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4.106. Lorenzo Ferrari Porro. El palacio del ‘Derrumbe Hermoso’

¡Que pintaba ese viejo caserón en una zona de fértiles bodegas que cubría toda la calle Valdes por una y otra acera!   Mejor dejar libre un solar para construir otra más, ¿no? Dijeron que estaba ruinoso. Hacía tiempo que habían transformado su fisonomía primitiva, suprimiendo el extenso entresuelo para una mejor utilización industrial de los bajos de tan amplio y vasto inmueble, y aún conservaba algunos vecinos poco tiempo antes de su “hermosa demolición” realizada con lesa impunidad sobre nuestro patrimonio e historia, con luz y taquígrafos y total, permitida y hasta orgullosa alevosía.
| A la izquierda, las bodegas Colosía y, a continuación, el palacio de Cumbre Hermosa. El agua del Guadalete y las mareas llegaba al pié de los edificios.
Dos cifras capicúas en su historia: 323 años de su construcción y 282 años desde que  Lorenzo Ferrari compró el título de Conde de Cumbre Hermosa con el que conocimos este caserón palaciego.

| Expediente de la Orden de Caballero De Santiago de Lorenzo Ferrari Porro. | Archivo Histórico Nacional.

Lorenzo Ferrari Porro,  personaje del que tuvimos referencia al documentarnos sobre la familia Winthuysen,   recién convertido  en  conde de  Cumbre  Hermosa adquirió esta  casa  que habían labrado Juan  Clander   y   Enrique Benstdorff,  cargadores a  Indias  de origen  flamenco,  en  los últimos  años  del s.  XVII,  concretamente en el año  1696, ocho después de que el duque de Medinaceli les cediera un solar situado  en la  escuadra  o esquina de las calles Aurora y Valdés actuales, cerca del río, con su fachada principal a esta  última  calle.

899. UN RECUERDO MÁS DEL ANTIGUO ESPLENDOR

Esta imponente  mansión,  derribada hace  tan solo   unas   décadas, de tres plantas y entresuelo, fue diseñada y construida, según algunos autores, por el Maestro portuense Guindos,  en  época similar a  las  conservadas y  conocidas  de Vizarrón (Casa  de  las Cadenas)  y  Reinoso Mendoza, ambas situadas en la Plaza del Polvorista, donde comenzaba  la prolongación de la calle Aurora, en dirección al campo de Guía, zona a la que denominaban "Barrio francés" o de los franceses y donde estaban, entre otras, caserones y palacios de Terceros de Roxas y del marqués de la Cañada, hoy Hotel Santa María y edificio Haupold. Este inmueble, el de Cumbre Hermosa, en particular,   parece tenía una mayor capacidad de  almacenaje en  su  piso bajo que los demás de su época, a tenor de la  estructura que hemos  conocido,  aunque, igual  que  los prototipos de  las demás casas de Cargadores, el amplio entresuelo servía de oficinas, la planta primera y principal se destinaba  a  vivienda de  la  familia y  la  segunda o  mirador para alojamiento  del servicio, trastero y coladero.

Ignoramos  la  fecha exacta de la  adquisición  de la  casa por Cumbre Hermosa,  arriesgándonos a situarla entre la tercera y cuarta década del siglo XVIII. Asimismo  desconocemos  el tiempo  en  que la  familia Clander  vivió, si es que lo  hizo, en  esta  mansión pues  las referencias  que al  respecto  tenemos, tomadas  de  los  padrones  eclesiásticos,  sitúan a Juan Clander  y  su mujer,  Magdalena  Durt, así  como  a Julio  Leonardo  Clander, casado  con Rosa  Ávila y  otras  dos personas    con  ese mismo  apellido: Magdalena  y  Jerónimo  Clander en  unas  casas de  la  calle Esterque, actual Ganado, que hemos situado en la esquina de esa calle con Manga de Gabán, o Nevería.

| En primer término, a la izquierda, la fábrica de Gas Lebón. A la derecha cascos bodegueros que hoy son la bodega Gutiérrez Colosía y un almacén de alimentación y, detrás podemos ver los bluendes del palacio de Cumbre Hermosa.

