2.918. La Pesca. Sector entrañable.

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Durante mi infancia me acercaba al muelle pesquero a visitar a mi padre que era celador-guardamuelle. Con anterioridad había sido pescador en Sanlúcar de Barrameda, luego llevado al frente donde se mataban entre hermanos en la guerra incivil española, siendo herido en la ciudad asturiana de Mieres, con apenas 24 años y de vuelta a Sanlúcar a trabajar de nuevo en la actividad pesquera, pero, en esta ocasión, como encargado de apuntar y controlar las cajas en la subasta de pescado. Esta experiencia en la Lonja de Pescado de Sanlúcar sirvió para que, iniciados los años 40 del siglo pasado, fuera contratado como guardamuelle de la Junta de Obras de Puerto cuando su familia cambió de residencia a El Puerto de Santa María. A mi padre, que lo conocían en el muelle pesquero como José “el Viejo”, permaneció en su puesto de trabajo hasta poco antes de partir, con 62 años. /Los padres del autor de la nótula, José y Milagros a finales de los años cuarenta. Su padre vestido con el uniforme de celador guardamuelle de la Junta de Obras de Puerto.

Por aquel entonces la Lonja de Pescado estaba situada en esta Banda, margen derecha del río Guadalete, y la venta se iniciaba a las 4 de la tarde, se conocía como subasta “a la baja”, consistiendo en cantar a la baja el precio del pescado, que se presentaba por especies en cajas de madera, donde alrededor de las mismas se colocaban los compradores atentos a la subasta que partía de un precio alto e iba bajando, hasta que un comprador hacía una señal al subastador y le adjudica la caja.

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En la antigua Lonja de Pescados, grupo de exportadores y minoristas de pescados y mariscos ante un lance de chocos. De izquierda a derecha solo distinguimos a Manuel Pérez Pichaco –Manolo Montero– y Gravan al principio de la fotografía, al final de la misma Manuel Espinosa Morales, hermano de Eugenio del Restaurante “El Guadalete”; en el centro minoristas de Jerez, San Fernando y Cádiz.

Este sistema de subasta, importado desde Holanda desde tiempos del rey Carlos I, es conocido por ello, como sistema de subasta holandesa. En la actualidad el sistema sigue siendo básicamente el mismo, con la diferencia que solo compradores acreditados pueden entrar en las lonjas y que el proceso se encuentra controlado en todo momento a través de aparatos electrónicos.

Recuerdo que por aquella época del siglo pasado, décadas de los años cincuenta y sesenta, las arribadas de los barcos pesqueros, los que pescaban “allá abajo”, sur de Marruecos y caladeros saharianos, se daban cada 40 días, incluso a veces más, y los medios de conservación no eran los mismos que los actuales.

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La lonja y el cantil del muelle, atestados de barcos y de faena pesquera. /Foto: Colección V.G.L.

Barcos de madera, condiciones de trabajo infrahumanas e hielo en las bodegas (neveras de los barcos) donde las cajas de madera se apilaban y era la destreza de los llamados neveros, que formaban parte de las tripulaciones, los que posibilitaban que el pescado llegara en buenas condiciones para su subasta en la lonja. Para los armadores contar con buenos encargados de neveras para sus embarcaciones eran un privilegio, tanto como llevar un buen patrón de pesca. 

Resulta que las especies de pescado de mejor calidad se exportaban a los mercados y restaurantes de Madrid, Sevilla, Valencia, Barcelona, Burgos, Ciudad Real, Puertollano, Jerez, puestos de pescados de la Placilla con nótula 366 en Gente del Puerto  y Mercado de Abastos de El Puerto, con nótula 2.243 en Gente del Puerto  y las de inferior calidad y, obviamente, más barata, no por ello menos fresca, se destinaban, entre otros lugares, para los freidores de la zona con nótula 2.067 en Gente del Puerto.

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El Bar “Las Columnas”, situado por aquel entonces frente al Teatro Principal, en la esquina de la calle Luna con San Bartolomé donde se daban cita muchos pescadores. Quintín Puente García, propietario del Bar con boina, en una reunión. En el centro Jesús Aguirre, a la izquierda el padre del autor de la nótula, José “El viejo”, compañero de dominó con Jesús, esperando turno para entrar en la partida. También en la instantánea Jaime Bonet, que fue capataz de Vidrieras Palma, tocando la boina de Quintín.

Hubo días que, cuando las plazas estaban repletas de productos pesqueros, se quedaban sin subastar pescados de los llamados endebles, pero en buenas condiciones, y con el hambre que había por aquellos años ese pescado se solía repartir entre los allegados de los pescadores que, por cierto, eran muchos los que aparecían con frecuencia por el muelle y también se donaba a los centros benéficos, entre ellos, el más favorecido fue siempre el de Las Hermanitas de los Pobres del Asilo de Ancianos, situado por aquel entonces en la Plaza Elías Ahuja, lindando con la Real Plaza de Toros.

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Tapia del huerto y edificios del Asilo de Ancianos, en la plaza de Elías Ahuja, antes de su traslado a Las Banderas. Todavía se conservan las dos araucarias de la imagen, existentes en el antiguo patio, que hoy forman parte de los jardines de las viviendas existentes en la actualidad, colindante con la sala de celebraciones Bodega San José.

Pero ocurría también que había pescado que llegaba a la Lonja en malas condiciones que era impensable que se subastara, era el más perjudicado debido a distintas circunstancias que se daban en las neveras y travesías de las embarcaciones, incluso hubo veces que algunas cajas de chocos, calamares, pulpos y lenguados, pescado de gran valor, tampoco se subastaron.

Estas especies de pescado desechado, conocido como guano, que tenían el precio más bajo y concertado de antemano con la Fábrica se destinaba para la fabricación de harina de pescado. Fue el recordado José Cairón Carbonell, “Tranquedo”, quien durante años compró el pescado para la fábrica de harina de pescado de Enrique Osborne Macpherson, conocida como fábrica de Guano con nótula 727 en Gente del Puerto.

Hubo una época en El Puerto, que cuando  iba a saltar el Levante no hacía falta mirar la veleta, para saber de dónde venía el viento, sólo faltaba oler. Entre los olores asociados a mi infancia, especialmente en días de viento de Levante, el de guano.

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Vista elevada de la antigua Pescadería, cruzando el río y la carretera, la Fábrica de Guano. Estaba instalada en la parte izquierda de lo que hoy es el Centro Comercial Bahía Mar. /Foto: Colección Antonio Leveque.

A esa misma época que me refiero miles de familias vinculadas al sector pesquero eran embargadas por la tristeza debido a la ausencia de los suyos en la mar, actualmente la tristeza sigue vigente ya que el sector pesquero, armadores, pescadores, vendedores y trabajadores en general, desconocen qué les depara el futuro y lo que es peor, si dispondrán de medios económicos suficientes para poder seguir subsistiendo. /Texto: Antonio Carbonell.

Un comentario en “2.918. La Pesca. Sector entrañable.

  1. Chipirón

    Que cierto es lo que se comenta sobre la repercusion del olor del guano en esta Banda que "perfumaba" todo el Barrio alto en aquellos verano cuando el viento de Levante aparecía. Comento esto porque llevo días pensando el efecto que hubiera causado en este verano.

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