Convirtió el paisaje en marca

| Texto: José María Morillo.
José Luis Gómez Bermúdez (1930-2008) fue un publicista clave del Marco del Jerez, ligado durante décadas a Bodegas Osborne, como jefe de publicidad. Su mayor legado fue la expansión del toro de Osborne por las carreteras españolas, diseñado por Manolo Prieto, convertido en símbolo cultural. Participó en campañas aún recordadas en el sector publicitario como “Veterano tiene eso”, colaborando también en la imagen del brandy Conde de Osborne junto a Salvador Dalí y a su peculiar botella. Nos dejaba en 2008, dejando escritas sus memorias, El hombre que plantaba toros. Recuerdos y añoranzas.

Y es que hubo un tiempo en que la publicidad del vino no se hacía exclusivamente en los despachos, sino tragando polvo de la carretera, trato campechano y un conocimiento casi instintivo del territorio. En ese mundo se desenvolvió José Luis Gómez Bermúdez un hombre que entendió los vinos y brandies de bodegas Osborne, no solo como una industria, sino como una imagen del paisaje del Sur.

En lo personal, fue hombre de familia —casado con Pilar Soler Hazañas, padre de cinco hijos—. Quienes le tratamos, recordamos su verbo florido, su educación sin afectación, de caballero a la antigua, pero con una visión de futuro impresionante.
Nacido 1930 en la entonces pedanía de San José del Valle, creció entre aquella Andalucía de posguerra donde estudiar era ya una forma de resistir al hambre. De las aulas del Buen Pastor en Jerez y los Salesianos de Utrera salió con una formación sólida, pero también con esa educación de corte clásico, pulida, respetuosa y casi ceremonial, que luego marcaría su manera de estar en la vida. Antes de entrar en las bodegas, fue maestro y obtuvo el título profesor mercantil: enseñó, como tantos, para poder seguir aprendiendo.

Su llegada a la litografía Jerez Industrial como jefe de ventas en la vecina población en 1955 no fue casual. Aquellas imprentas eran, en realidad, laboratorios donde se gestaba la imagen del vino, y los espirituosos, el envoltorio de una cultura que debía viajar lejos. E incluso llegó a ser vicepresidente del equipo de fútbol Jerez Industrial.

Pero sería en 1960 cuando su vida quedaría, definitivamente, ligada a Bodegas Osborne. Allí encontró su sitio, su terreno de juego: la publicidad entendida como un relato prolongado a lo largo del tiempo, que se reinventa constantemente. Y en trato directo, de química y cohesión, con su inmediato superior jerárquico, José Antonio Osborne Vázquez.

No se puede comprender la España de la segunda mitad del siglo XX sin detenerse en la silueta negra y enorme del toro sobre las colinas ibéricas. Aquella figura, diseñada por el portuense Manolo Prieto, encontró en Gómez Bermúdez a su mejor sembrador. Porque eso fue, en esencia: un hombre que plantaba toros buscando el sitio exacto donde el paisaje y la mirada del viajero convergieran. O convergiesen. Entre 1962 y 1977 recorrió el país eligiendo ubicaciones muchas veces junto a José Antonio Osborne, afinando proporciones, despojando al diseño de lo superfluo hasta dejarlo en pura presencia. Con el tiempo, aquel toro dejó de ser anuncio para convertirse en símbolo de un país.

En paralelo, bodega Osborne vivía una edad de oro en la comunicación. Con agencias como EPSA (Espacios Publicitarios) y la creatividad de Estudios Moro, Gómez Bermúdez participó en campañas que hoy forman parte de la memoria sentimental del país. Con “Veterano tiene eso” se contaba una forma de entender el consumo, el gesto, la sobremesa. Rostros como la actriz Elena Balduque (luego Duque), el jerezano Antonio Pica junto a su partenaire la británica Jane Shrimpton aportaban glamour, pero el pulso lo marcaba nuestro protagonista.
Especial mención merece su implicación en la imagen del brandy Conde de Osborne, donde coincidió con la mirada excéntrica y genial de Salvador Dalí. Aquella botella de blanca, hoy objeto de coleccionistas en sus primigenias versiones, es un ejemplo de cómo arte, marketing y la tradición pueden convivir sin molestarse entre sí. Incluso las decisiones aparentemente menores —como retirar la cinta con los colores de la bandera de la botella— hablan de una sensibilidad atenta a los matices de un país diverso. Y es que en Cataluña o las Vascongadas había que medir las acciones publicitarias.

El desaparecido periodista José Luis Pecker le aconsejó a Gómez, en 1998, que dejara por escrito, la historia del toro, sus ubicaciones, anécdotas y recuerdos. En definitiva, un libro de memorias escrito en el verano de 2006 que vio la luz un año antes de marcharse. El hombre que plantaba toros. Recuerdos y añoranzas. El libro –hoy agotado-- está prologado por el conde de Osborne, Tomás Osborne Gamero-Cívico, y que fue impreso en la imprenta Moderna de Logroño

José Luis justificaba en su libro: “Como escribo, recuerdo y siento, es posible que ese gran patio de paz que nos da la jubilación, después de tantos avatares sucedidos, en la mecedora, podría crear un libro notable. Sentimientos si he puesto en la descripción de todo lo referente a nuestros toros […] en las siguientes líneas que harán que se recuerden muchos datos que se perderían si no los relato.”