La  amistad,  supuestamente,  de Fray  José Winthuysen, Prior del convento de Santo Domingo y el conde  de  Cumbre Hermosa  databa  de  la época  en que  adquirió   la  casa citada, o fue esta operación de compraventa la que dio origen a la misma, considerando también  que existía un lejano parentesco entre ambos. Dueño ya de ella  se ocupó Ferrari de embellecerla y amueblarla a tono con su importante fortuna y presumible  buen  gusto, solicitando de camino  su mecenazgo  Fray Joseph  para hacer  lo  propio con  la  iglesia de Santo Domingo  y otras  instalaciones  del convento,  tal  como nos relata Hipólito Sancho  en su historia local.  Sin embargo hemos  descubierto  que había  algo  más que  una  amistad, producto del trato y del mecenazgo ejercido por Ferrari hacia la comunidad dominica local, como podremos comprobar al leer un fragmento de su testamento, realizado cuando había abandonado el mundo lego y profesado en un convento: “Y para cumplir y pagar lo que  por  mi queda  dispuesto  y ordenado,  nombro  y señalo  por  mis albaceas  testamentarios,   ejecutores   de  esta   mi   disposición  y voluntad a la señora doña Estefanía Ferrari, mi hermana, viuda de don Miguel Pabón Atarques del Mérito; al M.R.P. Presentado fray Joseph de Bentuysen, de mi Sagrada Orden, Prior en el convento de la  ciudad del  Puerto  de Santa  María, mi  pariente, y  al  Doctor Tomás Porro  y  Gallo, canónigo  y  dignidad de  la  Santa Iglesia  de Guadix, mi tío, a todos tres  y a cada uno, in solidum, a los cuales doy mi cumplido poder  y  facultad, tan  amplia  y bastante  como corresponden  y la  necesiten,  el que  han  de tener  y  usar de  él  por todo el tiempo que fuere preciso y necesario”.Podríamos explicar el enrevesado juego genealógico por el que conocer el parentesco del conde y el prior, y lo teníamos contemplado inicialmente, pero en vista de que alargaba bastante el texto hemos decidido suprimirlo.

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Reseñamos  pues, ya que este es el tema principal de esta nótula, algunos  aspectos  biográficos de Lorenzo Ferrari,  el personaje que dio nombre a la casa palacio, de  su  próspera y  rápida  carrera en  el  mundo cortesano,  la no  menos  llamativa caída  y  pérdida de  la confianza  real y  de  todo su  patrimonio,  abandonando las pompas  y  vanidades de  este  mundo para  entrar  en  un convento con tan solo treinta y tres años, aunque sin perder nunca  la  fe  en recuperar  la  fortuna que  en  tan corto  tiempo amasó,  y emplearlas en obras filantrópicas.

Lorenzo  Ferrari y Porro  nació en Sevilla  en  1709, siendo el  menor y único varón  de los siete hijos que tuvo el matrimonio formado por Francisco Jacome Ferrari, descendiente  de  una rama  la  estirpe genovesa  de  los Ferraro  establecida en Sevilla y por  Feliciana Margarita Porro, nacida en Cádiz en el seno de una familia de  ascendencia  igualmente genovesa, en este caso, procedente  del marquesado  de  Finale en la costa ligur italiana.  Tres meses después de su  nacimiento quedó  huérfano de  padre, aunque la familia no quedó desamparada  pues tenía fincas de campo en Salteras, varios comercios, negocios y dependencias en la capital hispalense y la madre, que casó en  segundas  nupcias con  un  capitán de  Marina  sin  que tuviese  más  descendencia, al ser la mayor de las hijas deJoseph  Porro, heredó  del  abuelo genovés  Vicente  Porro, entre cuyos bienes se encontraba su casa principal en Cádiz, en calle de las Descalzas, labrada en cantería, con  blasón en el dintel de la puerta.

