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4.829. La Academia Filarmónica Portuense, precursora de la de Bellas Artes

| Imagen: Archivo Municipal.

Traigo hoy aquí , algunas pinceladas sobre una entidad cultural local poco conocida, la Academia Filarmónica Portuense, que fue creada en 1874, por varios portuenses, uno de los cuales fue el marino Juan Winthuysen Martinez Baños, personaje este cuya biografía confeccioné, incluida en uno de los volúmenes de la serie “Mansiones y Linajes de El Puerto de Santa María”.

Juan Winthuysen profesaba una gran admiración y demostraba una tremenda afición por todo lo relativo a la música. Junto con Francisco Fernández de Haro y L. Reinhard Voigt consiguieron interesar a un buen número de personas, amantes de la música como ellos, para iniciar y sentar las bases en El Puerto de un centro de instrucción artístico musical, similar al de Cádiz, creándose con la iniciativa de los mencionados y la colaboración de sus seguidores la “Academia Filarmónica Portuense” en 1874, (precursora de la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia, fundada en 1900), en la que él y su hijo Felipe que fallecería muy joven pocos años después, desempeñaron sendas vocalías y, posteriormente, en 1877, ocuparía la vicepresidencia.

Concretamente, y según se cita en la Memoria presentada a la Academia Filarmónica del Puerto de Santa María por su junta directiva relatando las tareas verificadas en la misma desde su fundación hasta el 30 de junio de 1877. La primera Junta directiva la formaban: Juan de Benito Huguet, presidente; Juan de Winthuysen, Vice-Presidente; Francisco Fernández de Haro, Director Facultativo y Tesorero; Alfredo de Figueroa, Felipe Winthuysen Urruela, Wenceslao Loma, Guillermo Patterson y Félix Vergara, Vocales; Francisco Verges, Vocal por el Excmo. Ayuntamiento, y Juan González Calvo, Secretario.

Del director, De Benito, conocemos que, en esa fecha tenía 42 años y había nacido en Ceuta (como suele ser habitual en tantos casos, los foráneos que se avecindan destacan como emprendedores en muchas facetas y entre ellas, la cultural). Era, según el padrón consultado, propietario –es decir, que vivía de las rentas- y vivía con su esposa cubana y los dos hijos del matrimonio en la casa número 40 moderno de la calle Larga, la que hemos conocido como la de la familia Quijano.

| La conocida como Casa Quijano, en la calle Larga.

De los cinco vocales, tres de ellos: el hijo de Juan Winthuysen, Loma y Vergara, de conocidas familias, vivían todos en la calle Larga y el sempiterno Pattersson, que, como decía mi abuela, era de los “precisos” porque aparece y figura en numerosos actos, entidades, círculos y hasta en diferentes empresas bodegueras, según he podido conocer en mi dilatada actividad investigadora de años atrás, no cumplía esta norma porque residía en la calle San Juan. Y el quinto, Alfredo Figueroa, del que no tenía referencias, pues era comandante militar, de 40 años, casado y con dos hijos, natural de Cádiz y residente desde un lustro antes de la fundación de la academia, -¿dónde?- pues en Larga 64, como no, igual que el vocal por el Ayuntamiento, el portorriqueño/portuense Francisco Verges Lepelleux que vivía en esa misma calle, en la casa que ha sido noticia en los últimos años por ser habitada por “ocupas”.

Esta sociedad fue bastante representativa de la sociedad portuense y su cultura en el último cuarto del siglo XIX y un precedente de la que se fundó en 1900, de la que tan orgullosos nos sentimos, la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia. | Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz | A.C. Puertoguía.

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