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| Texto: F.D.M.

Esta carta fue publicada en la Revista Portuense en mayo de 1932, que recuperó para nosotros el investigador Antonio Gutiérrez Ruiz. Salvo por los cambios de algunos nombres y circunstancias, podría ser un escrito actual, de hoy mismo,  donde una vez más, se aprecia lo que … juzguen por ustedes mismos.

Mis padres (q.e.p.d.) fueron portuenses; nací en la calle de Las Cruces, en la casa número 34 y bautizado en la Iglesia Mayor Prioral con los nombres, que hoy me reservo, que tienen las iniciales F. D. M.; me creo que no se dudará de mis palabras, y que soy portuense de cuerpo entero: prosigamos. A los catorce años fui colocado a los escritorios de una importante casa vinatera de una ciudad hermana; en ella estuve hasta los treinta y tres, en que, pareciéndome, como al hijo de Carlos V, que el mundo este era muy pequeño para mí, y muertos ya mis padres, me dije: «—¡Ahí queda eso!» y embarqué cantando «Dichoso aquél que tiene su casa a flote»

[En 1932, el gobierno de la II República dictó diferentes normas y decretos tendentes a la normalización laica del Estado, que pasaría de confesional a laico, suprimiendo ayudas, desvinculando la iglesia de la enseñanza y otros espacios civiles que se encontraban bajo la influencia clerical. El 10 de agosto de ese año se sublevaba en Sevilla contra la reepública, el general Sanjurjo].

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