Cuando  la  madre falleció,  cuatro  de las  hermanas  eran profesas de velo negro en las clarisas de Jerez. Al ingresar en el convento  recibieron  su dote,  haciendo  renuncia de  sus derechos hereditarios  por lo  que  solamente quedaron  él  y otras dos  hermanas  para la  partición  de la  testamentaria, recibiendo por ser varón un tercio de mejora y, por supuesto, la casa de Cádiz entre los bienes que conformaron su parte. En estas circunstancias y con tales características: joven culto  y  de agradable  trato,  poseedor de  un  capital importante  y  la  picardía y  atrevimiento  necesario para  los  negocios, heredada  de  sus ancestros  genoveses,  unido a  la fortuna  de asentarse  durante  varios años  Felipe  V, su  real familia y toda su  ambulante Corte en  Sevilla, ciudad en la que él residía y estaba bien relacionado socialmente, circunstancia que acabó   proporcionándole  una oportunidad  única  e impensable  de  la  que supo sacar el máximo provecho, pues al poco tiempo lograba un puesto como Gentil-Hombre de Cámara de S.M., el título de caballero de la Orden de Santiago y un título de Castilla: Conde de Cumbre Hermosa y Vizconde de Ferrari. Título  este que  fue  comprado con  la  anuencia real  a Marciano José Fernández Pacheco, Marqués de Moya, Escribano Mayor  de  las confirmaciones  de  privilegios de  los  reinos de Castilla y de León, Comendador del Corral de Almaguer  y  de Villanueva  de  la Fuente  en  la Orden  de  Santiago, Coronel  del Regimiento  de  Saboya, Mariscal  de  Campo de los   Reales   Ejércitos,  Teniente   General   y  Capitán   de   la primera Compañía  de  Guardias de  Corps,  y a  la  marquesa de Assentar y de Bedmar, Francisca de la Cueva y Acuña, su esposa, Grande  de  España, dama  de  las reinas  doña  María Luisa de  Orleans  y  doña Isabel de  Farnesio, en  el  precio de veinte  mil  ducados que,  al  cambio y  en  moneda de  uso, suponían  220.558 Reales  de  Vellón, diez  veces  lo que  se pagaba  en esa  época  por una  Regiduría  perpetua en  El Puerto, por ejemplo.

Sorprende  que, con  el  bagaje de  títulos  y empleos  de los  titulares originales  del  de Cumbre  Hermosa    renunciasen y  cediesen  el título “para  lograr algún  alivio  en  la estrechez que padecen”que fue el argumento  expuesto  al  Rey para justificar su  venta,  la cual  debió    contar además  con  la licencia  del   primogénito   y  heredero,   Felipe   Fernández Pacheco y Acuña, que en esa fecha tenía tan solo diez años, y a venia de su curador “adlitum” el abogado del Concejo de S.M., don José Pérez Valiente aunque no le  debió preocupar  la  la enajenación  de  ese título  de Castilla,  que fue  concedido  a su  abuela  porque, en  los  setenta años  que vivió,  acumuló nada  menos  que una  decena  de   ellos;  5  de  marqués: Moya, Bedmar,  Assentar,  Villena Y  Aguilar  de Campoó; 4  de  conde: Vilanova, Xiquera, San Esteban de Gormaz y Castañeda, y el de duque de Escalona. Tres  veces  Grande de  España,  teniente General  de  los Reales Ejércitos, Caballerizo Mayor y ballestero Mayor de Carlos III y Carlos IV y caballero del Toisón de Oro, falleció sin descendencia en 1798.

| El impresionante edificio que cubría la escuadra de las calles Aurora y actual Valdés, hoy moderna bodega en desuso. | Archivo Militar de Segovia.

Se  otorgaron los  despachos  correspondientes  a dichos títulos  “teniendo en  consideración  en todo  lo  referido y  haver constado así mismo, que en vuestra persona y casa concurren todas las cualidades  y  circunstancias  que se  requieren  para obtener  y mantener con Lustre y esplendor  la  expresa dignidad de  Título  de Castilla.”

Lorenzo  Ferrari puso  la  guinda  al sabroso  pastel  que estaba resultando  su  vida al  conseguir  encargarse de  la dirección, cuidado y gobierno, es decir la intendencia, de las rentas reales de Castilla sobre el aguardiente y licores. Con apenas treinta años se le estimaba  una fortuna cercana a los cinco millones de reales y esa posición, lógicamente, propició la envidia  de  algunos personajes  menos  afortunados, pero con  voz  influyente en  el  círculo íntimo  y  próximo al  rey.  La suerte, de  pronto,  no solo se estancó,  sino que le abandonó plenamente.  Así cuentan sus  biógrafos  esta   etapa   tan importante en su vida futura: “Pero el viento de próspera fortuna, que a todas luces sopló fuerte, se tornó y lo embistió por proa: las intrigas cortesanas lo cambiaron y Su Majestad decretó el embargo de todos sus  bienes. Se le  acusó de  irregularidades  en el  desempeño  de la  intendencia.  El honor ofendido,  la  injusta mancha  social,  el rescoldo religioso  de  su espíritu y el desengaño del mundo cortesano le espolearon a virar el rumbo  de  la vida  y  enfilarlo hacia  otras  metas: ingresó  en  el convento de  Santo  Domingo de  Escalaceli,  tomando el  hábito dominicano el 16 de marzo de 1742. Una decisión de este tipo a su edad,  treinta y  tres  años, supone  una  reflexiva rumia  y,  por supuesto, una honda crisis. El estupor que el gesto del Conde causó en  la  corte de  Felipe  V hizo  de  contrabalanza al  descalabro  del embargo. Si al producirse la orden regia se rumoreó que obedecía a negras intrigas,  ahí  relucía, blanca  como  su nuevo  hábito,  la inocencia del Conde abatido"

