajerez.com).

El donadío de la Torre de Alijar ya existía en 1320, de cuyo espacio el historiador jerezano Bartolomé Gutiérrez decía en 1757 ver “…unas ruinas llamadas Torres del Alijar y otras en el cortijo de Casa Alta que por estar en un cerro las ruinas, así le nombran.” Pudiera corresponderse Alijar (en su variante árabe aleixar) con la voz Lexixa citada arriba, hacia donde comenzó el reparto de las tierras de Campix. La divisoria en estos parajes entre Jerez y El Puerto lo marca aún hoy el camino de las Ánimas, por otro nombre, también citado en el Repartimiento, carrera de Xerez, espacio del que un documento alfonsí sobre el deslinde de sus términos, especifica: “...ay otro mojón en un campo de gamones cerca de Alixar, que es esparragueras, e en estas esparragueras está un canto muy grande que parte término entre Cádiz [El Puerto] e Solucar i Alixar.

FONTANINA
Dice el Libro del Repartimiento que un camino, la carrera de las Palmas, que hoy es un tramo del citado de Regla o Chipiona, unía la alquería de Campix con la de Fontanina, emplazada en su ladera sureste, a 1 km. No se menciona que aquí se repartieran casas, sólo que se le concedieron a 13 repobladores una veintena de Campix como ayuda. Probablemente se tratara de un enclave, al igual que Grañinilla respecto a Grañina, que ofrecía algún tipo de recurso –acaso manantiales de agua, como el nombre latino indica- a Campix, donde en lugar próximo se encuentran, ciertamente, los viejos pozos del Duque (de Medinaceli).

POBLANINA
Esta otra alquería repartida en 1268 se emplazaba al oeste de Campix y próxima al actual término de Sanlúcar, en las inmediaciones del cortijo de la Atalaya (donde existió una rica villa romana altoimperial). Se comunicaba con Campix por una carrera identificable con el arriba citado camino de Regla, procedente de Grañina. Tampoco existe en el Libro referencia alguna al reparto de inmuebles hispanomusulmanes, anotándose simplemente que sus 60 beneficiarios, agrupados en 5 veintenas, “ayan casas en sus fronteras”.

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Fotografía aérea de Poblanina con los hitos mencionados en el Libro del Repartimiento.

Los límites de su término se marcaron en relación a algunos espacios y topónimos: “de la alcarria [alquería] hasta el pozo”, que sería un pozo comunal que puede corresponderse al de antiguo nombrado ‘del Tirador’ que existe al sur y próximo a una pequeña laguna hoy desecada y lindera al arroyo Salado; “A veinte caballerías, en que a por medida, en la alcaría, ocho sogas hasta el pozo, y de la otra parte, en la cuesta de Piedralada hasta la laguna y el pozo, hay una caballería, son cincuenta sogas y va por las palmas ayuso [arriba]”. En el área donde se localizan los restos arqueológicos se encuentran dos pozos, uno con abrevadero, frontero a una escarpada cuesta que bien parece la mencionada; “de la parte de Flayna [alquería en término roteño, seguramente en el yacimiento arqueológico de Las Mezquitillas] treinta sogas hasta el arroyo”, el hoy llamado Hondo.

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Fragmentos de tinajas andalusíes de Poblanina, estampilladas y vidriadas en verde, con el talismán árabe de la Mano de Fátima y una roseta. / Foto, J.J.L.A.

En la próxima entrega concluiremos este capítulo de nuestra historia rememorando las otras seis alquerías andalusíes que existieron en la hoy casi despoblada campiña portuense. / Texto: Enrique Pérez Fernández y Juan José López Amador.

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2.217. Isla Cartare. Un recorrido por la historia del término municipal. (I)
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2.245. Los poblados del Salado y la Laguna del Gallo. Isla Cartare (III).
2.259. El Yacimiento Arqueológico de Pocito Chico. Isla Cartare (IV).
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