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Jesús Valentín Collado. Profesor de Filosofía y Ética #5.802

Estuvo destinado en el Instituto ‘Muñoz Seca’ a finales de los setenta

| Texto: J.M. Morillo-León.

Jesús Valentín Collado fue profesor de Filosofía en el Instituto ‘Pedro Muñoz Seca durante un año, pero dejó una impronta indeleble entre quienes fuimos sus alumnos. A muchos nos enseñó a pensar a profundo, a cuestionar desde lo pequeño a lo infinito. A formar ideas, a esbozar planteamientos de vida, a una edad donde los ojos del estudiante se asoman al mundo. Una buena persona que abrió su mente y su casa a quienes nos acercamos a él, a un maestro en toda la extensión de la palabra. Si bien regresó para los exámenes de septiembre, su vuelta a El Puerto, con su mujer Sagrario, los hijos ya crecidos y sus cónyuges, no fue hasta 44 años después: el año pasado, por estas fechas. Sigue el profesor igual de fuerte, cuestionando las ideas y los pensamientos, ya evolucionados, invitándonos a vivir y a equivocarnos, amando y construyendo la vida.

«Nací en el 1943; mi vida la gobernaron tres grandes aspiraciones: reducir tanto dolor como me fui encontrando, pasión intensa por el conocimiento y cuidar la estima propia y fomentarla en cada una de las personas con las que me relacionaba; con este equipaje entre a cada una de mis clases; y mi trabajo, con todas sus dificultades, me ayudo a vivir y a intentar hacer digna la vida.

Épocas más fáciles y épocas más complicadas, pero la sensación final, así lo creo, es que si me dieran la opción de repetir en la vida la aceptaría sin dudarlo. Intenté no cambiar demasiado de la calle a la clase; respeté, Intenté hacerlo, la dignidad de cualquier pregunta y cierta provisionalidad de la mayoría de las respuestas; nunca acepté que mis respuestas fueran las más válidas por ser el profesor, sino que su valor debía surgir en el razonamiento dialogado, en la misma consistencia.

Jesús Valentín Collado y su familia, visitando las bodegas Osborne

Y he creído de forma ascendente, cada año más, en la necesidad de incorporar lo diferente, lo distinto; podemos y debemos, creo yo, ser lo más parecidos posible a la armonía de una gran orquesta: pluralidad inmensa de sonidos que creasen formas de armonía social, hecha de creyentes o no, de políticas plurales y hasta enfrentadas, de hombres y mujeres con diferentes opciones sexual... y ¿cómo no? la coherencia entre el decir y el hacer... me he ido convenciendo de que las religiones y los grupos políticos han tendido a decir ciertas cosas y luego han terminado haciendo todo lo contrario.

Estas fueron las sendas que Intenté andar y en ellas estoy, ya jubilado laboral; me miro las manos, y con lo que hice bien y mal, con los aciertos y errores, prácticamente nunca las siento vacías; a propósito de los errores, ¡qué poco respeto hemos tenido en la enseñanza al error! Mira la vida, las ideas, la ciencia... sólo se progresa si se es capaz de incorporar y asumir el error. Ha sido, he intentado que sea, mi camino.

Fui a la escuela en mi pueblo, Tomelloso (Ciudad Real), pocos años, del 56 al 68, hice los estudios medios y Filosofía, en Ciudad Real y en Universidad de Comillas; después vino la mili y convalidación en la Universidad Complutense de Madrid. A continuación trabajé en dos colegios privados en Madrid (colegio Ramón y Cajal, 2 años, y King's College, creo que 9 ); hice oposiciones y el primer destino fue el instituto Pedro Muñoz Seca, en El Puerto de Santa María creo que el año 1979; después dos años en Daimiel  (Ciudad Real), INB ‘José Ruiz de la Hermosa’ y, finalmente en Móstoles (Madrid), en el ‘Manuel de Falla’, hasta mi jubilación a los 65 años. Puede haber algún error en el año; llevo 15 jubilado y tengo 80 años.

Un paseo por El Puerto, visitando el patio de una casa en la calle Larga

Agradezco, muy de verdad, a la vida lo mucho que me ha dado, contando siempre con mi esfuerzo y mi trabajo. Es lo que recuerdo y he intentado todo contrastar. Valoro el esfuerzo y el trabajo y así he intentado ir haciendo mi vida. Siempre el deseo de salud y alegría para El Puerto de Santa María, muy especialmente para todo los que me ayudasteis a vivir bien ese año. Mi recuerdo está cargado de mucho afecto.

Aunque no siempre lo que se intenta hacer es lo que "se sabe o se consigue" hacer. Pero el camino fue extraordinario.»

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