Esta es la historia del rico conde de Cumbre Hermosa, poseedor del añorado palacio cuya destrucción lamentamos y reconocido mecenas del convento de Santo Domingo de esta ciudad que acabó sus días en un convento cordobés como Fray Lorenzo de la Concepción. | Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz. A.C.PUERTOGUÍA

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Bibliografía y documentos consultados:
SANCHO MAYI, Hipólito. “Historia del Puerto de Santa María desde su incorporación a los dominios cristianos en 1256 hasta el año mil ochocientos” Ensayo de una síntesis. (1943:499)
TORIBIO GARCIA, Manuel. “Guindos, arquitecto portuense del siglo XVII” Revista de Historia de El Puerto nº 1 (1988:4)
RUIZ DE CORTAZAR, Anselmo José. “Puerto de Santa María ilustrado y compendio historial de sus antigüedades (1764)” Biblioteca de Temas Portuenses. (1997:34)
KAMEN, H. “El establecimiento de los intendentes en la administración española” revista Hispania nº 24
Testamento realizado por Fray Lorenzo de la Concepción el 3 de diciembre de 1742 ante el escribano Don Francisco Martínez Amoraga. (ARCHIVO DE PROTOCOLOS DE CORDOBA, Of. 21, tomo 157, folios 464 a 470 vtº.)

2 comentarios en “4.106. Lorenzo Ferrari Porro. El palacio del ‘Derrumbe Hermoso’

  1. josé maría gutiérrez colosía

    UN PUNTO DE VISTA:

    Después de leer el magnífico artículo de Antonio Gutiérrez Ruiz me veo obligado a añadir, desde mi propia experiencia personal, la pequeña historia del final del antiguo palacio de Cumbre Hermosa.
    En los años sesenta del pasado siglo la mitad de la finca pertenecía por herencia al conocido poeta local Don José Luis Tejada Peluffo y era lo que entonces se llamaba "una casa de vecinos" estando dividida en múltiples habitaciones o partidos.
    El mal estado del edificio provocó la declaración de ruina del mismo por parte del ayuntamiento de la época con el obligatorio desalojo de los inquilinos y su posterior demolición.
    Posteriormente yo adquirí, en nombre de mi familia, el solar resultante (Lo que, de paso, me granjeó una cordial amistad con José Luis) Sobre este solar se construyó una nave de bodega.
    La otra mitad, de lo que fue el palacio, (concretamente la parte con fachada al río), la ocupaba una nave destinada a fabrica de hielo perteneciente a la Sociedad General de Carbones.S.A. Esta compañía construyó una nueva fabrica (hoy demolida) junto al muelle y
    vendió el solar e instalaciones a la Inmobiliaria Rodriguez de Calpe.
    Más tarde adquirí esa propiedad de la inmobiliaria, junto con un proyecto de edificio de siete plantas realizado por el arquitecto jerezano Ferrari (Que paradoja), cuya construcción estaba a punto de realizarse, para construir una segunda nave, paralela a la anterior.
    Con el tiempo y la crisis del vino de Jerez las bodegas quedaron sin actividad, por lo que desde hace veinte años venimos gestionado con los diversos gestores municipales todo tipo de aprovechamientos del solar tanto residenciales como hosteleros que se nos han denegado siempre alegando todo tipo de argumentos. Incluso nos ofrecimos a reedificar la fachada del antiguo palacio, adecuando su habitabilidad interior, obteniendo la misma respuesta negativa.
    Hoy dia las naves gozan de protección y calificación de historico-artísticas con uso exclusivamente bodeguero, lo que.además de un sarcasmo, resulta pintoresco dado que aunque, como responsable de su construcción y por mi edad, pueda merecer el
    adjetivo de histórico dudo que me cuadre el de artístico.

    Sea dicho todo esto,por un mínimo respeto a la verdad .

  2. Juan Ramon Castillo García.

    Por supuesto, que es de mi interés, lo leeré y lo guardaré y se lo enviaré a otras personas que nos agradecerán y les encantara esta información. Gracia y un abrazo como siempre.

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