3.647. Blas de Lezo. Un libro sobre el marino que fulmina los tópicos

La figura de Blas de Lezo, cuyo reconocimiento ha crecido como la espuma en España, quizás en demasía dado que «se han contado una serie de mentiras sobre Blas de Lezo que, tras ser repetidas un millón de veces, han pasado a ser aceptadas socialmente». En una carta en su lecho de muerte requiere a su esposa a abandonar El Puerto de Santa María --«porque era una ciudad muy cara»-- y le proporciona las indicaciones precisas para mudarse a su tierra natal: Pasajes (Guipúzcoa) con su suegro y sus siete hijos. Carolina Aguado Serrano y Mariela Beltrán García-Echániz, autoras de ‘La última batalla de Blas de Lezo’, han querido estudiar la parte humana del marino y no solo su mito y leyenda. | Retrato de Blas de Lezo. Autor Ascensio Martiarena Laskurain. Museo San Telmo (San Sebastián).

Blas de Lezo «Quedó desdibujado al no contarse su historia, sino su mito, pero fue una persona con sus luces y sus sombras», aclara Carolina Aguado, coautora junto a Mariela Beltrán de 'La última batalla de Blas de Lezo'. Una biografía que pretende, a partir de fuentes directas y con el rigor por bandera, tratar la dimensión militar y humana del marino.

| “La última batalla de Blas de Lezo” fue presentado el pasado 11 de junio en el Museo Naval de Madrid por el Almirante Director del Órgano de Historia y Cultura Naval, Fernando Zumalacárregui Luxán, y del escritor Lorenzo Silva Amador, además de las dos autoras de la biografía, Carolina Aguado Serrano y Mariela Beltrán García-Echániz publicada por EDAF.

De paso, el libro arroja luz a uno de los secretos mejor guardados sobre Blas de Lezo: el lugar donde fue enterrado. Si bien ya se había especulado con la posibilidad de que la tumba del teniente general de la Armada estuviera en Cartagena de Indias, no se conocía un documento fiable que lo confirmase.

En su obra, Beltrán y Aguado desvelan una carta fechada en 1773 que Blas Fernando, primogénito del marino, dirigió al director de la Academia de Guardamarinas de Cádiz, donde indicaba que la sepultura de su padre se encontraba bajo un arco de mármol en el convento de Santo Domingo de la ciudad colombiana. «Nos hubiera gustado llegar a la partida de defunción, que es el documento que definitivamente lo corroboraría», lamenta Aguado.

Las historiadoras estuvieron en Cartagena de Indias intentando localizarla, sin éxito, ya que «el Convento de Santo Domingo no conserva libros de defunciones de esa época». Aunque creen haber dado con ella entre los libros parroquiales de la catedral colombiana, «su archivo está completamente blindado en la actualidad».

La obra también analiza la muerte de Blas de Lezo, sucedida en Cartagena debido a una enfermedad «que apenas le duró unos días», revela cómo hubiera sido su juicio de haber regresado a España y detalla algunos de los deseos del teniente general sobre el futuro de su mujer y sus hijos.

«Él estaba acostumbrado a que todo el mundo le obedeciera, tanto en el ámbito militar como en el familiar, y deja todo dispuesto, con unas órdenes concretas, para el día de su muerte», apunta Beltrán, «siempre pensando en el beneficio de su familia».

| Monumento a Blas de Lezo en Cartagena de Indias.

En esta suerte de testamento requiere a su esposa a abandonar El Puerto de Santa María -«porque era una ciudad muy cara»- y le proporciona las indicaciones precisas para mudarse a Pasajes con su suegro y sus siete hijos. También le encomienda la educación religiosa de éstos, mientras que a ellos les aconseja casarse con «mujeres españolas, que poseen el don del gobierno y la economía», y con «hombres honrados y que carezcan de los vicios propios de los hombres».

| Placa en la fachada del lugar donde vivió Blas de Lezo junto a su familia en El Puerto de Santa María.

Adiós a los tópicos
Para contar la historia de Blas de Lezo de manera fidedigna, las autoras del libro tuvieron que combatir -igual que hiciera el marino- en diferentes frentes. El más complejo era desmitificar un relato que se había magnificado en apenas un lustro tras partir del más absoluto desconocimiento: «No era necesario para reconocer sus méritos».

Y es que, lamenta Aguado, «se han contado una serie de mentiras sobre Blas de Lezo que, tras ser repetidas un millón de veces, han pasado a ser aceptadas socialmente».

Una de ellas, alrededor de su pasaje más célebre: la victoria sobre Gran Bretaña en Cartagena de Indias en 1741 poco antes de su muerte. «Se ha dicho que la flota que atacó Cartagena fue la segunda más grande de la historia después de la de Normandía, y eso no es cierto», aclara Beltrán.

