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4.688. Luis de Guzmán y Soto. Peripecias para acceder a El Puerto durante la epidemia de Peste. 1680

He buscado en algunos de mis libros algún texto relacionado con alguna de las diversas pandemias sufridas por los habitantes de El Puerto de Santa María en siglos pasados y he encontrado lo que a continuación relato, protagonizada por un personaje que vivía en la calle Larga, Luis de Guzmán y Soto, dejando su casa al cuidado de unos guardeses cuando fue nombrado Administrador del Duque de Medinaceli en sus posesiones de Lucena (Córdona), marchando allí con su familia en 1670.

En 1679 se detectaron focos de peste en algunos puntos de Granada y su provincia, afectando entre otras poblaciones a las de Loja y Salobreña, damnificando también a las provincias limítrofes y, por extensión, a casi toda Andalucía. La ciudad de Lucena envió un memorial al Consejo de S.M. en el que comunicaba que, después de haber padecido la epidemia de 1679, ésta había vuelto en enero de 1680, por lo que se solicitaba, tanto ayuda económica, como de personal sanitario.

Contador Mayor de El Puerto
Luis de Guzmán y Soto (1620-1683), recién casado, acudió a su señor, recabando el consejo de su prestigioso médico de cámara el doctor Duarte Núñez de Acosta, un experto en este tipo de epidemias, cuyo principal consejo debió ser que saliese de allí cuanto antes. El duque, en una carta que tiene fecha 25 de marzo de 1680 le concede el cargo de Contador Mayor de la Ciudad de El Puerto de Santa María, iniciando los preparativos para retornar de nuevo a su casa portuense con su nueva esposa, ignorando si también lo haría con su hermana María, viuda de Rojo, y los esclavos sobrevivientes.

Preparación del viaje
La preparación y embalaje de numerosos muebles y enseres que debía transportar, pues era su intención establecerse definitivamente en El Puerto y ejercer el nuevo el importante cargo para el que había sido nombrado, les llevaría semanas. Finalmente, sus dos coches forrados de damasco, con las ballestas reforzadas para tan largo trayecto y cargados, además de con ellos mismos con los objetos de menor volumen y más delicados que los que ocupaban la galera que les seguiría.

El ajuar
Tales objetos eran un reloj de muestra de la firma “Sanson Heruast” y seis contadores (Grandes libros de Contabilidad en el sistema de Partida Doble) tan necesarios para su profesión, dos de ellos con embutidos de marfil y ébano y cuatro chapados en carey, o los baúles de ropa, colgaduras y cortinajes, destacando de entre tantos buenos tejidos, lienzos finos y encajes “una tapicería de boscaje” de siete paños.

Pinacoteca
Mención aparte merece su extensa pinacoteca, compuesta por medio centenar de cuadros, casi todos de temas religiosos, que debidamente embalada debió traer asimismo consigo. Destacan Cuatro Estaciones del año, copias del original de Jacobo Bassano, adquiridas en Sevilla y San José con el niño en brazos, así como Santa Ana con Nuestra Señora en brazos, originales de Francisco de Herrera.

Luis de Guzmán y su familia, ante la gravedad y virulencia de la epidemia que afectaba a la población de Lucena, en espera de la orden de traslado por parte de sus señores, una vez realizado su nombramiento de Contador Mayor de El Puerto de Santa María y para evitar el peligro de contagio, se habrían desplazado a alguna vivienda rústica del entorno, con todo preparado para iniciar el viaje de retorno a tierras gaditanas.

La ruta de regreso
Sin embargo, no hemos encontrado ninguna referencia a la ruta seguida en este viaje, que hoy día se puede hacer en poco más de tres horas, cubriendo los doscientos y pico de kilómetros que separan por carretera, en la ruta más corta, Lucena de El Puerto de Santa María, tres siglos atrás las cosas eran mucho más complejas.

| Insula Gaditana, vulgo Isla de Cádiz. Publicado en 1667. Atlas Mayor.
Pudieron venir por el camino más corto pero cruzando la serranía, haciendo varias etapas, con paradas en Antequera, Olvera y Arcos, aunque nos inclinamos por la hipótesis de que utilizaran el Camino Real, más largo pero mejor acondicionado, debiendo subir hasta Fernán Núñez y La Carlota haciendo paradas en Écija, Carmona y embarcando tal vez en Sevilla hasta Bonanza, aunque siguiera por tierra el equipaje, y desde allí a El Puerto.

A las puertas de El Puerto
En esta situación recibió una carta, fechada el 19 de mayo de 1680 que le remitían los diputados de Sanidad y Epidemias locales avisándole de que no viniese a El Puerto. No parece que hiciera mucho caso pues semanas después estaba a las puertas --en sentido figurado-- de la Ciudad, alojado en algún caserío cercano en espera de ser autorizado para ocupar sus casas principales, las de calle Larga.

Medidas contra la Peste
La medida más eficaz para protegerse de la peste, sin duda, era la de impedir la entrada de cualquier sospechoso de contagio. Había, asimismo, una serie de normas, digamos, complementarias, de obligado cumplimiento: baldear las calles, no dejar en ellas animales muertos, que no se tirase por la noche agua sucia (orín y excrementos) ni que los confiteros tuvieran dentro o fuera de sus casas, sidras, calabazas y otras frutas en remojo, cuyo agua produzca hedor, ni poner frutas, verduras o carne a la venta de un día para otro, y que los pobres y mendigos tuviesen posada y no anduviesen sin control.

Sin contagios en poblaciones limítrofes
Buena prueba de ello es que en esta epidemia de peste que estamos relatando, la de 1680/1681(*), no fueron afectadas las cercanas poblaciones de Puerto Real, Rota y Sanlúcar, excepción atribuida al celo mantenido por sus respectivas autoridades en cerrar a cal y canto la entrada de foráneos en ella.

En El Puerto esta medida resultaba más difícil de llevar a la práctica, especialmente por el tráfico marítimo tan intenso que mantenía en su ría, tanto de entrada desde la bahía de Cádiz, como de salida desde Jerez, pues en esa fecha era navegable el Guadalete hasta El Portal.

Salvando el cordón sanitario
La severidad del cordón sanitario, a pesar de lo notable del personaje en cuestión, hizo sudar tinta a don Luis y a sus acompañantes, manteniéndolos alejados más de un mes hasta que obtuvieron el ansiado permiso para residir el 11 de julio, no sin antes pasar por el examen de nada menos que cinco médicos que comprobasen su estado de salud e hiciesen un informe favorable, recomendado, eso sí, que fuesen quemadas todas las ropas usadas por él, su familia y sirvientes.| Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz | A.C. Puertoguía.

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(*) Hubo un doctor que, basándose en que el mal no se propagó por el aire, publicó un folleto teorizando que no se trataba de peste lo sufrido en El Puerto de Santa María en estos años. A esta hipótesis contestó el doctor Duarte de Acosta, médico de Cámara del duque de Medinaceli que antes lo fuera del de Medina Sidonia y de la familia de Don Juan de Austria, con otro, cuyo enunciado resume la idea: “Invectiva, en la que se prueba que la epidemia que ha padecido el gran Puerto de Santa María desde fines de junio del año 1680 hasta 18 de agosto de 1681 fue verdadera peste; y que cuando entró en ella y mientras duró, no tuvo dependencia de constelación, ni de otra causa que de contagio, contra (la opinión de) algunos que, erróneamente, sintieron lo contrario”.

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