Como tampoco es verdad el supuesto afán de la Corona británica por ocultar una derrota que no entraba entre las posibilidades para la opinión pública en las Islas. Incluso se vendieron medallas conmemorativas del triunfo que nunca llegaría, pero que «no fueron de promoción institucional, sino fabricadas por botoneros para satisfacer la demanda de la población». | Texto: Miguel Olmeda.| Fuente: León Noticias.

 

5 comentarios en “3.647. Blas de Lezo. Un libro sobre el marino que fulmina los tópicos

  1. Andrés Aranibar Castañeda

    Yo creía que según la historiadora que hizo la genealogia de Blas de Leso y la esposa comenta que ella quedo huérfana de padre a los seis años por tanto Blas de Lezo no podia sugerirle que se mude a Pasajes teniendo tierras en Locumba, Perú. Tambien el criado Antonio no tenia hermanos, raro que en la colonia que explotaron a los negros le querian tanto y con hermano y todo.

  2. Andrés Aranibar Castañeda

    Que comentario que deja este historiador al que se alude, decir a la esposa como la criollita, supongo que este escritor no le gustaria que le digan este españolito.

  3. Andrés Aranibar Zavalla y Castañeda

    Me gustaria comunicarme con las historiadoras Carolina Aguado Serrano y Mariela Beltrán García-Echániz para enviarle mi novela acerca de la esposa de Blas de Lezo,peruana como el que le escribe.

  4. Andrés Aranibar Zavalla y Castañeda

    He escrito una novela acerca de la criolla Josefa Pacheco esposa del héroe español, su vida en Locumba lugar de nacimiento y un relato considerado ameno de esta peruana coterranea del quien les escribe . La titulé La flor de los sin tierra. En Youtube se encuentra un avance al que les invito visitar con esta dirección.... Blas de Lezo y la Flor de los sin tierra.Aparece unos cuadritos octogonales de color verde y en esos puedes verlos.

  5. Juan Ignacio Domínguez Gil

    Estos días ha aparecido una noticia en la que dos historiadoras han escrito un libro sobre las mentiras sobre el Teniente General de la Armada D. Blas de Lezo y Olavarrieta. Acabo de leer el artículo que habla sobre ello en "Gente del Puerto" y no he podido menos que reflexionar sobre algunos de los textos que aparecen. En concreto, el que habla de testamento y requerimientos que D. Blas hace a su esposa:
    "En esta suerte de testamento -¿qué testamento, si ya él había testado antes de marchar para Cartagena?- requiere a su esposa a abandonar El Puerto de Santa María porque era una ciudad muy cara. ¿Cara?, si hasta el Ayuntamiento le había puesto una toma de agua en su casa de la calle Larga; mantener a tantos hijos (7) y parientes, a su esclavo negro Antonio y al gran número de personas que componían el servicio (entre 10 y 15 según los años), eso sí era caro-. Le proporciona las indicaciones precisas para mudarse a Pasajes con su suegro y sus siete hijos -es raro que no nombre a su esclavo Antonio, al que la familia apreciaba, y a su hermano Francisco Ignacio que vivía con ellos- La criollita Dña Josefa Pacheco de Bustos, que entones contaba con 36 años, o no se enteró de estos consejos, o no le hizo caso alguno, pues permaneció en esa casa de Larga 72, hasta su muerte, acaecida el 30 de junio de 1743, siendo enterrada en el Convento de Santo Domingo con todas las pompas del nivel de Excelentísima Señora -su esclavo había muerto doce días antes y fue enterrado en la Prioral, pagando la viuda un entierro de personaje relevante-. También le encomienda la educación religiosa de éstos, mientras que a ellos les aconseja casarse con «mujeres españolas, que poseen el don del gobierno y la economía», y con «hombres honrados y que carezcan de los vicios propios de los hombres». Cuando el convento se desamortizó en la época de Mendizábal, sus restos no fueron recogidos por sus hijos y fueron trasladados al cementerio municipal junto a otros de otras personas que también estaban enterradas en Santo Domingo.
    En cuanto al enterramiento de D. Blas -su muerte había acaecido el 7 de septiembre de 1741- es cierto que no se conocía el documento, pero muchos hemos mantenido que, al contraer la peste, fue enterrado al modo frecuente de la época para estos casos -capa de cal, el cuerpo y, encima, de nuevo cal- en en el convento de San Agustín que mencionan las autoras.
    En lo referente al juicio, es posible que lo hubiese perdido, pues Eslava tenía mucho poder y, al fin y al cabo, el ambicioso navarro era el virrey; sin embargo, si tan mal había actuado no se le hubiese concedido el título de Marqués de Ovieco a título póstumo y que ostentó desde entonces su hijo Blas Fernando y descendientes.

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